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Full text of "SINESIO DE CIRENE Cartas"

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SINESIO  DE  CIRENE 


INTRODUCCIÓN,  TRADUCCIÓN  Y  NOTAS  DE 
FRANCISCO  ANTONIO  GARCIA  ROMERO 


EDITORIAL  GREDOS 


BIBLIOTECA  CLÁSICA  CREDOS,  205 


Asesor  para  la  sección  griega:  Carlos  García  Gual, 


Según  las  normas  de  la  B.  C,  G,  la  traducción  de  esta  obra  ha  sido  revi- 
sada por  Concepción  Serrano  Aybar. 


©    EDITORIAL  GREDOS,  S.  A. 

Sánchez  Pacheco,  81,  Madrid,  1995. 


Depósito  Legal:  M.  16299-1995, 

ISBN  84-249-1682-4. 

Impreso  en  España.  Printed  in  Spain. 

Gráficas  Cóndor,  S.  A.,  Sánchez  Pacheco,  81,  Madrid,  1995.  —  6766. 


CARTAS 


INTRODUCCIÓN 


1.    Breve  recorrido  por  la  epistolografía  cristiana  griega 
hasta  Sinesio 

En  estas  líneas  nos  limitaremos  a  repasar  exclusivamente 
la  producción  cristiana  griega  en  este  género  hasta  enlazar 
con  la  figura  de  Sinesio,  cuyo  epistolario  se  convierte  en  un 
claro  espejo  donde  vemos  reflejadas  sus  inquietudes,  privadas 
y  oficiales  (como  en  la  correspondencia,  sin  ir  más  lejos,  del 
emperador  Juliano),  la  geografía  y  la  historia  de  su  entorno, 
las  creencias  filosóficas  del  neoplatónico  y  las  religiosas  del 
obispo,  y  muchas  cosas  más. 

Debemos  comenzar,  en  este  campo  que  hemos  deslindado, 
a  partir  de  las  cartas  neotestamentarias:  las  trece  paulinas 
(con  inclusión  de  la  dirigida  a  Tito  y  de  las  dos  a  Timoteo), 
la  Epístola  a  los  Hebreos  y  las  siete  llamadas  «católicas»  o 
«canónicas»  (una  de  Santiago,  dos  de  Pedro,  tres  de  Juan  y 
una  de  Judas).  Contamos,  luego,  con  las  obras  de  este 
género  (auténticas  o  atribuidas)  de  los  Padres  Apostólicos 
(Clemente,  Ignacio,  Bernabé  y  Policarpo)  y,  ya  en  el  si- 
glo IV,  con  las  de  Serapión,  las  de  los  grandes  capadocios 
(Basilio  y  los  dos  Gregorios),  Eusebio  de  Cesárea  y  Juan 


10 


CARTAS 


Crisóstomo1.  Es  la  retórica  aticista  la  que  prima  en  toda 
esta  producción  y  seguirá  prevaleciendo  posteriormente. 

Así,  y  pasando  por  alto  aquellos  otros  de  cuyas  cartas  no 
conservamos  nada  o  casi  nada,  llegamos  a  la  ingente  recopi- 
lación (de  más  de  dos  mil)  de  Isidoro  de  Pelusio  y  a  los 
corpora,  muy  similares  en  número,  de  Sinesio  y  Teodoreto 
de  Cirro  (o  Ciro),  este  último  discípulo  del  pagano  Libanio 2, 
como  también  lo  eran  Teodoro  de  Mopsuestia  y  los  ya 
mencionados  Basilio  el  Grande,  Juan  Crisóstomo  y  Gregorio 
de  Nacianzo,  quien  fue,  por  cierto,  según  parece,  «el  primer 
autor  griego  que  publicó  una  colección  de  sus  propias  car- 
tas» 3. 

2.    El  corpus  sinesiano 

«L'epistolario  b  certamente  Topera  piü  suggestiva  di  Si- 
nesio: per  la  varietá,  l'immediatezza,  l'eleganza» 4.  Estas  pa- 
labras de  A.  Garzya,  extraordinario  conocedor  y  editor  de  la 
obra  sinesiana,  revelan  bien  a  las  claras  la  importancia  de  las 
ciento  cincuenta  y  seis  piezas5  de  esta  colección  que  nos 
ocupa. 


1  Habría  que  añadir  las  apócrifas  que  conservamos:  la  Carta  de  los 
Apóstoles  (s.  ii  d.  C),  la  Illa  los  Corintios  (anterior  al  s.  m),  la  Carta  a  los 
Laodicenses  (anterior  al  s.  iv)  y  la  llamada  Carta  de  Tito.  No  poseemos  los 
originales  griegos  (aunque  tampoco  pueden  asegurarse  en  todos  los  casos). 
La  correspondencia  entre  Pablo  y  Séneca  incluye  ocho  cartas  de  este  último 
y  seis  del  apóstol  en  respuesta,  que  fueron  escritas  en  latín  en  el  s.  m  o 
antes. 

1  De  quien  conservamos,  por  cierto,  más  de  mil  seiscientas  cartas. 

3  Cf.  Quasten,  Patrología  II,  pág.  273.  Incluso  propone,  en  sus  Cartas 
51  y  54,  cuatro  características  exigibles:  brevedad,  claridad,  gracia  y  simpli- 
cidad. 

«  Ed.  Garzya,  1989,  pág.  13. 

5  El  mismo  número  para  Migne,  pero  ciento  cincuenta  y  nueve  en  la 
edición  de  Hercher,  por  incluir  éste  al  final  tres  cartas  apócrifas  (aunque 


INTRODUCCIÓN 


11 


No  hace  falta  insistir  en  que  el  epistolario  encierra  un 
tesoro  inapreciable  de  datos  sobre  la  propia  personalidad 
del  obispo,  sobre  sus  concepciones  en  materia  de  filosofía  y 
religión,  sobre  las  circunstancias  históricas  del  Bajo  Imperio 
y,  en  particular,  de  la  Pentápolis  líbica;  en  una  palabra, 
sobre  su  vida. 

Más  de  cuarenta  son  los  destinatarios 6;  el  más  frecuente, 
su  hermano  y,  diríamos,  amigo  íntimo,  Evoptio.  Casi  las  dos 


Terzaghi  defendía  la  autenticidad  de  la  159  en  «L'Epistola  159  di  Sinesio», 
Rendiconti  Acc.  Lincei  26  [1917],  624-633). 

6  Cf.  índice  I  de  destinatarios  de  las  Carias.  Las  cartas  remitidas  a 
Hipatia  nos  muestran  a  un  Sinesio  muy  nostálgico  de  su  etapa  de  estudios 
alejandrina  y  de  las  enseñanzas  y  compañía  de  su  veneradísima  maestra. 
Hipatia  prácticamente  aparece  ya  con  esa  aura  legendaria,  casi  divina  (cf., 
por  ejemplo,  C.  10,  11:  «...  tu  alma  divinísima...»),  que  la  nimbará  a  partir 
del  epigrama  atribuido  a  Páladas  [Antología  Palatina  IX  400;  cf.  Rist, 
«Hypatia»,  Phoenix  19  (1965),  214-225;  y  ed.  Garzya,  1989,  pág.  9,  n.  2]  y, 
ya  en  los  siglos  xix  y  xx,  en  Ch.  Kinosley  (Hypatia  or  New  Foes  with  an 
Oíd  Face),  W.  A.  Meyer  (Hypatia  von  Alexandria)  y  M.  Luzzi  (Libro  di 
Ipazia).  Contamos,  además,  con  el  reciente  y  original  estudio  de  G.  Beretta, 
Ipazia  d'Alessandria,  Milán,  1993.  No  nos  resistimos  a  incluir  aquí  unos 
brevísimos  fragmentos  del  poema  titulado  La  muerte  de  Hipatia  de  E. 
Ferrari  (tomados  de  La  ilustración  española  y  americana,  año  XXXIII, 
núm.  1,  Madrid,  8  de  enero  de  1889,  págs.  11  y  14): 

Entre  aquel  bullicioso  clamoreo 

De  franca  admiración  que  por  doquiera 

Resonando  de  Hipatia  en  la  carrera 

Sigúela  hasta  las  puertas  del  Museo... 

Ven  con  ira  y  terror  cómo  á  la  magia 

De  aquella  voz  divina, 

Eco  de  un  mundo  cuyo  fin  presagia, 

La  veleidosa  turba  alejandrina... 

En  tanto,  grave,  como  nunca  bella, 

Ya  en  el  lugar  acostumbrado  ocupa 

Puesto  eminente  la  gentil  doncella, 


12 


CARTAS 


terceras  partes  del  corpus  tocan  temas  privados  (la  56  y  la 
136,  por  ejemplo,  son  un  reflejo  de  la  decepción  que  le  causó 
Atenas),  aunque  sus  líneas  de  carácter  particular  se  transfor- 
man a  veces  en  una  verdadera  «carta  abierta»,  como  en  el 
caso  del  riquísimo  testimonio  contenido  en  la  105,  donde 
Sinesio  expone  con  absoluta  sinceridad  su  postura  ante  la 
elevación  al  episcopado  (y  cf.  C.  1 1).  Un  número  considerable 
de  epístolas  (41,  78,  122,  130,  etc.)  se  reserva  o  alude  a  la 
transcendente  cuestión  de  la  lucha  contra  los  bárbaros  y 
otras  a  los  asuntos  eclesiásticos,  incluidas  entre  ellos  la 
primera  excomunión  formal  de  la  historia  de  la  iglesia  (la 
del  praeses  Andronico  en  las  Cartas  41  y  42)  o  sus  palabras 
contra  la  herejía  eunomiana  o  arriana  (en  la  4,  66  y  128).  A 
todas  éstas  se  añaden  las  qué  contienen  variados  y  curiosos 
cuadros  de  la  realidad  cotidiana. 

Su  correspondencia  se  extiende  desde  la  última  década 
del  siglo  IV  hasta  el  año  presumible  de  su  muerte,  el  413.  Es 
evidente  que  no  fue  nuestro  autor  el  encargado  de  publicar 
sus  cartas.  Sólo  la  intervención  de  un  editor  postumo 7  explica 
ciertas  incoherencias 8  y  la  falta  de  un  orden  cronológico  o 
de  otro  tipo9.  Este  editor  sólo  se  habría  preocupado  de 
«respecter  la  versión  authentique» 10,  seleccionando  de  entre 


Mientras  en  torno  de  ella 
El  haz  de  sus  discípulos  se  agrupa... 
También  Castelar  elogió  a  Hipatia  en  sus  grandiosos  discursos  en  el 
Ateneo. 

7  «L'exécuter  testamentaire  de  l'évéque»,  escribe  Lacombrade  (ed.  Him- 
nos, pag.  XLIV).  Cf.  Seeck,  «Studien  zu  Synesios»,  Phihlogus  52  (1893), 
442-483. 

8  Cf.  Cartas  41,  63,  64,  82,  84-86,  119. 

9  Sólo  en  las  Cartas  137-146,  dirigidas  a  Herculiano,  observamos  un 
cierto  orden. 

10  Cf.  Lacombrade,  loe.  cit. 


INTRODUCCIÓN 


13 


una  colección  más  amplia",  recogida  quizá  dentro  de  ese 
diario  privado  que  menciona  el  propio  Sinesio  n. 

3.    Su  influencia 

De  la  admiración  que  la  posteridad  sintió  por  «el  encanto 
de  sus  cartas» 13  hemos  hablado  en  otro  lugar.  Por  su  estilo 
ático  característico,  por  sus  cualidades  intelectuales  y  espiri- 
tuales Sinesio  se  convirtió  en  una  verdadera  autoridad  y,  así, 
en  época  bizantina  y  postbizantina  su  obra  y,  en  especial,  su 
epistolario  constituye  todo  un  «best  seller» ,4.  Pruebas  irrefu- 
tables de  ello  son  el  gran  número  de  manuscritos 15  conserva- 
dos (doscientos  sesenta  y  uno)  y  las  abundantísimas  citas  de 
las  Cartas  que  pueden  leerse  en  más  de  cincuenta  autores 
desde  el  siglo  V  al  XVI.  Nos  limitaremos  a  nombrar  a  Juan 
Filópono,  Hierocles,  Páladas,  Pablo  Silenciario  (estos  dos 
últimos  en  la  Antología  Palatina),  Proclo,  Esteban  de  Bi- 
zancio,  Nicetas  Magistro,  Teofilacto,  Miguel  Pselo  (quien 
escribió,  por  cierto,  más  de  quinientas  cartas),  Eustacio  de 
Tesalónica,  Miguel  Itálico,  Eustacio  Macrembolites,  Teodoro 
Pródromo,  Juan  Tzetzes,  Nicéforo  Grégoras,  Jorge  Lacapeno, 
Teodoro  Metoquites  y  Tomás  Magistro,  entre  otros  mu- 


11  Cf.  Quasten,  Patrología  II,  pág.  120. 

12  Las  ephemerides  de  la  Carta  5, 259  y  del  tratado  Sobre  los  sueños  153 
a.  Para  la  existencia  de  variantes  de  autor,  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  60, 
n.  2. 

13  Cf.  nuestra  Introducción  general  (II.  Sinesio  y  la  posteridad)  en  el 
tomo  Sinesio  de  Cirene,  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993. 

14  Como  se  lo  califica  en  ed.  Garzya,  1989,  pág.  60. 

15  Un  completísimo  estudio  sobre  el  texto,  códices  y  ediciones  puede 
encontrarse  en  A.  Garzya,  Synesii  Cyrenensis,  Epistolae,  Roma,  1979. 
Hemos  hecho  un  resumen  en  nuestra  Introducción  general  (III. l.c)  Cartas) 
en  el  tomo  citado  de  la  BCG. 


14 


CARTAS 


chos 16.  También  es  importante  su  presencia  en  la  lexicografía 
(Hesiquio,  Suidas,  Etymologicum  magnum,  Zonaras,  etc.) 
y,  luego,  en  los  humanistas,  como  Poliziano,  Erasmo  y 
Rabelais 

Podríamos  detenernos  aún  en  los  numerosos  escolios 
existentes,  históricos,  geográficos,  gramaticales,  etc.  (publi- 
cados por  A.  Garzya 18),  las  glosas,  las  paráfrasis  o  los  co- 
mentarios, testimonios  seguros  todos  ellos  de  su  influencia. 

4.    El  texto  de  nuestra  versión 

Hemos  seguido  la  edición  (y  la  numeración  de  líneas)  de 
A.  GARZYA,  Opere  di  Sinesio  di  drene.  Epistole,  Operette, 
Inni  (Turín,  1989) 19,  que  para  las  Cartas  reproduce  el  texto 
de  A.  Garzya,  Synesii  Cyrenensis  Epistolae  (Roma,  1979), 
cuyo  aparato  crítico  manejamos.  Traducimos  también  las 
indicaciones  de  lugar  y  fecha  que,  por  lo  general,  encabezan 
las  cartas. 


16  Para  un  registro  detallado  de  obras  y  autores,  cf.  A.  Garzya,  ibid., 
págs.  319-330  (Index  auctorum,  qui  Synesii  Epístolas  laudaverunt). 

17  Poliziano,  Cartas  VI  50;  Erasmo,  Adagios  1599;  Rabelais,  Panta- 
gruellV  32  (en  Sinesio,  Cartas  1,  15  s.;  3,  22). 

18  Cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  63,  nn.  2-4. 

19  Incluimos  en  la  bibliografía  la  reciente  edición  (con  traducción  y 
comentario)  de  los  Himnos  (1991)  de  Gruber  y  Strohm  (Reseñas:  J.  G. 
Montes  Cala,  Emérita  62  (1994),  359-361;  F.  A.  García  Romero,  Habis 
26  (1995),  331-333). 


BIBLIOGRAFIA  * 


N.  Aujoulat,  «De  la  phantasia  et  du  pneuma  stoíciens  au  corps 

lumineux  néo-platonicien  (Synésios  de  Cyréne  et  Hiéroclés  d'A- 

lexandrie)»,  Pallas  34  (1988),  123-146. 
A.  di  Berardino  (ed.),  Patrología  (=  Patrología  III.  La  edad  de 

oro  de  la  literatura  patrística  latina,  trad.  J.  M,  Guirau,  Madrid, 

1986). 

—  ,  Dizionario  Patristico  e  di  Antichita  cristiane(  =  Diccionario 

Patrístico  y  de  la  Antigüedad  cristiana,  trad.  esp.  A.  Ortiz 

García- J.  M.  Guirau,  vol.  II,  Salamanca,  1992). 
G.  BERETTA,  Ipazia  d'Alessandria,  Milán,  1993. 
J.  Bregman,  «Synesius  of  Cyrene:  'philosopher'-bishop?»,  Ancient 

Philosophy  10  (1990),  339-342. 
A.  CaMERON,  J.  Long  y  L.  Sherry,  «Textual  notes  on  Synesius' 

De  Providentia»,  Byzantion  58  (1988),  54-64. 
G.  Caputo,  «Sinesio  di  Cirene  tra  Costantinopoli  e  i  Libii»,  Qua- 

derni  di  Archeologia  della  Libia  12  (1987),  523-528. 
E.  Cavalcanti,  «Studi  Eunomiani»,  Orientalia  Christiana  Ánalecta 

202  (1976),  106-128. 
M.  Ceccon,  «Intorno  ad  alcuni  passi  dell'Inno  I  di  Sinesio», 

Civilta  classica  e  cristiana  11  (1990),  295-313. 


*  Ampliación  de  la  que  se  incluye  en  el  tomo  Sinesio  de  Cirene, 
Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993. 


16 


CARTAS 


J.  Coman,  «Synésius  de  Cyréne  fut-il  un  convertit  veritable?», 
Augustinianum  27  (1987),  237-245. 

D.  A.  Christidis,  «Varia  Graeca  I»,  Hellenica  38  (1987),  283-295. 
C.  García  Gual,  «El  asesinato  de  Hipatia.  Una  interpretación 

feminista  y  una  ficción  romántica»,  Claves  de  razón  práctica  41 
(1994),  61-64. 

F.  A.  García  Romero,  «Retórica,  filosofía  y  sofística.  Un  debate 
muy  actual  en  los  primeros  siglos  de  la  era»,  Actas  del  Primer 
encuentro  Interdisciplinar  sobre  Retórica,  Texto  y  Comunica- 
ción, vol.  I,  Cádiz,  1994,  68-71. 

—  ,  «El  episcopado  en  los  siglos  iv  y  v.  El  ejemplo  de  Sinesio», 
Actas  del  III  Congreso  Andaluz  de  Estudios  Clásicos,  Sevilla, 
1994  (en  prensa). 

A.  Garzya,  «Problémes  textuels  dans  la  correspondance  de  Syné- 
sios»,  Byzantine  Studies/ Études  byzantines  5  (1978),  215-218 
(  =  Essays...  I.  Dujcev,  125-136). 

—  ,  «L'epistolografia  letteraria  tardoantica»  {  —  II  mandarino  e  il 
quotidiano.  Saggi  sulla  letteratura  tardoantica  e  bizantina  [«Saggi 
Bibliopolis»  XIV],  Nápoles,  1985,  135  ss.). 

J.  Gruber-H.  Strohm,  Synesios  von  Kyrene.  Hymnen  (Bibl.  der 
Klass.  Altertumswiss.  2,  82),  Heidelberg,  1991. 

G.  Ch.  Hansen,  Reseña  de  A.  Garzya,  Synesii  Cyrenensis  Epistolae 
(Roma,  1979),  en  Byz.  Zeitschr.  79  (1986),  347-348. 

P.  J.  Heather,  «The  anti-Scythian  tirade  of  Synésius'  De  Regno», 

Phoenix  42  (1988),  152-172. 
Ch.  Lacombrade,  «Encoré  la  Lettre  IV  (V)  de  Synésios  et  sa 

nouvelle  lune»,  Rev.  Étud.  Grec.  91  (1978),  564-567, 

—  ,  «Retour  á  Synésios  de  Cyréne.  A  propos  d'un  livre  récent», 
Koinonia  9  (1985),  75-79. 

—  ,  «Le  Dion  de  Synésios  de  Cyréne  et  ses  quatre  sages  barbares», 
Koinonia  12  (1988),  17-26. 

E.  Lamirande,  «Hypatie,  Synésios  et  la  fin  des  dieux:  l'histoire  et 
la  fiction»,  Studies  in  Religión  (Sciences  Religieuses)  18  (1989), 
467-489. 


BIBLIOGRAFIA 


17 


J.  W.  Liebeschüetz,  «The  identity  of  Typhos  in  Synesius'  De 

Providentia»,  Latomus  46  (1987),  419-431. 
J.  O'Callaghan,  Cartas  cristianas  griegas  del  siglo  v  (Biblioteca 

histórica  de  la  Biblioteca  Balmes;  serie  II,  vol.  XXV),  Barcelona, 

1963. 

F.  PREISIGKE,  Worterbuch  der  Griechischen  Papyrusurkunden  mit 
Einschluss  der  Griechischen  Inschriften,  Aufschriften,  Ostraka, 
Mumienschilder  usw.,  aus  Ágypten  III,  Berlín,  1931. 

H.  Rahn,  «Literatur  und  Leben:  literaturmorphologische  Bemer- 
kungen  zu  Synesios  von  Kyrene  und  seinem  Dion»,  en  H. 
Eisenberger  (ed.),  Festschr.  H.  Horner...  (Bibl.  der  Klass. 
Altertumswiss.  2,  79),  Heidelberg,  1990,  págs.  231-255. 

E.  A.  Ramos  Jurado,  «Paideia  griega  y  fe  cristiana  en  Sinesio  de 
Cirene»,  Habis  23  (1992),  247-261. 

—  ,  Reseña  de  A.  Garzya,  Opere  di  Sinesio  di  Cirene.  Epistole, 
Operette,  Inni  (Turín,  1989),  en  ibid.  359-360. 

B.-A.  Roos,  Synesius  of  Cyrene.  A  study  in  his personality,  Lund, 
1991. 

D.  Roques,  Études  sur  la  correspondance  de  Synésios  de  Cyrene, 
Bruselas,  1989. 

D.  T.  RUNIA,  «Repetitions  in  the  Letters  of  Synesius»,  Antichthon 
13  (1979),  103-109. 

—  ,  Reseña  de  A.  Garzya,  Synesii  Cyrenensis  Epistolae  (Roma, 
1979),  en  Vigiliae  Christianae  40  (1986),  89-90. 


1 


A  NICANDRO 
Desde  drene  a  Constantinopla 

Como  a  hijos  engendré  yo  mis  libros ':  unos  nacieron  de 
la  venerabilísima  filosofía  y  de  la  que  habita  en  el  mismo 
templo  que  ella,  la  poesía2;  otros,  de  la  retórica  popular3. 
Pero  cualquiera  podría  reconocer  que  todos  tienen  un  solo 
padre,  que  unas  veces  se  inclina  a  lo  serio  y,  otras,  a  lo 
placentero.  A  qué  grupo  pertenece  el  presente  libro4  lo  re-  5 
velará  su  argumento.  Por  mi  parte  goza  de  un  cariño  tan 
especial  que  con  muchísimo  gusto  lo  incluiría  en  lo  filosófico 


1  Cf.  Platón,  Fedro  278  a,  Banquete  177  d,  210  a;  Aristóteles,  Ética 
a  Nicómaco  1168  a  1  ss.;  Miguel  Pselo,  Carta  a  Juan  Jifllino,  etc. 

2  «II  est  significatif  que,  comme  les  premiers  philosophes  de  la  Gréce, 
les  néo-platoniciens  des  IV8- Ve  s.  aient  jugé  indissociables  philosophie  et 
poésie»  (Lacombrade,  ed.  Himnos,  pág.  XII,  n.  2).  Nicandro,  a  quien  va 
dirigida  la  carta,  era,  al  parecer,  un  poeta  de  prestigio:  cf.  C.  75,  2  y  11. 

3  Sobre  filosofía  y  retórica  son  interesantes  las  palabras  de  Sinesio  en 
el  Dión  35  a  ss.  (capít.  I). 

4  Se  trata,  como  lo  confirman  los  escolios,  del  Elogio  de  la  calvicie  (que 
es  un  ejercicio  retórico  y  sofístico),  compuesto  alrededor  del  396.  Cf.  la 
Carta  74,  1. 


20 


SINESIO  DE  CIRENE 


y  lo  aceptaría  entre  mis  legítimos  descendientes.  Pero  esto  se 
niegan  a  permitirlo  incluso  las  leyes  del  estado,  pues  son 

10  acérrimas  protectoras  de  la  nobleza  de  nacimiento.  Posee, 
aun  así,  todas  las  ventajas  que  yo  haya  podido  concederle  a 
escondidas  y  le  he  aportado  mucho  de  seriedad. 

Pues  bien,  si  te  parece,  dales  a  conocer  el  libro  a  los 
griegos  y,  en  el  caso  de  que  voten  en  su  contra,  devuélvelo  al 

15  remitente.  Pues  aseguran  que  las  monas,  cuando  han  parido, 
fijan  la  vista  en  sus  crías  como  en  estatuas,  admiradas  de  su 
hermosura  — tan  amantes  de  sus  hijos  son  por  naturaleza — , 
mientras  que  a  las  crías  de  las  demás  las  ven  como  lo  que 
son,  monitos 5.  A  otros,  entonces,  se  les  debe  encomendar  el 
que  enjuicien  nuestras  producciones,  pues  la  benevolencia 
tiene  una  prodigiosa  capacidad  para  amañar  los  votos 6.  Por 

2o  eso,  Lisipo  le  enseñaba  a  Apeles 7  sus  obras  y  Apeles  a  Lisipo. 

2 

,     A  JUAN8 

La  mayor  liberación  de  los  temores  consiste  en  temer  las 
leyes;  tú,  sin  embargo,  siempre  te  has  avergonzado  de  parecer 


s  No  pocos  autores  bizantinos  imitarán  este  pasaje  (cf.  aparato  de 
referencias  en  ed.  Garzya,  1979,  pág.  4).  Y,  ya  en  los  ss.  xv  y  xvi,  cf. 
Poliziano,  Cartas  VI  50,  y  Rabelais,  Pantagruel  IV  32. 

6  Es  decir,  para  falsear  nuestras  opiniones.  Esta  expresión  va  en  conso- 
nancia con  la  empleada  mas  arriba  («en  el  caso  de  que  voten  en  su  contra»), 

7  Lisipo  fue  uno  de  los  más  célebres  escultores  del  s.  IV  a.  C.  (junto  con 
Praxíteles  y  Escopas),  retratista  de  Alejandro  Magno;  y  Apeles,  un  gran 
pintor  de  finales  del  s.  IV  y  principios  del  m  (posterior,  por  tanto,  a  Parrasio 
y  Zeuxis),  que  también  trabajó  para  Alejandro. 

8  Cabe  identificarlo  con  el  destinatario  de  las  Cartas  43,  63  y  64. 


CARTAS 


21 


temeroso  de  ellas.  En  consecuencia,  ten  miedo  de  tus  enemigos 
y,  junto  con  ellos,  de  los  jueces,  siempre  que  éstos  no  obren 
furtivamente 9.  Y,  aun  cuandó  así  obren,  deberás  mostrarte 
no  menos  precavido,  no  vayas  a  ser  tú  el  que  más  pague;  5 
pues  resulta  que  están  defendiendo  las  leyes  incluso  cuando 
aceptan  a  los  corruptores 10. 

■  3 

A  SU  HERMANO  EVOPTIO 11 

Dos  días  después  del  entierro  de  Esquines  vino  por  pri- 
mera vez  su  sobrina  a  visitar  la  tumba  — pues  no  es  costum- 
bre, creo,  que  las  novias  ya  prometidas  salgan  para  un 
funeral12 — ,  pero,  incluso  en  esa  ocasión,  con  un  vestido 
púrpura,  una  mantellina  transparente  y  adornos  de  oro  y 
piedras  preciosas  que  colgaban  alrededor,  a  fin  de  no  cons-  5 
tituir  un  fatídico  presagio  para  su  prometido.  Pues  bien, 
sentada  en  una  silla  de  manos  con  cojines  a  uno  y  otro  lado 
para  apoyar  la  cabeza  y,  según  dicen,  patas  plateadas,  no 
hacía  sino  quejarse  de  la  inoportunidad  de  aquel  azar,  con  la 
idea  fija  de  que  aquél  debería  haberse  muerto  o  antes  aún  o 
ya  después  de  su  boda,  y  se  enojaba  con  nosotros  por  la 

9  Es  decir,  a  menos  que  sean  corruptos. 

10  Misthodótas  en  el  original,  «a  los  que  dan  una  paga». 

11  Preferimos  esta  transcripción  a  «Evopcio». 

12  Ya  las  leyes  de  Solón  (cf.  Pseudo-Demóstenes,  Contra  Macártato 
XLIII)  ponían  ciertas  limitaciones  a  la  presencia  de  mujeres  en  la  casa  del 
difunto  o  en  la  comitiva  fúnebre.  El  luto  exigía  el  color  negro  o  gris,  aunque 
también  tenemos  noticias  de  atuendos  blancos. 


22 


SINESIO  DE  CIRENE 


desgracia  que  sufríamos.  Así  que  esperó  apenas  una  semana, 
10  hasta  el  día  en  que  celebramos  el  banquete  fúnebre 13 ,  se 
montó  con  esa  vieja  chicharra,  nodriza  suya,  en  un  carro 
tirado  por  mulos  y,  a  media  mañana 14,  marchó  pomposa 
con  todos  sus  atavíos  en  dirección  a  Teuquira'5  con  la 
intención,  sin  duda,  de  venir  de  regreso  una  semana  después 
15  cubierta  con  cintas  y  una  corona  mural,  como  Cíbele 16. 
Y  no  es  que  estas  cosas  nos  ofendan,  salvo  el  hecho  muy 
claro  de  que  tenemos  unos  parientes  demasiados  faltos  de 
tacto.  El  ofendido  es  Harmonio,  el  padre  del  «guardián  de  la 
puerta»,  como  diría  Safo17,  un  hombre  que  fue,  por  lo 
20  demás,  sensato  y  modesto  en  su  vida,  pero  sin  dejar  nunca  de 
competir  en  nobleza  con  Cécrope 1S.  A  la  nieta  de  aquél,  un 
varón,  como  él  era,  superior  a  Cécrope,  la  entregó  Herodes, 
tío  y  guardián  suyo,  a  Sosias  y  Tibios     a  menos  que  no 

13  Solía  tener  lugar  después  del  entierro  en  casa  del  pariente  más 
cercano  (cf.,  por  ejemplo,  Demóstenes,  XVIII  288).  Al  menos  en  época 
clásica  y  postclásica,  también  se  celebraban  ritos  fúnebres  los  días  tercero 
(ta  tríta),  noveno  (ta  énata)  y  trigésimo  (ta  triakóstia)  después  del  funeral, 
y  luego  cada  año.  Petau,  en  sus  notas  a  las  Cartas  de  Sinesio  (ed.  1612, 
págs.  45  s.  del  apéndice  de  notas),  trae  a  colación  los  siete  días  de  luto 
prescritos  por  las  Sagradas  Escrituras  (Eclesiástico  22,  12;  Génesis  50,  11). 

14  En  el  original,  la  conocida  expresión  griega plethoúsés  agorás:  «cuando 
el  ágora  estaba  llena». 

15  Hoy  Tocra,  al  oeste  de  Ptolemaida  (Tolmeitia  en  la  actualidad). 

16  Pyrgophóros,  lat.  turrigera  o  turrita  (cf.,  por  ejemplo,  Propercio, 
III 17, 35;  IV 1 1,  52),  por  la  corona  almenada  o  mural  con  que  se  representa 
a  esta  diosa  (el  adjetivo  también  se  aplica  a  Rea  y  a  Deméter). 

17  Cf.  Safo,  Fr.  110  (a)  Lobel-Page,  versos  referidos  a  un  novio  (cf., 
también,  el  Fr.  111  L.-P.). 

18  Mítico  primer  rey  (o  quizá  primer  hombre)  de  Atenas.  La  «tierra 
cecropia»  es  el  Ática  (cf.  Euripídes,  Hipólito  34). 

19  Típicos  nombres  de  esclavos  (cf.,  por  ejemplo,  Teofrasto,  Caracteres 
XXVIII  2)  con  que  se  aludía  a  gente  de  baja  estofa:  cf.  Erasmo,  Adagios 
1599. 


CARTAS 


23 


tengan  razón  quienes  nos  encarecen  al  novio  con  respecto  a 
su  filiación  materna,  asignándole  una  genealogía  proveniente 
de  la  famosa  Lais.  Lais  — ya  lo  refirió  un  historiador 20 —  era  25 
una  esclava  hicaria  comprada  en  Sicilia  y  de  ella  descendía 
esa  madre  de  bellos  hijos21,  la  progenitora  de  nuestro  cele- 
brado novio.  Ella,  tiempo  atrás,  fue  concubina  de  un  arma- 
dor, que  era  su  amo;  luego  de  un  rétor,  también  amo  suyo; 
en  tercer  lugar,  después  de  éstos,  de  un  compañero  de  escla- 
vitud, tanto  a  escondidas  de  la  ciudad,  como,  posteriormente,  30 
coram  populo,  y  fue  una  eminencia  en  ese  arte.  Cuando  por 
culpa  de  sus  fofas  arrugas  dejó  el  oficio,  instruía  a  las 
jóvenes  y  se  las  presentaba,  en  vez  de  sí  misma  ,  a  los 
forasteros.  Su  hijo,  en  efecto,  el  orador,  asegura  que  está 
exento  de  la  imposición  legal  de  mantener  a  su  madre  pros- 
tituta como  es.  ¡Déjate  de  leyes!  Que  para  quienes  han 
nacido  así  la  madre  está  a  la  vista;  es  el  otro  progenitor  el 
que  se  presta  a  discusión.  Por  eso,  todo  aquello  a  lo  que  35 
para  con  ambos  están  obligados  los  nacidos  legítimamente, 
se  lo  deberían  hacer  llegar  a  sus  madres  los  hijos  sin  padra 
conocido. 


20  Según  Plutarco  (Nicias  15, 4)  la  hetera  Lais  nació  en  Hícara  (Sicilia), 
fue  vendida  como  esclava  (tras  la  victoria  de  Nicias  en  Siracusa)  y  llevada 
al  Peloponeso  (concretamente  a  Corinto,  en  Pausanias,  II 2,  5).  AJcibíades 
fue  uno  de  sus  amantes.  También  es  célebre  otra  cortesana  del  mismo 
nombre,  nacida  en  Corinto  (cf.  Ateneo,  IV  137  d),  entre  cuyos  amantes  se 
contaba  Aristipo  de  Cirene  (cf.  Plutarco,  Sobre  el  amor  750  d),  que 
escribió  un  A  Lais  (cf.  Diógenes  Laercio,  II  75  y  84  s.).  A  menudo  los 
textos  no  las  distinguen:  cf.,  por  ejemplo,  Antípatro,  Antología  Palatina 
VII  218;  Propercio,  II  6,  1. 

21  Sinesio  emplea  el  adjetivo  kallipais,  principalmente  utilizado  en 
poesía. 


24 


SINESIO  DE  CIRENE 


4 

A  LOS  SACERDOTES 

A  los  sacerdotes  de  la  Pentápolis.  Desde  Ptolemaida. 
Contemporánea  de  la  C.  44 

«Mejor  es  confiar  en  el  Señor  que  confiar  en  un  hom- 
bre»22. Oigo  decir23,  sin  embargo,  que  los  secuaces  de  la 
impiadosísima  herejía  de  Eunomio,  poniendo  por  delante  a 
uno  de  nombre  Quintiano  y  ese  valimiento  en  la  corte 24  que 

5  ellos  tanto  repiten,  están  de  nuevo  amancillando  a  la 
Iglesia  y  que  algunos  falsos  maestros 25  les  están  tendiendo 
un  lazo  a  las  almas  de  los  demasiado  inocentes:  para  indu- 
cirlos a  esto  mismo  han  arribado  hace  poco  los  emisarios  de 
Quintiano.  Su  litigación,  en  efecto,  no  es  sino  un  disfraz  de 
su  impiedad,  o,  más  bien,  una  lucha  en  pro  de  la  impiedad. 
Así  que,  estos  presbíteros  espurios,  recién  llegados  apóstoles 

ío  que  son  del  diablo  y  de  Quintiano,  no  vayan  a  saltar,  sin 
darnos  cuenta,  sobre  el  rebaño  que  pastoreáis  ni,  sin  daros 
cuenta,  vayan  a  sembrar  cizaña  en  medio  del  trigo 16 .  A  la 
vista  de  todos  están  sus  guaridas.  Sabéis  qué  campos  podrían 
acogerlos.  Sabéis  qué  casas  tienen  abiertas  estos  bandidos. 


22  Salmos  118  (117),  8. 

23  Quizá  se  trate  de  una  alusión  a  Isidoro  de  Peluso,  Carta  1241 
(dirigida  a  Sinesio):  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  71,  n.  2.  Eunomio,  obispo 
de  "Cícico,  en  Frigia  (360  d.  C),  fue  el  principal  defensor  de  la  herejía 
arriana  de  los  anomeos  (del  gr.  anómoios,  porque,  para  ellos,  el  Hijo  era  de 
naturaleza  diferente  a  la  del  Padre). 

24  El  término  stratópedon  no  es  aquí  el  campamento,  sino  el  palacio  o 
la  corte  (como  en  Juliano,  Carta  46):  cf.  C.  110,  13;  118,  2;  127,  7. 

25  Cf.  2  Pedro,  2,  1. 

26  Cf.  Mateo,  13,  25. 


CARTAS 


25 


Perseguid  a  estos  ladrones  husmeando  su  rastro,  sed  celosos  15 
de  esa  bendición  mosaica27  con  la  que  fueron  bendecidos  los 
hombres  que  movieron  su  corazón  y  sus  brazos  para  avanzar 
en  formación  contra  los  impíos.  Conviene,  hermanos,  que 
os  diga  esto:  que  lo  bueno  se  haga  bien,  que  se  suprima  la 
rivalidad  por  el  lucro,  que  de  todo  lo  que  se  emprenda  sea 
Dios  el  motivo.  No  deben  ser  los  mismos  los  cimientos  de  la  20 
virtud  y  el  vicio.  En  pos  de  la  piedad  es  la  carrera,  por  las 
almas28  hay  que  luchar,  para  que  de  ninguna  sea  despojada 
la  Iglesia,  cosa  ésta  que  ya  se  ha  hecho  costumbre.  El  que, 
estando  al  frente  de  la  Iglesia,  engrosé  su  bolsillo  y  el  que, 
bajo  la  apariencia  de  ser  útil  en  situaciones  que  exigen 
medidas  drásticas,  se  procure  valimientos,  ése  es  al  que  25 
nosotros  expulsamos  de  la  comunidad  cristiana.  No  hizo 
Dios  imperfecta  la  virtud.  No  necesita  ella  aliarse  con  el 
vicio.  A  Dios  no  le  faltarán  soldados  idóneos  para  las  iglesias. 
Encontrará  aliados  que  aquí  no  tendrán  paga,  pero  que  en 
el  cielo  recibirán  su  paga  completa:  sois  vosotros.  Bien  está 
tanto  unirse  en  oración  con  quienes  van  por  el  camino  recto 
como  imprecar  a  los  transgresores.  Así  pues,  quien  flaquee  30 
y  se  rinda  traidoramente  y  quien  salga  a  la  confrontación 
pero  con  vistas  a  apoderarse  de  algo  ajeno,  que  no  quede  sin 
culpa  ante  Dios.  Una  sola  cosa  trasladad  al  centro  de  vuestra 
atención:  a  esos  banqueros  perversos  que  falsifican  el  dogma 
divino  como  si  fuera  moneda,  sacadlos  a  la  luz.  Dejadles 
claro  a  todos  quiénes  son.  Y,  luego,  con  tal  descrédito,  que  35 
salgan  de  las  fronteras  de  Ptolemaida,  llevándose  intacto 29 
todo  lo  que  con  ellos  ha  venido. 


27  Cf.  Números  25,  10  ss.;  31,  13  ss, 

28  «De  los  fieles»,  se  sobreentiende. 

29  Ameiagdgéton:  «no  colocado  en  la  balanza»,  «no  tocado»  (el  verbo 
meiagógéa,  designa  el  hecho  de  poner  sobre  el  platillo  de  la  balanza  el 
cordero  destinado  al  sacrificio). 


26 


SINESIO  DE  CIRENE 


El  que  obre  en  contra  de  esto  sea  maldito  ante  Dios. 
Quien  vea  una  reunión  impía  y  haga  la  vista  gorda  o  quien 
oiga  y  haga  oídos  sordos  o  quien  con  afán  de  lucro  se  deje 
40  corromper  por  aquéllos,  a  ésos  nosotros  ordenamos  que  se 
les  trate  como  a  los  amalecitas 30,  cuyos  despojos  no  era 
lícito  traerse.  De  quien  los  cogió,  Dios  dice:  «Me  pesa  haber 
hecho  rey  a  Saúl» 31 .  Que  respecto  a  vosotros,  en  cambio,  no 
tenga  nada  de  lo  que  apesadumbrarse;  al  contrario,  que  sin 
ningún  pesar32  Dios  se  preocupe  de  vosotros  y  vosotros  os 
preocupéis  de  Dios. 


5  " 

A  SU  HERMANO 

Desde  el  puerto  Azario  a  Alejandría, 
28  de  enero  o  mayo  del  402 

Zarpamos  del  Bendideo33  antes  del  amanecer  y  casi  a 
medio  día  pasamos  de  largo  el  Mírmex  de  Faros 34,  después 


30  Cf.  1  Samuel,  15, 18  s. 

31  1  Samuel,  15,  11  (Sinesio  escribe  metamemélemai  en  vez  del  para- 
kékUmai  de  los  LXX). 

32  En  estas  líneas  nuestro  autor  juega  con  los  verbos  meíaméló  y  méló 
(cf.,  también,  la  n.  anterior).  Nuestra  traducción  intenta  reflejarlo. 

33  Había  en  el  puerto  de  Alejandría  un  santuario  de  la  diosa  tracia 
Bendis  (identificada  con  Ártemis),  como  también  en  el  puerto  ateniense  del 
Pireo,  según  Jenofonte,  Helénicas  II 4, 11  (cf.  Platón,  República  327  a). 

34  Además  del  que  se  encontraba  en  las  inmediaciones  de  Faros  (cf.  Od. 
IV  355:  la  isla  del  célebre  faro  de  Ptolomeo  Filadelfo  situada  frente  a  la 
ciudad  de  Alejandría  y  posteriormente  unida  a  ésta  por  un  malecón), 


CARTAS 


27 


de  que  nuestra  nave  encallara  dos  o  tres  veces  en  el  fondo  del 
puerto.  Ya  desde  el  primer  momento,  pues,  esto  parecía  un 
mal  augurio  y  hubiera  sido  prudente  desembarcar  de  una 
nave  a  la  que,  desde  su  misma  arrancada,  no  favorecía  la  5 
buena  suerte,  pero  sentimos  vergüenza  de  que  por  vuestra 
parte  se  nos  acusara  de  cobardía  y,  por  eso,  «ya  no  era 
posible  en  modo  alguno  ni  retroceder  por  miedo  ni  reti- 
rarse» 35.  Así  que,  en  el  caso  de  que  algo  nos  ocurra,  perece- 
remos por  culpa  vuestra.  Y,  sin  embargo,  ¿tan  terrible  hubiera 
sido  que  vosotros  os  rierais  mientras  nosotros  quedábamos 
fuera  de  peligro?  Pero,  en  Epimeteo  —dicen— 

previsión  no  había,  arrepentimiento  es  lo  que  sí  había16  10 

como  en  nosotros.  Y  es  que  entonces  se  nos  hubiera  permitido 
salvarnos;  ahora,  en  cambio,  «lloramos  a  coro» 37  en  playas 
desiertas,  mirando,  en  lo  posible,  hacia  Alejandría  y  hacia 
nuestra  madre,  Cirene:  una  de  ellas  la  teníamos  y  la  abando- 
namos; la  otra  no  podemos  encontrarla,  tras  haber  visto  y 
sufrido  lo  que  «ni  siquiera  en  sueños» 38  hubiéramos  esperado.  15 

Para  que  no  te  pases  todo  el  tiempo  divirtiéndote,  escucha, 
pues,  primero,  cuál  era  la  situación  en  lo  relativo  a  los 


también  se  conoce,  por  ejemplo,  el  Mfrmex  (myrmex,  «escollo»)  de  la  costa 
de  Tesalia  (entre  Esciato  y  Magnesia:  cf.  Heródoto,  VII  183)  y  el  de 
Esmirna  (cf.  Plinio,  Hist.  Nal.  V  119). 
*  //.  VII  217. 

36  Trágica  Adespota  564  f  Kannicht-Sneix.  De  nuevo  se  contraponen 
en  el  original  los  verbos  mélein  y  metamélein  (cf.,  arriba,  n.  32).  Para 
Epimeteo,  cf.  Hesíodo,  Teogonia  511  s.,  Trabajos  85  ss. 

37  Cf.  Aristófanes,  Caballeros  9;  Gregorio  de  Nacianzo,  Discursos 
XIV  13. 

38  Cf.,  por  ejemplo,  Demóstenes,  Discursos  XIX  275. 


28 


SINESIO  DE  CIRENE 


tripulantes.  El  patrón  deseaba  morirse,  de  endeudado  que 
estaba.  De  los  doce  marineros  allí  presentes  — eran  trece  con 

20  el  piloto — ,  más  de  la  mitad  y  también  el  piloto  eran  judíos, 
pueblo  desleal  a  cualquier  pacto39  y  convencido  de  estar 
obrando  piadosamente  cada  vez  que  causan  la  muerte  del 
mayor  número  de  griegos  posible.  El  resto  era  una  chusma 
de  campesinos  que  el  año  pasado  aún  no  habían  cogido  un 
remo.  Éstos  y  aquéllos  tenían  algo  en  común:  el  estar  total- 
mente lisiados  al  menos  en  una  parte  de  su  cuerpo.  Y,  por 
eso,  cuando  ningún  peligro  nos  amenazaba,  todos  hacían 

25  chistes  y  se  llamaban  unos  a  otros  no  por  sus  nombres  sino 
por  sus  taras:  el  cojo,  el  hernioso,  el  manco,  el  bizco.  Cada 
cual  tenía  una  señal  distintiva,  cosa  que  nos  proporcionaba 
no  poca  «diversión».  Pero  en  los  momentos  de  apuro  ya  no 
reíamos  sino  que  nos  lamentábamos  por  esos  mismos  moti- 

30  vos,  siendo  como  éramos  más  de  cincuenta  pasajeros,  la 
tercera  parte  aproximadamente  mujeres,  en  su  mayoría  jó- 
venes y  de  hermoso  aspecto.  Pero  no  nos  envidies,  pues  nos 
separaba  cual  muro  una  cortina,  y  muy  recia  que  era:  un 
trozo  de  vela  desgarrado  no  hacía  mucho,  toda  una  «muralla» 
de  Semíramis''0  para  hombres  de  templanza.  Quizá  hasta 
Príapo 41  se  hubiera  templado  al  navegar  con  Amaranto 42, 

35  puesto  que  no  había  ocasión  en  la  que  nos  dejara  librarnos 
del  temor  al  peligro  supremo.  Él,  en  primer  lugar,  una  vez 

39  Sobre  la  infidelidad  como  característica  de  los  judíos,  cf,,  por  ejemplo 
(aparte  de  la  controversia  antijudaica  del  Diálogo  con  Trifón  de  Justino), 
la  Carta  de  Bernabé  XIV  1  ss.,  y  Cirilo  de  Alejandría,  Cartas  pascuales 
I,  IV,  X,  XX,  etc. 

40  Es  decir,  un  lugar  inexpugnable.  La  expresión  es  afín  a  la  de  «muralla 
de  Jericó»  (cf.  Josué,  6,  5  y  20). 

41  Dios  itifálico  del  campo  y  la  fertilidad. 

42  El  patrón  de  la  nave. 


CARTAS 


29 


que  doblamos  el  emplazamiento  de  vuestro  santuario  de 
Posidón43,  arrancó  a  toda  vela  con  el  propósito  de  navegar 
en  dirección  a  Tafosiris 44  y  de  desafiar  a  Estila45,  ésa  que  en  40 
las  composiciones  escolares  es  objeto  de  aversión.  Pero,  al 
comprenderlo  nosotros,  comenzamos  a  prorrumpir  en  gritos 
y  él  desistió  de  emprender  aquel  combate  naval  contra  los 
escollos,  aunque  a  la  fuerza  y  de  mala  gana  y  no  antes  de  que 
ya  nos  encontráramos  al  mismo  borde  del  peligro. 

Entonces  dio  la  vuelta,  como  por  un  repentino  cambio 
de  opinión,  y  se  lanzó  hacia  alta  mar,  exponiéndose,  mientras 
pudo  hacerlo,  al  embate  de  las  olas.  Pero,  luego,  vino  a  45 
coadyuvar  un  impetuoso  viento  del  sur,  con  el  que  pronto 
perdimos  de  vista  la  tierra  y  también  pronto  nos  encontramos 
entre  esos  cargueros  de  dos  mástiles 46  que  no  tienen  ninguna 
necesidad  de  nuestra  parte  de  Libia  sino  que  navegan  por 
otra  ruta.  Y,  como  nosotros  nos  quejábamos  y  llevábamos 
muy  a  mal  el  estar  tan  alejados  de  tierra,  Amaranto,  cual 
nuevo  Jápeto 47,  de  pie  en  el  puente  profería,  al  modo  trágico,  50 
las  más  violentas  imprecaciones.  «¡No,  no  volaremos!  — de- 
cía— ,  pero,  ¿cómo  podría  alguien  manejarse  con  vosotros, 
que  desconfiáis  tanto  del  mar  como  de  la  tierra?»  «Si  con 
éstos  ese  alguien  supiera  manejarse  bien,  ¡Amaranto,  el 
perfecto!  — le  replicaba  yo — ,  no  habría  desconfianza.  Nin- 


43  Posiblemente  se  encontraba  en  el  extremo  oeste  de  la  isla  de  Faros. 

44  La  «Tumba  de  Osiris»  (así  en  Plutarco,  Sobre  Isis  y  Ósiris  359  c), 
localidad  cercana  a  Alejandría  (cf.  Estrabón,  XVII  14). 

45  Monstruo  con  pecho  y  cara  de  mujer  y  con  seis  cabezas  de  perro  y 
doce  patas  que  le  salían  de  la  cintura  (cf.  Od.  XII  89  ss.,  234  s.).  Estaba 
situada  enfrente  de  Caribdis  (en  el  estrecho  de  Mesina,  según  la  tradición). 

46  Meta  ton  holkádón...  tón  diarménón  (Pétau:  «ad  actuarías  binis  velis 
instructas»):  cf.  C.  130,  39,  y  Plutarco,  Marcelo  14  (holkás  triármenos). 

47  Uno  de  los  Titanes,  padre  del  famoso  Prometeo. 


30  SINESIO  DE  CIRENE 

55  guna  falta  nos  hacía  Tafosiris,  'vivir  sí  que  nos  hacía  falta'48. 
Y,  ahora  — le  seguía  diciendo — ,  ¿qué  falta  nos  hace  ir  por 
alta  mar?  ¡Venga!  Naveguemos  en  dirección  a  la  Pentápolis, 
alejándonos  de  tierra  sólo  moderadamente,  a  fin  de  que,  si 
topamos  con  alguna  adversidad,  lo  que  es,  por  cierto,  propio 
del  mar  —y,  por  supuesto,  imprevisible,  como  también  decís 

60  vosotros — ,  algún  puerto  cercano  pueda  acogernos».  Pero 
no  lograba  convencerlo  con  estas  palabras;  el  maldito  se 
hacía  el  sordo.  Y  fue  así  hasta  que  saltó  un  fuerte  viento  del 
norte  que,  levantando  un  oleaje  alto  y  quebrado,  se  abatió 
sobre  la  vela  hinchándola  en  sentido  inverso:  de  convexa 
que  estaba  la  puso  cóncava  y  la  nave  llegó  a  empopar  casi 
hasta  voltearse. 

65  Pues  bien,  a  duras  penas  la  enderezamos  y  Amaranto 
con  un  quejido  grave  exclamó:  «¡Esto  es  dominar  el  arte  de 
la  navegación49!».  Y  es  que  él,  según  dijo,  desde  mucho  antes 
estaba  a  la  espera  de  recibir  el  viento  de  esa  parte  y  de  ahí 
que  navegara  por  alta  mar.  Y  añadió  que  en  aquel  momento 
ya  sólo  quedaba  avanzar  con  rumbo  oblicuo50,  porque  la 
distancia  a  la  que  nos  encontrábamos  nos  daba  la  posibilidad 

70  de  prolongar  la  travesía;  y  que  ésa  de  entonces  no  sería 
nuestra  ruta  de  haber  hecho  una  navegación  de  cabotaje, 
pues  habríamos  fracasado  contra  la  costa.  Y  nosotros  acep- 
tamos sus  palabras  mientras  fue  de  día  y  no  hubo  peligro. 
Pero  sí  comenzó  a  haberlo  con  la  llegada  de  -la  noche,  a 
medida  que  el  oleaje  iba  haciéndose  cada  vez  mayór. 


48  Cf.  Sófocles,  Filoctetes  418. 

49  Literalmente:  «¡Esto  es  navegar  con  arte  (téchnei)h.  Cf.  Ovidio,  Arte 
de  amar  I  3,  Arte  citae...  rates...  moventur. 

50  Respecto  al  viento. 


CARTAS 


31 


Pues  bien,  aquel  día  era  para  los  judíos  paresceve$í. 
Consideran  éstos  como  un  todo  esa  noche  y  el  día  siguiente,  75 
durante  el  cual  no  se  le  permite  a  nadie  poner  mano  en 
ningún  trabajo,  y  es  que,  para  darle  especial  realce  a  la 
jornada,  la  dedican  al  descanso.  Así  pues,  el  piloto  quitó  las 
manos  del  timón  en  cuanto  se  imaginó  que  el  sol  había 
abandonado  la  tierra  y,  echándose  en  la  cubierta, 

se  dejaba  pisotear  por  cualquier  marinero51.  so 

Nosotros  no  nos  percatamos  al  momento  de  la  causa  real 
de  aquello  y,  creyendo  que  el  hecho  era  un  signo  de  desánimo, 
nos  acercamos  y  nos  pusimos  a  instarle  a  que  no  perdiera 
aún  la  última  esperanza.  Pero  la  verdad  era  que,  en  efecto, 
las  olas,  como  triplicadas,  se  nos  venían  encima,  al  tiempo 
que  el  mar  se  rebelaba  contra  sí  mismo.  Tal  ocurre  siempre  85 
que,  al  amainar  el  viento,  no  cesan  a  la  vez  las  olas  por  él 
provocadas,  sino  que,  con  aquel  preludio 53  de  su  agitación 
poco  a  poco  fortalecido,  se  enfrentan  a  la  pujanza  del  soplo 
y  contrarrestan  sus  embates  (y  tenía  necesidad  de  emplear 
términos  pomposos  para  que  males  tan  grandes  no  quedaran 
expuestos  de  una  manera  demasiado  fútil).  Para  los  que  90 
navegan,  pues,  en  tales  circunstancias,  «la  vida  — dicen — 
pende  de  un  hilo  fino» 54.  Y  si,  por  añadidura,  el  piloto  era 


51  Paraskeué  (también  así  en  griego  moderno):  la  «preparación»  (del 
sábado),  el  viernes. 

52  Sófocles,  Áyax  1 146. 

53  Es  decir,  el  primer  impulso  que  el  viento  le  ha  dado  a  las  olas  para 
que  se  encrespen.  Tó  endósimon  es  un  término  propio  del  vocabulario 
musical  («la  nota  que  da  el  tono»):  Aristóteles,  Retórica  1414  b  24; 
Eliano,  Historia  de  los  animales  XI  1,  etc. 

54  Expresión  proverbial:  cf.  Corp.  Paroem.  Graec.  II  298,  9. 


32 


SINESIO  DE  CIRENE 


doctor  de  la  ley55,  ¿cómo  podía  uno  sentirse?  Así  que,  cuando 
comprendimos  la  razón  de  su  abandono  del  gobernalle  (en , 
efecto,  mientras  nosotros  le  pedíamos  que  salvara  la  nave 
«dentro  de  sus  posibilidades»56,  él  continuaba  leyendo  el 
libro),  desistimos  de  la  persuasión  para  recurrir  ya  a  la 
fuerza.  Incluso  un  soldado  bizarro  (pues  navegaban  con 
nosotros  bastantes  árabes  del  escuadrón  de  caballería)  des- 
envainó la  espada  y  amenazó  al  sujeto  con  cortarle  la  cabeza 
si  no  volvía  a  hacerse  cargo  del  barco.  Pero  aquel  auténtico 
Macabeo 57  era  capaz  de  mantenerse  firme  en  sus  creencias. 
Y  ya  a  media  noche  él  mismo  se  persuade  a  colocarse  en  su 
puesto.  «Ahora  es  el  momento  — decía —  en  el  que  la  ley  lo 
permite,  porque  ahora  está  claro  que  el  peligro  lo  corremos 
'por  nuestra  vida'58».  En  esto  se  levanta  de  nuevo  un  tumulto: 
clamor  de  hombres,  ulular  de  mujeres;  todos  invocaban  a  la 
divinidad,  gritaban  y  se  acordaban  de  los  seres  más  queridos. 
Sólo  Amaranto  se  mostraba  animoso,  en  la  idea  de  que  muy 
pronto  daría  carpetazo  a  lo  de  sus  acreedores.  A  mí,  en  ese 
trance  (te  lo  juro  por  la  divinidad  a  la  que  venera  la  filosofía), 
me  inquietaba  el  que  pudiera  ser  verdad  aquello  de  Homero: 
que  la  muerte  bajo  el  agua  acarrea  la  aniquilación  también 
de  la  propia  alma.  Pues  hay  un  verso  de  sus  poemas  en  el 
que  dice: 


55  De  la  ley  de  Moisés,  nomodidáskalos:  Lucas,  5,  17;  Hechos  5,  34; 
/  Timoteo  1,  7. 

56  Ek  ton  enóntón:  es  decir,  «con  los  medios  a  su  alcance»  o  «de  aquellas 
circunstancias  en  que  estaba»  (cf.  Demóstenes,  XVIII  256). 

57  O  sea,  «judío»,  por  la  celebridad  de  esta  importante  familia  de 
patriotas  del  siglo  n  a.  C,  que  lucharon  por  la  independencia  y  contra  la 
helenización. 

5»  Cf.  //.  XXII  161.  :  • 


CARTAS 


33 


Y  quedó ,Áyax  aniquilado  al  tragar  el  agua  salobre59, 

suponiendo  así  que  la  muerte  en  el  mar  es  el  aniquilamiento 
más  absoluto.  Y  de  ningún  otro  afirma  que  fuera  aniquilado, 
sino  que  todo  aquél  que  muere  «marchó  al  Hades»60.  Por 
eso,  en  las  dos  Evocaciones  de  los  muertos 61  tampoco  se  ha 
introducido  a  Áyax  el  menor  en  ningún  momento  de  la 
acción,  por  el  hecho  de  no  estar  su  alma  en  el  Hades.  Incluso 
Aquiles,  el  más  animoso  de  los  hombres  y  el  más  amigo  del 
peligro,  se  acobarda  ante  la  muerte  en  el  agua  y  llega  a 
llamarla  «calamitosa» 62. 

Mientras  les  doy  vueltas  a  estos  pensamientos,  veo  que 
todos  los  militares  han  desenvainado  las  espadas  y,  al  pre- 
guntarles el  motivo,  me  enteré  de  que,  según  ellos,  es  hermoso 
exhalar  el  alma  cuando  todavía  están  al  aire  libre  sobre  el 
puente,  y  no  con  la  boca  abierta  contra  el  oleaje.  Consideré 
yo  que  éstos  eran  homéridas63  de  pura  cepa  y  aprobé  su 
parecer.  Luego,  alguien  proclama  que  quienes  tengan  objetos 
de  oro  se  los  cuelguen;  y  quienes  tenían  se  los  iban  colgando, 
tanto  los  objetos  de  oro  como  cualquier  cosa  de  valor  seme- 


59  Od.  IV  511  (el  comienzo  de  hexámetro  que  cita  Sinesio  difiere  del 
texto  homérico):  cf.  D.  A.  Christidis,  Hellenica  38  (1987),  285  ss.  Áyax  el 
menor,  el  hijo  de  Oileo,  pereció  ahogado  en  la  costa  euboica:  cf.,  por 
ejemplo,  Od.  IV  499  ss.;  Apolodoro,  Epítome  VI  6;  Quinto  de  Esmirna¿ 
XIV  532  ss. 

«°  //.  XVI  856,  XXII  362;  Od.  III  410,  XI  65,  etc. 
«>  Cf.  Od.  XI  y  XXIV. 

62  Cf.  //.  XXI  281  ss.  Esta  creencia  se  encuentra  también  en  otros 
escritores  de  la  antigüedad  tardía:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  81,  n.  22. 

63  Propiamente  los  Homerídai  eran  una  familia  de  rapsodos  profesionales 
de  la  isla  de  Quíos  que  pretendían  descender  de  Homero,  aunque  ya  en 
Platón  el  término  designa  en  general  a  los  seguidores  del  poeta  o  a  los 
amantes  de  su  poesía. 


34 


SINESIO  DE  CIRENE 


125  jante.  Las  mujeres  se  ataviaban  ellas  mismas  y  repartían 
cordones  entre  los  que  carecían  de  ellos.  Es  cosa  bien  sabida 
que  esto  se  hace  de  antiguo  y  su  sentido  es  el  siguiente:  ei 
muerto  en  un  naufragio  debe  llevar  encima  el  precio  de  su 
entierro.  Por  supuesto,  quien  lo  encuentre  y  se  lucre  habrá 
de  sentir  un  miedo  reverencial  ante  las  leyes  de  Adrastea64 
por  no  reservarle  una  pequeña  parte  a  quien  tanto  le  ha 
favorecido. 

13o  Y  en  eso  estaban  mientras  yo,  sentándome  a  un  lado,  me 
puse  a  llorar  por  la  sufrida  bolsa  de  dinero  que  me  confió  mi 
huésped65;  y  no  lo  hacía,  bien  lo  sabe  el  Hospitalario66, 
porque  fuera  ya  a  morir,  sino  porque  pudiera  verse  privado 
de  sus  riquezas  aquel  tracio  ante  quien  yo,  aun  después  de 
muerto,  me  hubiera  debido  avergonzar.  Sin  duda  que  enton- 
ces era  una  ganancia  sucumbir,  sucumbir  con  todos  y  con 

135  todos  escapar,  así,  de  la  conciencia.  Aquello  por  lo  que  el 
peligro  estaba  pisándonos  los  talones  no  era  otra  cosa  sino 
el  hecho  de  que  la  nave  se  movía  a  velas  desplegadas:  no  nos 
era  posible  acortarlas  y,  después  de  haberlo  intentado  muchas 
veces  con  las  drizas,  hubimos  de  renunciar  porque  éstas  se 
quedaban  enganchadas  en  las  armellas.  Además,  si  salíamos 
vivos  del  oleaje,  otro  miedo  no  menor  fondeaba  en  nosotros 67: 

14o  el  de  aproximarnos  a  tierra  de  noche  en  las  condiciones  en 
las  que  estábamos. 


64  Cf.  Sinesio,  Sueñ.  139  c,  n.  93. 

65  Su  amigo  de  Constantinopla  («el  tracio»  de  la  línea  siguiente),  Proclo: 
cf.  C.  70,  129  y  134. 

66  El  dios  Xénios,  de  la  hospitalidad,  por  lo  general  Zeus  desde  II  XIII 
625  y  Od.  IX  271. 

67  Sinesio  emplea  el  verbo  hyphorméd,  «estar  anclado»,  seguramente 
con  ironía.  Lo  único  que  estaba  bien  anclado  y  firme  era  ese  miedo. 


CARTAS 


35 


Pero  llega  el  día  y  vemos  el  sol,  tan  grato  para  nosotros 
como  no  sé  si  alguna  otra  vez  lo  ha  sido;  el  viento  se  hizo 
más  suave  al  aumentar  el  calor  y,  a  medida  que  el  rocío  iba 
desapareciendo,  se  nos  permitía  usar  las  drizas  y  manejar  la 
vela.  Desde  luego,  cambiar  la  vela  por  otra  de  respuesto  no 
podíamos  (pues  la  habían  empeñado),  sino  que  la  reparamos  145 
como  si  se  tratara  de  las  arrugas  de  una  túnica  y,  antes  de 
cuatro  horas,  nosotros,  que  habíamos  esperado  la  muerte, 
estábamos  desembarcando  en  un  paraje  remoto  desierto  del 
todo,  que  no  tenía  cerca  ni  ciudad  ni  labrantíos  (la  distancia 
a  ellos  era  de  unos  ciento  treinta  estadios).  La  nave,  en  efecto,  iso 
como  aquel  lugar  no  era  un  puerto,  permanecía  balanceán- 
dose en  alta  mar  con  una  sola  ancla,  pues  la  otra68  la  había 
vendido  Amaranto  y  no  había  comprado  una  tercera.  Nos- 
otros, en  cuanto  tocamos  la  queridísima  tierra  firme,  nos 
pusimos  a  abrazarla,  como  si  fuera  la  viva  imagen  de  nuestra 
madre,  y,  al  ofrecer,  como  de  costumbre,  el  sacrificio  de 
nuestros  himnos 69  de  acción  de  gracias  a  la  divinidad,  añadi-  155 
mos  en  ellos  también  lo  de  nuestra  reciente  peripecia,  de  la 
que,  de  forma  inesperada,  salimos  sanos  y  salvos.  Después, 
durante  dos  días,  aguardamos  a  que  el  piélago  depusiera  su 
furia  y,  dado  que  era  imposible  coger  un  camino  en  razón  de 
que  no  se  veía  a  ningún  hombre,  nos  atrevimos  a  echarnos 
de  nuevo  al  mar.  Levamos  anclas  nada  más  rayar  el  alba  y  160 
fuimos  navegando  viento  en  popa  todo  aquel  día  y  el  si- 
guiente. Cuando  ya  éste  declinaba,  nos  abandonó  el  vahaje 


68  Normalmente  los  barcos  antiguos  fondeaban  con  dos  anclas,  una  a 
proa  y  otra  á  popa:  cf.  Píndaro,  Olímpicas  VI  101;  Demóstenes,  LVI  44; 
Luciano,  Zeus  trágico  51. 

69  Cf.  Sinesio,  //.  I  2  y  (0  s. 


36 


SINESIO  DE  CIRENE 


y  nos  afligimos.  ¡Pero  luego  íbamos  a  añorar  aquella  calma 
chicha! 

Pues  bien,  era  el  día  decimotercero  de  la  luna  men- 
guante 70y  se  cernía  sobre  nosotros  un  peligro  tamaño,  porque 
estaba  a  punto  de  coincidir  la  conjunción  del  sol  y  la  luna71 

165  con  la  aparición  de  la  renombrada  Osa  Mayor  n,  a  la  que  ningún 
navegante  — aseguran —  se  ha  atrevido  a  desafiar.  Y,  aunque 
debimos  permanecer  resguardados  en  un  puerto,  inadverti- 
damente nos  lanzamos  otra  vez  al  mar.  Comenzó  la  pertur- 
bación con  vientos  del  norte  y  fue  mucho  lo  que  llovió 
durante  aquella  noche  del  novilunio 73.  Luego  iban  destem- 

170  plándose  los  vientos  y  el  mar  se  había  revuelto.  Nuestra 
situación  era  la  lógica  en  tales  circunstancias,  dicho  sea  para 
no  referir  dos  veces  los  mismos  desastres.  Y,  estando  así, 
vino  a  sernos  provechosa  la  propia  magnitud  del  temporal. 
La  entena  crujía  y  nosotros  pensábamos  hacernos  con  el 
navio  tensando  los  estayes 74,  cuando  aquélla  se  partió  por  la 

70  Triskaidekáte  phthínontós:  toutéstin  eikosi  októ,  en  los  escolios  (se 
esperaría  tríté  (menos) phthinontos:  cf.  A.  Garzya,  Storia  e  interpretazione 
27  =  «ScoR  inediti  alie  Epistole  di  Sinesio»,  Epet.  Het.  Byz.  Spoud.  30 
(1960),  214-280).  Quizá  un  martes  28  de  mayo  (o  de  enero)  del  402,  por 
diversas  apreciaciones  no  sólo  astronómicas:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  págs. 
84,  n.  26. 

71  El  novilunio:  cf.  Ch.  Lacombrade,  «Encoré  la  Lettre  IV  [V]  de 
Synésios  et  sa  nouvelle  lune»,  Rev.  Étud.  Grec.  91  (1978),  564-567. 

72  Seguimos  la  traducción  de  Garzya.  Para  los  problemas  textuales 
que  presentan  estas  líneas  y  su  interpretación,  especialmente  synódou 
(Garzya  elimina  tdn  ástrdn)  y  stoicheidn  (con  el  que  este  mismo  autor 
corrige  el  tychaídn  de  los  codd.),  cf.  A.  Garzya,  «Problemes  textuels  dans 
la  correspondance  de  Synésios»,  Byzantine  Studiesj Études  byzantines  5 
(1978),  125  ss. 

73  Literalmente:  «durante  la  noche  de  la  conjunción». 

74  Protonízein  ten  naün:  cf.  la  metáfora  de  Esquilo,  Agamenón  897, 
«estay  (prótonon)  salvador  de  la  nave»  (en  medio  de  las  aduladoras  palabras 
que  dirige  Clitemestra  a  Agamenón). 


CARTAS 


37 


mitad  y  estuvo  a  punto  de  matarnos  a  todos;  pero,  como  no 
nos  mató,  lo  que  hizo  fue,  precisamente,  salvarnos,  y  es  que  175 
de  otra  forma  no  hubiera  sido  posible  soportar  la  fuerza  del 
viento.  De  nuevo  estaba  la  vela  sin  control  y  no  era  fácil 
amainarla.  Pues  bien,  así,  tras  zafarnos,  sin  haberlo  supuesto, 
de  la  desmesurada  violencia  de  aquel  embate,  navegamos 
todo  el  día  siguiente  y  toda  la  noche  y,  en  su  transcurso,  a  la 
hora  ya  del  segundo  canto  del  gallo,  por  poco  chocamos,  sin  iso 
darnos  cuenta,  con  una  punta  rocosa  que  sobresalía  de 
tierra  como  una  pequeña  península.  Hubo  un  grito  al  avisar 
alguien  que  nos  acercábamos  a  tierra  y  se  levantó  un  vocerío 
enorme  y  de  lo  más  disonante,  mientras  los  marineros  se 
mostraban  preocupados  y  nosotros,  en  nuestra  inexperiencia, 
tocábamos  las  palmas  y  nos  abrazábamos,  sin  saber  cómo 
controlar  aquella  inmensa  alegría.  Podría  decirse  que  ése  íss 
era  el  peligro  mayor  de  todos  los  que  nos  rodeaban. 

Al  clarear  ya  el  día,  nos  hace  señas  un  fulano  vestido  a  la 
usanza  de  la  región,  indicándonos  con  la  mano  los  lugares 
peligrosos  y  aquellos  otros  de  los  que  había  que  fiarse.  Y,  al 
final,  se  llegó  a  nosotros,  solo,  en  una  chalupa  de  dos  remos, 
la  ató  al  barco  y  tomó  el  gobernalle  (el  sirio75  le  cedió  el  190 
puesto  gustoso).  Recorrió  no  más  de  cincuenta  estadios, 
fondeó  la  nave  en  un  puertecito  encantador  (Azario 16 ,  creo, 
lo  llaman)  y  nos  hizo  desembarcar  en  la  orilla  entre  nuestras 
aclamaciones  de  «salvador»  y  «genio  tutelar»  Poco  después 
trajo  hasta  allí  otro  navio  y,  luego,  otro  y,  antes  del  atardecer,  195 


75  Amaranto,  el  piloto. 

76  Aziris  (cf.  Heródoto,  IV  157),  hoy  Wadi-el-Chalig,  cerca  de  Derna 
y  Tobruk. 

77  Probablemente  este  daímon  agathós  (cf.  Aristófanes,  Avispas  525, 
Caballeros  106;  Pausanias,  IX  39, 5;  etc.)  esté  ya  aquí  muy  cerca  del  «ángel 
de  la  guardia»:  cf.  Sinesio,  H.  II  264  ss.  y  n.  30. 


38 


SINESIO  DE  CIRENE 


fueron  cinco  los  cargueros  salvados  por  aquel  sublime  anciano 
que  se  dedicaba  a  todo  lo  contrario  de  Nauplio78  (pues  no 
acogió  éste,  precisamente,  de  la  misma  manera  a  quienes 
escaparon  de  la  tempestad).  A  la  mañana  siguiente  otros 
arribaron,  algunos  de  los  cuales  habían  partido  de  Alejandría 

200  un  día  antes  que  nosotros,  y  éramos  entonces  una  flota 
completa  en  un  pequeño  astillero. 

Y,  cuando  ya  se  nos  agotaron  los  víveres  (pues,  como  no 
estábamos  acostumbrados  a  tales  infortunios  ni  esperábamos 
sobrepasar  la  duración  prevista  de  la  travesía,  cargamos 
sólo  unas  provisiones  moderadas  y,  además,  las  administra- 
mos sin  la  debida  moderación),  fue  también  el  anciano 

205  quien  puso  el  remedio,  no  porque  nos  diera  nada  (que  no  se 
asemejaba  en  absoluto  a  un  pudiente),  sino  porque  nos 
indicó  unas  rocas  en  las  que  nos  dijo  que  estaban  escondidos 
el  alimento  y  la  comida  de  cada  día  para  todos  aquéllos 
dispuestos  a  esforzarse.  Dése  ese  momento  y  durante  siete 
día  estuvimos  viviendo  de  la  pesca:  los  adultos  capturaban 
morenas  y  langostas  muy  grandes;  los  muchachos  eran  felices 

210  con  coger  gobios  y  julias;  el  monje  romano 79  y  yo  tomábamos 
fuerza  a  base  de  lapas  (la  lapa  es  un  molusco  de  concha 
cóncava  que,  cuando  se  agarra  a  una  roca,  queda  firmemente 
adherido). 


78  Nauplio  era  padre  de  Palamedes  e  hijo  de  Posidón.  Odiseó,  injusta- 
mente, acusó  de  traición  a  Palamedes  en  Troya,  lo  que  motivó  su  muerte. 
Nauplio,  en  venganza,  encendió  una  antorcha  en  el  cabo  Cafereo  de  Eubea 
durante  la  tempestad  del  regreso,  para  que  los  griegos  creyeran  que  existía 
allí  un  puerto  y  naufragaran  en  las  rocas:  cf.  Apolodoro,  Epítome  III 7,  VI 
7;  Quinto  de  Esmirna,  V  197  ss.,  XIV  614  ss. 

79  Este  threskeutís  puede  ser  el  anciano  o  algún  pasajero  de  la  nave:  cf. 
ed.  Garzya,  1979,  pág.  23,  n.  ad  loe. 


CARTAS 


39 


Así  pues,  al  principio  vivíamos  mal  que  bien  de  estas 
capturas  porque  cada  uno  se  guardaba  lo  que  conseguía,  sin 
que  nadie  le  diera  nada  a  nadie.  Pero,  luego,  todos  nadamos 
en  la  abundancia  por  el  siguiente  motivo.  Fue  cosa  de  mujeres  215 
con  mujeres:  las  libias  habrían  estado  dispuestas  sin  duda  a 
ofrecerles  a  las  que  navegaban  con  nosotros  hasta  «leche  de 
pájaro» 80.  Les  ofrecían  cuanto  les  proporcionaba  el  aire  y  la 
tierra:  queso,  harina,  tortas  de  cebada,  carne  de  cordero, 
gallinas  y  huevos.  Una  llegó  a  dar  ya  incluso  una  avutarda, 
ave  extraordinariamente  sabrosa:  un  campesino,  al  verla,  220 
diría  que  es  un  pavo.  Aquéllas  transportaban  a  la  nave  sus 
regalos  y  las  nuestras  los  aceptaban  para  compartirlos  después 
con  quienes  se  los  pedían.  Otros  nos  regalaban  ya  parte  de 
sus  capturas  y  venía  uno  tras  otro  (un  niño  y  detrás  un 
adulto  y,  luego,  un  adulto  y  detrás  un  niño)  a  traernos 
siempre  un  obsequio:  uno  un  pescadito  enganchado  en  el 
anzuelo  y  otro  cualquier  otra  cosa,  pero,  eso  sí,  exquisita,  de  225 
entre  todo  lo  que  proporcionaban  aquellas  rocas.  Lo  cierto 
es  que  a  mí  no  me  gustaba  recibir  regalos  de  las  mujeres,  y 
eso  lo  hacía  por  ti81,  para  que  por  mi  parte  no  hubiera 
ningún  trato  con  ellas  y  no  me  viera  más  tarde  en  el  aprieto 
de  tener  que  afirmar  lo  contrario  cuando  me  fuera  preciso 
negarlo  bajo  juramento.  Pues,  ¿qué  obstáculo  había  para  el 
desenfreno  con  todos  aquellos  recursos?  ¡Tantos  y  de  tantos  230 
sitios  nos  llovían! 

Esta  benevolencia  que  los  lugareños  muestran  hacia  los 
huéspedes,  tú,  seguramente,  la  atribuirás  a  su  virtud,  pero  el 
asunto  es  muy  otro  y  merece  que  se  explique,  dado  que 


80  Expresión  proverbial:  cf.,  por  ejemplo,  Aristófanes,  Avispas  508  y 
Aves  734. 

81  Cf.,  arriba  (líneas  30  ss.),  lo  dicho  acerca  de  las  mujeres  del  barco. 


40 


SINESIO  DE  CIRENE 


ahora  se  nos  presenta  la  oportunidad.  La  cólera  de  Afrodita, 
a  lo  que  puede  conjeturarse,  hace  presa  en  esta  región:  su 
desgracia  es  algo  así  como  la  de  las  lemnias82.  Y  es  que 
tienen  ellas  los  senos  de  un  tamaño  muy  por  encima  de  lo 

235  normal  y  su  pecho  es  desproporcionado,  de  tal  manera  que 
se  echan  las  mamas  a  la  espalda  y  sus  recién  nacidos,  mientras 
chupan,  no  están  en  brazos  sino  en  los  hombros.  Acaso  se 
podría  decir  que  Amón  y  la  tierra  de  Amón  no  es  mejor 
criadora  de  ganado  que  de  niños  y  que  la  naturaleza  les  ha 
concedido,  lo  mismo  a  los  seres  humanos  que  a  las  bestias, 

240  manantiales  de  leche  más  copiosos  y  exuberantes  y  que, 
para  ello,  se  necesitan  ubres  y  cavidades  también  más  exube- 
rantes. Lo  cierto  es  que,  al  enterarse  por  medio  de  quienes 
han  mantenido  contacto  con  gente  de  allende  sus  fronteras, 
de  que  no  todas  las  mujeres  son  así,  no  lo  creen  y,  en  cuanto 
tienen  a  mano  a  una  extranjera,  le  prodigan  su  benevolencia 
y  no  paran  hasta  hacerle  un  examen  minucioso  de  la  parte 

245  del  pecho.  La  que  ha  podido  verlo  lo  cuenta  y  se  llaman 
unas  a  otras  como  los  Cícones 83.  Concurren  ellas  para  con- 
templar el  espectáculo  y  con  ese  fin  traen  los  regalos.  Con 
nosotros  estaba  una  pequeña  esclava  de  las  del  Ponto,  en  la 
que  arte  y  naturaleza  se  aunaron  para  mostrar  un  talle  más 
recortado  que  el  de  una  hormiga.  A  su  alrededor  se  concen- 

25o  traba  todo  el  interés  y  era  ella  la  que  mayores  ganancias 
conseguía  de  manos  de  las  mujeres.  Tres  días  antes  habían 
mandado  a  buscarla,  una  detrás  de  otra,  las  señoras  ricas  de 


82  Se  trata  del  olor  fétido  con  que  Afrodita  castigó  a  las  mujeres  de 
Lemnos  por  no  rendirle  culto:  cf.,  por  ejemplo,  Apolonio  Rodio,  1 609  ss.; 
Apolodoro,  Bibliot.  I  9,  17. 

83  Para  unir  sus  fuerzas  contra  Odiseo  y  los  suyos:  cf.  Od.  IX  47  s. 


CARTAS 


41 


los  campos  vecinos.  ¡Era  tan  sumamente  fresca  que  incluso 
se  desnudaba! 

Para  ti  este  drama,  convertido  en  cómico  de  trágico  que 
era:  así  nos  lo  aparejó  la  divinidad  y  yo  te  lo  he  descrito  en  255 
estas  líneas.  Ya  sé  que  me  he  extendido  en  la  carta  más  de  lo 
normal,  pero  me  pasa  lo  mismo  cuando  estoy  junto  a  ti  en 
persona  que  cuando  te  escribo:  que  no  me  harto.  Y,  además, 
como  ya  no  tengo  la  esperanza  de  poder  conversar  contigo, 
ahora  que  se  me  permite,  me  dejo  llevar  u.  Pero,  también,  de 
incluir  la  carta  en  mi  diario85,  en  el  que  pongo  todo  mi 
interés,  podría  disponer  de  unas  memorias  que  abarcan  un  260 
buen  número  de  días. 

Adiós.  Mis  mejores  deseos  para  tu  hijo  Dióscoro  junto 
con  su  madre  y  su  abuela,  a  las  que  amo  y  cuento  entre  mis 
hermanas.  Saluda  cariñosamente  a  la  muy  venerable  filó- 
sofa 86,  la  predilecta  de  la  divinidad,  y  a  ese  feliz  corrillo  que 
disfruta  de  su  divina  voz  y,  más  que  a  nadie,  al  santísimo  265 
padre  Teotecno  y  a  mi  compañero  Atanasio 87.  A  Gayo,  el 
más  íntimo  de  mis  amigos,  sé  bien  que  lo  tienes  en  tanta 
consideración  como  yo  y  que  lo  cuentas  entre  nuestros 
parientes.  Recuerdos  para  el  admirable  gramático  Teodosio, 

84  El  tópico  de  la  carta  como  conloquium  absentium  (cf.  C.  105,  12)  ha 
sido  estudiado  por  A.  Garzya,  «L'epistolografia  letteraria  tardoantica»  =  // 
mandarino  e  il  quotidiano.  Saggi  sulla  letteratura  tardoantica  e  bizantina 
(«Saggi  Bibliopolis»  XIV),  Nápoles,  1985,  132  ss.  También  en  un  tratado 
como  la  Epídeixis  (capít.  1)  Ireneo  pretende  «conversar  por  escrito»  con  su 
amigo  Marciano,  a  quien  dirige  la  obra:  cf.  E.  Romero  Pose,  S.  Ireneo  de 
Lión.  Demostración  de  la  predicación  apostólica,  Madrid,  1992,  pág.  52. 

85  Cf.  Sinesio,  Sueñ.  153  a,  y  nuestra  introducción  a  las  Cartas  (2.  El 
corpus  sinesiano), 

86  Hipatia. 

87  Sacerdote  alejandrino  y  un  amigo  de  Sinesio,  respectivamente:  cf.  C. 
16,  10  s. 


42 


SINESIO  DE  CIRENE 


quien,  por  cierto,  me  ocultó  que  era  adivino  (pues  me  pro- 
nosticó lo  que  me  iba  a  pasar  y  declinó  el  propósito  de 
270  acompañarme  en  el  viaje),  pero  yo  lo  amo  y  lo  saludo 
también.  Y  tú,  ¡no  vayas  a  navegar  nunca!  Y,  si  alguna  vez 
te  es  absolutamente  necesario,  ¡no  lo  hagas  a  final  de  mes! 

6 

A  ANISIO 88 

Desde  Ptolemaida,  a  comienzos  del  411.  Anterior  a  la  C.  14 

Camas  todavía  sigue  dando  largas  y  ni  voluntariamente 
ni  a  la  fuerza  retorna  a  la  justicia.  Es  preciso  que  venga  para 
que  veamos  qué  dice  y  con  qué  ojos  nos  mira  a  la  cara  a 
nosotros,  después  de  haber  considerado  digno  comprarnos, 
aun  contra  nuestra  voluntad,  un  caballo  que  él  mismo  nos 

5  ha  robado,  para  no  ser  — decía —  un  soldado  sin  caballo. 
Nos  está  ofreciendo  muy  poco  dinero  y,  si  no  se  lo 
vendemos,  no  nos  lo  cede89;  al  contrario,  él  cree  que,  con 
toda  justicia,  el  caballo  es  de  su  propiedad.  Y  eso  sin  ser 
Agatocles  o  Dionisio 90,  a  quienes  el  régimen  tiránico  permitía 
ser  tan  sumamente  malvados,  sino  sólo  Camas  el  cafarodita, 

10  a  quien  no  es  difícil  llevar  a  los  tribunales.  Así  pues,  si  acaso 
lo  conducen  a  tu  presencia,  que  no  deje  yo  de  saberlo,  para 


88  Comandante  militar  de  Libia:  cf.  Sinesio,  Disc.  I  (Catástasis  minor). 

89  Me  apodidoménois  ouk  apodídósin:  «si  no  se  lo  damos  a  cambio  (del 
dinero),  no  nos  lo  da  él». 

90  Tíranos  de  Siracusa:  cf.  Juliano,  Simposio  33,  332  c. 


CARTAS 


43 


que  pueda  hacer  venir  de  Cirene  a  quienes  testifiquen  contra 
él  en  persona. 

7 

A  TEODORO  Y  A  SU  HERMANA 91 

A  Teodoro  (¿?),  esposo  de  su  hermana,  y  a  su  hermana 
(¿Estratonice?).  A  Constantinopla  (¿?) 

¿Os  imagináis  cómo  «me  ha  roído  el  corazón» 92  la  noticia 
que  se  ha  propagado  por  la  ciudad  acerca  de  que  estabas 
luchando  contra  una  oftalmía  aguda  y  más  que  aguda,  que 
amenazaba  con  poner  en  peligro  tu  vista?  Luego  esa  noticia 
se  ha  demostrado  que  era  falsa.  Supongo  que  ha  sido  un 
fulano  cualquiera,  el  muy  miserable,  quien  ha  tomado  como  5 
pretexto  la  palabra  oftalmía  para  extender  el  rumor,  hacién- 
dolo cada  vez  mayor,  y  darle  tintes  trágicos.  ¡Así  se  vuelvan 
contra  él  los  embustes  que  ha  inventado  contra  vosotros! 
Hay  que  agradecer  a  Dios  el  que  nos  haya  permitido  oír 
mejores  nuevas.  Pero  lo  que  es  menester  es  que,  de  todo  lo 
vuestro,  no  nos  enteremos,  como  suele  decirse,  por  las  señales 
de  los  astros93  ni  nos  informemos  por  lo  que  cuentan  los 


9>  Por  supuesto,  la  hermana  de  Sinesio.  Quizá  deba  escribirse  «Teodosio», 
marido  de  Estratonice  (cf.  C.  75,  y  Fr.  X.  KRAUS,  «Studien  über  Synesios 
von  Kyrene  I»,  Theol.  Quartahchr.  47  (1865),  407).  De  lo  contrario,  y  dado 
que  el  esposó  de  su  otra  hermana  se  llama,  según  parece,  Amelio  (cf.  C. 
145,  6),  habría  que  admitir  no  dos  sino  tres  hermanas  de  nuestro  autor. 

92  Cf.  Sinesio,  Real  2  a,  n.  1.  Realmente  no  queda  claro  si  el  rumor 
acerca  de  la  enfermedad  se  refería  a  su  hermana  o  al  esposo. 

93  Expresión  proverbial. 


44 


SINESIO  DE  CIRENE 


10  rumores;  lo  mejor,  por  el  contrario,  sería  teneros  a  nuestro 
lado  y,  si  no,  leer  vuestras  cartas  y  saber  de  vosotros  por 
vosotros  mismos.  Pero  no  os  preocupéis  de  nosotros  dema- 
siado, quizá  sea  eso  lo  que  Dios  quiere. 

8 

,    A  SU  HERMANO 
Desde  Ptolemaida,  después  de  la  Pascua  del  411 

No  me  dirás  que  te  pasó  desapercibida  la  llegada  del 
portador  de  la  carta  de  la  festividad  pascual 94.  Más  bien  lo 
viste  pero  has  hecho  la  vista  gorda  y  no  te  pareció  que 
valiera  la  pena  acordarte  de  tu  hermano  y  despacharle  una 
carta  que  le  informara  de  cómo  te  va  y  en  qué  situación 

5  estás.  Y  es  que  para  mí  saber  de  ti  no  es  algo  que  me  sea  indi- 
ferente, pues,  como  en  todo  lo  mío  no  hallo  más  que  tristeza95, 
querría  al  menos  alegrarme  con  lo  tuyo.  Pero  hasta  ese 
consuelo  me  has  quitado.  Y  no  habrías  debido  hacerlo. 
Pues,  aun  en  el  caso  de  que  no  hubiéramos  nacido  de  los 
mismos  padres,  ¿no  han  sido  comunes  nuestra  crianza  y 

10  educación?  ¿Y  qué  es  lo  que  no  hemos  tenido  en  común? 
Todo  en  todo  nos  ha  unido  íntimamente  al  uno  con  el  otro. 
Pero,  como  suele  decirse,  la  malandanza  es  cosa  terrible  y, 


94  Era  el  patriarca  de  Alejandría  (Teófilo,  a  la  sazón)  quien  por  carta 
comunicaba  (pocos  días  después  de  Epifanía)  la  fecha  de  la  Pascua  a  los 
obispos  sufragáneos.  Esta  costumbre  databa  del  siglo  m  (desde  Dionisio  de 
Alejandría):  cf.  Quasten,  Patrología  I,  pag.  418,  y  II,  pág.  56. 

'5  Cf.  C.  41,  79. 


CARTAS 


45 


cuando  a  uno  le  llegan  tiempos  difíciles,  entonces  se  ponen 
a  prueba,  aparte  de  todo  lo  demás,  también  los  sentimientos 
de  los  hermanos  y  amigos 96.  Lo  que  es  a  mí  me  bastará  con 
tener  noticias  tuyas  por  medio  de  otros.  Que  Dios  sólo  te 
dispense  cosas  buenas,  que  eso  es  lo  que  deseo  oír  acerca  15 
de  ti. 


9 

AL  ARZOBISPO  TEÓFILO 
Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  en  el  411-412 

¡Ojalá  te  aguarde  una  vejez  larga  y  radiante!91  ¡Oh  tú,  el 
más  santo  y  sabio!  Pues  para  mí  sería  una  ganancia  el  que  te 
mantuvieras  vivo,  entre  otras  razones,  principalmente,  porque 
resulta  una  grandísima  contribución  a  la  doctrina  de  Cristo 
ese  número  de  hojas  pascuales  tuyas  que  se  incrementa  con 
los  años98.  Así,  el  escrito  enviado  en  esta  ocasión  ha  sido  5 
para  nuestras  ciudades  tan  ameno  como  provechoso:  esto 
por  la  gravedad  de  los  pensamientos,  aquello  por  la  donosura 
del  lenguaje. 


96  Cf.  Teognis,  499;  Isócrates,  A  Demónico  25.  Amicus  cerlus  in  re 
incerta  cernitur,  dirá  Cicerón  (De  la  amistad  64)  citando  a  Ennio. 

97  Cf.  Antología  Palatina  VII  163,  7  (Leónidas). 

98  Teófilo  escribió  al  menos  veintiséis  cartas  pascuales,  que  no  sólo 
fijaban  la  fecha  de  la  Pascua  (cf.,  arriba,  n.  94),  sino  que  contenían  una 
enseñanza  teológica  y  doctrinal:  cf.  Quasten,  Patrología  II,  pág.  111. 


46 


SINESIO  DE  CIRENE 


10 

A  LA  FILÓSOFA  HIPATIA99 

Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  a  comienzos  del  413. 
Contemporánea  de  la  C.  16 

A  ti  10°,  querida  señora,  te  saludo  cariñosamente  y,  por 
medio  de  ti,  a  mis  queridísimos  compañeros.  Hace  tiempo 
ya  os  habría  reprochado  esta  situación  de  que  yo  no  merezca 
que  me  escribáis  unas  letras,  pero  ahora  sé  que  todos  vosotros 
habéis  apartado  de  mí  vuestra  mirada  no  por  cometer  yo 
ninguna  falta  sino  por  sufrir  tantos  infortunios  como  es 
5  capaz  de  sufrir  un  hombre.  Sin  embargo,  si  pudiera  leer 
vuestras  cartas  y  enterarme  de  qué  vida  lleváis  (sin  duda 
estáis  mejor  y  disfrutáis  de  una  suerte  más  favorable),  lo 
pasaría  mal  sólo  a  medias,  ya  que  en  vosotros  cifraría  yo  mi 
dicha.  Pero,  lo  que  es  ahora,  esto  de  no  recibir  noticias 
vuestras  es  también  uno  de  los  pesares  que  me  atenazan.  He 
perdido  a  mis  hijos 101  y  a  mis  amigos  y  la  benevolencia  de 
parte  de  todos  y,  lo  que  es  lo  más  importante,  tu  alma 
divinísima,  lo  único  que  yo  esperé  que  se  me  mantuviera 
firme  para  superar  los  «varapalos» 102  de  la  fortuna  y  los 
embates  del  destino. 


99  Preferimos  esta  transcripción  a  «Hipacia». 

100  En  algunas  cartas  (como  la  9  y  la  10)  y  en  ciertos  lugares  de  las  obras 
sinesianas  (por  ejemplo  dentro  del  tratado  Sobre  la  realeza)  no  sería  en 
absoluto  desacertado  emplear  en  la  traducción  el  tratamiento  de  respeto  y 
cortesía  («A  usted,  querida  señora,  la  saludo...»). 

101  Sobre  la  muerte  de  sus  tres  hijos,  cf.  C.  41,  174;  70,  5;  79,  90;  89,  6; 
126,  2. 

102  Cf  T  uciano,  Sobre  una  falla  cometida  al  saludar  1. 


CARTAS 


47 


11 

A  LOS  SACERDOTES 

A  los  sacerdotes  de  la  Pentápolis.  Desde  Ptolemaida, 
a  comienzos  del  411.  Algo  posterior  a  la  C.  96 

Ni  anteriormente  quedé  yo  por  encima  de  vosotros  re- 
chazando con  todas  mis  fuerzas  y  recursos  este  sagrado 
cargo103,  ni  ahora  vosotros  habéis  prevalecido  sobre  mí. 
Más  bien  era  cosa  de  la  providencia  el  «aún  no»  de  entonces 
y  el  «ya  sí»  de  ahora.  Yo,  con  todo,  habría  preferido  mil 
veces  la  muerte  antes  que  aceptar  este  ministerio,  pues  con-  5 
sideraba  que  la  dignidad  de  la  tarea  excedía  mis  posibilidades. 
Pero,  como  Dios  me  impuso  no  lo  que  yo  le  pedía  sino  lo 
que  él  deseaba,  le  ruego  que,  siendo  como  ha  sido  el  pastor 
de  mi  vida,  sea  también  patrono  de  este  deber  que  se  me  ha 
asignado.  Y  es  que  yo,  que  dediqué  mi  juventud  al  ocio  104 
adepto  de  la  filosofía  y  a  la  contemplación 105,  ajena  a  toda 
actividad  práctica,  de  los  seres  abstractos,  y  que  sólo  me  vi 
envuelto  en  preocupaciones  en  tanto  en  cuanto  consagré  10 
una  mínima  atención  a  esta  vida  corporal  y  al  hecho  de  ser 
ciudadano  de  esta  ciudad,  ¿cómo  me  bastaré  para  afrontar 
desasosiegos  continuos?  ¿Y,  si  me  entrego  a  un  tropel  de 
asuntos,  cómo  me  aplicaré  a  las  bellezas  del  intelecto,  cuyos 
frutos  únicamente  puede  recogerlos  un  ocio  bienaventurado, 


103  En  el  verano  del  410  el  pueblo  de  Ptolemaida  lo  aclama  obispo,  pero 
Sinesio  se  toma  unos  meses  para  pensarlo  (en  Alejandría),  hasta  que  acepta 
y  es  consagrado  a  principios  del  411:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  12,  n.  4. 

104  Cf.  Sinesio,  C.  41,  85;  H.  IV  34  s.  Para  las  líneas  3  s.  y  6  ss.  Cf.  C. 
96,  2  ss. 

105  Cf.  Id.,  Dión  45  c  ss.  (cap.  VII). 


48 


SINESIO  DE  CIRENE 


sin  el  que,  para  mí  y  los  semejantes  a  mí,  es  cualquier  tipo  de 
15  «vida  invivible» I06?  Yo  no  sabría;  pero  para  Dios,  dicen, 
«todo  es  posible» 107,  incluso  lo  imposible.  Levantad,  pues, 
por  mí  vuestras  manos  suplicantes  a  Dios  y  encomendadles 
a  todos,  tanto  a  la  población  de  la  ciudad  como  a  quienes 
habitan  en  el  campo  y  en  las  iglesias  de  las  aldeas,  que,  no  ya 
20  en  común  sino  incluso  en  privado,  hagan  súplicas  por  mí. 
Y  es  que  si  Dios  no  me  deja  solo,  entonces  reconoceré  que  el 
sacerdocio  no  supone  un  distanciamiento  de  la  filosofía  sino 
un  encumbramiento 108  hacia  ella. 

12 

A  CIRILO 109 

Desde  Ptolemaida,  después  del  15  de  octubre  del  412 

Vuelve,  hermano  Cirilo,  junto  a  tu  madre  la  Iglesia,  de  la 
que  no  fuiste  separado  de  un  tajo,  sino  que  se  te  apartó 
durante  un  período  que  está  determinado  por  la  consideración 
que  merecen  tus  faltas.  Creo  que  sabes  con  certeza  que  esto 
también  lo  habría  hecho  antes  nuestro  padre  común110,  de 

106  Cf.  Id.,  Dis.  II  (Catástasis  maior),  304  a,  y  n.  25. 

Mateo,  19,  26  (cf.  Job  42,  2;  Od.  IV  236  s„  XIV  444  s.). 

108  Los  términos  griegos  son  apóbasis  y  epanábasis.  Este  último  lo 
utiliza  Plotino,  Enéadas  VI 7, 27,  para  designar  la  búsqueda  de  principios 
elevados:  cf.  C.  96,  5  s. 

109  Se  trata  de  un  obispo  del  que  nuestro  autor  no  da  más  detalles  que 
los  que  aquí  leemos  (cf.  Lacombrade,  Synésios  de  Cyréne...,  págs.  251  s.). 
No  debe  ser  confundido  con  Cirilo  de  Alejandría,  sobrino  y  sucesor  de 
Teófilo  en  la  sede  metropolitana. 

110  Teófilo,  el  patriarca  de  Alejandría,  murió  el  15  de  octubre  del  412. 


CARTAS 


49 


santa  memoria,  si  la  fatalidad  no  se  hubiera  apresurado  a 
alcanzarlo.  Y  es  que  el  hecho  de  imponerte  un  castigo  tan  5 
comedido  era  lo  propio  de  un  ánimo  inclinado  a  otorgarte 
prontamente  el  perdón.  Así  pues,  considera  que  ha  sido  él  en 
persona,  aquel  santo  sacerdote,  quien  te  ha  concedido  el 
regreso  y  acércate  a  Dios  con  un  alma  libre  de  toda  aflicción 
y  dispuesta  a  olvidar  los  males.  Por  otra  parte,  conserva 
también  un  fausto  recuerdo  de  aquel  santo  presbítero,  amado 
por  Dios  U1,  que  te  designó  guía"2  de  tu  pueblo.  ¡Que  tam-  10 
poco  esto  te  sea  en  absoluto  desagradable! 

13 

AL  SACERDOTE  PEDRO 

Coadjutor  del  obispo  Sinesio.  Desde  una  ciudad  de  la  Pentápolis  a 
Ptolemaida,  antes  de  la  Pascua  del  412 

¡Guíe  Dios  toda  acción  y  palabra  mías! 113  Al  portador  de 
las  cartas  pascuales  "4,  que  comunican  que  el  día  solemne  de 
la  festividad  es  el  diecinueve  del  mes  de  farmuti 115,  con  la 
idea  de  que  en  la  noche  precedente  se  celebre  el  misterio  de 

111  Theophile  presbyten  en  el  original,  jugando  con  el  nombre  propio 
del  patriarca. 

112  El  término  próedros  es  utilizado  a  veces  en  las  obras  patrísticas  para 
referirse  al  obispo. 

"3  Cf.  Jenofonte,  Memorables  II  3,  15. 

114  Cf.,  arriba,  nn.  94  y  98. 

115  El  14  de  abril  del  412.  Farmuti  es  un  mes  egipcio  que  corresponde  a 
marzo-abril:  cf.  Plutarco,  Rómulo  12  y  O'Callaghan,  Cartas...,  pág.  195 
(la  carta  30  está  fechada  el  1  de  farmuti,  el  27  de  marzo). 

205.  — 4 


50 


SINESIO  DE  CIRENE 


5  la  resurrección,  a  ese  portador,  tanto  a  la  llegada  como  al 
regreso,  consideradlo  digno  de  toda  vuestra  amabilidad  y 
mandadlo  de  vuelta  proporcionándole  caballos  de  refresco 
en  cada  ocasión.  Él,  en  interés  de  que  no  quede  abandonada 
una  costumbre  antigua  y  ancestral  de  las  iglesias,  se  ha 
puesto  en  medio  de  los  enemigos  armados,  atreviéndose  a 
pasar  por  un  territorio  peligroso.  La  carta  también  exhorta 

10  a  tu  ciudad 116  a  rogar  por  mí.  Y  es  que  desde  ahora  es  pre- 
ciso que  ésta  tome  conciencia  de  la  insensatez  que  ha  cometido 
en  mi  caso,  al  llamar  al  sacerdocio  no  a  quien  tiene  confianza 
para  presentarse  ante  Dios  y  suplicarle  por  todo  su  pueblo, 
sino  a  alguien  que  necesita,  para  salvarse  él,  las  peticiones  de 

15  su  pueblo.  Y  esto  coincide  también  con  el  sínodo  que,  con 
gran  cantidad  de  sacerdotes,  se  celebra  aquí117  y  que  se  ha 
reunido  justo  en  el  momento  en  el  que  yo  me  dispongo  a 
escribiros.  Si  no  supiera  decir  nada  de  lo  que  ya  estáis 
acostumbrados  a  escuchar,  esto  no  sería  sino  una  solicitud 
de  perdón  para  mí  y  un  reproche  para  vosotros,  porque 
habéis  preferido  a  uno  que  no  conoce  las  palabras  de  Dios 118 
en  vez  de  a  los  que  sí  las  conocen. 


116  Debe  de  ser  Ptolemaida:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  100,  n.  4. 

117  En  Cirene,  Apolonia  o  alguna  otra  ciudad  entre  Alejandría  y  Cirene: 
cf.  ibid.,  n.  5. 

118  Ta  logia  toú  theoü:  «Sacra  scrittura»  (Garzya).  Cf.  Carta  de  Aristeas 
158  (A.  Díez  Macho,  Apócrifos  del  Antiguo  Testamento  II,  Madrid,  1982, 
pág.  42,  n.  ad  loe:  ta  logia  —  el  conjunto  de  la  Escritura);  LXX,  Salmos  11, 
6;  Romanos  3, 2;  Hebreos  5,  12;  I  Pedro  4, 1 1 .  El  término  lógia  es  utilizado 
con  este  sentido  también  por  los  neoplatónicos,  por  Clemente  de  Roma, 
Filón  o  el  Pseudo-Dionisio  Areopagita:  cf.  J.  Donavar,  The  Logia  in 
Ancient  and  Recent  Literature,  Cambridge,  1924. 


CARTAS 


51 


14 

AANISIO 

Desde  Ptolemaida,  en  la  Cuaresma  del  411,  después  de  la  C.  6m 

¡Así  es  como  defienden  los  hijos  a  sus  progenitores!  Te 
doy  las  gracias.  Camas  se  ha  convertido  en  un  suplicante 
para  conmigo  y  esta  súplica  suya  Dios  la  ha  hecho  más 
digna  de  respeto.  ¿Cómo  permitir,  pues,  que,  por  propia 
sugerencia  de  un  sacerdote,  a  un  hombre  se  le  lleve  arrestado 
en  días  de  ayuno  cuaresmal?  Así  que,  quienquiera  que  fuese 
el  que  llevaba  a  este  hombre,  no  lo  dejó  ir,  sino  que  se  lo  5 
arrebataron.  Por  tanto,  si  he  de  pagar  mi  pena  por  haber 
usado  de  violencia  contigo,  ten  en  cuenta  que  me  dispuse  a 
ser  benévolo  con  quienes  me  han  ofendido  y  a  ofender  a 
quienes  en  nada  me  ofenden. 

15 

A  LA  FILÓSOFA 
A  la  filósofa  Hipaíia 

Me  encuentro  tan  sumamente  mal  que  necesito  un  areó- 
metro 12°.  Manda  que  fabriquen  uno  de  bronce  y  lo  monten. 

119  Aquel  año  la  Pascua  cayó  el  día  26  de  marzo. 

120  Este  hydroskópion,  inventado  por  Sinesio,  buen  testimonio  de  las 
enseñanzas  en  ciencias  aplicadas  de  Hipatia,  es  el  precedente  del  moderno 
areómetro  o  densímetro  (que  sirve  para  medir  la  densidad  de  un  líquido  o 
la  concentración  de  una  disolución).  Parece,  por  las  palabras  iniciales  de  la 
carta,  que  Sinesio  se  encuentra  enfermo  y  necesita  el  citado  instrumento 


52 


SINESIO  DE  CIRENE 


Es  un  tubo  cilindrico  con  la  forma  y  dimensiones  de  una 
flauta.  En  línea  recta  lleva  unas  incisiones  por  las  que  deter- 
5  minamos  el  peso  de  los  líquidos.  Por  üno  de  los  extremos  lo 
cierra,  en  efecto,  un  cono  adaptado  en  posición  idéntica,  de 
manera  que  sea  común  la  base  de  ambos,  la  del  cono  y  la  del 
tubo121  (y  esto  es  propiamente  el  «pesito» m).  Pues  bien, 
cuando  sumerjas  en  el  líquido  ese  tubo  que  es  como  una 
flauta,  se  mantendrá  recto  y  te  será  posible  contar  las  inci- 
siones que  son  las  que  dan  a  conocer  el  peso. 

16 

A  LA  MISMA 

A  la  fiósofa  Hipatia,  desde  Ptolemaida  a  Alejandría. 
Junto  con  la  C.  10,  son  éstos  los  últimos  suspiros 
de  un  Sinesio  ya  a  punto  de  morir 

Postrado  en  la  cama  dicto  esta  carta.  Ojalá,  al  recibirla, 
te  encuentres  bien  de  salud,  madre,  hermana,  maestra,  bene- 


para  preparar  su  medicina.  Según  Proclo,  Hypoi.  astron.  posit.,  pág.  42, 
Herón  de  Alejandría  (s.  I  d.  C.)  escribió  un  tratado  en  cuatro  libros  Peñ 
hydroskopeidn  (cf.  Galeno,  5,  68  Kühn,  donde  el  hydroskópion  es  un 
instrumento  hidrostático). 

121  Tenemos  una  descripción  muy  parecida  en  Pseudo-Prisciano,  Pon- 
der.  103-105,  incluido  el  «cono»,  que  hoy  se  substituye  por  dos  bolitas 
huecas,  una  de  mayor  tamaño  para  que  el  instrumento  flote  y  otra,  la  del 
extremo,  más  pequeña  y  llena  de  mercurio  o  perdigones  para  que,  con  el 
peso  (cf.  la  n.  siguientes),  se  mantenga  recto. 

122  Hemos  optado  por  traducir  asi  baryllion  (pondusculum),  en  vez  de 
«pesalicores»:  cf.  G.  W.  H.  Lampe,  «Baryllion  (Synesius,  Ep.  15)»,  Classical 
Review  62  (1948),  114-1 15.  Recuérdese  que  el  funcionamiento  del  areómetro 
se  basa  en  el  principio  de  Arquímedes. 


CARTAS 


53 


factora  mía  en  todo,  y  todo  lo  que  para  mí  tiene  valor  en 
dichos  y  hechos  m.  La  debilidad  de  mi  cuerpo  está  ligada  a 
una  causa  anímica.  Poco  a  poco  me  va  consumiendo  el 
recuerdo  de  mis  niños  que  se  me  han  ido  m.  Sinesio  habría 
debido  vivir  sólo  mientras  no  hubiera  tenido  que  experimentar 
los  males  de  la  existencia.  Fue  como  un  torrente,  represado 
hasta  entonces,  que  arrambló  de  un  tirón,  y  se  trastrocó  la 
dulzura  de  esta  existencia  mía.  Quisiera  o  dejar  de  vivir  o  de 
pensar  en  la  tumba  de  mis  hijos.  Pero  tú  ojalá  te  encuentres 
bien.  Saluda  cariñosamente  a  mis  felices  compañeros,  co- 
menzando por  el  padre  Teotecno  y  el  hermano  Atanasio 125 
y  después,  a  todos  los  demás.  Y  si  se  les  ha  agregado  alguno 
que  te  sea  especialmente  dilecto,  preciso  es  que  también  yo 
le  deba  gratitud  por  el  solo  hecho  de  serte  tan  dilecto: 
salúdalo,  pues,  de  mi  parte  como  al  mejor  de  mis  amigos. 
Tú,  si  algo  te  preocupas  de  mis  cosas,  haces  bien;  y,  si  no  te 
preocupas  tú  de  eso,  tampoco  me  preocupo  yo. 

A  HELIODORO 126 

Mucho  y  bueno  le  deseo  a  éste 127 ,  que  nos  trae  el  fausto 
recuerdo  de  tu  venerable  dignidad  y  que  ha  llenado  de 

123  Cf.  //.  VI 429  s.:  Buehring,  «Zum  Topos  Hom.  Z  429  f.»,  Gymnasium 
62  (1954),  418. 

'»  Cf.  n.  101.  i 

125  Cf.  C.  5,  265  s.  y  n.  87. 

126  Un  sofista. 

12'  Al  portador  de  la  carta,  según  aclaran  los  escolios:  cf.  ed.  Garzya, 
1979,  pág.  37,  n.  ad  loe.  Traducimos  semnoprépeia  por  «venerable  dignidad» 


54 


SINESIO  DE  CIRENE 


alabanzas  a  ti  los  oídos  de  todos,  esas  alabanzas  que  se  les 
deberí  a  tu  alma  y  a  tu  lengua  de  oro.  Pero  de  inmediato 
5  correspondes  tú  al  favor  de  estos  elogios.  Y  es  que,  a  cambio, 
hablan  bien  de  él  tantos  y  tantos  admiradores  tuyos,  con 
todos  los  cuales  disputo  yo  por  la  primacía  o,  mejor  dicho, 
no  disputo,  pues  todos  consienten  en  ello. 


18 

A  SU  HERMANO 
En  el  405 

Esta  persona 128  es  un  senador  de  la  ciudad 129  en  la  que- 
engendré  a  mis  hijos  (la  verdad  es  que,  en  cierto  modo,  a 
todos  los  alejandrinos  conviene  que  nosotros  los  honremos 
y  miremos  como  a  conciudadanos  nuestros).  Ocurre  también 
que  es  pariente  del  bienaventurado 130  Teodoro,  al  que  siempre 
5  tengo  muy  presente  en  el  recuerdo  y  a  quien  no  deben 
olvidar  los  que  ocupan  los  primeros  puestos  del  gobierno  de 
esta  ciudad.  Son  éstos  quienes  lo  han  conducido  ante  mí 
ahora  que  va  a  llevaros  el  dinero  de  la  paga  de  los  soldados 
y  me  han  rogado  que  os  lo  despache  con  una  carta  mía  para 

(cf.  C.  21, 1),  aunque  podría  preferirse  «excelencia»,  dado  que  semnoprepés 
aparece  en  ciertos  ejemplos  tardíos  como  epíteto  honorífico:  cf.  Preisigke, 
Worterbuch...  III,  Abschn.  9,  Ehrentilel,  pág.  199. 

128  Es  decir,  el  portador  de  esta  carta  de  recomendación:  el  senador 
Amonio  (cf.  C.  20,  5). 

129  Alejandría. 

130  El  término  griego  es  makarítes,  que  se  emplea  para  referirse  a  los 
difuntos. 


CARTAS 


55 


el  viaje  m,  convencidos  de  que  todo  le  irá  bien  si  por  mí  se 
consigue  que  tú  y  esta  persona  os  pongáis  en  relación.  Yo  he  10 
hecho  lo  que  me  han  pedido;  si  no  ha  sido  en  vano,  vosotros 
me  lo  demostraréis. 

19 

A  HERODES  Y  MARTIRIO 

No  creo  que  se  me  acuse  de  hacer  que  tengáis  que  com- 
partir entre  los  dos  esta  carta.  Pero,  si  en  este  escrito  mío 
hubiera  separado  a  los  que  en  mi  corazón  están  unidos,  de 
eso  sí  se  me  podría  acusar.  Recibid,  pues,  mi  saludo,  ex- 
traordinarios amigos,  y  al  que  os  entrega  esta  carta,  enviado 
con  la  misión  oficial  de  llevaros  el  dinero,  acogedlo  de  la  5 
manera  más  calida  posible,  porque  me  ha  sido  recomendado 
por  el  consejo  senatorial  en  pleno  y  quisiera  ser  yo  para  él  la 
causa  de  algún  beneficio.  Y  la  verdad  es  que  no  sé  a  quién 
más  que  a  vosotros  puede  parecerle  digno  el  preocuparse  de 
mí  y  de  todo  lo  que  yo  acaso  vaya  a  emprender. 

20 

A  DIÓGENES  132 

Durante  su  vida  el  bienaventurado 133  Teodoro  fue  como 
el  huésped  oficial 134  y  común  de  todos  los  pentapolitanos.  A 

131  Una  carta  de  recomendación. 

132  Primo  de  Sinesio. 

133  Cf.  n.  130. 

134  Próxenos  era  el  título  honorífico  de  quien  hospedaba  a  ciertos 
personajes  importantes  en  nombre  del  Estado. 


56 


SINESIO  DE  CIRENE 


mis  progenitores,  especialmente,  se  los  ganó  con  el  celo  que 
demostraba  en  todo  y,  además,  con  su  bien  decir  y  su 
encantadora  conversación.  Y  lo  cierto  es  que  en  la  persona 
5  de  su  primo  Amonio  135  podemos  renovar  en  nuestra  memoria 
ese  provechoso  encanto  de  tantas  y  tan  gratas  cualidades 
suyas.  Pues  bien,  yo  he  cumplido  mi  parte  (¿y,  estando  lejos, 
qué  podía  hacer  sino  recomendarlo  a  quienes  están  cerca  de 
él?).  Ahora  es  cosa  vuestra  el  que  su  estancia  ahí  no  le  resulte 
penosa. 


21 

AL  GOBERNADOR 136 
Desde  Alejandría 

Si  el  recuerdo  de  Teodoro  aún  lo  conserva  tu  venerable 
dignidad 137  (¿y  cómo  no?),  haz  el  favor  de  dispensarle  a  su 
primo  el  aprecio  de  que  el  difunto  gozaba.  Pues,  de  ser  así, 
no  sólo  habrás  tratado  bien  a  un  buen  hombre,  sino  que 
5  habrás  complacido  al  senado  de  nuestra  gran  Alejandría, 
porque  todos  sus  componentes  en  pleno  me  lo  han  presentado 
con  encarecimiento  y  me  han  pedido  para  él  unas  líneas  que 
le  sirvieran  de, recomendación.  Pues  bien,  entregar  la  carta 
está  en  mi  mano,  pero  que  le  reporte  ese  servicio  es  lo  que  tú 
has  de  tratar. 


135  Cf.  C.  18,  n.  128. 

136  No  sabemos  a  qué  praeses  proviticiae  se  refiere. 

137  Cf.  n.  127. 


CARTAS 


57 


22 

A  ANASTASIO 
Desde  drene  a  Constantinopla,  antes  del  408 

Me  he  alegrado.  ¿Pero  por  qué  crees  tú?  Mucho  me  he 
alegrado,  en  efecto,  desde  lo  más  hondo  de  mi  corazón,  al 
enterarme  de  que  esos  «áureos  hijos»138  por  mandato  del 
emperador  han  venido  a  ser  legalmente  hijos  tuyos 139.  Y, 
más  que  nada,  me  he  alegrado  porque  te  amo  (¿pues  a  quién 
podría  yo  amar  con  más  razón?)  y,  luego,  porque  odio  a  los 
malvados,  cuyas  oscuras  y  furtivas  esperanzas  se  han  visto 
desbaratadas  por  la  buena  suerte  de  esos  niños.  5 

23 

A  DIÓGENES  140 
Desde  drene  a  Siria,  después  de  la  C.  134 

Tal  es  la  molicie  de  los  sirios 141 :  los  hace  olvidar  a  sus 
parientes  y  amigos.  Y  es  que  ya  se  cumple  el  quinto  mes 
desde  que  me  saludaste  por  escrito,  aun  habiéndote  concedido 


138  Píndaro,  Olímpicas  XIII  8. 

139  La  interpretación  es  dudosa:  o  Anastasio  se  ha  convertido  en  el  tutor 
de  los  hijos  del  emperador  Arcadio,  o  el  emperador  le  ha  permitido  legitimar 
a  sus  hijos  ilegítimos.  Cf.  P.  W.,  RE  I,  2067,  s.  v.  «Anastasios»  2. 

"»  Cf.  C.  20,  n.  132. 

141  Cf .  Posidonio,  Fr.  62  a,  Edelstein-Kidd;  Juliano,  Misopog.  20, 
350  b. 


58 


SINESIO  DE  CIRENE 


la  naturaleza  la  capacidad  no  sólo  de  dictar  cartas  de  negocios, 
5  sino  también  otras  con  las  que  poner  algo  de  manifiesto  e 
incluso  rivalizar.  Pero,  con  que  tú,  tus  «áureos  hijos» 142  y  la 
madre  de  esta  bella  prole  estéis  sanos,  con  eso  tengo  bas- 
tante. 

24 

A  SIMPLICIO143 
Desde  drene  a  Constantinopla,  después  de  la  C.  134 

Verdaderamente  el  encumbramiento  de  la  fortuna  no 
debería  ir  unido  al  del  carácter,  ni  tampoco  se  debería 
considerar  que  el  recuerdo  de  los  amigos  de  antaño  es  algo 
que  carece  de  importancia  ante  la  dignidad  de  que  en  el 
presente  uno  goza.  Pero  tú  sí  te  has  olvidado  de  nosotros 
durante  mucho  tiempo  y  no  habrías  debido  hacerlo,  siendo 
5  como  era  tan  fuerte  esa  predisposición  que  nos  ligaba  al  uno 
con  el  otro. 

25 

A  HELIODORO 

Mi  afecto  se  acrecienta  y  va  a  más  con  los  años.  Si  a  ti  te 
pasa  lo  mismo  pero,  debido  al  sinfín  de  tus  ocupaciones,  no 


142  Cf.  C.  22,  n.  138. 

143  Jefe  militar  y  poeta:  cf.  C.  134,  20. 


CARTAS 


59 


dispones  de  ocio  para  honrar,  como  corresponde,  con  unas 
líneas  de  vez  en  cuando  a  quienes  corresponde,  substrayéndote 
a  los  asuntos  públicos,  tan  sólo  el  tiempo  que  basta  para  la  5 
extensión  de  una  carta,  si  es  así,  házmelo  saber.  Pero,  si 
reconoces  que  es  verdadera  la  sospecha  de  haberme  olvidado 
que  sobre  ti  pesa,  corrígete  tras  el  debido  arrepentimiento  y 
reintégrate  a  mí. 

26 

Á  TROILO  144 

Desde  drene  a  Constantinopla,  después  del  402 

Aunque  ni  los  cireneós  ni  las  ciudades  vecinas  te  den  las 
gracias  que  mereces  por  todo  eso  que  el  admirable  Anasta- 
sio 145  les  escribe,  desde  luego  sí  estará  contigo  la  gracia  de 
Dios,  a  quien  te  ganas  con  tu  participación  en  empresas 
benéficas.  ¡Que  seas  feliz  tú,  el  mejor  de  los  filósofos!  Pues  5 
así  me  gusta  llamarte,  tal  como  lo  dictan  tus  hechos. 

27 

A  CONSTANTE 

Si  honras  la  virtud  de  la  filosofía,  la  honrarás  no  sólo  en 
los  que  al  presente  participan  de  ella  sino  también  en  los 


144  Un  solista. 

145  Un  amigo  de  Sinesio  que  no  debe  identificarse  con  el  de  la  C.  22. 


60 


SINESIO  DE  CIRENE 


difuntos.  El  divino  Aminciano,  el  que  una  vez  estuvo  entre 
nosotros  y  que  ha  pasado  a  mejor  vida 146,  a  mí  en  particular 
me  parece  que  está  presente  aun  pareciendo  que  está  ausente. 
5  Un  primo  hermano  suyo  sufre  las  ofensas  de  vuestro  Soté- 
rico.  Demuestra  tú  que  te  preocupas  de  Dionisio  y  Sotérico 
dejará  en  eí  acto  de  ofenderlo. 


28 

A  SIMPLICIO 


Dice  Dios  que  hay  que  perdonar  las  deudas I47.  Uno  debe 
un  préstamo  de  dinero,  otro  ha  de  pagar  una  pena.  Pues 
bien,  el  que,  a  la  hora  de  exigir  la  pena,  hace  la  vista  gorda, 
ése  está  obedeciendo  a  Dios. 

29 

A  PENTADIO,  EL  AUGUSTAL 148 
Desde  drene  a  Alejandría.  Anterior  a  la  C.  127 

De  esa  cantidad  de  gente  y  de  problemas  que  de  parte 
nuestra  te  llega,  echáte  la  culpa  a  ti  mismo,  pues  te  empeñaste 
en  que  a  todos  les  quedara  bien  claro  el  que  me  tenías  en 


146  Literalmente:  «que  ha  obtenido  mejor  suerte». 

Cf.  Mateo,  6,  12  s.;  14  s.  (y  18,  21-35);  Lucas,  11,4. 
148  Prefecto  augustal  de  Egipto  del  403  al  404. 


CARTAS 


61 


grandísima  estima  y,  con  ello,  les  abriste  el  camino  a  todos 
los  que  estaban  en  apuros  para  que  vinieran  corriendo  a  mí. 
¿Sabes  ahora  cómo  conseguir  que  los  dos  dejemos  de  ser 
molestados,  yo  por  todos  éstos  y  tú  por  mí  a  causa  de  todos 
éstos?  Aun  cuando  lo  que  te  pida  aquél,  en  cuyo  favor  te 
escribo,  esté  totalmente  dentro  de  lo  correcto  y  humanitario, 
y  aupque  sea,  ajuicio  de  todos,  quien  más  merece  obtenerlo, 
haz  tú  que  salga  no  menos  contrariado  que  si  fuera  un  sujeto 
muy  vil  y  pidiera  cosas  muy  viles.  También,  por  tanto,  en  el 
momento  en  que  yo  llegue  ante  ti  con  las  peticiones  de  rigor, 
ordénales  a  tus  siervos  que  me  cierren  la  puerta  en  mi  misma 
cara.  Con  sólo  que  alguien  vea  lo  ocurrido  o  escuche  a  quien 
lo  haya  visto,  desde  ese  mismo  instante  tú  y  yo  disfrutaremos 
de  una  paz  absoluta,  porque  en  el  futuro  ya  nadie  correrá 
hacia  mí  para  lamentarse.  Pero  si  te  vas  a  apocar  y  no  vas  a 
querer  qué  se  tenga  conciencia  de  esto,  acepta  entonces 
hacer  el  bien  muchas  veces  al  día  a  todo  aquél  que  venga  a 
suplicarte  en  nombre  mío  y  de  Dios.  Mas  yo  sé  que  tú  no 
renunciarás  a  hacer  el  bien,  ni  yo  tampoco  a  procurarte 
asuntos  adecuados  a  tu  natural  manera  de  ser. 


30 

AL  MISMO 
Desde  drene  a  Constantinopla,  en  el  402 


Estoy  preocupado  por  ti  y  por  él:  por  ti,  no  vayas  a 
cometer  una  injusticia;  por  él,  no  vaya  a  recibirla.  Pero  si 
estás  de  acuerdo  con  Platón  en  que  «cometer  injusticia  es  un 


62 


SINESIO  DE  CIRENE 


mal  mayor  que  recibirla» 149 ,  creo  favorecerte  a  ti  más  que  a 
él  si  intercedo  por  este  hombre  que  se  somete  a  un  juicio  por 
una  falta  en  la  que  no  ha  incurrido. 

31 

A  AURELIANO  150 
Desde  drene  a  Constantinopla,  en  el  402 

Si  existen,  y  es  verdad  que  existen,  unas  almas  que  velan 
por  las  ciudades,  almas  que  son  divinas  y  portentosas  m,  ten 
por  seguro  que  te  están  agradecidas  y  que  recuerdan  los 
beneficios  que  a  todo  el  mundo  le  has  procurado  durante  el 
desempeño  de  aquel  alto  cargo I52.  Piensa,  entonces,  que  esas 
mismas  en  cada  ocasión  están  a  tu  lado  como  abogadas  y 
aliadas,  y  a  nuestro  común  Dios  le  ruegan  que  alcances  la 
recompensa  que  te  mereces  por  imitarlo  dentro  de  tus  posi- 
bilidades. Y  es  que  hacer  el  bien  es  lo  único  en  común  que 
tienen  Dios  y  los  hombres  y  la  imitación  supone  un  parentesco 
y  vincula  al  imitador  con  el  imitado.  Toma,  pues,  la  actitud 


149  Platón,  Gorgias  469  b,  473  a,  474  b,  509  c;  ef.  Elio  Aristides, 
Contra  Platón:  En  defensa  de  la  retórica  (II  Behr  =  XLV  Dindorf)  261  ss. 

150  Aureliano  fue  praefectus  praetorii  Orientis  en  el  año  399  y  del  402  al 
404,  y  cónsul  en  el  400:  cf.  nuestra  introducción  a  los  Relatos  egipcios  o 
Sobre  la  Providencia  en  Sinesio.  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993. 

151  No  creemos  que  aquí  el  término  daimónioi  (theiai  te  kai  daimónioi: 
«divina  e  spirituale»,  traduce  Garzya)  tenga  un  sentido  especial,  en  relación 
con  los  daimones:  cf.  Sinesio,  H.  VI  36,  ri.  10;  Sueñ.  137  c. 

152  Cf.  arriba,  n.  150. 


CARTAS 


63 


que  corresponde  al  haber  conseguido  estar  emparentado 
con  Dios  gracias  a  esa  comunión  en  intenciones  benéficas. 
Sustenta  gratas  esperanzas,  las  que  corresponden  a  una 
disposición  de  alma  como  la  tuya,  oh  tú  magnificentísimo 153, 
como  se  te  llama  con  razón  a  ti  solo  o  acaso  a  pocos  más. 
Por  medio  de  tus  venerabilísimas  palabras  de  padre  saludo 
con  cariño  al  joven  Tauro,  tu  hijo,  feliz  esperanza  de  los  15 
romanos. 


32 

A  SU  HERMANO 

El  camino  más  corto  para  enriquecerse  lo  ha  tomado 
Atanasio I54.  Se  ha  dado  cuenta  de  que  tiene  que  salirle  al 
encuentro  a  los  moribundos  y  que  tiene  que  sacarles,  con 
persuasión  o  a  la  fuerza,  todo  de  lo  que  sea  capaz.  Así  que 
no  se  le  podría  pasar  desapercibido  un  notario  que  sea 
llamado  para  un  testamento,  sino  que  se  precipita  junto  con 
él  dentro  de  la  casa. 


153  O  «excelentísimo».  Megaloprepéstatos  se  utiliza  como  epíteto  hono- 
rífico en  griego  tardío,  sobre  todo  en  los  siglos  v-vn:  cf.  Preisigke,  Wdr- 
terbuch...  III,  Abschn.  9,  Ehrentitel,  págs.  186  s. 

154  Un  heredípeta. 


64 


SINESIO  DE  CIRENE 


33 

AL  MISMO 

El  día  dieciséis  del  mes  de  atir155  el  bienaventurado 156 
Castricio  pasó  a  ser  uno  de  éstos,  después  de  haber  visto  en 
sueños  y  descrito  una  horrible  aparición. 

34 

A  ANISIO 

Desde  Ptolemaida,  en  el  411.  Contemporánea  de  la  C.  94 

Juan I57,  a  quien  yo  amo  porque  él  te  ama  a  ti,  ha  luchado 
contra  una  grave  enfermedad.  Pero  lo  terrible  para  él  no  era 
la  enfermedad,  sino  el  estar  lejos  de  tu  sagrada  persona,  y  el 
hecho  es  que  también  ahora  está  igual  que  antes.  Y  a  esto  se 
añade  un  tercer  factor  que  agrava  aún  más  esa  enfermedad. 
Todo  su  afán  es  hacer  lo  que  corresponde  a  un  soldado  y  se  5 
encuentra  a  disgusto  por  su  forzosa  inactividad. 


155  El  12  de  noviembre.  Athyr  (o  también  Hathyr),  nombre  derivado  de 
la  diosa  Hathor,  es  el  tercer  mes  del  año  egipcio  que  corresponde  a  finales 
de  octubre  y  a  casi  todo  noviembre  (1  de  atir  =  28  de  octubre:  E.  J. 
Bickerman,  Chronology  of  the  ancient  world,  Londres,  1980,  pág.  48).  Cf., 
por  ejemplo,  Plutarco,  Sobre  Isisy  Osiris  356  d  y  366  d  y  O'Callaghan, 
Cartas...,  pág.  80,  carta  13,  líneas  14  y  22. 

156  Cf.  n.  130. 

157  Cf.  C.  94,  13. 


CARTAS  65 

35 

A  AURELIANO 
Desde  drene  a  Constantinopla,  en  el  402 

Creo  que  tu  divina  alma  ha  sido  enviada  aquí  con  esta 
expresa  finalidad,  la  de  constituir  un  bien  común  para  todos 
los  hombres  y  la  de  mostrar  agradecimiento  a  aquéllos  que 
te  recomiendan  a  personas  con  justas  demandas,  porque  te 
procuran  asuntos  adecuados  a  tu  natural  manera  de  ser I5S. 
No  es,  en  efecto,  porque  sea  pariente  mío  Herodes 159,  sino  5 
porque  demanda  lo  que  es  justo:  por  eso  te  recomiendo  a 
este  joven.  Él,  que  de  rancio  abolengo  tiene  su  ilustrísima 
condición  y  que  ha  heredado  una  hacienda  paterna  sujeta  a 
tributo  senatorial,  ha  sido  hecho  alto  funcionario  y  sostiene, 
que,  desde  entonces,  contribuye  como  los  senadores  recién 
nombrados  y  que,  por  tanto,  su  carga  es  doble:  una  por  su 
patrimonio  y  otra  por  el  puesto  que  ha  ocupado. 

36 

A  SU  HERMANO 

Me  arrastran  hacia  ti  la  añoranza  y  la  necesidad.  Me 
pregunto,  pues,  si  realmente  vas  a  esperar  mi  llegada. 


158  Cf.  C.  29,  18  s. 
>»  Cf.  C.  19. 


66 


SINESIO  DE  CIRENE 


37 

A  URANIO 
Desde  su  finca 


Te  he  mandado  como  regalo  un  caballo  de  raza  que 
despunta  en  todas  las  cualidades  que  a  un  caballo  convienen. 
De  él  podrás  servirte  para  competir  en  las  carreras  y  también 
cuando  salgas  de  caza  y  en  la  lucha  contra  el  enemigo  y 

5  cuando  guíes  el  desfile  triunfal  por  la  victoria  líbica.  La 
verdad,  no  sé  en  qué  destaca  más,  si  en  la  caza  o  como 
animal  de  competición  o  en  el  desfile  o  en  la  guerra.  Y  si,  en 
su  aspecto,  es  de  peor  estampa  que  los  caballos  niseos I60,  por 
tener  la  testuz  prominente  y  los  lomos  carnisecos,  será  quizá 
porque,  como  les  ocurre  a  los  hombres,  tampoco  a  los 
caballos  se  lo  da  «todo  junto» 161  la  divinidad.  Y  acaso  esto 

10  también  complementa  aquellas  cualidades  suyas:  el  hecho 
de  que,  en  el  reparto  de  su  cuerpo,  la  naturaleza  le  asignó 
menos  a  lo  blando  que  a  lo  duro,  siendo  como  son  los 
huesos  más  resistentes  a  la  fatiga  que  la  carne.  Así  que 
vuestros  caballos  son  superiores  en  lo  que  toca  a  la  carne  y 
los  nuestros  en  los  huesos. 


i«)  Nisea  es  una  región  de  Media,  famosa  por  sus  caballos  de  gran 
alzada,  veloces  y  resistentes:  cf.  Heródoto,  III  106,  VII  40. 

161  77.  IV  320;  con  variantes  en  Od.  VIII  167  s.,  o  Tito  Livio,  XXII  51, 
4;  Elio  Aristides,  Contra  Platón:  En  defensa  de  la  retórica  (II  Behr  =  XLV 
Dindorf)  321:  cf.  A.  Otto,  Die  Sprichwórter  und  sprichwórtichen  Reden- 
sarten  der  Rómer,  Hildesheim,  1971  (=  1890),  págs.  254  s. 


CARTAS 


67 


38 

A  UN  AMIGO 

Te  he  fletado  una  nave  propia  de  personas  nobles  que 
navegan  por  el  mar  fiándose  más  de  su  pericia  que  de  la 
suerte.  Sí,  los  buques  carpatios 162  tienen  fama  de  haber  sido 
construidos  a  conciencia,  como  los  de  los  antiguos  feacios 163, 
antes  de  abatirse  sobre  su  isla  la  cólera  divina  m.  5 

39 

ACLEDONIO 

Desde  drene  a  Ptolemaida.  Contemporánea  de  la  C.  49 

Un  pariente  mío  está  sufriendo  una  injusticia.  A  ti,  que 
eres  mi  amigo,  te  ha  tocado  juzgar  el  caso.  Así  que,  con  una 
sola  actuación  podrás  cumplir  contigo,  conmigo  y  con  las 
leyes.  Por  tanto,  que  Asfalio  retorne  a  ser  el  poseedor  de  sus 
vasijas,  obteniendo  una  sentencia  favorable  al  testamento  de 
su  padre,  sin  que  la  acusación  vaya  a  impedir  en  el  mismo  5 
instante  la  vista  de  la  causa.  Pues,  ¿cuándo  se  debe  administrar 
justicia  sino  en  el  momento  en  el  que  precisamente  estamos, 
más  que  nunca,  suplicándole  a  Dios? 


162  De  la  isla  de  Cárpatos,  hoy  Escarpanto,  en  el  mar  Egeo  (Dodecaneso). 
Cf.  Isidoro  de  Sevilla,  XIX  1, 11  (y  XIV  6,  24)  Lind.: ...  Carpasiae  naves 
magnae  et  spatiosae. 

163  Cf.  Od.  XIII  166  (y  VIII  555  ss.). 

164  Cf.  Od.  XIII  171  ss. 


68 


SINESIO  DE  CIRENE 


40 

A  ANASTASIO 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  102 

A  Sosenas  lo  convenció  alguien,  sea  divinidad,  discurso 
o  demonio,  de  que,  según  los  lugares,  existe  algo  que  a  los 
hombres  les  procura  o  deja  de  procurarles  la  benevolencia 
de  Dios.  Así  pues,  como  entre  nosotros  se  encontraba  mal  y 
había  roto  tajantemente  con  el  entorno  familiar, 

decidió  salir  navegando  hacia  las  tierras  de  Tracia, 
para  allí  reconciliarse  con  la  Fortuna  m. 

Si  estás,  por  tanto,  en  amistosas  relaciones  con  dicha 
divinidad,  recomiéndale  a  este  joven  con  el  fin  de  que  le 
proporcione  alguna  «entrada  de  dinero» 167 .  Es  fácil,  con  tal 
que  ella  quiera.  De  hecho,  las  propiedades  de  Nono,  el 
10  progenitor  de  Sosenas,  se  las  transfirió  a  otros  sin  mayor 
dificultad.  ¡Que  a  Sosenas,  entonces,  lo  designe  heredero  del 
padre  de  otro!  Pues,  así,  de  una  injusticia  resultaría  algo 
justo. 


166  Quizá  un  fragmento  cómico,  aunque  Porson  (en  su  comentario  a 
Eurípides,  Medea  139  s.,  ed.  Leipzig,  18022,  pág.  363)  ya  combatió  esta 
suposición. 

167  Cf.  Pseudo-Jenofonte,  La  república  de  los  atenienses  III  2. 


CARTAS 


69 


41 

CONTRA  ANDRONICO,  A  LOS  OBISPOS  168 

Discurso  pronunciado  en  Ptolemaida,  ante  el  pueblo  y  los  sacerdotes 
de  la  Pentápolis,  en  el  412.  Posterior  a  la  C.  96 

Las  potencias  maléficas  contribuyen  a  los  planes  de  la 
providencia  en  el  universo  (pues  castigan  a  quienes  merecen 
ser  castigados),  pero,  no  obstante,  reniegan  de  Dios  y  son 
abominables. 

Movilizaré  — afirma  el  Señor —  contra  vosotros  un  pue- 
blo 169  y  de  él  os  vendrán  mil  y  un  sufrimientos;  y  acaba  afir-  5 
mando  que  también  va  a  marchar  contra  esos  mismos  a 
quienes  hace  entrar  en  campaña,  porque,  cuando  os  tuvieron 
en  su  poder,  no  mostraron  piedad  ni  os  trataron  humana- 
mente. La  verdad  es  que  no  me  aprendí  al  pie  de  la  letra  las 
palabras  sagradas,  pero  estoy  seguro  de  que  hay  un  pasaje 
de  las  escrituras  en  el  que  Dios  se  presenta  diciendo  esto.  Y 
no  habló  así  para  no  obrar  luego  en  consecuencia170,  sino  10 
que  el  rey  de  Babilonia  asoló  la  ciudad  de  Jerusalén  y 
esclavizó  al  pueblo  y  él  mismo  no  mucho  después  enloque- 
ció m:  quedó,  pues,  por  la  justicia  de  Dios  la  ciudad  yerma 
hasta  el  punto  de  que  puede  ponerse  en  duda  si  en  aquel 
lugar  alguna  vez  existió  una  ciudad. 


168  Esta  carta  parece  realmente  un  discurso  público  sobre  el  asunto  de 
Andronico,  mientras  que  la  siguiente  es  ya  una  encíclica  con  el  decreto  de 
excomunión  del  gobernador. 

"»  LXX,  Jeremías,  27,  9. 

i™  LXX,  IV  Reyes  24,  1  ss. 

171  Nabucodonosor  II  murió  de  enfermedad,  según  nos  cuenta  Flavio 
Josefo,  Contra  Apión  I  146. 


70 


SINESIO  DE  CIRENE 


15  Hay  que  tener,  entonces,  la  osadía  de  preguntarle  a  Dios: 
«¿Por  qué  levantas  en  armas  a  unos  hombres,  cual  vengadores 
tuyos,  contra  aquéllos  que  han  pecado,  y,  después  de  haber 
obedecido  la  voluntad  divina  y  haberse  hecho  verdugos  de 
todos  ésos  contra  quienes  se  les  envió,  justo  cuando  debe 
pagárseles  la  recompensa  por  sus  servicios,  entonces,  preci- 
samente, sufren  tu  castigo?»  ¿O  será  que  él  nos  ha  atizado  de 

20  esta  manera  en  respuesta  a  nuestras  demandas? 

En  efecto,  desde  el  momento  en  que,  hollada  aquí  la  ley 
divina,  el  mal  ha  pasado  a  la  humanidad,  las  fuerzas  del  mal 
devienen  especialmente  malignas,  pues  al  sobreabundar  su 
naturaleza  se  hacen  también  más  activas.  Por  tanto,  una  vez 
que  el  mal  ha  sobrevenido  (dado  que  es  tarea  de  la  sabiduría, 

25  virtud  y  potencia  divinas  no  sólo  hacer  el  bien  — pues  ésta 
es  por  así  decirlo,  la  naturaleza  misma  de  Dios,  como  es  la 
del  fuego  calentar  y  la  de  la  luz  alumbrar — ,  sino  incluso, 
más  que  nada,  la  de  llevar  a  cabo  un  fin  bueno  y  útil  por 
medio  de  los  males  concebidos  por  algunos,  y  servirse  pro- 
vechosamente de  lo  que  parece  despreciable),  siendo  así m, 
lo  propio  de  una  sabiduría  bien  dotada  de  recursos  es  «va- 

30  lerse»  en  la  ocasión  oportuna  «hasta  de  los  males»  m.  Pues 
bien,  siempre  que  Dios  necesite  agentes  que  castiguen,  puede 
valerse  ya  de  los  demonios  que  guían  nubes  de  langostas,  ya 
de  los  que  causan  epidemias,  ya  de  un  pueblo  bárbaro,  ya  de 
un  gobernante  malvado:  en  una  palabra,  de  naturalezas 
aptas  para  obrar  el  mal  común.  Él,  sin  embargo,  las  aborrece 
por  el  hecho  mismo  de  ser  aptas  para  eso.  Y  es  que  Dios  no 


172  Hemos  mantenido  la  construcción  sintáctica  del  original  con  todos 
sus  incisos,  aunque  añadimos  este  «siendo  así»  a  manera  de  epítome. 

173  Plotino,  Enéadas  III  2,  5,  23. 


CARTAS 


71 


crea  instrumentos  de  calamidad,  sino  que  se  vale  resuelta-  35 
mente  de  quienes  están  por  sí  mismos  predispuestos  a  eso. 

Y  es  el  hecho  de  que  tú  hayas  resultado  ser  útil  para  ese 
fin,  esto  en  particular,  lo  que  te  separa  totalmente  de  Dios. 
Del  mismo  modo  existen  también  objetos  para  usos  nobles 
e  innobles 174  y  así  se  les  considera,  pues  a  cada  uno  se  le 
califica  de  acuerdo  con  el  empleo  para  el  que  sirve.  Una  4o 
mesa  es  una  cosa  sagrada  porque,  por  medio  de  ella,  se 
honra  al  Dios  de  la  amistad  y  la  hospitalidad175  (fue  su 
amistad  para  con  los  huéspedes  lo  que  hizo  de  Abraham  el 
anfitrión  de  Dios 176)  y  un  látigo  es  algo  abominable  (pues 
está  al  servicio  de  la  ira)  y  uno,  en  cuanto  lo  ha  usado,  se 
arrepiente.  No  obstante,  Dios  se  preocupa  de  quienes  sufren 
castigo  y  no  es  en  absoluto  poca  cosa  esto  de  merecer  la  45 
atención  de  Dios  y  quedar  por  medio  de  la  expiación  limpio 
de  pecado. 

Las  naturalezas  vengadoras  están  totalmente  vueltas  de 
espaldas  a  Dios,  pues  lo  destructivo  es  siempre  hostil  al 
creador.  Y  no  está  en  absoluto  el  vengador,  sea  hombre  o 
demonio,  en  disposición  de  ofrecer  sus  inclinaciones  como  so 
un  servicio  a  Dios,  sino  que  lo  que  hace  es  dar  gusto  a  la 
perversidad  de  su  naturaleza  e  ir  en  pos  de  la  calamidad 
pública. 

Pues  bien,  por  mucho  que  la  ciudad  debiera  padecer  el 
infortunio  que  tú  le  causaste,  no  por  eso  debes  tú  librarte  de 
la  pena,  pues  también  esto  habría  podido  alegarlo  en  su 
defensa  Judas.  Que  a  Cristo  se  le  crucificara  por  los  pecados  55 


174  2  Tim.  2,  20. 

175  Cf.  las  expresiones  Zeus  phílios,  Zeus  xénios  (por  ejemplo,  Platón, 
Fedro  234  e;  //.  XIII  624  s.). 

176  Cf.  Génesis  18,  1  ss. 


72 


SINESIO  DE  CIRENE 


de  todos,  era  algo  que  tenía  que  ser,  pero  también  tenía  que 
ser  lo  que  Dios  dice:  «¡Ay  de  aquél  por  cuya  culpa  ocurre 
esto!  Más  le  valdría  a  ese  hombre  no  haber  nacido»177.  La 
parte  visible  del  asunto  fue  que  de  su  traición  se  derivó  como 
consecuencia  la  horca,  pero  la  parte  invisible  nadie  podría 
comprenderla,  pues  la  comprensión  humana  no  es  capaz  de 
60  concebir  cuál  podría  ser  el  castigo  para  el  traidor  de  Cristo. 

Desde  luego,  lo  de  haber  servido  al  destino  en  la  forma 
.  en  la  que  tenía  necesariamente  que  ocurrir,  no  es  una  defensa 
muy  fina.  Es  preciso,  pues,  que,  cuanto  antes,  los  ausuria- 
nos 178  y  Andronico  paguen  la  pena  que  se  merecen  por  lo 
"65  que  nos  han  hecho.  Y  es  que  contra  las  langostas179  que 
arruinaron  nuestra  cosecha,  devorando  la  mies  hasta  el  tallo 
y  los  árboles  hasta  la  corteza,  se  levantó  un  viento  que 
soplaba  hacia  el  mar  y  las  arrojó  en  mitad  del  piélago:  así 
que,  frente  a  esta  plaga,  Dios  puso  en  formación  al  noto  y 
contra  los  ausurianos  ya  está  elegido,  de  su  parte,  un  coman- 
dante180. 

70  ¡Ojalá  sea  éste  para  nosotros  el  más  piadoso  y  el  más 
justo  de  todos  los  comandantes  que  de  su  parte  nunca  se  nos 
haya  enviado!  ¡Ojalá  pueda  yo  felicitarlo  por  su  victoria 

177  Cf.  Mateo,  26,  24.  Pero  cf.  Ireneo,  Adv.  Haer.  I  31,  1. 

178  Seguramente  se  trata  de  los  Austoriani  de  Amiano  Marcelino, 
XXVI  4,  5  y  XXVIII  6,  2  (cf.  Filostorgio,  Hist.  ecl.  XI  8).  Puede 
consultarse  la  obra  de  J.  Desanges,  Catalogue  des  tribus  africaines  de 
l'antiquité  classique  a  l'Ouest  du  Nil,  Dakar,  1962,  págs.  152  y  259.  Sobre 
esta  invasión  ausuriana  y  sobre  los  abusos  de  Andronico,  cf.  nuestra 
Introducción  general  en  Sinesio.  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993  (I. 
7.  El  episcopado  y  los  últimos  años). 

179  Sus  plagas  eran  devastadoras  en  la  Cirenaica:  cf.  Sinesio,  Disc.  II 
{Catástasis  maior)  304  a  y  ed.  Garzya,  1979,  pág.  55,  n.  ad  loe. 

180  Se  trata  de  Marcelino  que  sucedió  a  Inocencio  en  el  cargo  de  dux 
Lihyae:  cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior). 


CARTAS 


73 


sobre  los  enemigos!  «Feliz  — se  dice —  el  que  les  pague  con 
la  misma  moneda  que  le  pagaron.  Feliz  quien  estrelle  a  sus 
niños  contra  las  piedras»  ¿Cuál,  cuál  será  la  perdición 
que  le  espera  a  Andronico,  azote  de  nuestra  tierra?  ¿Cuál  75 
sería  la  pena  merecida  por  un  alma  tan  malhechora?  Lo  que 
es  para  mí,  de  todas  las  plagas  con  las  que  Dios  persiguió 
nuestros  pecados,  Andronico  es  con  mucho  más  gravoso 
que  ninguna.  Y  es  que,  además  de  las  calamidades  comunes, 
él  es  un  mal  particular  mío.  Por  medio  de  él  me  acosa  el 
tentador  para  que  deserte  de  mi  servicio  al  altar.  Pero  he  de  80 
remontarme  un  poco  más  atrás  en  mi  relato  para  que  así, 
añadiendo  a  lo  que  ya  sabéis  aquello  que  no  todos  conocéis, 
pueda  daros  un  informe  coherente  de  ciertas  cosas  acerca  de 
mí.  Y  en  vista,  pues,  de  lo  que  sigue,  me  viene  bien  que  esto 
lo  escuchéis  vosotros  de  mi  boca. 

Desde  niño  se  me  representó  a  mí  que  eran  un  bien  85 
divino  el  ocio  y  el  desahogo,  esto  que  alguien  sostuvo  como 
propio  de  las  naturalezas  divinas 182:  esto  mismo,  para  quien 
lo  poseyera  y  recogiera  sus  frutos,  significaba  cultivar  el 
intelecto  y  estar  unido  a  Dios.  Así,  de  todas  esas  ocupaciones 
que  existen  o  surgen  para  los  niños,  yo  apenas  me  interesé, 
y  tampoco  de  las  que  tienen  los  adolescentes  y  los  jóvenes.  Y,  90 
después  de  haber  reclamado  mi  mayoría  de  edad,  no  me 
desvié  de  aquel  gusto,  ya  de  la  infancia,  por  la  desocupación, 
sino  que,  como  si  me  pasara  la  vida  en  una  fiesta  solemne, 
durante  todos  estos  años  he  mantenido  un  estado  de  ánimo 
plácido  y  bonancible. 

Pero  no  por  eso  me  ha  hecho  Dios  inútil  para  los  hom-  • 
bres,  sino  que,  muchas  veces,  tanto  particulares  como  ciuda-  95 


181  Salmos  137  (136)  8  s. 

182  Cf.  Platón,  Teeteto  172  d. 


74 


SINESIO  DE  CIRENE 


des  han  solicitado  mis  servicios  en  lo  que  necesitaban.  Y  es 
que  Dios  me  ha  concedido  la  capacidad  de  realizar  las 
mayores  cosas  y  de  querer  las  más  bellas.  Nada  de  esto  me 
arrastró  lejos  de  la  filosofía  ni  truncó  mi  feliz  ocio.  Que 

100  obrar  entre  empellones,  afanes  y  apuros,  eso  es  malgastar  el 
tiempo  y  sumergir  el  alma  en  preocupaciones  materiales. 
Pero,  en  cualquier  momento  en  que  lo  único  conveniente  sea 
hablar  y  en  que  acompañe  la  persuasión  y  el  discurso  resulte 
eficacísimo,  ¿por  qué  escatimar  palabras  si  se  puede  librar  a 
alguien  de  una  desgracia?  Animal  valioso  es  el  hombre: 
valioso  sin  duda  si,  como  realmente  sucedió,  por  él  fue 
crucificado  Cristo. 

105  A  mí,  pues,  hasta  el  presente  año,  persuadir  a  los  hombres 
fue  quizá  la  parte  que  me  asignó  Dios  y  quizá  la  he  ido 
llevando  a  cabo  con  éxito,  aunque  de  mala  gana  me  he 
dedicado  a  estas  ocupaciones.  (La  verdad  es  que  este  hecho 
ahora  parece  desmentido).  Junto  con  otras  muchas  cosas, 
que  claramente  eran  obra  de  Dios,  esto  también  lo  atribuía 

no  yo  a  él  y  vivía  con  buenas  esperanzas  como  un  animal  suelto 
y  libre  en  el  recinto  sagrado  del  universo,  repartiendo  mi 
existencia  entre  las  plegarias,  los  libros  y  la  caza.  Pues,  para 
que  alma  y  cuerpo  estén  sanos,  es  necesario  lo  uno  esforzarse, 
lo  otro  rogar  a  Dios.  En  medio  de  semejante  desahogo  fui 
pasando  los  años  hasta  la  aceptación  del  sacerdocio  m,  ante 
el  que  yo  he  resultado  ser  el  más  pusilánime  de  quienes 

115  alguna  vez  lo  asumieron.  Pongo  por  testigo  al  Dios  que  está 
por  encima  de  todas  las  cosas,  con  cuyos  inefables  misterios 
he  cargado  por  vuestra  causa:  bien  lejos  de  ambiciones  e 
intereses  humanos,  en  la  soledad  me  acerqué  yo  a  él,  en 
muchas  ocasiones  y  lugares,  y  le  supliqué  cabizbajo  y  de 


183  Tras  ser  aclamado  como  obispo  en  el  verano  del  410. 


CARTAS 


75 


rodillas,  prefiriendo  la  muerte  antes  que  el  sacerdocio 184.  Y 
es  que  era  como  una  reverencia  y  un  afecto  lo  que  me  120 
mantenía  sujeto  al  ocio  filosófico,  en  cuya  defensa  pensaba 
yo  que  eran  necesarios  todos  mis  esfuerzos  y  palabras.  Pero, 
después  de  sucumbir  ante  Dios  yo,  el  que  prevalecía  sobre 
los  hombres,  como  corría  el  rumor  de  que  quien  era  consi- 
derado digno  de  este  ministerio  venía  a  ser  un  conocido  de 
Dios,  fui  sobrellevando,  aunque  a  regañadientes,  este  nuevo 
lance  de  mi  vida:  de  hecho,  cuando  ya  estaba  dispuesto  a 
huir185,  atajó  mi  intento  la  esperanza  de  futuros  bienes  y  el 
temor  de  cosas  peores.  Escuché  también  a  algunos  santos  125 
ancianos  que  me  decían  que  Dios  era  mi  pastor 186  y  uno  de 
ellos,  en  una  conversación,  declaró  que  el  Espíritu  Santo  era 
alegría  y,  por  eso,  alegraba  a  quienes  participaban  de  él  y 
añadió  que  los  demonios  se  habían  disputado  con  Dios  la 
posesión  de  mi  persona  y  que  yo  los  afligía  al  decantarme 
hacia  el  mejor  partido.  «Aun  en  el  caso  de  que  ellos  te 
pongan  en  aprietos  — afirmaba — ,  un  filósofo  consagrado  no 
sacerdote  no  está  dejado  de  la  mano  de  Dios».  Así  que  yo 
(puesto  que  no  soy  propenso  a  envanecerme  ni  a  darme 
lustre  a  mí  mismo)  le  eché  la  culpa  a  mi  mala  suerte,  pero  no 
a  la  intervención  del  demonio  de  la  envidia  (pues  no  creo 
que  me  pertenezca  una  virtud  tan  grande  que  pueda  provocar 
ojeriza I87).  En  cambio,  lo  que  más  temía  era  que  yo,  debiendo 


184  Cf.  C.  11, 3  s. 

185  Sinesio  se  encontraba  en  aquel  momento  en  Alejandría:  cf.  C.  96. 

186  Me  theós  poimainei:  cf.  LXX,  Salmos  22,  1  (Kyrios  poimaínei  me. 

187  Estamos  ante  una  nueva  versión,  diríamos,  del  antiguo  tema  de  la 
envidia  de  los  dioses:  cf.,  por  ejemplo,  Od.  IV  181  s.;  Heródoto,  I  32; 
Píndaro,  Piticas  X  19  ss.;  Eurípides,  Hipólito  20;  también  Isaías,  10,  12 
ss.  (pero  cf.  la  oposición  de  Platón,  Fedro  247  a,  Timeo  29  e;  Aristóteles, 
Metafísica  983  a). 


76 


SINE5IO  DE  CIRENE 


135  como  debía  pagar  la  pena  por  mis  pecados,  no  fuese  capaz 
de  tratar  dignamente  los  misterios  de  Dios.  Además,  ya 
preveía  esa  mala  suerte  con  la  que  dentro  de  poco  iba  a 
tropezar.  Fue  presentarme  aquí  y,  a  la  vez,  presentarse 
también  todos  los  espantos  posibles,  y  el  que  llevaba  la 
batuta  de  todos  ellos  era  Andronico,  un  demonio  belicoso, 
insaciable  de  calamidades,  volcado  sobre  los  despojos  de  la 
ciudad.  ¡Ay!  Por  todos  los  rincones  de  la  plaza  lamentos  de 

140  hombres,  gemidos  de  mujeres,  llantos  de  niños.  Él  le  había 
dado  el  aspecto  de  una  ciudad  conquistada:  la  parte  más 
hermosa  de  ella  la  hizo  trizas,  con  lo  que  fue  el  causante  de 
que  se  la  llamara  «lugar  de  la  venganza»,  y  el  pórtico  regio, 
el  antiguo  tribunal  de  justicia,  lo  convirtió  en  sala  de  torturas. 

145  Se  la  ofreció  como  altar  y  mesa188  a  los  demonios  vengado- 
res189, a  quienes  él  mismo,  sí,  se  había  asignado.  ¡Ay!  ¡A 
cuantas  lágrimas  de  ciudadanos  los  convidó! 

¿Qué  escitas  de  la  Táurica,  qué  lacedemonios  honraron  a 
su  Ártemis 190  con  tanta  sangre  de  azotes?  Todos  corrieron 

150  derecho  hacia  mí  y  por  todas  partes  me  lancé  derecho  a  oír 
y  ver  males.  Lo  amonesté  sin  convencerlo,  con  mis  reproches 
sólo  conseguí  irritarlo.  Las  circunstancias  de  aquel  momento 
pusieron  en  evidencia  mi  debilidad,  que  Dios  hasta  entonces 
había  mantenido  oculta  a  los  hombres.  Y  es  que,  al  haber 
siempre  cosechado  el  mérito  de  los  éxitos  que  se  aceptaban 
como  tales,  llegué  a  crear  en  mi  patria  respecto  a  mí  una 


188  Cf.  1  Corintios  10,21. 

189  Cf.  Plutarco,  Cuestiones  romanas  51,  277  a, 

190  En  relación  con  los  escitas  de  esa  zona  (la  Crimea  actual)  y  sus 
costumbres  sólo  hay  que  recordar  la  obra  de  Eurípides,  Ifigenia  entre  los 
tamos  (y  cf.  Heródoto,  IV  3).  De  sacrificios  humanos  a  Ártemis  Ortia 
entre  los  laconios  nos  habla  Pausanias,  III 16,  6  ss.,  basándose  en  el  autor 
trágico. 


CARTAS 


77 


presunción  de  poder.  Y  lo  más  grave  de  todo  lo  que  me  ha 
sucedido  es  esto:  el  hecho  de  que  se  me  juzga  desde  la 
esperanza  que  en  mí  han  depositado  los  que  no  me  conocen, 
pues  no  logro  convencerlos  diciéndoles  que  no  tengo  ningún 
poder,  sino  que  se  me  considera  capaz  de  conseguir  toda 
cosa  justa.  El  resultado,  por  tanto,  es  que  me  siento  aver- 
gonzado y  triste.  Derecho  en  mi  alma  han  entrado  el  sufri- 
miento y  las  más  diversas  preocupaciones 191  y  problemas 
imaginarios,  y  Dios  está  lejos. 

Si  esto  que  ocurre  por  causa  de  Andronico  es  producto 
de  la  acometida  de  los  demonios,  han  logrado  todo  lo  que 
querían.  En  mis  plegarias  ya  no  he  percibido  yo  esa  habitual 
dulce  sensación,  sino  que  de  plegarias  sólo  tienen  la  forma, 
mientras  yo  por  doquier  me  agito  entre  problemas,  dividido 
como  estoy  entre  la  ira,  la  tristeza  y  todo  tipo  de  sufri- 
mientos. 

Sin  embargo,  por  medio  del  intelecto  estamos  en  relación 
con  Dios,  mientras  que  la  lengua  está  al  servicio  de  los 
hombres  en  lo  que  a  los  hombres  atañe.  Pues  bien,  si  he 
tenido  la  desgracia  de  no  haber  prestado  atención  en  mis 
plegarias,  la  prueba  de  ello  está  a  la  vista.  La  verdad  es  que 
de  este  cambio  de  mi  vida  no  sólo  he  sacado  el  perjuicio  de 
topar  con  cosas  materiales  a  raíz  de  esa  falta  de  atención 
mía,  sino  que  además  yo,  que  hasta  hace  poco  he  vivido  sin 
penas,  he  visto  el  cadáver  de  aquél  a  quien  yó  supliqué  a 
Dios  preceder  en  la  muerte.  Con  tan  amargas  ceremonias  de 
entrada  en  la  sede  me  ha  acogido  la  ciudad  "2.  Así  van  las 
cosas  de  los  hombres,  ahora  arriba  y  ahora  abajo,  y  viene 
una  corriente  y  al  azar  lo  arrastra  todo  junto,  ya  sea  favorable 


"i  Cf.  Teognis,  729. 
192  Ptolemaida. 


78 


SINESIO  DE  CIRENE 


o  ya  desfavorable.  Pero  cuando  me  sobrevino  el  infortunio 
de  perder  al  más  querido  de  mis  hijos 193,  yo  habría  llegado 

175  incluso  a  hacerme  algo  terrible  a  mí  mismo:  hasta  tal  punto 
se  había  apoderado  de  mí  el  sufrimiento.  Sí,  yo  en  lo  demás 
me  comporto  como  un  hombre  (y  lo  digo  entre  quienes  me 
conocen)  y  mucho  de  todo  lo  mío 194  se  somete  a  la  razón¿ 
pero  lo  cierto  es  que  ante  el  afecto  sucumbo  de  tal  modo  que 
la  irracionalidad  domina  a  la  razón.  No  ha  sido  con  doctrinas 

180  filosóficas  como  he  dominado  el  presente  sufrimiento,  sino 
que  ha  sido  Andronico  quien  me  ha  hecho  tomar  otro  giro 
y  poner  mi  atención  en  las  calamidades  comunes.  Por  tanto, 
unas  calamidades  se  han  convertido  para  mí  en  consuelo  de 
otras  calamidades:  me  arrastran  hacia  sí  y  «repelen  un  sufri- 
miento con  otro  sufrimiento» IW.  .,  , 

Además,  me  asalta  el  recuerdo  de  los  bienes  pasados 

185  junto  con  la  amarga  sensación  de  las  presentes  circunstancias: 
después  de  aquéllos,  en  éstas  me  encuentro  y  vivo  lleno  de 
angustia,  tras  haber  sido  privado  a  un  tiempo  de  todas  las 
cosas.  Pero,  de  cierto,  el  mayor  de  los  males,  el  causante  de 
que  mi  vida  carezca  de  esperanza,  es  el  hecho  de  que  yo, 
acostumbrado  a  que  nunca  me  faltara  la  respuesta  de  Dios 
a  mis  súplicas,  ahora  por  primera  vez  sé  que  mis  plegarias 

190  son  en  vano  y,  luego,  contemplo  mi  casa  en  tan  mala  situación 
y  me  veo  forzado  a  habitar  en  mi  patria  sumida  como  está 
en  la  desgracia.  Estoy  «a  disposición  de  todos» 196 ,  por  venir 
a  mí  todos  y  cada  uno  para  llorar  y  lamentarse  de  lo  suyo,, 
pero  sólo  puedo  compadecerlos  con  una  compasión  que  es 

193  Hesiquio,  que  murió  en  la  primavera  del  411. 

194  «La  mayoría  de  mis  impulsos»,  podríamos  traducir.  Cf.  C.  72,  20, 
n.  416. 

195  Cf.  Sinesio,  Egipc,  107  c,  n.  72;  C.  79,  96. 

196  Cf.  Sinesio,  Dión  55  a,  n.  104;  C.  79,  108. 


CARTAS 


79 


inservible.  A  esto  se  añade  también  la  vergüenza  que  siento 
porque  a  un  ciudadano,  víctima  de  las  calamidades  y  del 
robo  de  dinero  público,  Andronico  le  ha  reclamado  más  de 
diez  mil  estateras 197  y  ha  decidido,  sin  concederle  plazo  195 
alguno,  condenarlo  a  muerte  por  mil  que  le  quedaban  por 
pagar  o,  más  bien,  por  mi  causa.  Sí,  por  mi  causa  lo  tiene 
encerrado  en  una  fortaleza  inexpugnable,  como  aquélla  en 
la  que  los  poetas198  imaginan  que  están  encarcelados  los 
Titanes 199.  Y,  según  dice,  para  que  yo  no  lo  saque  de  ahí, 
hoy  hace  cinco  días  que  a  este  hombre,  por  orden  suya,  no 
se  le  da  de  comer,  después  de  haberles  prohibido  a  los 
carceleros  que  le  llevaran  pan  a  la  celda.  Pero  es  que,  hace  200 
poco,  todos  le  han  oído  gritar  que  más  útil  que  mil  estateras 
será  la  muerte  de  este  funcionario.  Por  eso  también  a  quienes 
lo  visitan  para  la  compra  de  terrenos,  los  atemoriza,  inquieta 
y  aleja  con  cualquier  medio.  No  creo,  pues,  que  le  urja  el 
dinero,  lo  que  le  urge  es  que  ese  hombre  muera.  Yo  ni  tengo  205 
fuerzas  para  atacar  unos  muros  tan  sólidos  ni  maña  para 
deslizarme  dentro  y  sacar  a  ese  hombre  de  la  calamidad. 
«Nadie  — como  se  dice —  deja  pasar  a  nadie»  200 .  Y  es  que, 
aunque  los  alcaides  sean  quienes  son  por  naturaleza,  ahora, 
sin  embargo,  viven  teniendo  también  como  modelo  a  An- 
dronico, que  se  sienta  en  el  primer  puesto  para  deshonrar  210 
a  la  Iglesia. 

Y  de  lo  que  son  sus  acciones  contra  mí  no  hago  cuenta: 
que  incluso  debería  yo  estarle  agradecido,  por  recibir  sus 
ofensas  para  ofrecérselas  a  Dios,  como  un  martirio.  Recordad 


197  Las  estateras  (o,  mejor,  los  estateros)  de  oro  valían,  según  los 
sistemas,  entre  veinte  y  veintiocho  dracmas;  los  de  plata,  entre  dos  y  cuatro. 

198  Literalmente  «los  hijos  de  los  poetas»:  cf.  Sinesio,  Calv.  78  d,  n.  1 14. 
Cf.  II.  VIII  479  ss. 

200  Un  proverbio  según  el  escolio. 


80 


SINESIO  DE  CIRENE 


además  vosotros  quién  era  él  hasta  hace  poco  y  ponedlo  en 
comparación  conmigo,  que,  si  no  otra  cosa,  al  menos  des- 
ciendo de  aquéllos  cuya  línea  de  sucesión,  desde  Eurístenes  m, 
215  el  que  condujo  a  los  dorios  de  nuevo  a  Esparta,  hasta  mi 
padre,  ha  sido  grabada  en  las  tablas  públicas  m.  Este  hombre, 
por  el  contrario,  no  sabe  decir  el  nombre  de  su  abuelo  y  ni 
siquiera  el  de  su  padre,  según  dicen,  salvo  que  se  lo  imagine, 
y  a  la  carroza  de  gobernador  saltó  desde  una  atalaya  de 
atunes203. 

Por  tanto,  después  de  quedar  admirado  ante  el  esplendor 
220  de  la  ciudad,  qüe  se  avergüence  de  sus  propios  defectos.  Yo, 
por  mi  parte,  hasta  llegar  al  sacerdocio  estuve  colmado  de 
honor  y  nunca  experimenté  la  deshonra,  pero  ahora  ni 
podría  complacerme  en  la  honra  ni  me  afligiría  por  el  des- 
precio, pues  ni  lo  uno  ni  lo  otro  parece  ya  que  vienen  de  su 
promotor  a  recaer  sobre  mí,  sino  que  ambas  cosas  se  remon- 
225  tan  a  Dios.  Por  eso  este  hombre,  que  se  atreve  a  todo,  como 
no  pudo  ni  con  sus  palabras  ni  con  sus  actos  causar  ninguna 
conmoción,  se  apartó  de  mí  para  embestirle  a  Dios  mismo  y 
ante  el  pueblo  congregado  a  su  alrededor  prorrumpió  en  las 
voces  que  muy  pronto  vais  a  escuchar,  en  cuanto  se  dé 


201  Hijo  de  Aristodemo  y  primer  rey  de  Esparta  (junto  con  su  hermano 
Proeles):  cf.  Heródoto,  IV  147;  Apolodoro,  Bibliot.  II 8,  2  ss.;  Pausanias, 
III  1,  7  s. 

202  En  Atenas,  originariamente,  las  kyrbeis  eran  unas  pirámides  giratorias 
de  tres  caras  en  las  que  se  grababan  las  leyes  (identificadas  a  veces,  por  esta 
razón,  con  los  áxones).  Luego  el  nombre  se  aplicó  a  tablas  o  columnas  con 
inscripciones  de  diverso  tipo.  A  su  noble  alcurnia  Sinesio  también  se 
refiere  en  H.  III  38  s.,  Disc.  II  (Catástasis  maior)  303  a,  C.  113,  15  ss. 

203  Desde  el  thynnoskopéion  un  pescador  vigilaba  la  llegada  de  los 
bancos  de  atunes:  cf.  Eliano,  Historia  de  los  animales  XV  5;  Opiano,  De 
la  pesca  III  637  ss. 


CARTAS 


81 


lectura  a  la  carta  enviada  a  las  iglesias  de  todos  los  lugares 
de  la  tierra. 

Tal  es  el  comportamiento  de  una  naturaleza  sin  cultura  230 
cuando  detenta  el  poder:  su  empeño  es  «golpear  el  cielo  con 
la  cabeza»204.  ¡Sea!,  que  ejerza  su  poder,  que  se  abandone  a 
sus  instintos  en  la  ocasión  propicia,  que  mate,  que  encarcele 
a  cualquier  ciudadano  que  se  le  antoje.  A  mí  me  basta  con 
permanecer  en  el  puesto  en  que  me  colocó  Dios,  lo  que  se 
reduce  a  mantenerme  lejos  de  la  compañía  de  los  malvados,  235 

conservar  mis  oídos  puros  de  doloroso  blasfemia 205 

y  desentenderme  de  la  protección  de  quienes  sufren  injusticia, 
una  vez  que  haya  alegado  en  mi  defensa  ante  vosotros  y  el 
pueblo  los  intentos  que  hice  en  vano.  Propio  de  alguien  con 
una  gran  talla  intelectual  hubiera  sido  obrar  así  incluso 
antes  de  haber  tenido  esta  experiencia.  Ahora,  sin  embargo, 
yo  he  aguardado  a  que,  a  raíz  de  los  hechos,  corroboréis  mi  240 
opinión,  porque  combinar  las  dotes  políticas  con  el  sacerdocio 
es  conciliar  lo  inconciliable206. 

La  antigüedad  admitió  que  una  misma  persona  fuera 
sacerdote  y  juez.  En  efecto,  sobre  los  egipcios  y  el  pueblo  de 
los  hebreos  durante  mucho  tiempo  reinaron  sacerdotes  207. 


204  Fr.  Com.  Adesp.  531  Kock  (cf.  Sinhsio,  C.  79,  6).  La  expresión  tiene 
valor  proverbial  y  hace  referencia  a  la  soberbia  del  gobernante  injusto. 

205  Hexámetro  de  autor  desconocido. 

206  La  expresión  (synkléthein...  ta  asynklota)  se  encuentra  luego  en 
Juan  Filópono,  In  Arist.  Phys.  Comment.  34,  14. 

207  Cf.  C.  121,  38  ss.  Respecto  a  los  egipcios,  cf.  Plutarco,  Sobre  Isis 
y  Osiris  354  b.  En  cuanto  a  los  hebreos,  Sinesio  se  refiere  a  la  unción  (y,  por 
tanto,  al  carácter  sagrado)  de  los  reyes  de  Israel.  El  rey  era  «el  ungido  de 
Yahvéh»  (cf.  1  Samuel  24, 7;  26, 9  etc.).  David  es  rex  sacerdos  en  Prudencio, 
Cathemer.  IX  4. 


82 


SINESIO  DE  CIRENE 


Luego,  me  parece,  cuando  la  obra  divina  se  fue  realizando 

245  de  forma  humana,  Dios  disoció  los  dos  géneros  de  vida  y 
una  se  mostró  como  propia  de  los  sacerdotes  y  otra  de  los 
gobernantes:  así,  a  éstos  los  volvió  hacia  la  materia,  a  aquéllos 
les  encomendó  un  puesto  junto  a  sí  mismo.  Por  tanto,  a 
unos  se  les  ha  encomendado  ocuparse  de  los  asuntos  públicos, 
a  otros,  como  yo,  de  las  plegarias.  Pero  a  ambos  les  reclama 

250  Dios  el  bien.  ¿Por  qué,  entonces,  procedes  al  contrario?  ¿Por 
qué  lo  separado  por  Dios  intentas  reunirlo  tú,  considerando 
cosa  digna  no  que  yo  gobierne  sino  que  «me  entremeta  en  el 
gobierno  de  otro» 208?  ¿Qué  podría  ser  para  mí  más  penoso 
que  esto?  ¿Necesitas  un  protector?  Dirígete  al  que  administra 
las  leyes  del  estado.  ¿Necesitas  algo  de  Dios?  Dirígete  al 
sacerdote  de  tu  ciudad,  rio  pensando  que  entonces  podrás 

255  conseguirlo  todo,  sino  qué  yo  pondré  mi  empeño.  Pero  en 
el  caso  de  que  se  me  permita  estar  tranquilo,  quizá  algún  día 
sea  capaz  incluso  de  aquello,  pues  en  cuanto  uno  vuelve  la 
espalda  a  la  materia  también  se  vuelve  hacia  Dios  209. 

La  contemplación  es  el  fin  propio  de  un  sacerdocio  que 
no  desmienta  su  nombre.  Pero  la  contemplación  y  la  acción 
no  se  dignan  coexistir210.  Y  es  que  el  comienzo  de  toda 

26o  acción  es  el  impulso211  y  ninguno  hay  exento  de  pasión, 
pero,  por  el  contrario,  sí  es  necesario  que  esté  vacía  de 
pasiones  el  alma  que  va  a  ser  receptáculo  de  Dios.  «Pues  a 
lo  impuro  — según  dicen — ,  que  no  le  sea  lícito  tocar  lo 


208  Cf.  Plutarco,  Preceptos  políticos  817  d. 

209  Cf.  Plotino,  Enéadas  I  6,  6,  13  etc.;  Porfirio,  Sententiae  7  (y 
Platón,  Fedón  67  d). 

210  A  pesar  de  estas  palabras,  Sinesio  supo  conjugar  de  forma  óptima  el 
bios  theoretikós  y  el  bios  praktikós:  cf.,  por  ejemplo,  lo  que  dice  en  Dión 
45  c  ss.  (cap.  VII).  : 

2"  Cf.  Platón,  Timeo  27  c. 


CARTAS 


83 


puro»212.  «Sosegaos  y  reconoced  que  yo  soy  Dios»213.  Un 
ocio  sosegado  necesita  el  que  es  sacerdote  y,  a  la  par,  filósofo. 
No  condeno  a  los  obispos  que  se  ocupan  en  asuntos  públicos,  265 
sino  que,  consciente  como  soy  de  apenas  alcanzar  a  uno  de 
los  dos  menesteres,  admiro  a  quienes  pueden  con  ambos. 

No  soy  yo  capaz  de  «servir  a  dos  amos» 214.  Pero  si  hay 
alguien  que  no  se  vea  impedido  para  este  descenso  simultáneo 
con  aquella  elevación215,  éste  podría  no  sólo  ser  sacerdote 
sino  también  gobernar  ciudades.  Un  rayo  de  sol,  aunque  se 
meta  en  el  fango,  permanece  puro  e  impoluto,  pero,  si  esto  270 
mismo  me  pasa  a  mí,  necesitaré  las  fuentes  y  el  mar216.  Y  si 
a  un  ángel  le  fuera  posible  vivir  más  de  treinta  años  entre  los 
hombres  sin  complacerse  en  el  mal  de  la  materia  en  razón 
del  apasionamiento  por  ella217,  ¿para  qué  se  habría  necesitado 
que  descendiera  el  hijo  de  Dios?  Lo  que  denota  un  poder  275 
superior  es  frecuentar  las  cosas  peores  y  permanecer  en  la 
propia  condición  natural  de  uno  sin  apasionarse  de  ningún 
modo218.  Esto  no  es  sino  un  canto  de  alabanza  a  Dios,  pero 
lo  que  el  hombre  ruega  es  evitarlo,  precavido  contra  la 
debilidad  de  su  naturaleza. 


212  Platón,  Fedón  67  b  (y  cf.  Plutarco,  Sobre  Isis  y  Osiris  352  d; 
Sinesio,  Dión  50  a,  C.  137,  44  ss.). 

213  Salmos  46  (45),  11. 

214  Mateo,  6,  24. 

2,5  «Tuttavia,  se  qualcuno  non  si  senta  menomato  dal  dover  contempo- 
ráneamente stare  in  alto  e  discender  verso  il  basso  (apó  tes  synkatabáseós), 
...»  (Garzya).  Quizá  podría  entenderse  también  de  la  siguiente  manera: 
«...impedido  para  condescender  con  lo  terreno...». 

216  Es  decir,  «necesitaré  el  agua  de  todas  las  fuentes  y  hasta  del  mar  para 
quedar  limpio». 

217  Cf.  Porfirio,  Sententiae  32,  Sobre  la  abstinencia  131. 

218  Porfirio,  Sententiae  29,  Sobre  la  abstinencia  I  42. 


84 


SINESIO  DE  CIRENE 


Dentro  de  estos  términos  conviviré  yo  con  vosotros  y, 
28o  por  supuesto,  no  me  privaré  de  escoger  la  ocasión  oportuna 
para,  cuando  me  esté  permitido,  ir  «descendiendo  sin  des- 
cender»219, o  sea,  para  hacer  un  gran  bien  con  sólo  una 
vuelta220  que  me  pueda  dar  (así  es  también  la  política  de 
Dios). 

Lo  terrible  es  quedarse  apegado221:  esto  no  lo  tolera  ni  la 
285  naturaleza  de  Dios  ni  nadie  que  hacia  Dios  se  enderece.  Si 
he  puesto  toda  mi  preocupación  en  mi  dinero  y  en  mis 
posesiones,  si  os  consta  que  yo  recibo  las  cuentas  de  mis 
gastos  diarios  o  anuales  y  luego  escatimo  el  tiempo  en 
vuestros  asuntos,  entonces  soy  un  impostor  y  no  merezco 
perdón.  Si,  por  el  contrario,  me  he  despreocupado  de  mis 
asuntos  particulares  y,  antes  que  nada,  he  ordenado  mi  vida 
290  a  actuar  de  acuerdo  con  el  intelecto,  ¿por  qué  va  a  ser  terri- 
ble que  yo  considere  merecido  exigiros  lo  mismo?  Pero, 
como  con  esto  no  os  complazco,  por  haber  otros  que  son 
capaces  de  manejarse  igual  de  bien  en  ambos  campos,  en 
vuestra  mano  está  decidir  lo  mejor  para  la  ciudad,  para  la 
Iglesia  y  para  mí.  Por  supuesto  que  no  voy  a  renunciar  al 
295  sacerdocio:  ¡ojalá  nunca  tenga  Andronico  tanto  poder  como 
para  eso! 

Pero,  lo  mismo  que  no  he  sido  un  filósofo  corriente  ni  he 
buscado  el  aplauso  de  los  teatros  222  ni  he  abierto  una  escuela 
(aunque,  por  eso,  no  era  yo  menos  filósofo  y,  de  hecho, 
desearía  serlo  aún),  así  tampoco  quiero  ser  un  sacerdote 
corriente. 


215  Es  decir,  bajar  al  grado  inferior  sin  abandonar  el  superior  (cf.  arriba, 
n.  215).  Este  proverbio  también  puede  leerse  en  Sinesio,  Sueñ.  143  c. 
22°  Cf.  n.  209. 

221  A  lo  propio  del  grado  inferior,  se  sobreentiende. 

222  Cf.  Sinesio,  Dión  54  d  s, 


CARTAS 


85 


No  todos  lo  pueden  todo  223.  Yo,  en  esta  convivencia  mía  300 
conmigo  mismo  y,  por  medio  del  intelecto,  con  Dios,  cuando 
desciendo  de  la  contemplación  sólo  puedo  tener  unas  rela- 
ciones no  inútiles  con  uno  o  dos  individuos,  y  no  de  ésos  de 
la  masa,  sino  personas  de  tal  clase  que,  ya  sea  por  la  condición 
natural  que  les  tocó  en  suerte  o  por  la  educación  que  feliz- 
mente recibieron,  se  sientan  admirados  del  intelecto  antes 
que  del  cuerpo.  Y,  además,  si  me  aplico  a  los  asuntos  públicos,  305 
pero  con  largos  intervalos  de  descanso  y  con  arreglo  a  mi 
comodidad,  podría  ser  útil  justo  en  el  momento  oportuno. 
Pero,  si  me  dejo  enterrar  por  aquéllos,  seguro  que  me  olvido 
de  mí  mismo  y  lo  que  causo  es  el  descalabro  de  esos  asuntos: 
que  no  es  posible  hacer  bien  lo  que  uno  odia.  Pues  quien 
hace  algo  que  no  tiene  decidido  con  plena  voluntad,  va  sin 
ánimo  a  la  acción  al  frente  de  la  cual  debe  ponerse;  en  310 
cambio,  aquél  para  quien  el  ocio  no  es  algo  familiar  y  que  no 
sabe  cómo  aprovechar  su  ociosidad,  es,  por  esto  mismo 
precisamente,  el  hombre  que  más  provecho  rinde  al  pueblo, 
el  alma  con  más  cabida  para  satisfacer  las  preocupaciones 
de  todos.  Sin  duda,  quien  por  naturaleza  es  así  y  quiere,  ése 
incluso  les  estaría  agradecido  a  las  circunstancias  que  lo 
arrastran  a  sus  pies,  por  estar  haciéndole  el  favor  de  darle  315 
argumentos  a  esa  predisposición  natural  suya.  Y  es  que  el 
mejor  expediente  para  el  éxito  es  el  amor  al  propio  deber. 
Así  que  debemos  escoger  todos  nosotros  a  un  hombre  más 
resolutivo  y  escogerlo  en  mi  lugar,  pues  yo  apenas  soy  capaz 
de  salvarme  a  mí  mismo. 

¿Por  qué  esos  gritos?  ¿Es  que  porque  aún  no  se  haya 
hecho  esto,  no  merece  la  pena  hacerlo  ahora?  Mucho  de  lo  320 


223  Cf.  Teognis,  902;  Eurípides,  Reso  106;  y,  por  ejemplo,  Virgilio, 
Bucólicas  VIII  63. 


86 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  era  necesario  el  tiempo  lo  ha  descubierto  y  enderezado: 
no  todo  acontece  según  el  mismo  plan.  Cada  una  de  las 
cosas  que  han  acontecido  tuvo  un  origen  y,  antes  de  existir, 
no  existía.  Merece  más  la  pena  preferir  lo  útil  que  lo  impuesto 
por  la  costumbre:  demos  nosotros  comienzo  a  una  mejor 
manera  de  proceder.  Debemos,  pues,  escoger  a  alguien  en 

325  mi  lugar  o  escogerlo  para  que  esté  a  mi  lado,  pero,  en  todo 
caso,  escogerlo.  Quienquiera  que  sea,  se  mostrará  en  política 
muchísimo  más  sabio  que  yo  y  sabrá,  en  provecho  vuestro, 
cómo  tratar  y  manejar  a  esos  miserables  hombrecillos. 
No  obstante,  si  todavía  no  os  parece  bien,  aplacémoslo 

330  para  otra  ocasión,  pues  podéis  meditar  sobre  ello  individual- 
mente y,  también,  unos  con  otros.  Ahora  escuchad  con  qué 
medidas  el  concilio  le  ha  salido  al  paso  a  la  locura  de 
Andronico 224. 


42 

Decreto  de  excomunión  contra  Andronico, 
expedido  desde  Ptolemaida  a  la  diócesis  pentapolitana. 
Contemporáneo  de  la  C.  41 


A  Andronico  de  Berenice  225,  nacido,  criado  y  crecido 
para  desgracia  de  la  Pentápolis  y  que  consiguió,  comprándolo 
con  dinero,  el  gobierno  de  la  tierra  que  lo  dio  a  luz,  nadie  lo 
5  considere  ni  lo  llame  cristiano,  sino  que  se  le  expulse,  junto 


224  El  decreto,  nacido  del  concilio  o  de  una  asamblea  del  clero  en 
general  presidida  por  el  metropolitano  (cf.  ed.  Garzya,  1989,  pag.  140,  n. 
42),  se  lee  en  la  carta  siguiente. 

225  Una  de  las  ciudades  de  la  Pentápolis  líbica,  hoy  Bengasi. 


CARTAS 


87 


a  toda  su  familia,  de  toda  iglesia  por  haber  pecado  contra 
Dios.  Y  no  porque  él  haya  resultado  ser  la  plaga  para 
rematar  a  la  Pentápolis,  tras  el  terremoto226,  la  langosta227, 
el  hambre,  el  fuego  y  la  guerra,  persiguiendo  hasta  el  fin  a 
quienes  salieron  vivos  de  todo  esto,  e  introduciendo  por 
primera  vez  en  el  país  géneros  y  formas  de  castigo  insólitos 228 
(ojalá  sea  él,  podría  decirse,  el  único  en  utilizarlos):  empul- 
gueras, torturapies,  prensas,  aferranarices,  agarrotaorejas  y 
retuercelabios  (a  quienes  previnieron  el  tener  que  probarlas 
y  verlas,  aunque  fuera  por  haber  perecido  antes  en  la  guerra, 
se  les  calificó  de  dichosos  por  parte  de  quienes,  para  su  mal, 
lograron  salvarse);  no  es  por  esto,  digo,  sino  porque  él  ha 
sido  el  primero  y  el  único  de  nosotros  que,  con  hechos  y 
palabras,  ha  blasfemado  contra  Cristo.  Con  hechos,  desde  el 
momento  en  que  en  la  puerta  de  la  iglesia  clavó  sus  disposi- 
ciones: a  los  maltratados  por  él  les  impedía  el  derecho  de 
suplicar  asilo  ante  la  mesa  de  altar229,  mientras  a  los  sacerdotes 
de  Dios  les  lanzaba  imprecaciones  que  habrían  vacilado  en 
proferir  incluso  Fálaris  de  Agrigento,  Cefrén  el  egipcio  y 
Senaquerib  el  babilonio  230,  el  que  mandó  embajadores  a 

226  No  sabemos  en  qué  año  se  produjo  el  seísmo. 
22'  Cf.  C.  41,  65,  n.  179. 

228  Con  respecto  a  las  torturas,  cf.  el  Codex  Theodosianus  XII  1,  39  y 
85  (leges  de  curialibus  puniendis). 

229  Si  atendemos  de  nuevo  al  Cod.  Theod.  (IX  40,  15;  XI  36,  31  etc.), 
podemos  deducir  que  el  edicto  de  Andronico  estaba  respaldado  por  lá  ley 
(sabemos  que  el  derecho  de  inmunidad  de  las  iglesias  no  fue  sancionado 
hasta  el  21  de  noviembre  del  419).  Sinesio  sería  consciente  de  ello,  pues  el 
Codex  Paímiacus  706  nos  transmite  una  redacción  posterior  y  abreviada  de 
la  carta  en  la  que  faltan  estas  líneas  y  algunas  otras  más:  cf.  ed.  Garzya, 
1979,  pág.  73,  n.  ad  loe. 

230  Fálaris  fue  tirano  de  Acragante  o  Agrigento  en  Sicilia  (s.  vi  a.  C); 
Cefrén  (Kefrén,  Sefrén  o  Jafra),  faraón  de  Egipto  de  la  IV  dinastía  (c.  2550 


88 


SINESIO  DE  CIRENE 


20  Jerusalén  para  injuriar  a  Ezequías  y  a  Dios.  Aquel  día  yo 
afirmo  que  él  llevó  a  cabo  la  segunda  crucifixión  de  Dios, 
pues  para  injuriar  a  Cristo  colgó  él  de  la  sagrada  puerta 
aquel  ultrajante  libelo.  El  sol  lo  vio  y  los  hombres  lo  leyeron, 
y  no  en  el  tiempo  en  que  Tiberio  Claudio  poseía  el  mando 

25  del  estado,  cuando  a  Pilato  se  le  envió  a  gobernar  Judea, 
sino  en  el  momento  en  que  sostiene  el  cetro  de  los  romanos 
la  pía  prole  de  Teodosio 23i,  de  quien  Andronico,  a  escondidas, 
ha  solicitado  para  sí  el  cargo,  con  los  mismos  propósitos  que 
Pilato.  El  escrito  era  cosa  de  risa  para  los  gentiles  que  por 

30  allí  pasaban,  como  lo  era  para  los  judíos  lo  que  se  escribió 
en  el  título  puesto  en  la  cruz  de  Cristo.  Así  y  todo,  la 
inscripción  de  la  cruz,  aun  nacida  de  una  mente  impía,  tenía 
algo  de  respetuoso  en  la  expresión,  porque  Cristo  era  pro- 
clamado rey232.  En  éste,  por  el  contrario,  el  lenguaje  y  la 
mente  coincidían.  Pero,  sin  duda,  lo  de  después  fue  más 
grave  que  aquel  ofensivo  bando  poco  antes  notificado  233.  Y 

35  es  que  cuando  encontraba  alguna  excusa  contra  un  enemigo 
(y  una  enemistad  entre  ellos  podía  surgir  de  que  uno  preten- 
diera un  matrimonio  y  el  otro  se  lo  impidiera),  lo  torturaba 
con  aquellos  abominables  castigos.  ¡Ojalá  éstos  no  se  trans- 
mitan con  el  paso  del  tiempo,  sino  que  se  acaben  con  él, 


a.  C);  Senaquerib,  rey  de  Asiría  (ss.  vm-vii  a.  C).  La  crueldad  de  los  tres 
se  hizo  proverbial:  cf.,  respectivamente,  Píndaro,  Píticas  1 95;  Herodoto, 
II  127  ss.;  LXX,  IV  Reyes  18,  13  ss. 

231  Teodosio  II  (emperador  del  408  al  450),  hijo  de  Arcadio  y  nieto  de 
Teodosio  el  Grande. 

232  En  el  tltlos  o  titulus  de  la  cruz  como  es  sabido:  cf.  Juan,  19,  19. 

233  Intentamos  recoger  el  sentido  del  verbo  stéliteúd  (ton  próen  este- 
liteuménón).  Téngase  en  cuenta  que  las  estelas  se  empleaban,  entre  otros 
fines,  para  grabar  el  nombre  de  aquellas  personas  a  quienes  se  quería 
infamar:  cf.  Isócrates,  XVI  9;  Demóstenes,  Contra  Filipo  III  45. 


CARTAS 


89 


como  con  él  comenzaron,  y  que  estas  notas  características 
del  gobierno  de  Andronico  queden  para  la  posteridad  en  un 
mero  rumor! 

Así  pues,  en  cierta  ocasión  en  que  a  un  hombre  bien  40 
nacido  se  le  estaba  torturando,  no  por  sus  delitos  sino  por  su 
mala  suerte,  con  aquellos  instrumentos  (y  esto  se  ejecutaba 
a  pleno  sol  del  mediodía 234,  para  que  sólo  fueran  testigos  de 
su  muerte  los  verdugos),  al  enterarse  Andronico  de  que  la 
Iglesia  mostraba  su  compasión  hacia  aquél,  y  no  por  otra 
cosa  sino  porque  yo,  nada  más  saberlo,  salí  corriendo,  tal 
como  estaba,  con  el  fin  de  situarme  a  su  lado  y  compartir  su 
desgracia,  se  pone  él  entonces  rabioso  cuando  llega  a  sus  45 
oídos  que  un  obispo  ha  osado  tener  piedad  de  un  hombre  a 
quien  él  odiaba.  Y,  tras  cometer  con  la  fanfarronería  propia 
de  un  joven  muchas  iniquidades,  instigado  por  el  más  audaz 
de  sus  servidores,  Toante235,  a  quien  utilizaba  como  brazo 
ejecutor  para  la  calamidad  pública,  al  fin  añadió  a  su  locura 
las  palabras  más  blasfemas,  diciendo  que  vanas  esperanzas  50 
abrigó  aquél  en  la  Iglesia  y  que  nadie  escaparía  de  las  manos 
de  Andronico,  ni  aunque  se  abrazara  con  fuerza  a  los  pies 
del  propio  Cristo. 

Con  esa  mente  suya  falta  de  toda  educación,  tres  veces 
profirió  esas  palabras,  después  de  lo  cual  no  hay  que  amo-  55 
nestar  más  a  este  hombre  sino  tan  sólo  cortarlo,  como  un 
miembro  ya  incurable,  y  apartarlo  de  nosotros,  no  vaya  a 
ser  que,  por  contagio,  se  corrompa  también  lo  que  está  sano. 
Pues  la  infección  lo  que  hace  es  transmitirse 236  y  quien  toca 
lo  contaminado  lo  único  que  gana  es  ponerse  a  suplicar  237. 


234  Cf.  Platún,  Fedro  242  a. 

235  Otros  ayudantes  de  Andronico  se  mencionan  en  la  C.  79,  29  ss. 

236  Temistio,  Discursos  VII  101  a. 

237  La  limpieza  o  purificación  de  esa  mancha,  se  sobreentiende. 


90 


SINESIO  DE  CIRENE 


Es  preciso  ser  puros  de  mente  y  cuerpo  ante  Dios.  Por 
eso  la  Iglesia  de  Ptolemaida  a  las  demás  de  toda  la  tierra, 
60  hermanas  suyas,  les  ordena  lo  siguiente: 

A  Andronico  y  a  los  suyos,  a  Toante  y  a  los  suyos,  que  no 
se  les  abra  ningún  templo  de  Dios.  Que  se  les  cierre  todo 
lugar  y  recinto  sagrado.  No  hay  sitio  para  el  diablo  en  el 

65  paraíso:  si  entra  a  escondidas,  se  le  expulsa.  Así  pues,  exhorto 

a  todos  los  particulares  y  a  los  dignatarios  a  que  no  reciban 
a  Andronico  ni  bajo  su  mismo  techo  ni  en  su  misma  mesa, 
y  especialmente  exhorto  a  los  sacerdotes,  que  no  deberán 
hablarles  en  vida,  ni  acompañar  su  cortejo  fúnebre  cuando 
mueran.  Y,  si  alguien  menosprecia  a  nuestra  Iglesia,  por  ser 
la  de  una  pequeña  ciudad,  y  acoge  a  los  excomulgados  por 

70  ella,  entendiendo  que  no  es  necesario  obedecer  a  un  pobre, 

sepa  él  que  ha  dividido  ala  Iglesia  que  Cristo  quiere  que  sea 
una  sola.  El  tal,  ya  sea  diácono 23?,  presbítero  u  obispo,  será 
tenido  por  nosotros  en  la  misma  consideración  que  Andro- 
nico: ni  le  ofreceremos  la  mano  ni  comerá  nunca  de  nuestra 

75  misma  mesa,  y  muy  lejos  estaremos  de  hacer  partícipes  de 

los  inefables  misterios  divinos  a  quienes  pretenden  ser  parti- 
darios de  Andronico  y  Toante. 

43 

A  JUAN 239 
Contemporánea  de  la  C.  52 

Tal  como  muchas  otras  veces  te  fui  útil  en  la  ocasión 
precisa  y,  con  palabras  y  obras,  mitigué  las  contrariedades 


238  El  término  griego  es  leuiies  (lat.  levita,  ¡evites),  «levita»  y,  luego, 
«diácono»,  dado  que  los  levitas  se  encargaban  de  los  servicios  auxiliares  del 
culto. 

239  Cf.  C.  2,  n.  8. 


CARTAS 


91 


de  la  fortuna,  según  aconsejaron  mis  fuerzas  en  cada  mo- 
mento, también  ahora  en  los  problemas  que  te  han  sobreve- 
nido me  parece  que  debo  aportar  mi  opinión,  ya  que  no  5 
puedo  hacer  nada.  Pues  no  es  de  ley  que  Sinesio,  mientras 
tenga  aliento  y  pueda,  no  esté  dispuesto  a  hacer  el  bien,  de 
cualquier  manera  que  sea,  a  sus  amigos.  Por  tanto,  escucha 
lo  que  considero  conveniente  decirte. 

Si  la  fama  es  una  diosa240,  como  afirma  alguno  de  nuestros 
poetas,  tú  eres  quien  ha  dado  muerte  al  bienaventurado 241  10 
Emilio,  no  por  haber  cometido  el  asesinato  sino  por  haberlo 
planeado:  maquinaste  una  intriga  brutal  y  pusiste  en  marcha 
al  sicario,  el  más  cruel  de  tus  guardias.  Sí,  esto  dice  la  fama 
y  no  le  es  lícito  mentir,  siendo  como  es  una  diosa.  Pero,  si 
Hesíodo  no  tiene  razón  en  lo  que  dice  y  muchas  de  sus 
palabras  son  vanas,  también  esto  tuyo  no  es  sino  uno  de  sus  15 
muchos  cuentos  (yo  así  querría  que  fuese,  pues  menos  me 
importa  perder  el  dinero  que  perder  a  un  amigo)  y,  si  ahora, 
sin  ser  culpable,  oyes  hablar  mal  de  ti,  entonces  es  que  eres 
un  desdichado  y  no  un  criminal  (¡ojalá  ni  siquiera  fueses  un 
desdichado!).  En  aquel  caso  merecerías  odio  con  toda  justicia; 
en  éste,  piedad.  Por  mi  parte,  tan  susceptible  como  soy  a  las 
relaciones  amistosas,  creo  que,  en  aquel  caso,  también  debe-  20 
ría  odiar  tu  acción;  pero  de  ti,  sin  embargo,  tener  piedad.  Y 
lo  propio  del  que  tiene  piedad  es  ayudar  en  la  medida  de  sus 
fuerzas  y  descubrir  de  qué  manera  podría,  en  su  opinión,  ser 
de  provecho.  Así  que,  en  uno  y  otro  caso,  me  toca  aconsejarte 
lo  que  me  parece  mejor.  Pienso  que,  ya  seas  culpable  o 
inocente,  lo  que  te  conviene  es  lo  mismo.  25 


240  Hesíodo,  Trabajos  y  días  764. 

241  Cf.  n.  130. 


92 


SINESIO  DE  CIRENE 


Preséntate  ante  la  ley  y  entrégate  al  juez  con  el  conjunto 
de  tus  guardias,  si  algún  interés  sientes  por  ellos.  Y,  si 
cometiste  ese  horrible  hecho,  ruega,  suplica,  implora,  no 
dejes  de  postrarte  a  sus  pies,  hasta  que,  a  raíz  de  la  sentencia, 

30  acabes  por  venir  a  manos  del  verdugo  y  pagar  tu  pena.  Bien 
te  estará,  amigo  Juan,  llegar  al  juicio  de  allá  abajo  después 
de  purificarte  aquí.  No  creas  que  son  palabras  vanas  las  de 
esta  exhortación  mía  ni  consideres  que  me  estoy  burlando 
de  ti  (¡así  pueda  yo  gozar  de  la  santa  filosofía  y,  además,  de 

35  mis  hijos!).  Si  no  me  fueras  tan  querido,  no  te  habría  aconsejado 
algo  que  no  les  deseo  a  mis  enemigos.  ¡Qué  nunca  se  les 
ocurra  que  para  el  criminal  es  mejor  afrontar  el  castigo  por 
propia  iniciativa,  sino  que  no  cesen  de  disfrutar  con  sus 
crímenes,  para  que  así  sean  malvados  durante  más  tiempo  y 
estén  obligados  a  expiarlo  todo  allí  abajo! 

40  Por  mi  amistad  contigo  me  arriesgo  incluso  a  decirte  algo 
que  es  secreto:  no  es  lo  mismo  pagar  la  pena  en  este  nuestro 
cuerpo  craso 242  que  en  esa  imagen  que  es  el  alma.  Más  fuerte 
es  Dios  que  los  hombres  y  lo  humano  es  sólo  una  sombra243 
de  todo  el  orden  divino.  Precisamente  lo  que  en  los  estados 
son  los  verdugos,  brazos  de  la  ley,  esa  misma  función  la 
desempeñan  en  la  ordenación  natural  del  universo  los  espíritus 

45  del  castigo244.  Son  demonios  purificadores  que  ejercen  con 
las  almas  el  mismo  oficio  que  los  bataneros  con  las  ropas 
sucias 245.  ¿Es  que,  si  las  ropas  tuvieran  sensibilidad,  crees  tú 

242  Es  decir,  el  cuerpo  material  o  terreno  (pachys).  De  la  materia  crasa 
también  se  habla  en  los  escritos  gnósticos. 

243  Cf.  Píndaro,  Píticas  VIII  95  s. 

244  Las  Poinaí  (también  en  singular)  aparecen  personificadas  como 
diosas  de  la  venganza  en  los  autores  griegos  clásicos  y  postclásicos  (lat. 
Poenae,  las  Furias)  y  también  en  el  propio  Sinesio,  Egipc.  123  b  («Castigos»). 

245  Cf.  Platón,  República  429  d  s. 


CARTAS 


93 


que  podrían  soportar  que  las  pisaran,  las  lavaran  con  natrón 
y  las  cardaran  de  todas  las  formas  posibles?  ¿Con  cuántos 
dolores  quedarían  limpias  de  sus  antiguas  manchas  246  y  de 
las  inmundicias  que  estaban  adheridas?  Y  omito  decir  que  50 
en  muchas  está  la  porquería  tan  sumamente  agarrada  en  lo 
más  hondo  que  no  se  puede  quitar  y  antes  llegarían  a  estro- 
pearse que  a  regresar  a  su  estado  primitivo,  porque  esa  tacha 
se  ha  integrado  en  su  naturaleza,  ya  sea  por  el  largo  espacio 
de  tiempo,  ya  por  su  magnitud.  A  un  alma  que  se  encontrara 
en  tal  situación  le  convendría  ser  corruptible.  55 

La  verdad  es  que  los  pecados  guardan  analogía  con  las 
manchas  que  no  se  pueden  limpiar,  pero  no  así  el  alma  con 
esa  ropa  sucia  que  no  resiste  el  lavado,  sino  que,  por  ser  ella 
inmortal,  la  pena  que  paga  es  infinita,  en  el  caso  de  que 
cometa  pecados  de  esos  que  calan  hasta  fijarse  y  son  imbo- 
rrables. Pero,  si  uno  paga  la  pena  de  sus  pecados  en  la 
misma  vida  en  la  que  los  cometió,  esa  tacha,  aun  después  de  60 
pegársele,  no  se  le  adhiere  del  todo,  sino  que  su  alma,  al 
estar,  podría  decirse,  recién  teñida,  se  limpia  rápidamente  247. 

Por  tanto,  debe  pagarse  la  pena  lo  más  rápido  posible,  y 
ante  hombres  encargados  de  castigar,  no  ante  demonios 24S. 
Se  dice  también  — y  personalmente  esta  hablilla  me  con- 
vence—  que  los  agraviados  tienen  el  poder  de  infligir  el 
castigo  más  tarde  e  incluso  de  acortar  este  plazo 249.  Por  65 
tanto,  es  lo  mismo  hacerle  a  uno  solo  un  gran  mal  que 
comportarse  injustamente  con  muchos  en  pequeñas  cosas, 
pues  cada  uno,  por  turno,  saldrá  al  encuentro,  y  se  debe 


246  Para  el  término  kélís,  cf.  Sinesio,  H.  I  551  y  Oráculos  caldeos,  Fr. 
196  Des  Places. 

247  Cf.,  por  ejemplo,  Platón,  Fedón  113  e  s. 

248  Cf.  Platón,  Gorgias  476  a  ss.  (y,  arriba,  líneas  43  ss„  n.  244). 

249  Cf.  Platón,  Fedón  114  a  s. 


94 


SINESIO  DE  CIRENE 


estar  dispuesto  a  resarcirlos  a  todos.  Pero,  en  tal  caso  de  que 
exista  posibilidad  de  curación,  ante  el  juez  tiene  gran  valor 

70  el  hecho  de  que  el  alma  haya  expiado  de  antemano  lo  bas- 
tante como  para  alcanzar  la  piedad  de  aquellos  que  sufrieron 
injusticia.  Entonces,  ¿cuándo  puede  esperarse  que  obtengas 
el  perdón  de  parte  del  alma  bienaventurada250  de  Emilio? 

Yo  creo,  o  más  bien  sé  con  absoluta  claridad,  que  todo 
suplicante  que  se  haya  castigado  a  sí  mismo,  es  digno  de 
respeto.  En  cierta  ocasión  se  presentó  ante  mí  uno  para 

75  defenderse  de  una  culpa:  por  el  hecho  de  anticiparse  a  reco- 
nocer su  responsabilidad  y  admitir  que  merecía  el  castigo,  se 
libró  del  castigo.  Por  el  contrario,  deleitarse  con  los  agravios 
que  uno  ha  cometido,  ya  sea  contra  bienes  o  contra  personas, 
lleva  al  agraviado  a  una  mayor  pesadumbre. 

¿Y  qué  será  de  ti  cuando,  tras  abandonar  el  cuerpo,  ya 
sea  a  consecuencia  de  una  ejecución  o  de  cualquier  otro 

so  modo,  contemples  luego  tu  propia  persona  reducida  sólo  al 
alma251,  sin  que  tu  lengua  pueda  negar  cosa  alguna  y  con  la 
marca  grabada  de  tu  delito?  ¿No  sentirás  vértigo  252?  ¿No  te 
verás  sin  salida?  Serás  arrastrado  en  silencio  y  quedarás 
expuesto  al  juicio,  tú,  yo  y  todo  aquél  a  quien  no  haya 

85  purificado  de  antemano  un  acto  público  de  arrepentimiento. 
Pero  hay  que  comportarse  como  un  hombre,  noble  amigo 
(¡que  ojalá  seas  noble!),  y  despreciar  los  placeres  que  nos 
procuramos  a  base  de  injusticias.  No  hay  que  sentir  vergüenza 
ante  los  hombres,  sino  confesar  el  delito  ante  el  juez  y' 
aplacar  con  una  expiación  inmediata  a  los  espíritus  del 


250  Cf.  n.  130. 

251  El  original  griego  es  muy  gráfico:  ...  auten  ten  psychén  auúi  t£i 
psychh  theasámenos  (Garzya:  «quando...  ti  toccherá  di  osservare  ridotto 
alia  sola  anima  te  stesso»). 

252  Cf.  Platón,  Gorgias  486  b  y  526  e  s. 


CARTAS 


95 


castigo  de  allá  abajo  253.  Pues,  si  el  mayor  bien  es  no  pecar, 
el  segundo  es  someterse  a  la  justicia. 

Al  que  lleva  mucho  tiempo  cometiendo  injusticias  impu- 
nemente debe  considerársele  desgraciadísimo:  de  él  ni  Dios 
ni  los  hombres  se  preocupan. 

Míralo  también  de  la  siguiente  manera.  Se  dice  y  se  oye 
que  la  falta  de  castigo  se  relaciona  con  el  mal;  entonces,  el 
hecho  de  ser  castigado  lo  está  con  el  bien:  que  la  razón 
dispone  aquello  de  «lo  contrario  con  lo  contrario»254.  Si  yo, 
pues,  hubiera  estado  allí  presente,  no  habrías  tenido  tú  la 
necesidad  de  enfrentarte,  sin  que  te  salieran  los  colores,  a 
esta  desagradable  situación255  ni  de  denunciarte  a  ti  mismo, 
sino  que  yo  me  habría  encargado  de  hablar  en  tu  favor  y  te 
habría  llevado,  como  es  costumbre  entre  los  médicos  256. 
Cualquier  mentecato,  sin  duda,  habría  dicho:  «Sinesio  está 
acusando  a  Juan».  Pero  tú  te  habrías  dado  cuenta  de  la 
verdad:  que  yo  tomaba  tu  defensa  con  todo  mi  respeto  y 
preocupación  por  ti,  para  que  te  encontraras  mejor  en  medio 
de  aquellas  desgracias.  Pero  esto  sería  así  de  haber  existido 
por  tu  parte  algún  delito,  cosa  que  ojalá  no  haya  existido, 
por  tu  bien  y  el  de  tu  ciudad.  Pues  toda  ella  quedaría  man- 
chada de  sangre,  si  se  hubiera  llegado  al  atrevimiento  de 
derramar  la  de  uno  de  la  misma  estirpe.  Mas,  si  tu  mano  y 
tu  mente  están  limpios  (¡y  ojalá  sea  así!),  ¡malditos  los  que 
han  conspirado  contra  ti!  También  a  éstos  los  aguardan  los 
castigos  de  bajo  tierra,  porque  no  hay  otra  conducta  tan 

253  Cf.  n.  244. 

254  Expresión  ya  proverbial:  cf.  Hipócrates,  Sobre  las  ventosidades  1; 
Gregorio  de  Nacianzo,  Discursos  XL  24  (lat.  contraria  contrariis  curantur). 

255  Cf.  Aristófanes,  Nubes  1216. 

256  Mantenemos  la  concisión  del  original  (Garzya:  «...  e  ti  avrei  accom- 
pagnato  dai  giudici  come  si  accompagna  dal  medico  un  ammalato»). 


96 


SINESIO  DE  CIRENE 


odiada  por  Dios  como  la  del  murmurador,  que  daña  a 
escondidas.  Siendo  como  es  el  más  vil,  lo  que  por  encima  de 

110  todo  hace  es  el  mal  y  hasta  se  dice  que  va  ligada  a  todos  ellos 
una  cierta  reputación  de  sodomitas  y  que  tienen  un  grandí- 
simo dominio  de  lo  concerniente  a  estas  artes,  por  más  que 
en  otras  muchas  sean  también  expertos  y  hábiles.  De  manera 
que,  si  a  uno  se  le  sorprende  inventando  habladurías  sin 
fundamento,  con  eso  basta,  no  preguntes  ni  vaciles:  aunque 

H5  parezca  que  es  un  tipo  durísimo,  atrévete  y  deja  al  descubierto 
al  hombre  afeminado  que  es,  un  auténtico  cofrade  de  Cotis  257 . 

De  ti  depende,  a  raíz  de  estas  palabras,  sacar  a  relucir  la 
calumnia,  y  lo  harías  si  tú  y  los  tuyos  os  entregarais  a  la 
justicia.  Preséntate  y  di  lo  siguiente:  «Algunos  acusadores 

120  míos  hay  ocultos,  que  ya  de  antemano  se  han  condenado  a 
sí  mismos  al  considerar  digno  esconderse.  Sin  embargo  lanzan 
contra  mí  muchas  y  graves  acusaciones  y  puede  que  conven- 
zan a  alguien:  tan  insidiosos  y  hábiles  son  en  dar  falsas 
razones  para  sus  habladurías».  Luego,  explica  los  motivos 
por  los  que  oyes  hablar  mal  de  ti:  un  matrimonio  y  un  impío 
asesinato.  Y,  como  dicen,  según  creo,  que  mandaste  a  un  tal 

125  Espátalo  258  a  perpetrar  el  asesinato,  tráelo  también  a  él  y 
suplícale  al  tribunal,  incluso  implorándole  de  rodillas,  que 
no  lo  deje  ir  sin  una  investigación  previa  ni  lo  condene  sin 
haber  comparecido.  «Sin  duda,  ¡oh,  tú,  el  más  poderoso  de 
los  prefectos!  — dirás — ,  por  el  hecho  de  que  nadie  haya 
presentado  una  acusación  pública  no  por  ello  dejas  de  estar 
obligado  a  recurrir  a  todo  tipo  de  examen  en  busca  y  captura 

no  de  la  verdad.  El  tan  pregonado  Espátalo,  éste  es.  Aquí  lo 


25'  Cf.  Sinesio,  Calv.  85  c,  n.  167  (y  C.  45,  8). 

258  Es  decir  un  lascivo  o  disoluto  (spátalos:  cf.  de  Bardesano,  el  hereje, 
en  Eusebio,  Preparación  evangélica  VI  10). 


CARTAS 


97 


tienes.  Dispon  de  su  cuerpo  para  la  tortura.  Si  es  culpable, 
hoy  necesariamente  se  va  a  revelar  como  acusador  mió  y  de 
sí  mismo». 

Y  aun  cuando  él  no  se  deje  convencer  por  tales  palabras, 
al  menos  a  nosotros,  que  somo  hombres  de  a  pie,  con  esto 
nos  basta.  Pero,  si  se  muestra  benévolo  y  te  concede  una  135 
audiencia  sobre  el  asunto,  entonces  puedes  de  todo  punto 
defenderte  brillantemente  a  la  vez  que  avergüenzas  y  acallas 
a  los  murmuradores.  Desde  luego  a  ese  Espátalo  no  le 
dejarás  que  se  vaya  tan  fresco,  sino  que  se  le  atará,  se  le 
colgará  y  se  le  abrirán  en  canal  los  costados.  Hábiles  son,  de 
cierto,  los  torturadores  a  la  hora  de  desenmascarar  la  simu- 
lación: han  inventado  ellos  unos  garfios  que  tienen  la  infali-  140 
bilidad  de  los  silogismos  científicos,  de  manera  que,  cualquier 
cosa  que  salga  a  la  luz  cuando  éstos  se  enganchan,  ésa  es  la 
pura  verdad. 

Si  se  te  declara  inocente  y  se  te  absuelve,  te  marcharás 
del  tribunal  victorioso  y  ufano,  limpio  de  culpa  y  con  buena 
reputación.  Pero  si,  aun  habiéndote  yo  recomendado  lo  que  145 
creo  que  te  conviene,  tú  no  lo  haces  y  no  te  presentas  ante  el 
juez,  la  verdad  la  ve  y  la  sabe  la  Justicia.  Es  totalmente 
seguro  que  el  ojo  de  la  diosa259,  el  que  a  todas  partes  llega, 
ha  observado  Libia,  la  hondonada  aquella  y  el  rumor  aquel, 
ya  sea  real  o  ficticio,  y  la  carrera  de  Emilio  para  huir,  lo  que 
ha  sufrido  y  por  obra  de  quién,  y  lo  que  dijo  y  lo  que  oyó,  150 
si  es  que  dijo  y  oyó  algo.  Y  sabe  ella  que,  si  se  da  el  caso  de 
que,  en  tu  interior,  seas  inocente  y  puro  ante  Dios,  por  no 
haber  cometido  ni  maquinado  ninguna  acción  execrable,  no 
lo  serás,  sin  embargo,  ante  nosotros,  los  hombres,  hasta  que 

259  Cf.  Solón,  Fr.  3,  15  s.  Adrados;  y  Fr.  trag.  adesp.  421  Nauck2. 
Sobre  Díke,  cf.  Sinesio,  Egipc.  121  d,  n.  110. 


98 


SINESIO  DE  CIRENE 


te  defiendas  en  regla.  Ni  te  ofreceremos  la  mano  ni  comerás 
155  de  nuestra  misma  mesa,  pues,  si  nos  contagias  y  nos  im- 
pregnas de  impurezas  26°,  tememos  a  los  espíritus  vengadores 
de  Emilio.  También  llevamos  nostros  nuestras  propias  man- 
chas: no  debemos  echarnos  más. 

44 

A  OLIMPIO 
Desde  Ptolemaida.  Contemporánea  de  la  C.  4 

Unos  malvados  ajenos  a  la  Iglesia  la  están  afligiendo. 
Avanza  contra  ellos:  que  «los  clavos  se  sacan  a  golpes  con 
otros  clavos»261. 


45 

A  SU  HERMANO 
Desde  drene  a  Ficunte 262 

A  ese  esclavo  de  nombre  y  de  disposición,  que,  en  mi 
ignorancia,  les  he  comprado  a  los  herederos  de  Teodoro 
para  que  sea  mi  profesor  de  gimnasia,  de  antiguo  le  viene  la 
vileza  (pues  su  nacimiento  y  crianza  han  sido  malos  y  no  le 


260  Así  traducimos  el  término  prostropí  (la  súplica  para  librarse  de 
algo):  cf.  C.  42,  58  y  n.  237. 

261  Corp.  Paroem.  Graec.  II  1 16,  9. 

262  El  antiguo  puerto  de  Cirene.  Esta  carta  es  toda  ella  una  «variación» 
sobre  Arquíloco,  Fr.  4  West:  cf.  Garzya,  «Una  variazione  Archiloquea 
in  Sinesio»,  Maia  10  (1958),  66-71;  íd.,  Studi  sulla  lírica  greca  da  Akmane 
al  primo  Impero,  Mesina-Florencia,  1963,  págs.  161  ss. 


CARTAS 


99 


faltó  una  educación  digna  de  sus  inclinaciones  naturales, 
rondando  como  estuvo  desde  niño  las  peleas  de  gallos,  los  5 
dados  y  las  tabernas).  «Pero  ahora  — habría  dicho  Lisias  263 — 
ha  acabado  con  todo,  ya  toca  fondo,  es  el  colmo  de  lo 
desagradable».  Lo  que  es  con  Hermes  y  Heracles,  patronos 
de  la  palestra,  no  tiene  él  ni  una  pequeña  relación;  es  a 
Cotito  264  y  a  los  otros  lascivos  dioses  265  áticos  a  quienes  sirve 
y,  por  supuesto,  de  las  demás  divinidades  que  haya  de  este  10 
cuño  266 ,  de  todas  ellas  se  preocupa  y  todas  ellas  de  él.  En 
cualquier  caso,  no  le  impondría  yo  otra  pena,  pues  el  vicio 
ya  es  suficiente  castigo  para  el  vicioso.  Pero,  una  vez  probado 
que  él  no  es  apto  para  convivir  con  amos  que  sean  filósofos, 
envueltos  como  están  ellos  en  la  vergüenza  dentro  de  su 
propia  casa,  que  regrese  a  la  ciudad  que  lo  dio  a  la  luz.  Pues,  15 
quien  vea  a  este  rufián  pavoneándose  por  la  plaza,  con  una 
corona  y  perfumado,  borracho  y  entre  bailoteos,  entregado 
a  todo  tipo  de  desenfreno  y  cantando  canciones  dignas  de  su 
género  de  vida,  les  echará  la  culpa  a  sus  dueños.  Entrégalo, 
pues,  como  sea,  a  un  capitán  de  buque  y  así  lo  obligarás  a 
navegar  derecho  a  la  ciudad  qué  lo  dio  a  luz:  más  justo  es  20 
que  sea  ésta  la  que  lo  soporte.  Y,  durante  la  navegación,  que 
vaya  atado  sobre  la  cubierta  y  que  no  baje  a  la  bodega, 
porque,  de  lo  contrario,  no  te  extrañes  de  que  te  pueda  dejar 
medio  vacías  muchas  de  las  ánforas  de  vino.  Y,  si  el  viaje  se 
prolongara,  podría  tragarse  el  aromático  caldo  hasta  las 
mismas  heces  y  persuadir  a  los  marineros  a  hacer  lo  mismo:  25 
que,  aparte  de  otras  cosas,  el  mal  es  lo  más  persuasivo  que 


263  Fr.  102  Scheib.-Th. 

264  Cf.  Éupolis,  Fr.  93  Kassel-Austin;  y,  arriba,  n.  257. 

265  Konísalos  era  un  dios  parecido  a  Príapo,  como  se  desprende  de 
Aristófanes,  Lisistrata  982. 

266  Cf.  íd.,  Ranas  889  s. 


100 


SINESIO  DE  CIRENE 


hay  cuando  guía  hacia  los  placeres.  ¿Y,  de  todos  los  que 
surcan  el  mar  por  un  sueldo,  quién  es  tan  serio  como  para 
no  relajarse  en  el  momento  en  que  esta  inmundicia  se  ponga 
a  bailar  el  córdax 267  mientras  la  copa  circula?  Y  otras  muchas 
serán  sus  chocarrerías,  contra  las  que  tendrá  que  protegerse 
30  el  capitán  del  buque.  Odiseo,  en  efecto,  para  que  el  placer  no 
lo  corrompiera,  atado  costeó  el  cantil  de  las  Sirenas268.  A 
éste,  en  cambio,  habrá  que  atarlo,  para  que  no  corrompa 
con  el  placer  a  los  marineros,  por  morigerados  que  sean. 

:  46  ; 

A  LA  FILÓSOFA 

Me  parece  que  estoy  haciendo  lo  propio  del  eco.  Las 
voces  que  he  captado  las  devuelvo.  Ante  ti  alabo  al  admirable 
Alejandro...  269. 

47 

A  AURELI  ANO 
A  Constantinopla,  en  el  399  ó  402 210 . 

La  providencia  aún  no  se  preocupa  de  los  romanos271, 
pero  ya  se  preocupará  y  no  se  quedarán  para  siempre  dentro 


267  Danza  lasciva  propia  de  la  comedia  antigua. 

268  Cf.  Od.  XII  49  ss.,  158  ss. 

269  Sólo  conservamos  el  comienzo  de  la  carta.  Para  thaumastós 
(«admirable»),  cf.  n.  297. 

270  Cf.  n.  150. 

271  Es  decir,  al  escribirse  esta  carta  Aureliano  aún  no  es  el  prefecto  del 
pretorio  de  Oriente  (en  uno  de  sus  dos  períodos).  Quizá  Sinesio  esté 
aludiendo  a  su  tratado  Relatos  egipcios  o  Sobre  la  Providencia,  compuesto 
entre  el  399  y  el  402. 


CARTAS 


101 


de  sus  casas  quienes  pueden  salvar  al  estado.  Al  menos  en 
opinión  de  ese  orador,  que  se  crió  conmigo,  tu  actual  poder 
es  suficiente  para  la  necesidad  en  que  se  encuentra.  Aprové- 
chese, pues,  de  esto  ahora  él  solo  y,  posteriormente,  de  5 
aquello  otro  en  unión  de  todas  las  naciones. 


48 

A  ANASTASIO 
Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla.  Posterior  a  la  C.  79 

No  estuvo  bien  que  Amasis  se  abstuviera  de  llorar  por 
las  desventuras  de  Polícrates,  las  que  él  previó  que  sucede- 
rían272. Pero,  con  aquello  de  haberle  enviado  un  heraldo, 
cuando  éste  aún  gozaba  de  buena  fortuna,  para  comunicarle 
que  renunciaba  a  su  amistad,  dejó  claro  que  sólo  habría 
llorado  si  la  desventura  hubiera  precedido  a  su  renuncia.  5 
También  tú,  mientras  no  tuve  tropiezos,  permaneciste  unido 
a  mí  en  la  próspera  fortuna,  para  luego  alejarte  junto  con 
ella.  Y  es  que,  por  medio  de  quienes  llegan  de  Tracia,  se  va 
corriendo  el  rumor  de  que  tú  ni  piensas  ni  hablas  bien  de  mí. 
Así  pues,  esto  no  es  en  absoluto  una  mera  renuncia  a  la 
amistad  sino  toda  una  declaración  de  hostilidades.  Ya  hubiera 
sido  bastante,  si  acaso,  el  hecho  de  no  compartir  mi  pena;  lo 
pero  añadir  otras  penas  es  algo  que  está  más  allá  de  todo 
espanto  y  no  es  digno  ni  de  Amasis  ni  de  ningún  hombre  en 
absoluto.  Pero  quizá  hayas  mirado  mejor  por  tus  propios 


272  Cf.  Heródoto,  III  43.  Sobre  esta  carta,  cf.  n.  421. 


102 


SINESIO  DE  CIRENE 


asuntos.  Haz  lo  que  debes  hacer,  con  tal  que  lo  hagas 
gozoso.  Que  el  mal  se  reducirá  a  la  mitad  si  con  mis  sufri- 
mientos complazco  a  mis  amigos. 


49 

A  TEOTIMO 273 

Desde  drene  a  Constantinopla. 
Anterior  a  la  C.  91  y  contemporánea  de  la  39 


A  Pedro  cuéntalo  también  entre  los  desasosiegos  de  la 
Pentápolis:  un  hombre  que  incluso  sin  maña  alguna  busca 
transgredir  las  leyes.  La  verdad  es  que  también  odio  a  quien 
busca  hacerlo  con  mafia.  Dios  y  Dioscúrides  lo  saben.  Pero 
aquél  es  más  temerario  que  esté  último;  pues,  cualquier  cosa 

5  que  desee,  primero  la  agarra  y  la  pone  bajo  su  poder,  luego 
instruye  el  proceso  y,  aunque  en  la  votación  salga  vencido, 
la  retiene  a  la  fuerza.  Así  lo  ha  hecho  ahora.  Primero  agarró 
un  ánfora  y  uno  lo  denunció  y  probó  su  culpabilidad.  Pero 
él  no  sólo  no  la  devolvió  sino  que  hasta  amenazó  con 
golpear  a  los  ejecutores  de  la  sentencia.  Irritado  yo  por  todo 

10  esto  y  en  la  convicción  de  que  no  es  posible  la  vida  allí  donde 
ciertos  individuos  tienen  más  fuerza  que  las  leyes,  he  procu- 
rado que  los  hombres  más  ilustres  hagan  caso  a  mi  reclama- 
ción y  corran  en  auxilio  de  la  constitución  del  estado.  Pues, 
si  él  saliera  con  éxito,  dentro  de  poco  veríamos  a  muchos 
Pedros.  Le  doy  las  gracias  al  admirable  Martirio  porque  ha 
compartido  mi  enojo  más  que  nadie  y  me  ha  ayudado  con 


273  Un  poeta. 


CARTAS 


103 


mejor  predisposición  que  ningún  otro.  ¡En  pago  de  esto  ojalá  15 
le  venga  de  Dios  todo  lo  bueno!  De  parte  de  Antemio  274  bien 
estaría  que  no  recibiera  él  mal  alguno,  si  Pedro  le  pone  la 
demanda,  tal  como  lo  amenazó.  Y,  para  que  eso  no  ocurra, 
te  lo  ruego,  te  lo  ruego  encarecidamente,  a  ti  y,  por  medio  de 
ti,  a  ese  hombre  admirable,  al  filósofo  Troilo  275:  impedidle  a 
este  réprobo  que  actúe  contra  la  ley  con  el  concurso  de  la  20 
propia  ley.  Me  preocupa  no  sólo  la  Pentápolis  sino  también 
el  hecho  de  no  convertirme  en  el  causante  de  la  desgracia  de 
un  amigo.  Descubrir  cómo  cortarle  los  pasos  a  este  calum- 
niador276 no  es  cosa  mía  sino  tuya.  ¡Qué  tú  eres  el  más 
expeditivo  de  todos  cuando  se  trata  de  buenas  acciones! 

50 

A  PILÉMENES  277 
Desde  drene  a  Isauria 

Haces  bien  en  regresar  a  la  ciudad  278  en  la  que  reside  el 
emperador.  Pues,  aunque  en  los  montes  de  Isauria  te  haya 


274  Fue  magister  offiáorum  con  Aureliano.  Llegó  a  cónsul  en  el  405, 
para  pasar  luego  a  prefecto  del  pretorio  de  Oriente  del  405  al  415.  Otro 
Antemio  fue  emperador  de  Occidente  del  467  al  472. 

275  Troilo  de  Side  era  un  sofista  consejero  de  Antemio  (conservamos 
una  obra  suya:  cf.  Rhetores  Graeci  VI  42  ss.  Walz). 

276  Literalmente,  «sicofanta».  Los  sicofantas  eran  delatores  profesionales 
que  pronto  se  ganaron  muy  mala  fama  por  perseguir  a  los  inocentes  o  hacer 
chantaje  (cf.  Lisias,  XXV  3;  Isócrates,  Antídosis  313). 

277  Un  abogado. 

278  Constantinopla.  Isauria  es  una  comarca  de  Asia  Menor,  en  la  región 
del  Tauro,  entre  Pisidia  y  Cilicia. 


104 


SINESIO  DE  CIRENE 


acompañado  una  suerte  próspera,  no  obstante  esa  prosperi- 
dad es  menos  próspera  en  vista  de  aquel  lugar.  En  cierta 
forma,  a  mí  personalmente  me  interesa  que  te  encuentres 
5  bien  junto  a  la  propia  corte:  viviendo  allí  podrás  recibir  y 
•podrás  enviar  cartas,  la  más  preciada  para  mí  de  todas  las 
mercancías  exportables  de  Tracia. 

51 

ATEOTIMO 

Desde  drene  a  Constantinopla,  al  menos  después  del  404 

Más  provechoso  le  fue  a  Hierón  el  trato  de  Simónides 
que  a  Simónides  el  de  Hierón279.  Y, por  el  dios  de  la  amistad 
que  nos  une  a  ti  y  a  mím,  que  no  te  felicito  a  ti  por  tu 
amistad  con  el  gran  Antemio  más  que  al  propio  Antemio,  el 
5  grande,  por  la  suya  contigo.  Pues,  para  un  hombre  con 
poder,  ¿qué posesión  hay  más  bella  que  un  amigom  dotado 
de  un  carácter  franco,  como  yo  sé  que  es  Teotimo,  una 
persona  afabilísima  y  amada  por  Dios?  Pero  tú  a  Simónides 
lo  superas  en  esto,  en  que  Simónides  mismo  se  avenía  a 
conversar  por  dinero J82;  y  tienes  en  común  con  él  lo  siguiente, 
que  Simónides  consolidó  a  Hierón  en  el  transcurso  de  los 


279  Cf.  Platón,  Cartas  II  311  a  (y  el  Hierón  de  Jenofonte). 

280  Platón,  Akibíaáesl  109  d.  Ese  dios  es  Zeus  Phíliós. 

281  Menandro,  Monástico  575  JAkel;  y  cf.  Jenofonte,  Ciropedia  VIII 
7,  13;  Dión  de  Prusa,  De  la  realeza  I  30. 

282  Cf.  Simónides,  Fr.  623  Page;  Aristófanes,  Paz  698  s.;  Calímaco, 
Fr.  222  Pfeiffer. 


CARTAS 


105 


siglos  y  Antemio,  gracias  a  la  poesía  de  Teotimo,  será  un  io 
nombre  importante  en  los  círculos  literarios,  mientras  haya 
griegos.  ¡Ojalá  él  incremente  la  prosperidad  de  los  romanos 
y  tú  su  propia  fama!  Que  Dios  le  concedió  al  arte  poética 
dispensar  la  gloria  y  su  encanto  te  envuelve. 

52 

A  SU  HERMANO 
A  Alejandría,  quizá  desde  Ptolemaida,  alrededor  del  407 

Unos  dicen  que  Juan283  ha  matado  a  Emilio;  otros,  que 
sus  enemigos  en  las  tareas  públicas  inventaron  todo  esto 
contra  él.  Pues  bien,  la  verdad  la  sabe  la  Justicia284  y  el 
tiempo  la  descubrirá.  Por  mi  parte,  aun  siendo  incierto  el 
caso,  creo  que  es  necesario  alejarse  en  conjunto  de  todos 
éstos:  del  uno,  porque  es  un  hombre  de  tal  clase  que,  aunque  5 
no  haya  hecho  nada,  podría  haberlo  hecho  y,  por  eso,  ha 
recibido  una  acusación  en  consonancia  con  sus  costumbres; 
de  los  otros,  porque,  aun  no  habiendo  inventado  nada,  lo 
podrían  haber  inventado  y  es  una  tentativa  digna  de  ellos. 
Cuando  exista  alguna  sospecha  de  un  comportamiento  im- 
propio, aunque  muchos  se  conjuren  para  atestiguarlo,  no 
por  ello  habrá  que  prestarles  más  crédito.  Por  ejemplo,  si  lo 
uno  acusara  de  prostituido  a  Áyax,  la  risotada  sería  grande: 
Alejandro  285,  en  cambio,  si  no  sodomita,  afeminado  sí  fue  y 

283  El  destinatario  de  la  C.  2. 
™  Cf.  C.  43,  148,  n.  259. 

285  París,  según  el  escolio.  Pero  podría  tratarse  de  Alejandro  Magno:  cf. 
Sinesio,  Calv.  85  b,  n.  165. 


106 


SINESIO  DE  CIRENE 


dio  pie  a  esta  acusación.  A  Sísifo  y  a  Odiseo  286  los  odio,  pues 
aun  cuando  hubieran  podido  decir  alguna  verdad,  eran  tales 
como  para  mentir  la  mayoría  de  las  veces.  Yo,  dentro  de  mi 
15  infortunio,  soy  muy  afortunado  por  estar  libre  de  conciuda- 
danos de  tal  clase,  sean  enemigos  o  amigos.  Parapetado 
permanezca  yo  contra  todos  éstos,  sin  tener  nada  que  ver 
con  ninguno  de  ellos.  ¡Ojalá  viva  como  un  extranjero  entre 
extranjeros! 

Nuestras  costumbres,  antes  que  el  lugar  de  nacimiento, 
son  las  que  nos  separan  de  los  demás.  Lloro  por  el  glorioso 

20  suelo  de  Cirene,  el  que  antaño  habitaban  los  Carnéades  y  los 
Aristipos 287,  y  ahora  los  Juanes  y  los  Julios  288:  entre  éstos 
me  encuentro  desazonado  y,  lejos  de  ellos,  en  mi  sazón.  En 
cuanto  a  ti,  ni  me  escribas  más  sobre  los  problemas  que  allí 
tenga  nadie,  ni  me  recomiendes  a  individuos  que  estén  pro- 
cesados, pues  a  ninguno  de  éstos  me  ofrecería.  Sí  que  sería 
yo  el  colmo  del  infortunio  si  me  viera  privado  de  los  bienes 

25  de  mi  queridísima  patria  y,  por  el  contrario,  tomara  parte  en 
disputas  y  problemas  que  me  arrastraran  fuera  del  recreo 
filosófico 289  y  si,  además,  después  de  haber  escogido  la  po- 
breza como  única  ganancia  de  mi  inactividad  290,  tuviera  que 
ocuparme  gratis  de  los  males  ajenos. 


286  Ejemplos  proverbiales  de  astucia  y  falsedad:  cf.  Corp.  Paroem. 
Graec.  II  191,  7. 

287  Carnéades  (214-129  a.  C),  posterior  a  Arcesilao,  pertenece  a  la 
llamada  Academia  Nueva.  Aristipo  (435-355  a.  C),  discípulo  de  Sócrates, 
fundó  la  escuela  cirenaica  o  hedonista. 

288  Julio  es  un  decurión  a  quien  Sinesio  se  refiere  en  varias  ocasiones. 

289  Aquí  el  término  empleado  es  rhaistóné  en  vez  de  scholé,  «ocio»:  cf. 
C.  11,  8  ss.  (y  41,  85  ss.). 

290  Sobre  esta  «inactividad»,  cf.,  de  nuevo,  C.  11,  8  ss. 


CARTAS 


107 


53 

AL  MISMO 

Desde  la  isla  de  Faros  a  Ficunte,  a  comienzos  del  405 


Zarpamos  de  Ficunte291  al  despuntar  el  alba  y,  ya  avan- 
zada la  tarde,  atracamos  en  el  golfo  de  Eritra292.  Allí  nos 
detuvimos  lo  indispensable  para  beber  y  hacer  aguada  (hay 
manantiales  en  la  misma  orilla  que  dan  agua  pura  y  agrada- 
bilísima) y,  de  nuevo,  apremiados  por  los  carpatios  293,  5 
nos  dirigimos  hacia  alta  mar.  Aprovechamos  un  viento  suave, 
pero  siempre  de  popa,  y  pusimos  nuestras  esperanzas  en  no 
tener  que  llevar  a  cabo  día  a  día  nada  fuera  de  lo  común. 
Así,  sin  darnos  cuenta,  todo  lo  necesario  quedó  ultimado  y 
al  quinto  día  vimos  esa  luminaria294  que  se  levanta  sobre  la 
torre  como  señal  para  los  que  quieren  arribar  y,  en  menos  de 
lo  que  se  tarda  en  decirlo,  desembarcamos  en  la  isla  de 
Faros.  Es  una  isla  miserable,  en  la  que  no  se  dan  ni  espesuras  10 
ni  frutos,  aunque  sí  algunas  salinas  295. 


291  Cf.  n.  262. 

292  Etre  Apolonia  y  Darnis  (hoy  Derna). 

293  Afamados  marineros:  cf.  C.  38,  2,  n.  162. 

294  Se  trata  del  célebre  faro  de  la  isla  de  este  nombre:  cf.  C.  5,  2,  n.  34. 

295  La  descripción  concuerda  con  otras  que  conservamos:  cf.  Estrabón, 
XVII  791  s.;  Pseudo-Escílax,  Fr.  107. 


108 


SINESIO  DE  CIRENE 


54 

AL  MISMO 
Desde  drene  a  Ficunte 

Se  cuenta  que  ha  llegado  de  Atenas  el  vendedor  de 
calzado  a  quien  me  parece  que  compraste  el  pasado  años  tus 
zapatillas  caladas.  Ahora  dicen  que  comercia  con  mayor 
número  de  artículos,  que  trae  vestidos  de  confección  ática, 
trajes  ligeros  para  el  calor  que  te  van  bien  a  ti  y  para  mí 
5  capas  de  verano.  Por  eso,  antes  de  que  lo  liquide  todo 
volando  o,  al  menos,  lo  de  mejor  hechura  (pues  quienes  se  lo 
encuentran  primero  está  claro  que  no  se  dignan  mirar  por 
los  que  vienen  detrás  sino  sólo  por  sí  mismos),  ¡vamos!, 
llama  al  extranjero  y  cómprame  tres  o  cuatro  de  esas  capas. 
En  cualquier  caso,  el  precio  que  pagues  yo  te  lo  restituiré 
multiplicado. 

55 

AL  MISMO 
Desde  drene  a  Ficunte,  en  el  405 

Una  carta  larga  denuncia  falta  de  familiaridad  con  el 
portador  m.  Pero  el  admirable 297  Acacio  sabe  tanto  como  yo 

296  La  teoría  epistolar  antigua  exigía  la  brevedad  de  la  carta  (cf.  nuestra 
introducción  a  las  Cartas,  n.  3).  Era  el  portador  de  la  misma  el  encargado 
de  exponer  los  detalles  oralmente  al  destinatario:  cf.  C.  84,  1  s.  (y  ed. 
Garzya,  1989,  pág.  232,  n.  1). 

297  Thaumastós  podría  considerarse  a  veces  (cf .  C.  46, 2)  como  un  título 


CARTAS 


109 


y  te  dirá  más  aún  de  lo  que  sabe,  porque  siente  por  ti  mucho 
cariño  y  tiene  una  lengua  que  sobrepuja  los  hechos.  De 
modo  que  esta  carta  te  la  entrego  más  por  la  formalidad  de  5 
saludarte  que  por  precisión.  El  hecho  de  comunicarte,  acerca 
de  tu  hijo  Dioscorio  298,  que  goza  de  salud  y  que  lee  y  está 
pegado  a  los  libros,  éste  será  el  único  valor  de  la  carta. 

Le  hemos  ofrecido  una  agrupación  de  hermanos,  tras 
haberle  sumado  a  Hesiquio  un  par  de  varones  299 .  Ojalá  Dios  10 
les  conceda  la  felicidad  a  éstos,  a  todos  los  hermanos,  a  la 
casa  de  sus  padres,  al  resto  de  la  familia  y  a  las  ciudades 
patrias. 

56 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  395  y  el  399. 
Anterior  a  la  C.  136 

Muchos  de  los  cercanos  a  mí,  tanto  seglares  como  sacer- 
dotes, a  base  de  fingir  ciertos  sueños  a  los  que  ellos  llaman 
revelaciones,  me  parece  que,  en  plena  vela,  me  van  a  hacer 
la  vida  imposible  como  no  llegue  yo  cuanto  antes  a  tomar 
tierra  en  la  sagrada  Atenas.  Conque,  cada  vez  que  llegues  tú 
a  encontrarte  con  un  patrón  de  buque  del  Pireo,  escríbeme,  5 

honorífico.  Thaumasié tatos  (y  thaumásios)  ya  se  encuentra  con  este  valor 
en  el  siglo  v  d.  C:  cf.  Preisigke,  Worterbuch...  III,  Abschn.  9,  Ehrentitel, 
pág.  190. 

298  Se  educaba  en  casa  de  Sinesio,  su  tío. 

299  Hesiquio,  el  primogénito  de  Sinesio,  nació  en  el  404  y,  al  año 
siguiente,  los  dos  gemelos. 


110 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  allí  me  encontraré  yo  con  tus  cartas.  De  mi  viaje  a 
Atenas  no  sólo  me  beneficiaré  por  el  hecho  de  librarme  de 
los  presentes  conflictos  30°,  sino  también  por  no  tener  ya  que 
hincarme  de  rodillas,  en  materia  de  cultura,  ante  quienes 
regresan  de  allí.  Éstos  no  se  diferencian  de  nosotros,  los 
mortales  (no,  al  menos,  en  cuanto  a  comprender  a  Aristóteles 
10  y  a  Platón),  pero  entre  nosotros  se  conducen  como  semi- 
dioses  entre  «semiasnos»  m,  porque  han  visto  la  Academia, 
el  Liceo  y  el  lugar  en  el  que  Zenón  filosofaba,  el  Pórtico 
Pintado  302,  que  ahora  ya  no  está  pintado,  pues  el  procónsul 
retiró  los  paneles  303,  con  lo  que  les  impidió  que  presumieran 
de  sabiduría. 

57 

AL  MISMO 304 
Desde  drene  a  Alejandría 

En  el  momento  en  que  soltaste  amarras,  detuve  yo  las 
muías  en  el  litoral  del  oeste.  Pero,  al  bajar  del  carro,  te 


300  En  el  395,  por  ejemplo,  Sinesio  tuvo  que  hacer  frente  a  una  invasión 
de  los  ausurianos. 

301  Cf.  Platón,  Alejandro  51,  25.  Intentamos  mantener  el  juego  de 
palabras:  en  hémiónois  («entre  mulos»)  hémüheoi. 

m  La  Estoa  Pécile  (poikílé,  «pintada»)  o  Pisianactea  (Pisianacte,  suegro 
de  Cimón,  la  mandó  construir)  estaba  decorada  con  pinturas  de  Polignoto 
y  dio  nombre  a  los  estoicos  (cf.  C.  136,  12).  Zenón  de  Citio  comenzó  a 
deambular  por  allí  y  a  pronunciar  sus  discursos  hacia  el  301  a.  C:  cf. 
Diógenes  Laercio,  VII  5. 

303  Todavía  estaban  en  su  sitio  en  torno  al  año  360,  según  atestigua 
Himerio  (Discursos  LIX  3). 

304  Garzya  (ed.  1979,  pág.  97,  n.  ad  loe,  y  ed.  1989,  pág.  171,  n.  1)  se 
pregunta  si  habrá  que  pensar  en  una  fuente  común  para  esta  carta  y  la  Oda 
I  3  de  Horacio. 


CARTAS 


111 


hinchó  ya  la  vela  el  viento  de  popa.  No  obstante,  mis  ojos  os 
acompañaron  hasta  donde  pudieron  llegar.  Mucho  les  hablé 
a  los  vientos  en  favor  de  la  persona  amada,  recomendándoles 
la  nave  a  la  que  yo  había  confiado  esa  valiosísima  carga. 
Ellos,  que  no  son  ingratos  con  la  bondad,  me  prometieron 
tu  feliz  ida  y  venida:  siendo  como  son  divinidades  benévolas, 
jamás  mentirían.  Tú,  lo  mismo  que  les  suplicaste  al  partir  de 
aquí,  suplícales  también  cuando  de  allí  regreses  hacia  acá: 
mucho  más  propicios  te  resultarán  entonces. 

58 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría.  Posterior  a  la  C.  55 

Cometes  injusticia  conmigo  tú,  divina  y  sagrada  persona, 
porque,  después  de  haber  empujado  a  un  alma  como  la  mía, 
simple  y  conquistable  por  el  roce,  a  amarte  extraordinaria- 
mente a  ti  y  a  nuestra  sobrina 305,  ahora  me  separas  de  ti  y  de 
nuestra  sobrina.  Lo  cierto  es  que  cuando  estaba  con  ella  era 
una  doble  imagen  la  que  veía:  por  medio  de  la  joven  se  me 
hacía  presente  el  tío.  Ahora  todo  lo  que  amo  se  ha  ido  y  a  mi 

305  Sé  te  ka)  ten  adelphidén:  en  la  C.  145,  5  s.,  Sinesio  habla  de  una 
sobrina,  hija  de  un  tal  Amelio,  quien,  a  su  vez,  sería  el  esposo  de  una 
hermana  de  Sinesio  distinta  de  Estratonice:  cf.  C.  7,  n.  91  (y  ed. 
Lacombrade,  Himnos,  pág.  VIH;  Garzya,  sin  embargo,  traduce:  «...  ad 
amare  straordinariamente  te  e  la  figlia  di  tuo  fratello,  la  separi  ora  e  da  te 
e  dalla  ñipóte»).  El  destinatario  de  esta  carta  podría,  entonces,  no  ser 
Evoptio  (de  quien  sólo  conocemos  un  hijo  llamado  Dioscorio):  cf.  O. 
Seeck,  «Studien  zu  Synesios»,  Philologus  52  (1893),  442-483. 


112 


SINESIO  DE  CIRENE 


propia  naturaleza  le  reprocho  su  desmesurada  propensión  a 
ser  víctima  de  injusticia.  Y,  si  alguna  ventaja  tiene  la  filosofía, 
me  reintegraré  de  un  carácter  más  viril  y,  en  adelante,  me 
encontraréis  duro  como  un  roble  e  impertérrito. 

59 

A  ANISIO 306 

Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla,  después  del  411 

Aquél  a  quien  he  dado  la  carta  es  filósofo  de  alma  y 
abogado  de  profesión  307.  Pues  bien,  mientras  Anisio  estuvo 
aquí  y  hubo  una  Pentápolis  308,  él  aún  ejercía  esa  profesión 
entre  nosotros.  Pero  cuando,  después  de  ti,  vinieron  esas 
fechas  que  nos  entregaron  en  manos  de  los  enemigos  y 
5  dejaron  en  calma  los  tribunales,  decidió  navegar  hacia  otro 
foro,  «donde  una  lengua  en  venta,  mercancía  propia  de 
abogados»,  hace  del  abogado  un  personaje  conocido.  Pro- 
cúrale tú  la  amistad  de  alguien  que  ocupe  el  gobierno  de  una 
provincia  y,  por  el  dios  de  la  amistad  que  nos  une  a  ti  y  a 
mim,  aquél,  a  quien  pidas  el  favor,  te  estará  agradecido 
cuando  lo  pongas  a  prueba. 


306  En  el  411  Anisio  abandonó  el  cargo  de  dux  (comandante  militar)  de 
Libia:  cf.  Sinesio,  Vise.  (Catástasis  minor). 

307  El  portador  de  la  carta  es  Pilémenes  (cf.,  arriba,  n.  296).  Sobre  este 
personaje,  cf.  C.  71,  4  s. 

308  Las  consecuencias  de  la  tercera  invasión  bárbara  (a  partir  de  la 
primavera  del  41 1)  fueron  funestas:  cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior). 

3°»  Cf.  n.  280. 


CARTAS 


113 


60 

A  AUXENCIO 

En  el  caso  de  que  te  denuncie  por  un  crimen  de  lesa 
amistad,  siendo  Dios  y  hombres  piadosos  quienes  juzguen, 
venceré  por  la  totalidad  de  los  votos.  Pues,  ¿qué  hago  yo 
metido  en  medio  de  esa  enemistad  entre  mi  hermano  y  tú? 
Porque  lo  cierto  es  que  a  mí  no  me  parecía  oportuno  que  en 
su  actuación  política  él  siguiera  al  bienaventurado 310  Faos  5 
contra  Sabacio.  Tú,  al  no  convencerlo  con  tus  palabras, 
volviste  tu  enojo  contra  mí  y  me  causabas  todo  el  mal  de  que 
eras  capaz.  También  yo  acepté  (pues  en  aquel  entonces 
podía)  esa  invitación  a  la  contienda,  pero  ahora  ni  puedo  ni 
quiero.  Y  es  que  los  años  hacen  bien  en  extinguir  mi  afán  de 
porfía  y  las  leyes  sagradas,  según  dicen,  lo  prohiben. 

Además,  me  acuerdo  de  nuestra  común  crianza  y  educa-  10 
ción  y  de  la  estancia  en  Cirene,  cosas  que  debemos  considerar 
más  importantes  que  el  litigio  con  Sabacio.  Mantén,  pues,  la 
amistad,  que  es  algo  precioso,  y  recibe  mi  saludo:  creo 
suficiente  castigo  para  ti  el  tiempo  que  he  estado  en  silencio, 
aunque  corroyéndome  (¿o  cómo  te  crees  tú?).  Sin  embargo 
perserveraba  en  la  medida  de  lo  posible:  ¡un  mal  tan  grande  15 
es  el  afán  de  porfía! 


310  Cf.  n.  130. 


114 


SINESIO  DE  CIRENE 


61 

A  PILÉMENES 
Desde  drene  a  Constantinopla,  ya  avanzado  el  402 

Cuando  tuve  que  dormir  delante  del  palacio  imperial311, 
el  taquígrafo 312  Asterio  vio  y  me  pidió  el  gran  tapiz  egipcio 
que  yo  llevaba  no  para  tenerlo  echado  bajo  un  cobertor  sino 
'  para  que  él  sólo  me  sirviera  de  cobertor.  Le  prometí  que,  al 
5  irme,  se  lo  dejaría  como  regalo,  pues  en  aquel  momento  no 
me  era  posible  complacerlo,  expuesto  como  me  hallaba  a  las 
nieves  de  Tracia.  Se  lo  envío  ahora,  dado  que  entonces  no 
pude  dejárselo.  Tú  se  lo  entregarás  con  mis  excusas:  de  esta 
justificación  mía  tú  mismo  darás  testimonio  con  tal  que 
recuerdes  las  circunstancias  en  las  que  abandoné  la  ciudad, 
ío  Dios  se  puso  a  sacudir  aquel  día  la  tierra  muchas  veces 3I3, 
mientras  una  enorme  cantidad  de  gente  rezaba  de  bruces, 
pues  el  suelo  no  cesaba  de  temblar.  Yo,  en  ese  momento, 
considerando  más  seguro  el  mar  que  la  tierra,  aprieto  a 
correr  hacia  el  puerto,  sin  decir  palabra  a  nadie  excepto  al 
bienaventurado 314  Focio,  y  eso  gritándole  de  lejos  y  hacién- 
dole señales  con  la  mano  de  que  iba  a  partir.  Quien  se  fue  sin 


311  Durante  la  embajada  (399-402). 

312  Los  conocimientos  de  taquigrafía  (también  los  de  derecho  y  latín) 
eran  usuales  en  la  burocracia  del  siglo  v:  cf.  A.  Garzya,  «II  Dione  di 
Sinesio  nel  quadro  del  dibattito  cultúrale  del  iv  secólo  d.  C»,  Riv.  Filol. 
Istruz.  Class.  100  (1972),  32-45. 

313  Se  trata  del  seísmo  de  Constantinopla  del  año  402,  del  que  tenemos 
algunos  testimonios  (quizá,  entre  otros,  Orosio,  III  3,  2):  cf.  ed.  Garzya, 
1979,  pág.  101,  n.  ad  loe. 

314  Cf.  n.  130. 


CARTAS 


115 


saludar  a  Aureliano,  querido  amigo  y  cónsul 315,  queda  excu-  15 
sado  de  esto  mismo  ante  su  asistente,  Asterio. 

Así  fue  como  entonces  sucedió.  Y  si  es  verdad  que  desde 
mi  regreso  de  allí  éste  es  el  tercer  viaje  de  la  nave  hacia  la 
región  de  Tracia,  también  lo  es  que  es  la  primera  vez  que 
viaja  por  encargo  mío.  Ahora,  pues,  tan  pronto  como  me  ha 
sido  posible,  estoy  pagando  mi  deuda  por  mediación  tuya.  20 
Hazme  el  favor  de  encontrar  a  este  hombre.  Me  he  adelantado 
a  indicarte  su  nombre  y  ocupación,  pero  debo  añadir  algunos 
datos  más,  pues  podría  ocurrir  que  hubiera  alguien  con  el 
mismo  nombre  y  la  misma  profesión.  Pero  difícilmente  va  a 
coincidir  todo  en  el  mismo  sujeto,  pues  este  otro  tendría  que 
ser,  a  un  tiempo,  sirio  de  raza,  oscuro  de  piel,  enjuto  de 
rostro  y  de  mediana  estatura.  Vive  junto  al  palacio,  pero  no  25 
la  residencia  oficial,  sino  la  de  enfrente,  la  que  antes  era  de 
Ablabio  y  ahora  es  de  Placidia316,  la  hermana  de  los  dos 
emperadores.  Y  si  se  hubiera  mudado  (lo  que  bien  pudo  ser), 
busca  a  Marco,  una  persona  conocidísima,  del  despacho  del 
prefecto  (él  era  quien  entonces  dirigía  la  sección  de  los  30 
taquígrafos  de  la  que  formaba  parte  Asterio).  Seguro  que 
por  medio  de  Marco  encontrarás  a  los  de  la  sección,  en  la 
que  Asterio  no  era  el  último,  sino  el  tercero  o  cuarto  de 
ellos,  y  ahora  incluso  podría  ser  el  primero. 

A  él  le  darás  este  espeso  tapiz  y  le  dirás  todo  lo  que  yo  te 
he  contado  acerca  de  aquellas  horas.  Si  quieres,  puedes  35 
incluso  leerle  la  carta.  Y  es  que  la  guerra317  no  me  deja 

315  Aureliano  en  el  402  no  era  hypatos,  «cónsul»,  sino  hyparchos  (o 
hypatos  hyparchos),  «prefecto  del  pretorio»:  cf.  n.  150. 

316  Ablabio  fue  cónsul  en  el  331.  Gala  Placidia  era  hija  de  Teodosio  el 
Grande  y  hermana,  por  tanto,  de  Arcadio  y  Honorio. 

317  Seguramente  sería  el  anticipo  de  la  segunda  gran  invasión  de  los 
nómadas  que  comenzó  en  el  405  (la  primera  fue  en  el  395:  cf.  n.  308). 


116 


SINESIO  DE  CIRENE 


tiempo  para  escribirle  también  a  él,  pero  lo  que  es  ser  justos 
nada  hay  acaso  que  nos  lo  impida.  ¡Ojalá  nunca  tengan 
tanto  poder  las  armas! 

62  '7"' 
AL  MAGISTRADO 

Desde  Pío  lema  ida,  en  el  413 

Recompensa  de  la  virtud  es  el  elogio 318  que  tributamos  al 
ilustrísimo  Marcelino 3",  ahora  que  cesa  en  su  cargo,  ahora 
que  toda  sospecha  de  adulación  es  ociosa.  Él,  que  al  llegar 
encontró  a  nuestras  ciudades  hostigadas,  desde  el  exterior 
por  una  furiosa  multitud  de  bárbaros,  y  desde  el  interior  por 

5  la  indisciplina  de  la  tropa  y  por  la  ambición  de  los  oficiales, 
apareció  como  un  dios  y  a  todos  los  hizo  más  cuerdos,  a  los 
enemigos  con  una  sola  batalla,  a  los  súbditos  con  su  dedica- 
ción diaria.  De  ambos  peligros  dejó  tranquilas  a  las  ciudades. 
Desdeñó  esas  ganancias  que  la  costumbre  ha  hecho  ya  que 
parezcan  legítimas.  No  maquinó  contra  los  ricos,  no  ultrajó 

10  a  los  pobres;  para  con  Dios  fue  piadoso,  para  con  sus  con- 
ciudadanos justo,  para  con  los  suplicantes  humanitario.  Por 
eso,  no  se  avergüenza  de  elogiarlo  un  sacerdote  filósofo  320, 
de  quien  nadie  obtuvo  jamás  un  testimonio  falseado  por 
afán  de  complacer.  Sin  duda  habríamos  querido  que  estuviera 

318  Esta  especie  de  sentencia  aparecerá  posteriormente  en  las  obras  de 
otros  autores:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  176,  n.  1. 

319  Fue  dux  (comandante  militar)  de  Libia  hasta  el  año  413. 

320  Cf.  C.  41,  130. 


CARTAS 


117 


también  presente  con  nosotros  el  tribunal  de  justicia  en 
pleno,  para  que,  tanto  en  común  como  individualmente,  cada  15 
uno  de  los  ciudadanos  de  Ptolemaida  le  tributara  en  pago 
una  ofrenda  dentro  de  sus  posibilidades,  aunque  no  fuese  la 
justa,  ya  que  las  palabras  están  siempre  muy  por  debajo  de 
los  hechos.  En  cualquier  caso  yo  también  hubiera  pronun- 
ciado entonces  un  discurso  en  nombre  de  la  comunidad. 

Pero,  como  coincide  que  él  está  más  allá  de  nuestras 
fronteras,  en  esta  carta  deposito  para  él  nuestro  testimonio 
de  alabanza,  y  no  porque  se  nos  insista  importunamente 
sino  porque  nosotros  insistimos  en  hacerlo. 

63 

A  JUAN 321 

De  la  amistad  de  los  poderosos  se  debe  usar,  no  abusar. 

64  " 
AL  MISMO 

No  pidas  cosas  grandes,  porque  una  de  dos  322:  o  las 
consigues  y  afliges  a  otros,  o  no  las  consigues  y  te  afliges  a 
ti  mismo. 


321  Cf.  C.  2,  n.  8.  La  C.  63  y  la  64  son  meras  sentencias  que  probablemente 
podían  leerse  en  alguna  carta  perdida.  Su  consideración  de  cartas  habría 
que  atribuirla  al  editor  postumo  del  epistolario  sinesiano:  cf.  ed.  Garzya, 
1989,  pág.  59. 

322  Literalmente:  «para  que  no  ocurra  una  de  estas  dos  cosas». 


118 


SINESIO  DE  CIRENE 


65 

A  SU  HERMANO 

Te  he  remitido  los  dos  Dionisios  323,  para  que  uno  de  los 
dos  libros  lo  recibas  y  el  otro  lo  recobres. 

66 

A  TEÓFILO 

Desde  Palebisca  o  Hídrax324  a  Alejandría,  en  el  411. 
Posterior  a  la  C.  67 

No  es  sólo  que  yo  quiera  sino  que  hay  en  mí  una  divina 
necesidad  de  considerar  como  ley  todo  lo  que  esa  tu  sede 
sancione 325.  Por  ello,  después  de  haberme  excusado  de  cele- 
brar un  oficio  de  difuntos,  de  haber  sometido  mi  cuerpo, 
aún  convaleciente,  a  esfuerzos,  de  haber  recorrido,  como  si 
5  no  fuera  peligrosa,  una  ruta  peligrosa,  cercada  de  armas 
enemigas,  ahora  me  encuentro  en  Palebisca  e  Hídrax.  Son 
éstas  unas  aldeas  de  la  Pentápolis,  en  los  confines  mismos 

323  Seguramente  se  trate  de  Dionisio  de  Halicarnaso  y  de  Elio  Dionisio 
de  Halicarnaso. 

324  Aldeas  de  la  Pentápolis.  Sinesio,  por  mandato  de  Teófilo,  el  patriarca 
de  Alejandría,  hace  una  visita  pastoral  para  comprobar  la  situación  de  estas 
lejanas  comunidades  (expuestas  al  arrianismo)  y  examinar  si  el  obispo  allí 
existente  merece  la  aprobación  o  debe  ser  sustituido. 

325  El  verbo  aquí  empleado,  thespizó,  «profetizar»  y  el  sustantivo  thés- 
pisma,  aparecen  en  el  Bajo  Imperio  para  referirse  a  disposiciones  o  leyes 
decretadas  por  el  emperador. 


CARTAS 


119 


del  desierto  libio  326.  Al  llegar  aquí  convoqué  a  los  habitantes, 
les  leí  una  carta  y  les  entregué  otra  (pues  la  una  iba  dirigida 
a  ellos  y  la  otra,  que  también  trataba  sobre  ellos,  a  mí).  10 
Pronuncié  luego  un  discurso  que  se  adaptaba  a  la  elección 
de  prelado,  con  el  fin  de  convencerlos  y,  si  fuera  conveniente, 
obligarlos  a  tomar  en  consideración  el  asunto  del  obispo, 
pero  no  pude  quebrantar  el  favor  del  pueblo  hacia  el  piado- 
sísimo Pablo  327. 

Pretendo  que  me  creas,  padre:  no  querría  yo  haber  hecho 
este  viaje  en  vano.  Choqué  contra  un  pueblo  que  me  apreciaba  15 
mucho:  si  alguno  de  sus  próceres  puso  el  grito  en  el  cielo  o 
si  alguno,  tras  levantar  una  tarima  y  subir  a  ella,  pretendió 
ser  el  abogado  defensor  de  todos  y  extenderse  en  un  discurso 
al  respecto,  yo  lo  entregué,  por  venal  y  por  conspirador,  en 
manos  de  los  alguaciles,  después  de  ordenar  que  lo  bajaran 
de  allí  rodando  y  lo  expulsaran  de  la  asamblea.  Al  pueblo,  20 
confuso  como  estaba,  una  y  mil  veces  me  lo  concilié  y  le 
impuse  orden  y  por  todas  las  vías  posibles  vine  a  glorificar 
con  mis  palabras  esa  tu  sede  patriarcal  y  a  convencerlos  de 
que  al  rechazarte  u  honrarte  a  ti,  se  rechaza  o  se  honra  a 
Dios  328.  Ellos  entonces  con  voces  de  respeto  invocaron  el 
beato  329  nombre  de  tu  piadosa  persona  y,  postrados,  te  25 

326  Literalmente  «de  la  sedienta  Libia». 

327  Obispo  de  Eritro.  , 

328  Cf.  1  Tesalonicenses  4,  8. 

329  El  empleo  del  adjetivo  makários  como  sinónimo  de  makarítés  (cf.  n. 
130)  es  casi  exclusivo  de  los  siglos  v  al  vm  d.  C.  (pero  ya  en  Platón,  Leyes 
947  e;  y  cf.  las  líneas  56  y  71  de  la  presente  carta).  Sin  embargo,  como  aquí, 
también  se  podía  aplicar  a  los  vivos  con  el  valor  de  epíteto  honorífico, 
según  se  atestigua  en  Hipólito,  Refutación  IX  12  o  en  Eusebio,  Hist.  ecl. 
VI  11,  6  y  en  las  cartas  cristianas  griegas  del  siglo  v.  Cf.,  al  respecto, 
O'Callaghan,  Cartas...,  págs.  121  s.  y  136  (cartas  27  y  33). 


120 


SINESIO  DE  CIRENE 


suplicaban,  como  si  estuvieras  presente,  con  gritos  y  lamentos. 
Pues  bien,  entre  los  hombres  la  cosa  fue  menor,  aunque  vino 
a  parar  más  allá  de  lo  que  yo  esperaba;  pero  las  mujeres,  que 
son  lo  más  inmanejable  que  hay,  levantaban  los  brazos 
ofreciendo  a  sus  recién  nacidos  y  cerraban  los  ojos,  como 

3o  para  no  tener  que  fijarlos  en  aquella  sede  vacía  de  su  prelado 
habitual,  y  poco  faltó  para  que  provocaran  en  mí  un  senti- 
miento parecido,  a  pesar  de  que  mi  postura  era  contraria  a 
la  suya.  En  el  temor  de  que  me  fuera  a  ocurrir  esto  (pues  me 
daba  cuenta  de  que  me  estaba  dejando  llevar),  disolví  la 
asamblea  y  ordené  que  volviera  a  reunirse  tres  días  después, 
al  tiempo  que  imprecaba  con  las  más  violentas  imprecaciones 

35  a  todo  aquel  que  por  dinero,  por  conveniencia,  por  complacer 
o,  en  general,  por  algún  interés  privado  profiriera  alguna 
cosa  de  las  que  promueven  la  desobediencia  a  la  Iglesia. 

Llegó  el  día  señalado  y  el  pueblo  se  presentó  de  nuevo 
con  actitud  hostil  y  combativa.  Ni  siquiera  aguardó  a  que  se 
le  preguntara,  sino  que  de  inmediato  el  tumulto  fue  total  y 
se  produjo  un  vocerío  confuso,  en  el  que  los  oídos,  por  el 
enorme  retumbo,  eran  incapaces  de  distinguir  nada.  En 

4o  cuanto  los  heraldos  eclesiásticos  330  impusieron  silencio,  los 
gritos  acabaron  tornándose  lamentos.  Oírlos  y  demudarse  el 
rostro  de  tristeza  era  todo  uno:  lamentos  de  hombres,  gemidos 
de  mujeres,  llantos  de  niños331;  uno  decía  que  añoraba  a  su 
padre,  otro  a  su  hijo,  otro  a  su  hermano332,  y  así,  según  la 
edad,  se  repartían  los  diversos  nombres  de  parentesco.  Y 

45  cuando,  entretanto,  me  disponía  yo  a  hablar,  se  me  muestra 

330  Podríamos  traducir  hierokérykes  por  «silenciarios». 

331  Cf.  C.  41,  139  s. 

332  Según  el  escolio  ad  loe.  (cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  182,  n.  2),  estos 
términos  hacen  referencia  al  obispo  Pablo. 


CARTAS 


121 


un  escrito  que  había  salido  del  centro  de  la  muchedumbre  y 
uno  me  pide  que  se  lo  lea  públicamente  a  todos.  En  él  se  me 
conjuraba  a  que  dejara  de  tantear  por  la  fuerza  a  la  muche- 
dumbre y  a  que  aplazara  mi  deliberación  hasta  que  ellos 
pudieran  enviar  a  tu  beatísima  333  persona  un  embajador  con 
su  dictamen  acerca  del  asunto.  Se  me  solicitaba  además  que 
hiciera  un  alegato  por  escrito  en  el  que  informara  de  lo  que 
yo,  a  mi  vez,  me  había  informado.  50 

Se  decía,  en  efecto,  por  parte  de  los  sacerdotes  del  sínodo 
y  de  toda  la  muchedumbre  en  público  (y  el  escrito  exponía 
esto  mismo  circunstanciadamente)  que  era  tradición  ancestral 
y  apostólica  334  el  hecho  de  que  estas  iglesias  pertenecieran  a  55 
la  de  Eritro,  pero  que  se  distanciaron  respecto  del  beato 335 
Orion  por  ser  demasiado  anciano  y  por  pesar  sobre  él  la 
imputación  de  que  era  el  colmo  de  la  benignidad  (y  es  que 
estojia  sido  siempre  una  mácula  ajuicio  de  quienes  pretenden 
que  el  sacerdocio  sea  una  salvaguardia  en  todo  lo  relacionado 
con  los  hombres  y  que  se  ocupe  de  asuntos  muy  diversos  336). 

También  decían  que,  como  su  vida337  se  prolongaba,  no  60 
se  resignaron  a  esperar  el  fin  de  aquel  justo,  sino  que  propu- 


333  Cf.  n.  329. 

334  para  Cirene  en  el  Nuevo  Testamento,  cf.  Marcos,  15,21;  Hechos  2, 
10;  11,20;  13,  1. 

335  Aquí  makários  con  el  sentido  de  makarítes,  referido  a  un  difunto:  cf. 
n.  329.  Orión  fue  otro  obispo  de  Eritro. 

336  Realmente  las  carencias  del  poder  civil  en  esta  época  obligaban  a  los 
obispos  a  encargarse  de  cometidos  que  iban  más  allá  de  lo  puramente 
religioso,  como  la  asistencia  social,  la  administración  de  justicia,  asuntos 
políticos  y  militares  etc.:  cf.  A.  di  Berardino,  Patrología  III,  págs.  16  s.; 
H.  von  Campenhausen,  Los  Padres...,  págs.  165  s.;  F.  A.  García  Romero, 
«El  episcopado  en  los  siglos  iv  y  v.  El  ejemplo  de  Sinesio»,  Actas  del  III 
Congreso  Andaluz  de  EE.CC.  (en  prensa)  y  cf.,  abajo,  nn.  486  y  644. 

33'  La  de  Orión. 


122 


SINESIO  DE  CIRENE 


sieron  para  la  dignidad  al  bienaventurado  338  Siderio.  Les 
parecía  éste  un  hombre  joven  y  activo,  que  regresaba  del 
servicio  militar  en  el  ejército  del  emperador  Valente 339  para 
encargarse  de  la  administración  de  las  tierras  por  él  solicita- 
das, una  persona  capaz  de  causar  el  mal  a  sus  enemigos  340  y 

65  servir  de  provecho  a  sus  amigos.  En  aquel  entonces  también 
se  estaba  consolidando  lo  de  las  herejías 341,  pues  iban  preva- 
leciendo gracias  a  una  multitud  de  seguidores.  Era  la  ocasión 
oportuna  para  la  habilidad,  que  es  el  instrumento  de  la 
inteligencia.  Así  pues,  fue  él,  única  y  exclusivamente,  el 
designado  como  obispo  de  Palebisca.  Pero  la  designación 
no  fue  legal.  En  efecto,  se  hizo  ilegalmente,  según  al  menos 
lo  que  he  oído  contar  a  los  ancianos,  porque  ni  fue  ordenado 

70  en  Alejandría  ni  por  tres  obispos  aquí342,  aunque  de  allí  se 
había  dado  el  permiso  convenido  para  la  elección343.  Y  es 

338  De  nuevo  el  adjetivo  makárítés:  cf.  nn.  130  y  329. 

339  Emperador  desde  el  año  364  al  378. 

340  Para  la  relación  de  esta  linea  con  Arquíloco,  Fr.  23,  14  s.  West,  cf. 
A.  Garzya,  en  Síudi...  A.  Ardizzoni,  Roma,  1978,  pág.  383. 

341  Se  trata  concretamente  del  arrianismo  (el  plural  del  texto  griego,  de 
necesitar  alguna  explicación,  podría  deberse  a  la  existencia  de  diferentes 
partidos  dentro  de  la  herejía:  anomeos,  homeos,  homeusianos  y  pneumató- 
macos  o  macedonianos).  Arrio  era  de  origen  libio  y  había  muerto  en  el  336. 
La  difusión  de  sus  ideas  entre  el  pueblo  fue  enorme  (cf.  Quasten,  Patrología 
II,  págs.  10  s.).  El  mismo  Siderio,  al  menos  en  un  principio  (cf.  ed.  Garzya, 
1989,  pág.  184,  n.  6),  abrazó  la  secta.  De  los  godos  arríanos  (recuérdese  que 
el  obispo  godo  Wúlfila  o  Úlfilas  propagó  estas  doctrinas  entre  sus  compa- 
triotas a  partir  del  341),  que  ocupaban  importantes  puestos  en  la  corte 
imperial,  ya  habla  Sinesio  en  sus  tratados  De  ¡a  Realeza  y  Relatos  egipcios. 

342  Cuando  no  consagraba  el  propio  patriarca,  se  requería  que  fuera  un 
mínimo  de  tres  obispos  quienes  llevaran  a  cabo  la  ordenación,  según  el 
Canon  de  Nicea  (4,  6)  (pero  dos  o  tres  según  Cánones  Apostólicos  1 
[Constituciones  Apostólicas  VIII  47]). 

343  El  término  griego  es  cheirotonia,  «votación  a  mano  alzada,  elección», 
aunque  más  propiamente  se  trata  de  la  consagración  u  ordenación.  Ya  a 


CARTAS 


123 


que  afirman  que  el  beato 344  Filón  fue  el  único  que  se  resolvió 
a  proclamar  a  su  compañero  de  sacerdocio.  Era  este  Filón 
cireneo  el  de  mayor  edad,  tío  y  homónimo  del  más  joven;  un 
hombre,  por  lo  demás,  cual  se  esperaría  que  fuera  un  alumno 
de  Cristo,  pero,  en  cuanto  a  mandar  y  ser  mandado,  más  75 
bien  audaz  que  estricto  con  la  ley.  Pido,  no  obstante,  perdón 
por  esta  referencia  a  la  sagrada  alma  del  anciano.  Éste  fue  el 
único  que  vino  a  designarlo  y  a  ubicar  en  la  sede  345  al 
bienaventurado  346  Siderio. 

Pero  la  verdad  es  que,  en  tiempos  sin  libertad,  el  sino  es 
transgredir  el  rigor  de  la  ley.  Por  eso  el  gran  Atanasio  347  so 
cedió  ante  las  circunstancias  y  no  mucho  después,  siendo 
como  era  necesario  abrigar  aquella  pequeña  chispa  de  orto- 
doxia que  aún  existía  en  Ptolemaida  y  encenderla  más, 
ordenó  que  a  este  hombre,  apto  para  mayores  empresas,  se 
le  trasladara  allí  para  encomendarle  la  regencia  de  la  Iglesia 
metropolitana348.  Pero  la  vejez  lo  llevó  de  nuevo  a  las  erigidas 
en  las  aldeas  349.  Allí  falleció  y  él,  que  no  vino  a  suceder  a  85 
nadie,  tampoco  tuvo  sucesor.  Palebisca  e  Hídrax  fueron 
restablecidas  en  su  antiguo  estado  y  reincorporadas  a  Eritro 

finales  del  siglo  iv  (cuando  era  Atanasio  patriarca  de  Alejandría)  la  Iglesia 
alejandrina  concedió  este  derecho  a  todas  las  demás  de  África:  cf.  ed. 
Garzya,  1979,  pág.  108,  n.  ad  loe. 

344  Cf.  n.  335, 

**5  De  Palebisca  o  Hídrax. 

345  Cf.  n.  339. 

347  Patriarca  de  Alejandría  del  328  al  373.  Con  respecto  a  las  líneas  81- 
83  de  la  carta,  recuérdese  que  Atanasio,  uno  de  los  grandes  Padres  de 
Oriente,  fue  el  más  enérgico  defensor  de  la  ortodoxia  y  la  fe  de  Nicea  (cf., 
por  ejemplo,  su  tratado  Contra  los  paganos  y  los  tres  discursos  Contra  los 
arríanos). 

348  Siderio  pasó  a  convertirse  en  el  metropolitano  de  Ptolemaida. 

349  A  las  iglesias  de  Palebisca  e  Hídrax. 


124 


SINESIO  DE  CIRENE 


por  resolución,  según  afirman,  de  tu  venerable  persona. 
Ellos,  en  efecto,  insistían  sobre  todo  en  que  no  se  debía  anular 
aquella  consagración  que  partió  de  ti.  Así  que  les  pedí  ese 
escrito  tuyo,  pero  no  pudieron  mostrármelo  y  presentaron 
como  testigos  a  los  obispos  del  sínodo;  éstos  afirmaron  que, 
en  obediencia  a  una  carta  remitida  desde  ahí,  habían  pro- 
puesto al  pueblo  la  cuestión  acerca  de  Pablo  y,  dado  que  les 
pareció  bien  a  todos  tenerlo  como  obispo,  unos  hicieron  el 
informe  al  respecto  y  otros  fueron  los  consagradores. 

Y,  si  me  permites  decirlo,  padre  reverendísimo  349  bis,  aqué- 
lla habría  sido  realmente  la  ocasión  de  considerar  el  asunto, 
pues  desposeer  de  algo  es  más  penoso  que  no  concederlo. 
Pero  que  prevalezca  también  ahora  lo  que  pueda  parecerle 
bien  a  tu  paternal  autoridad.  Pues,  si  lo  que  a  ti  entonces  te 
pareció  justo  lo  fue  también  para  ellos,  y  eso  es  lo  que 
alegan,  el  hecho  de  que  ya  no  te  parezca  justo  cambia  la 
situación,  de  tal  modo  que,  lo  que  tú  decidas,  eso  es  lo  justo 
para  la  masa  del  pueblo.  Que  la  obediencia  es  vida  y  muerte 
la  desobediencia.  Y  esto  es  por  lo  que  no  alzan  contra  ti  sus 
manos,  sino  que  te  suplican  no  quedar  huérfanos,  estando 
aún  vivo  su  padre:  así  es  como  se  expresan. 

Por  mi  parte,  a  este  joven350  no  sé  si  elogiarlo  por  la 
benevolencia  que  todos  le  muestran  o  felicitarlo.  Que  fruto 
es  de  su  habilidad  o  del  poder  o  de  la  gracia  de  Dios  el 
propiciarse  de  esta  forma  a  los  hombres  y  ganarse  al  pueblo, 
hasta  el  punto  de  que,  sin  él,  a  todos  les  parece  «la  vida 
invivible»351. 

Por  ello,  acerca  de  esto  tú  querrás  decidir  de  una  manera 
más  humana,  conforme  a  lo  humano  de  tu  naturaleza;  yo 


349  ws  Cf.  n.  383. 

350  El  obispo  Pablo. 

351  Cf.  C.  11,  15  y  n.  106. 


CARTAS 


125 


debo  regresar  a  la  ciudad  352,  y  allí  esperaré  el  acuerdo  sobre 
lo  que  ha  de  hacerse. 

Por  supuesto,  en  relación  con  todo  lo  que  he  despachado 
durante  los  cuatro  días  de  estancia  en  estas  localidades  de 
aquí,  no  dejarás  de  saber  de  qué  tipo  era  cada  uno  de  los 
asuntos  con  que  me  encontré.  Y  no  te  extrañes  si  a  veces  115 
ocurre  que  de  un  mismo  sujeto  hablo  bien  y  mal,  pues  ni  lo 
uno  ni  lo  otro  recae  sobre  los  propios  hombres:  son  sus 
acciones  las  que  se  elogian  o  censuran. 

Una  disputa  entre  hermanos  en  Cristo  bien  está  que 
jamás  nazca  y,  si  nace,  bien  está  que  al  poco  tiempo  cese  353. 
Por  esto,  pues,  y  en  obediencia  a  la  carta  por  ti  remitida  me  120 
resigné  a  mediar  como  árbitro  y  he  prestado  oídos  a  la 
siguiente  discusión. 

En  la  aldea  de  Hídrax  hay  un  emplazamiento,  el  más 
elevado  de  ella,  que  antaño  era  un  alcázar  fortificadísimo 
pero,  después  de  que  Dios  lo  azotara  con  un  terremoto,  ha 
venido  a  ser  un  montón  de  ruinas  abandonadas.  Pues  bien, 
125  hasta  ahora  algunas  partes  del  mismo,  pocas,  habían  sido 
dispuestas  para  distintos  usos;  pero  la  presente  situación  de 
guerra  lo  convierte  en  inestimable  para  sus  poseedores,  porque 
podría  ser  amurallado  y  retornar  a  su  antiguo  uso.  Éste  era 
entre  nuestros  hermanos,  los  piadosísimos  354  obispos  Diós- 
130  coro  355  y  Pablo  (y  ya  antes  también  entre  algunos  otros),  el 


352  Ptólemaida. 

353  Parece  que  Sinesio  está  adaptando  aquí  los  versos  425-427  de  Teognis 
(cf.  la  célebre  respuesta  de  Sileno  a  Midas,  por  ejemplo  en  Clemente  de 
Alejandría,  Stromateis  III  15,  1). 

354  Eulabéstatos  se  usa  como  epíteto  honorífico  (sobre  todo  en  los  siglos 
vi  y  vil  d.  C.)  limitado  al  ambiente  eclesiástico:  cf.  O'Callaghan,  Cartas..., 
pág.  44  (carta  4,  línea  1)  y  Preisigke,  Worterbuch...  III,  Abschn.  9, 
Ehrentitel,  pág.  189. 

355  Obispo  de  Derna. 


126 


SINESIO  DE  CIRENE 


motivo  por  el  que  se  reñía.  Y  es  que  el  de  Derna  había 
acusado  al  de  Eritro  de  fraguar  las  mayores  intrigas  para 
apropiarse-  de  lo  que  no  le  pertenecía:  que  había  consagrado 
a  Dios  un  lugar  ajeno  y,  de  esta  forma,  se  había  agarrado  a 
ese  culto  como  a  un  argumento  a  su  favor,  para  defender  ya 
entonces  a  viva  fuerza  su  fechoría.  Contra  esto  el  piadosísimo 
135  Pablo  ha  intentado  aducir  algunas  réplicas:  que  él  había 
ocupado  antes  la  colina  y  que  antaño  se  había  utilizado 
manifiestamente  como  iglesia,  antes  de  que  el  piadosísimo 
Dióscoro  se  presentara  como  dueño  manifiesto  de  aquel 
lugar. 

Pero,  si  uno  pusiera  mano  en  la  investigación  sin  enco- 
gerse, pronto  quedaría  clara  la  verdad,  tal  como,  de  hecho, 
140  ya  todo  aquello  se  ha  mostrado  inconsistente.  Pues  el  que 
unos  hombres  durante  una  incursión  enemiga  se  refugien 
allí  para  rezar  por  sus  necesidades,  eso  no  determina  la 
consagración  del  emplazamiento;  o  todos  los  montes  y  todas 
las  quebradas  serán  iglesias  y  no  habrá  alcázar  que  pueda 
evitar  convertirse  en  un  sitio  público:  en  todos  ellos,  cuando 
los  enemigos  vengan  a  saquear,  habrá  rogativas  y  celebra- 
os ciones  sacras.  ¡Cuántas  casas  acogieron  rogativas  y  celebra- 
ciones sacras  en  aquellos  días  impíos  de  los  secuaces  de 
Arrio  356!  Pero  ahora  son  no  menos  privadas  que  antes.  Y 
también  aquello  era  refugiarse  y  también  aquéllos  eran  ene- 
migos. Yo,  por  otra  parte,  me  he  puesto  a  indagar  la  fecha 
de  la  fundación,  si  fue  a  raíz  de  una  donación  o  de  un 
permiso  de  sus  propietarios.  Lo  que  se  me  ha  revelado 
150  meridianamente  es  todo  lo  contrario.  De  los  dos  obispos, 
uno  reclamaba  la  posesión  y  el  otro,  que  era  el  propietario, 
no  la  concedía.  Al  final,  el  uno  se  marcha  con  las  llaves  y  el 


356  Cf.  n.  341. 


CARTAS 


127 


otro  descerraja,  trae  una  mesa  y  consagra  una  pequeña 
casita  en  aquella  espaciosa  colina.  Pero  a  la  casita  no  se 
puede  llegar  sino  atravesando  la  explanada  entera,  de  modo 
que  resultaba  ser  una  maniobra  para  procurarse  toda  la  155 
colina. 

A  mí  el  asunto  me  parecía  que  era  espantoso  y  más  que 
espantoso,  y  que  había  que  indignarse  tanto  en  nombre  de 
las  leyes  sagradas  como  incluso  del  derecho  civil.  Y  es  que 
todo  en  conjunto  se  confunde,  por  una  parte,  si  se  viene  a 
idear  un  nuevo  procedimiento  de  confiscación  y,  por  otra,  si 
se  dirimen  por  medio  de  lo  más  execrable  las  cosas  más 
santas:  rezo,  mesa  y  velo  místico,  instrumentos  que  serían  de  16o 
una  irrupción  violenta.  Sobre  esto  ya  se  había  deliberado  en 
la  ciudad.  Pues  se  dio  el  caso  de  que,  a  excepción  de  unos 
pocos,  todos  los  obispos  se  habían  reunido  entonces  en 
Ptolemaida  para  examinar  ciertos  asuntos  públicos.  Y,  al  165 
enterarse,  reprobaron  el  hecho  pero  estuvieron  indecisos  a  la 
hora  de  modificar  la  situación.  Yo  estimo  que  la  superstición 
debe  distinguirse  de  la  religiosidad:  es  un  vicio  encubierto 
con  una  máscara  de  virtud  y  la  filosofía  ha  averiguado  que 
es  la  tercera  especie  de  impiedad 3".  Desde  luego,  ni  sacro  ni 
lícito  considero  yo  lo  que  no  lo  sea  de  una  manera  justa  y 
lícitamente  sagrada358.  A  mí  en  absoluto  se  me  pasaba  no 
por  la  cabeza  sentirme  horrorizado  de  esta  así  llamada 
fundación.  Pues  no  encaja  en  las  ideas  cristianas  el  que  la 

357  Cf.  Plutarco,  Sobre  la  superstición  11, 170  s.,  etc.;  Sobre  el  adulador 
y  el  amigo  25,  66  c;  Gregorio  de  Nisa,  Ep.  can.  (PG  XLV)  225  c. 

358  Es  decir,  lo  que  no  esté  sancionado  por  la  ley  humana  y  divina. 
Hemos  intentado  mantener,  dentro  de  lo  posible,  el  paralelismo  hierón... 
hósion  I  dikaíds...  hosíós  del  texto,  en  el  que  se  aprecia  un  quiasmo  (hierón 
I  hosíós;  hósion  /  dikaiós)  si  se  atiende  al  distinto  sentido  que,  como  ya  se 
sabe,  el  adjetivo  hósios  adquiere  según  se  oponga  a  hierós  o  a  dikaios. 


128 


SINESIO  DE  CIRENE 


divinidad  tenga  forzosamente  que  ir  detrás  de  estos  objetos 
materiales  y  voces  de  ceremonia,  como  si  poseyeran  un 
cierto  atractivo  físico  (cosa  que  sí  le  ocurriría  a  un  espíritu 
mundano),  sino  que  sea  tal  como  para  estar  con  el  talante 

175  imperturbable  359  propio  de  Dios.  Allí  donde  la  ira,  el  deseo 
irracional  y  el  sentimiento  de  funesta  discordia  son  los  guías 
de  la  acción,  ¿cómo  va  a  presentarse  el  Espíritu  Santo?  Y, 
aun  en  el  caso  de  que  ya  de  antes  haya  estado  habitando  ahí, 
lo  deshabitará  al  introducirse  aquéllos.  Pues  bien,  estaba  yo 
a  punto  de  declarar  el  desalojo  36°,  cuando  se  dio  a  conocer 

180  que  aquél361  poco  antes  había  prometido  hacerlo  y  había 
garantizado  su  promesa  con  un  juramento. 

Agarrándome  a  esto,  ya  me  excusaba  gustosamente  yo 
de  declarar  la  sentencia,  en  tanto  que  a  él  lo  declaraba  juez 
de  sí  mismo  y  lo  compelía  a  cumplir  su  propio  juramento. 
Pero,  como  él  lo  iba  aplazando  y  dejando  pasar  el  tiempo  y 
dado  que  yo  me  encontraba  allí  mismo  para  una  inspección 

185  eclesiástica,  fue  preciso  que  le  echara  una  mirada  al  lugar  y 
reexaminara  el  asunto.  De  nuevo  se  hallaba  presente  un 
grupo  de  obispos  de  los  alrededores,  allí  reunidos  cada  cual 
por  un  menester  distinto.  Ante  todos  ellos  y  ante  mí  quedaron 
claramente  señalados  los  límites  que  separaban  la  parte  del 
obispo  de  Derna;  por  otro  lado,  el  testimonio  de  los  ancianos 

190  y  la  conformidad  de  quienes  hasta  entonces  lo  contradecían 
declararon  al  piadosísimo  Dióscoro  dueño  del  emplaza- 
miento. A  instancia  del  hermano  Dióscoro,  ha  sido  necesario 
que  ante  todos  se  diera  pública  lectura  al  injurioso  escrito 


359  Hendíadis:  literalmente,  «con  la  imperturbabilidad  y  el  talante».  Cf. 
Sinesio,  Dión  45  c. 

360  Así  traducimos  ten  metáthesin:  «a  disporre  la  recessione  dall'occu- 
pazione»  (Garzya). 

361  Pablo. 


CARTAS 


129 


que,  en  forma  de  carta,  el  piadosísimo  Pablo  había  compuesto 
contra  tu  santidad  362:  un  libelo  363  obsceno  y  ofensivo  hacia 
un  hermano,  cuya  vergüenza  recae  no  sobre  quien  oye  hablar  195 
tan  mal  de  sí  mismo,  sino  sobre  quien  pronuncia  tan  malas 
palabras. 

Pero,  en  efecto,  el  segundo  mayor  bien364  es  éste:  aver- 
gonzarse. Pues  la  ausencia  de  pecado  es  algo  absolutamente 
propio  de  la  condición  y  naturaleza  divinas,  y  podría  decía-  200 
rarse  que  el  sonrojo  por  lo  que  no  está  bien  hecho  lo  es  de 
la  modestia365.  Sobre  estas  bases,  en  la  presente  situación,  el 
piadosísimo  Pablo  dio  claras  muestras  de  un  cambio  en  sus 
opiniones  particulares  más  contundente  que  cualquier  retó- 
rica. Y  es  que  el  reconocer  su  error  y  el  mostrarse  afligido 
con  tan  atroz  aflicción  por  los  males  que  voluntariamente  205 
llevó  a  cabo,  le  procuró  la  benevolencia  y  la  buena  disposición 
de  todos  nosotros.  Y  lo  nuestro  no  es  sorprendente;  ahora 
bien,  el  piadosísimo  obispo  Dióscoro,  cuando  vio  tan  humilde 
a  quien  hasta  entonces  porfió  con  presunción,  se  dejó  vencer 
por  el  sentimiento,  aun  habiendo  salido  ganador  por  el 
dictamen  de  todos,  y  al  piadosísimo  Pablo  le  fue  permitido 
hacer  cuanto  quisiera,  conservar  o  ceder  la  colina,  consin-  210 
tiendo  así  el  admirable  366  Dióscoro  en  varias  opciones  que 
en  ningún  caso  habría  soportado  oír  antes  de  su  arrepenti- 
miento. Lo  cierto  es  que  sugirió  la  venta  sólo  de  la  colina  y, 

362  HagiótSs  aquí  se  emplea  como  título  honorífico  (en  latín  sanctitas, 
como  tratamiento  de  los  obispos):  cf.  Concilio  de  Éfeso,  Actiones  7; 
Teodoreto,  C.  11. 

363  Komoidían  en  el  original. 

364  Cf.  C.  43,  89  s. 

365  Cf.  Aristóteles,  Ética  a  Nicómaco  1128  b  13;  Diógenes  Laercio, 
VI  54. 

3««  Cf.  n.  297. 


130 


SINESIO  DE  CIRENE 


también,  dar  a  cambio  toda  la  propiedad  entera  y  otras 
muchas  cosas,  prodigándole  soluciones  con  las  que  ya  uno 
previamente  estaría  complacido.  Pero  el  otro  367  vacilaba  y  215 
pretendía  substituir  él  mismo  al  hermano  Dióscoro  en  la 
compra  y  ocupar  su  puesto,  en  los  mismos  términos,  como 
dueño  de  aquella  propiedad.  Se  convirtió,  así,  en  el  amo  de 
los  viñedos  y  olivares,  además  de  la  colina.  A  aquél368  le 
quedó  su  magnanimidad,  una  posesión  en  vez  de  otra,  «una 

220  mayor  en  vez  de  una  más  pequeña»  369.  Como  un  bien  común 
a  ambos  ha  subsistido  el  amor  fraterno  y  el  estar  dentrp  de 
lo  que  son  las  leyes  evangélicas,  que  declaran  la  actitud 
caritativa  como  el  más  firme  de  los  mandamientos  37°.  Esto 
es  lo  único  que  hubiera  valido  la  pena  recordar,  el  testimonio 
de  la  reconciliación  y  la  concordia  entre  los  dos  hermanos, 

225  y  habríamos  tenido  que  omitir  todo  lo  que  hubo  en  medio: 
el  hecho  de  que  a  alguien  que  era  obispo  se  le  había  cogido 
cometiendo  un  error.  Pues,  lo  que  no  se  hubiera  debido 
hacer,  eso  bien  está  entregarlo  al  olvido.  Sin  embargo,  para 
que  el  hermano  Dióscoro  no  llevara  las  de  perder  en  todo  y 
por  todo,  he  accedido  a  tu  petición  de  referirlo  todo  detalla- 
damente, para  que  tu  devota  piedad 371  no  ignore  nada.  Y  no 

230  era  de  poca  monta  sino  de  total  importancia  el  que  tú,  por 

367  Pablo. 

368  Dióscoro. 

369  Cf.  Platón,  Teeteto  172  b  (y  la  expresión  contraria  en  Sinesio, 
Dión  44  b).  . 

3TO  Mateo,  22,  37  ss.  (=  12,  30  s.  y  133=Lucas,  10,  27);  Juan,  13,  34. 

371  Para  theosébeia  como  tratamiento  de  obispos,  sacerdotes,  etc.,  y 
también  del  emperador,  cf.,  por  ejemplo,  Atanasio,  Apol.  ad  Constantium 
2;  Basilio  de  Cesárea,  C.  48;  Teodoreto,  C.  19  y  O'Callaghan,  Cartas..., 
págs.  37  y  119  (cartas  2  y  26).  Theosebéstatos  es  un  epíteto  honorífico 
frecuentemente  aplicado  a  los  obispos:  cf.  Preisigke,  Worterbuch...  III, 
Abschn.  9,  Ehrentilel,  pág.  190. 


CARTAS 


131 


lo  acontecido,  te  convencieras  de  que  él  no  porfió  por  algo 
injusto.  Por  mi  parte,  a  este  hombre  lo  elogio  por  otras 
cosas  (y  es  que  en  el  carácter  se  parece  mucho  a  mí),  pero 
más  que  nada  lo  admiro  por  su  reverencia  a  esa  tu  sede.  Y, 
¡te  lo  juro  por  tu  querida  y  venerable  persona!,  creo  que  sus  235 
compañeros  de  pobreza372  de  Alejandría,  cuyos  campos  él  se 
aplica  a  labrar,  le  deben  una  enorme  gratitud  porque  se 
presenta  de  inmediato  en  cualquier  sitio,  saca  provecho  de 
lo  infecundo  y  se  aviene  a  las  circunstancias. 

De  modo  que  así  fue  como  llegó  a  su  término  lo  de  la 
rivalidad  entre  los  dos  obispos.  Pero  me  encargaste  que 
escuchara  también  a  Jasón,  el  cual  afirmaba  estar  sufriendo  240 
muchas  injusticias  por  obra  de  sus  compañeros  de  sacerdocio. 
Pues  bien,  las  cosas  están  así.  Jasón  hizo  que  Lamponiano 
quedara  convicto  del  delito;  éste  confesó,  anticipándose  a  la 
acusación,  y  se  sometió  a  su  pena,  apartado  de  los  sínodos 
de  la  Iglesia373.  Sin  embargo,  ante  las  lágrimas  de  arrepenti- 
miento que  derramó,  el  pueblo  suplicó  el  perdón  para  él. 
Yo,  con  todo,  me  he  atenido  a  la  sentencia  y  le  he  remitido  245 
a  la  sede  patriarcal 374  la  facultad  de  absolverlo.  A  mí  sólo  me 
he  concedido  esta  licencia:  si  se  le  aproxima  a  Lamponiano 
el  trance  fatal  y  si  parece  que  le  llega  su  hora,  he  dispuesto 
que  a  todo  sacerdote  que  en  ese  momento  esté  presente  se  le 
permita  darle  la  comunión375  (¡y  ojalá  que  nadie  muera 

372  Con  toús...  symptéchous  quizá  se  aluda  a  una  comunidad  de  tipo 
cenobítico. 

373  Synodos  (Ekklesiastikon  synódón)  se  emplea  como  término  específico: 
cf.  ya  Concilio  de  Nicea,  Can.  5;  Cánones  Apostólicos  37  (Constituciones 
Apostólicas  VIII 47);  y,  en  general,  en  los  Padres  del  siglo  iv.  Lamponiano 
quedaría  así  apartado  de  la  comunidad  eclesiástica. 

374  Así  traducimos  hieratikén  (Garzya:  «alia  cattedra  pontificia»).  Se 
trata  de  Alejandría. 

375  Koinónta  se  emplea  aquí  como  término  específico  para  el  acto  de 


132 


SINESIO  DE  CIRENE 


encadenado  por  mi  causa!);  pero  que,  en  caso  de  recobrar  la 

250  salud,  de  nuevo  quede  sujeto  a  la  misma  pena  y  espere  de  tu 
alma  divina  y  caritativa  la  señal  de  perdón.  Lo  cierto  es  que 
ni  siquiera  el  propio  Jasón  está  totalmente  libre  de  culpa.  Es 
un  hombre  de  lengua  impulsiva  y  ha  topado  con  un  individuo 
de  mano  aún  más  impulsiva,  con  lo  que  — como  suele  de- 
cirse—  ha  pagado  la  pena  más  grave  por  culpa  de  la  cosa 

255  más  ligera,  la  palabra376. 

Y  en  cuanto  a  lo  que  se  le  reclama  — un  asunto  del  que 
yo  he  tratado—,  Lamponiano  reconoce  tenerlo  en  su  poder 
y  no  consiente  en  aprovecharse  del  naufragio,  accidente  éste 

26o  que  dejó  sin  validez  el  compromiso  377,  sino  que  solicita  un 
plazo  para  vender  su  cosecha  y  afirma  que,  despreocupándose 
de  todo  lo  demás,  sólo  en  ésto  pone  su  atención,  en  cómo 
restituir  ese  dinero  de  los  pobres,  ciento  cincuenta  y  siete 
sueldos  de  oro  378. 

He  de  informarte  también  sobre  esto  que  ha  sucedido 

265  entre  nosotros,  para  que  deje  de  suceder.  Sacerdotes  acusan 
a  sacerdotes  de  actos  ilegales.  Si  la  acusación  es  falsa,  aún 
no  quiero  decirlo,  pero  desde  luego  obran  con  mala  intención: 

recibir  el  sacramento  de  la  Eucaristía  (así  ya  en  los  Padres  del  siglo  iv:  cf. 
Basilio  de  Cesárea,  Epitim.  217,  Can.  81,  etc.).  El  verbo  empleado  por 
Sinesio  es  metadoünai,  como,  posteriormente,  en  Evagrio  Escolástico, 
Hist.  eccles.  I  13  (pero  cf.  ya  Teodoreto,  Interpret.  I  Cor.  11,  25).  Otra 
interpretación  podría  ser:  «hacerlo  partícipe  de  la  comunión  de  la  Iglesia» 
(cf.  Hechos  2,  42). 

"6  Cf.  Platón,  Leyes  717  d,  935  a;  Eliano,  Var.  hist.  IV  28. 

377  El  incumplimiento  de  un  compromiso  no  era  perseguido  por  la  ley 
cuando  este  se  debía,  entre  otros  motivos,  a  una  desgracia  imprevista:  cf. 
Platón,  Leyes  920  d. 

378  El  nómisma  o  «sueldo  de  oro»  (lat.  solidus)  fue  llamado  también  en 
el  siglo  IV  d.  C.  holokóttinos,  que  en  el  siglo  v  valía  2.250  miríadas  de 
denarios:  cf.  O'Callaghan,  Cartas...,  pág,  43  (n.  a  la  carta  3,  10). 


CARTAS 


133 


no  para  exigir  el  castigo,  sino  para  procurarles  ilícitas  ga- 
nancias a  los  jefes  militares.  Y  son  mis  hombros  sobre  los 
que  recae  necesariamente  toda  la  carga.  Por  eso,  te  lo  ruego,  270 
escribe  y  ordena  que  a  nadie  se  le  permita  hacer  nada 
semejante.  Con  ello  no  sólo  me  complacerás  a  mí,  sino  que 
protegerás  a  la  gente  pacífica  que  sufre  tales  desgracias  y,  lo 
que  es  más  importante,  les  causarás  un  beneficio  a  los  mismos 
culpables,  si  es  verdad  que  un  bien  mayor  es  quedar  libre  de 
un  mal  mayor  y  que  «un  mal  mayor  que  recibir  injusticia  es 
cometerla»  m.  Pues,  de  los  dos  males,  éste  es  propio  nuestro,  275 
aquél  ajeno. 

Pero  ni  yo  he  declarado  quiénes  son,  ni  tú,  aunque  los 
conozcas,  debes  inculparlos  nominalmente,  para  no  conci- 
liarme  el  odio  de  mis  hermanos:  con  ellos  Dios  mostrará 
indulgencia,  aun  cuando  yo  privadamente,  en  su  misma 
cara,  los  haya  abrumado  con  mis  censuras.  Por  tu  parte, 
deja  ver  en  la  carta  dirigida  a  mí  que  lo  único  que  condenas 
es  el  hecho;  que  yo,  con  la  ayuda  de  Dios,  sin  afligir  a  nadie  280 
sabré  conseguir  que  ya  no  siga  avanzando  más  esta  infamia 
nuestra,  por  no  decir  de  la  Iglesia. 

Pero  todavía  queda  un  punto  por  tratar  antes  de  poner 
fin  a  mis  palabras.  Andan  por  ahí  entre  nosotros  algunos 
«vacantivos»  38°,  y  me  permitirás  que  por  una  vez  utilice  un 

3"  Cf.  C.  30,  n.  149.   i  : 

380  No  se  sabe  quiénes  son  estos  bakántiboi  (lat.  vacantivi;  «absentee 
bishop»:  cf.  G.  W.  H.  Lampe,  A  Patristic  Greek  Lexicón,  Oxford,  1961,  s. 
v.).  San  Jerónimo  (Ep.  22,  34  Lab.)  habla  de  tres  tipos  de  monjes  en 
Egipto:  sahues,  anacoretas  y  remnuoth  (ieriium  genus  est  quod  dicunt 
remnuoíh,  deterrimum  atque  neglectum...).  Estos  últimos  quizá  puedan 
identificarse  con  los  de  la  carta  sinesiana.  San  Agustín  (Ep.  43,  9,  24 
Goldb.),  por  su  parte  menciona  a  los  circumcelliones  (...  caedes  et  incendia 
circumcellionum...).  En  cualquier  caso  se  trataría  de  una  especie  de  clerici 
vagantes  o  gyrovagi  (el  verbo  empleado,  perinostéó,  también  apunta  a  la 


134 


SINESIO  DE  CIRENE 


285  barbarismo 381  para  expresar  más  claramente,  por  medio  de 
un  término  bastante  común  entre  la  ciudadanía,  la  maldad 
de  algunos  individuos.  Éstos  no  quieren  tener  una  sede  fija 
y  han  abandonado  la  que  era  suya,  convirtiéndose  en  unos 
vagabundos  382  no  por  ningún  suceso  que  los  obligue  sino 
por  propia  voluntad:  van  a  la  caza  de  honores  y  andan  por 

290  aquellos  lugares  donde  pueda  haber  mayor  ganancia. 

Mi  opinión,  padre  reverendísimo  383,  es  que  se  les  debe 
apartar  de  toda  iglesia  a  quienes  se  apartaron  de  la  suya 
propia,  y  que,  antes  de  que  vuelvan  a  establecerse  allí,  nadie 
debe  acogerlos  en  su  altar  ni  invitarlos  a  los  sitios  preferen- 

295  tes  384,  sino  hacer  caso  omiso  de  ellos  y  dejarlos  entre  la  mu- 
chedumbre en  los  bancos  del  pueblo,  cada  vez  que  irrumpan 
en  una  iglesia.  Sin  duda  regresarán  pronto,  si  ven  que  peligra 
la  honra  de  la  que  pretenden  disfrutar  en  todas  partes  excepto 
donde  les  corresponde.  De  proceder  así  con  ellos,  preferirían 
esa  honra  allí  antes  que  en  ningún  otro  lugar. 

E  incluso  en  público  hay  que  tratarlos  abiertamente 

30o  como  a  simples  particulares,  siempre  que  también  a  tu  vene- 
rabilísima sede  le  parezca  oportuna  esta  medida.  Cómo 

idea  de  vagabundear:  cf.  Aristófanes,  Pluto  121,  494;  Demóstenes,  XIX 
255)  de  muy  desordenada  conducta. 

381  Anéxei...  mou  mikrbn  hypobarbarísantos:  literalmente,  «me  permitirás 
que  barbarice  un  poco».  Sinesio  se  ha  limitado  a  transcribir  el  término 
latino  vacantivi,  sin  emplear  un  equivalente  griego. 

382  El  término  empleado  es  metanástai,  es  decir,  «unos  que  van  cambiando 
de  lugar». 

383  Páter  sebasmiótate:  el  epíteto  sebásmios  (lat.  augustus)  se  aplica 
también  al  emperador.  Sebasmiótés  se  utiliza  como  título  a  partir  del  si- 
glo v  d.  C.  (cf.,  arriba,  línea  96).  Patér  para  dirigirse  a  obispos  y  sacerdotes 
se  utilizó  desde  los  primeros  siglos:  cf.  líneas  14,  96,  etc. 

384  Proedría,  «lugar  de  honor  en  la  iglesia»:  cf.  Constituciones  Apostólicas 
II  58,  4. 


CARTAS 


135 


tratarlos  en  privado  y  en  nuestra  casa  lo  sabremos  cuando 
de  tu  devota  piedad  385  nos  llegue  la  respuesta  a  esa  cues- 
tión 386  que  recientemente  le  hemos  planteado  acerca  de  Ale- 
jandro, un  cireneo  de  nacimiento,  obispo  de  una  ciudad  de 
Bitinia387:  fue  expulsado  de  allí  durante  una  revuelta  y,  305 
ahora  que  se  le  permite  retornar,  no  lo  hace,  sino  que  se 
queda  en  estas  tierras  entre  nosotros. 

Acerca  de  este  asunto  he  escrito  a  tu  santidad 38S,  expli- 
cando detalladamente  todo  lo  ocurrido  con  este  hombre  y 
pidiendo  tu  opinión  sobre  cómo  conducirme  con  él.  Pero, 
puesto  que  no  me  ha  llegado  ninguna  respuesta  por  escrito, 
en  la  duda  de  que  la  carta  se  haya  perdido  o  efectivamente 
haya  sido  llevada  hasta  tu  beata  389  persona,  he  conversado  310 
acerca  de  todo  esto  con  el  admirable  390  obispo  Dióscoro  y  él 
ha  ordenado  a  sus  taquígrafos 391  que  le  entreguen  una  copia 
de  lo  entonces  escrito  para  que,  si  se  da  el  caso  de  que  no  has 
recibido  la  carta,  puedas  leer  esa  copia,  juzgar  y  enviarme  tu 
contestación. 

A  más  de  todo  esto,  ruega  por  mí,  que  estarás  rogando  315 
por  un  hombre  que  está  solo,  abandonado  por  todos  y 
necesitado  de  tal  ayuda.  Yo  no  me  atrevo  a  hablarle  a  Dios 
de  mí  mismo.  Y  es  que  todo  lo  que  me  rodea  se  me  pone  en 
contra  por  causa  de  esa  temeraria  audacia  mía:  porque  yo, 


385  Cf.  n.  371. 
386La  C.  67. 

387  Antigua  comarca  del  Asia  Menor  entre  la  Propóntide  (Mar  de 
Mármara)  y  el  Ponto  Euxino  (Mar  Negro).  Alejandro  era  obispo  de 
Basinúpolis.  Sobre  este  personaje  y  su  ordenación,  cf.  la  carta  siguiente. 

388  Ya  hemos  advertido  que  la  carta  a  la  que  se  refiere  Sinesio  es  la  67 
del  corpus.  Sobre  hagiótes,  cf.  n.  362. 

389  Cf.  n.  329. 
350  Cf.  n.  297. 
391  Cf.  n.  312. 


136 


SINESIO  DE  CIRENE 


un  pecador  criado  fuera  de  la  Iglesia392  y  formado  en  otras 
doctrinas  393,  toqué  los  altares  de  Dios. 

67 

AL  MISMO 
Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  en  el  411 

Me  propongo  consultarte  acerca  de  cierta  cuestión,  pero 
antes  quiero  referirte  el  asunto  sobre  el  que  te  voy  a  consultar. 
Alejandro  de  Cirene,  de  rango  senatorial,  siendo  todavía  un 
jovencito  acogió  la  vida  monástica.  Y,  yendo  a  más  con  la 
edad  su  resolución 394  de  vivir  monásticamente,  se  le  consideró 
5  digno  del  diaconado  y,  luego,  digno  de  ser  sacerdote.  Con 
motivo  de  cierto  encargo  estuvo  en  la  corte 395  y  se  relacionó 

392  Estas  palabras  de  nuestro  autor,  como  advierte  Lacombrade  (ed. 
Himnos,  págs.  IX  s.),  han  de  entenderse  stricto  sensu,  en  el  contexto  de  esta 
carta,  y  siempre  en  relación  con  su  escasa  competencia  en  Derecho  Canónico 
(cf.  C.  67,  245).  A  pesar  de  que  la  educación  de  Sinesio  fuera  fundamental- 
mente profana,  es  muy  razonable,  por  diversos  motivos,  que  creciera  en  un 
ambiente  cristiano  (no  nos  atrevemos  a  decir  «familia»).  En  defensa  de  esta 
postura  pueden  aducirse  su  vida  y  su  obra,  su  boda  con  una  cristiana,  el 
hecho  de  que  Evoptio,  su  hermano,  quizá  le  sucediera  en  el  obispado  y  las 
sólidas  bases  del  cristianismo  en  la  Cirenaica  y  en  Egipto  ya  en  el  siglo  iv 
(cf.  L.  Hertling,  «Die  Zahl  der  Christen  zu  Beginn  des  vierten  Jahrhun- 
derts»,  Zeitschrifffür  katholische  Theologie  58  [1934],  243-253,  especialmente 
251). 

393  Agógen  hetéran:  aquí  se  trata  del  paganismo  (cf.  n.  anterior).  Por  el 
contrario,  en  su  tratado  Dión  (53  a)  Sinesio  alude  con  estos  mismos 
términos  al  cristianismo  (ek  tes  heteras  agog&s). 

m  Énstasis:  «questa  vocazione»  (Garzya). 
395  Cf.  n.  24. 


CARTAS 


137 


con  el  bienaventurado  396  Juan 397  (hónrese  por  nuestra  parte 
la  memoria  del  difunto,  porque  toda  animadversión  debe 
extinguirse  junto  con  esta  vida);  con  él  se  relacionó,  digo, 
antes  de  aquellas  desavenencias  que  hubo  entre  las  Iglesias,  10 
y  por  sus  propias  manos  fue  ordenado  obispo  de  Basinúpolis 
en  Bitinia. 

Al  sobrevenir  aquellas  diferencias,  permaneció  fiel  a  quien 
lo  consagró  y  estuvo  entre  sus  partidarios.  Después  de  pre- 
valecer la  decisión  del  sínodo,  persistieron  durante  algún 
tiempo  las  desavenencias.  Pero,  ¿qué  le  voy  yo  a  explicar  a 
quien  ya  lo  sabe,  es  más,  a  quien  lo  arregló  todo  para  la  15 
reconciliación  que  tuvo  lugar?  398  Pues  lo  cierto  es  que  también 
leí  esas  prudentes  líneas  que  le  escribiste,  me  parece,  al 
bienaventurado  Ático 3",  instándolo  a  que  de  nuevo  acogiera 


396  Cf.  n.  130. 

397  Se  trata  del  célebre  Juan  Crisóstomo,  que  fue  consagrado  patriarca 
de  Constantinopla  en  febrero  del  398  y  murió  en  el  destierro  en  septiembre 
del  407.  A  continuación  Sinesio  se  referirá  a  los  problemas  surgidos  entre 
Crisóstomo  (empeñado  en  una  reforma  del  clero  y  los  laicos),  la  emperatriz 
Eudoxia  y  Teófilo  (el  patriarca  de  Alejandría).  Triste  consecuencia  de  tales 
enfrentamientos  fue  el  destierro  de  Juan  a  Bitinia  en  septiembre  del  403, 
después  de  ser  condenado  por  el  Sínodo  de  la  Encina  (celebrado  en  un 
convento  de  este  suburbio  de  Calcedonia;  a  este  sínodo  se  alude  en  la  línea 
trece  de  la  carta).  Aunque  sólo  veinticuatro  horas  después  del  suceso  se  le 
pidió  que  regresara,  sería  nueva  y  definitivamente  desterrado  primero  a 
Cúcuso  en  junio  del  404  y,  luego,  a  Pitio  (en  el  Ponto)  en  el  verano  del  407, 

398  La  reconciliación  entre  la  Iglesia  constantinopolitana  y  los  llamados 
«juanistas»  (Ioanmtai)  se  produjo  en  el  406,  en  vida  aún  de  Juan  Crisóstomo 
(o  en  el  408:  cf.  Lacombrade,  ed.  Himnos,  pág.  XLI,  n.  3). 

399  A  Crisóstomo  le  sucedió  como  patriarca  Arsacio  y,  a  éste,  Ático, 
que  ocupó  la  sede  desde  el  406  al  425.  Makários  (que  en  esta  ocasión 
traducimos  por  «bienaventurado»  para  evitar  la  cacofonía  «beato  Ático») 
se  emplea  aquí  como  epíteto  honorífico  y  no  como  sinónimo  de  makarites 
(cf.  n.  329).  De  lo  contrario,  habría  que  pensar  con  Seeck  {Philologus  52 


138 


SINESIO  DE  CIRENE 


a  aquellos  hombres.  Hasta  aquí,  en  efecto,  Alejandro  y  sus 
compañeros  de  apostasía  corrieron  una  suerte  común.  Lo 
propio  de  él,  o  de  unos  pocos  más,  es  que  ahora  ya  se 

20  cumple  el  tercer  año  desde  la  amnistía400  y  la  reconciliación, 
y  aún  no  se  ha  puesto  en  camino  hacia  Bitinia  ni  ha  tomado 
posesión  de  la  sede  que  se  le  asignó.  Permanece  entre  nos- 
otros, como  si  nada  le  importara  el  hecho  de  que  se  le  trate 
igual  que  a  un  simple  particular.  Pues  bien,  ni  a  mí  en  el 

25  pasado  se  me  instruyó  en  legislación  sacra 401  ni  he  llegado  a 
aprender  mucho  durante  el  año  escaso  que  llevo  en  la  lista 
de  obispos.  Cuando  veo,  entonces,  a  algunos  ancianos  que 
no  procuran  saber  ellos  mismos  las  cosas  con  certeza,  sino 
que  se  amilanan  ante  la  posibilidad  de  transgredir,  sin  darse 
cuenta,  un  canon  cualquiera  de  la  Iglesia  y,  por  eso,  lo402 

30  tratan  de  una  forma  absolutamente  rigurosa  y,  sobre  la  base 
de  inciertas  sospechas,  derraman  sobre  el  extranjero  la  certeza 
de  su  desprecio,  no  admitiéndolo  bajo  su  común  techo; 
cuando  los  veo,  digo,  no  los  censuro,  pero  tampoco  los 
imito.  Así  que,  ¿sabes  cómo  he  procedido,  padre  reverendí- 
simo 403?  No  lo  he  recibido  en  la  iglesia  ni  le  he  administrado 
la  comunión404  de  la  santa  mesa,  pero  en  mi  hogar  le  he 
dispensado  los  mismos  honores  que  a  quienes  no  son  culpa- 

[1983],  461)  que  nuestro  autor  se  equivoca  y  que  la  carta  de  Teófilo  no  iba 
dirigida  a  Ático  sino  al  anterior  patriarca,  Arsacio,  muerto  en  noviembre 
del  405. 

400  A  falta  de  otros  datos,  podemos  deducir  que  esta  amnistía  se  concedió 
en  el  año  408. 

401  Cf.  n.  392. 

402  A  Alejandro. 

403  Cf.  n.  383. 

404  El  verbo  koinónéó  se  emplea  aquí  (pero  cf.  C.  42,  75)  con  el  sentido 
específico  que  acerca  de  koinónía  comentábamos  en  la  n.  375. 


CARTAS 


139 


bles  de  nada,  que  es  también  mi  manera  de  comportarme 
con  los  coterráneos.  Cuando  uno  de  éstos  se  presenta  en  mi  35 
casa,  me  ajusto  a  todos  los  actos  y  palabras  que  sean  honro- 
sos, sin  tomar  en  consideración  las  tonterías  de  quienes, 
disgustados,  dicen  que  estoy  echando  por  tierra  lo  que  es  un 
derecho  de  la  metrópoli405.  Sin  embargo,  por  esta  razón,  yo 
cargo  sobre  mis  hombros  con  las  preocupaciones  de  todos  y  40 
soy  el  único  que  no  descansa  trabajando  por  el  descanso  de 
todos.  Pero  bueno  resultará  lo  que  me  depare  el  hecho  de 
tener,  ante  Dios,  abundancia  de  sufrimientos  y  escasez  de 
honores.  A  este  Alejandro,  siempre  que  voy  a  la  iglesia, 
quisiera  no  verlo  en  ninguna  parte  del  ágora  y,  si  coincide 
que  lo  veo,  vuelvo  los  ojos  a  cualquier  otro  lado  y  de 
inmediato  me  salen  los  colores  a  las  mejillas.  Pero,  en  cuanto  45 
cruza  el  umbral  de  mi  casa  y  se  encuentra  bajo  mi  mismo 
techo,  le  dispenso  todos  los  honores  adecuados.  ¿Por  qué, 
pues,  no  soy  consecuente  conmigo  mismo  en  público  y  en 
privado,  y  en  ninguno  de  los  dos  casos  hago  lo  que  parece 
oportuno?  Mira,  en  un  sitio  me  someto  a  la  ley;  en  el  otro 
condesciendo  con  mi  naturaleza,  que  se  inclina  hacia  lo 
humanitario.  Aun  así,  yo  habría  violentado  mi  naturaleza  si  50 
hubiera  sabido  con  claridad  la  ley. 

En  definitiva,  la  pregunta  a  la  que  tú,  con  la  autoridad 
que  tienes  como  sucesor  de  los  apóstoles,  debes  responder 
sencilla  y  claramente,  es  ésta  y  esto  es  lo  que  te  planteo: 
¿Hay  que  considerar  a  Alejandro  obispo  o  no? 


405  Ptolemaida. 


140 


SINESIO  DE  CIRENE 


68 

AL  MISMO 

Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  antes  del  15  de  octubre  del  412 

A  quien  he  entregado  la  carta  te  lo  mando  para  un 
asunto  que  la  ley  divina  no  me  permite  exponer  con  detalle. 
Pero,  que  desde  joven  él  ha  practicado  la  virtud,  eso  sí  es  de 
justicia  decirlo  y  es  absolutamente  cierto.  En  cualquier  caso 
podrás  honrarlo  como  a  un  hombre  de  bien.  En  cuanto  a  la 
acusación  incoada  por  él,  deja  que  se  cumpla  lo  que  su 
5  propia  suerte  le  depare.  Pues  ojalá  tú  nunca  te  veas  impli- 
cado en  la  justificación  de  un  homicidio  406. 

69 

AL  MISMO 

Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  a  mediados  del  411 

Te  preocupas,  sí,  te  preocupas  de  la  Pentápolis.  Leerás 
sin  duda  la  correspondencia  oficial,  pero,  que  han  acontecido 
más  y  mayores  desgracias  de  las  que  aterrorizan  a  esas 
cartas,  lo  oirás  cuando  te  lo  diga  el  portador  de  ellas 407.  Y  es 
5  que  te  lo  envío  para  solicitar  de  ahí  ayuda  militar.  Pero  los 
enemigos408  ni  siquiera  han  aguardado  a  que  parta,  sino  que 


406  Seguimos  la  traducción  de  Garzya. 
4<"  Cf.  n.  296. 

408  Se  trata  de  la  tercera  invasión  de  los  ausurianos. 


CARTAS 


141 


se  han  apresurado  a  desplegarse  en  masa  por  nuestra  tierra. 
Todo  se  ha  perdido,  es  el  fin  de  todo.  Las  ciudades  son  lo 
único  que  aún  queda,  lo  que  queda  al  menos  hasta  el  mo- 
mento en  que  estoy  escribiendo:  lo  que  ocurrirá  mañana, 
sólo  Dios  lo  sabe.  Por  eso  necesitamos  tus  plegarias,  y  me 
refiero  a  esas  plegarias  que  suelen  alarmar  a  Dios.  Yo  le  he  10 
suplicado  ya  muchas  veces  tanto  en  privado  como  en  público, 
en  vano.  ¿Por  qué  digo  «en  vano»?  Porque  todo  lo  que  me 
rodea  se  me  pone  en  contra409.  Tan  graves  y  numerosos  son 
mis  pecados. 


70 

APROOLO410 
Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla,  en  el  412 

Desde  hace  un  año  no  me  llega  ninguna  carta  de  tu 
sagrada  mano.  También  esto  lo  cuento  entre  las  desgracias 
que  me  sobrevinieron  en  ese  período.  Y  es  que  el  año  pasado 
fueron  muchos  mis  pesares  y  por  muchos  motivos:  incluso 
este  invierno  me  ha  arrebatado  al  hijito  que  aún  me  quedaba  5 
para  reconfortar  mi  alma411.  Que  mi  sino  era  vivir  feliz 
mientras  estuviera  a  tu  lado  y,  lejos  de  ti,  sufrir  los  reveses 
del  destino.  ¡Ojalá  tenga  yo  el  consuelo  de  recibir  de  tu 
paternal  persona  una  carta,  lo  más  valioso  que  de  Tracia 
puede  acarrearse! 


409  Cf.  C.  66,  318. 

410  Cf.  n.  65. 

411  Cf.  n.  101. 


142 


SINESIO  DE  CIRENE 


71 

A  PILÉMENES 
Desde  drene  a  Constantinopla  e  Isauria 

Son  dos  los  recados  que  se  refieren  a  ti.  En  efecto,  estoy 
escribiendo  a  la  vez  a  Tracia  y  a  Isauria,  para  que,  de 
cualquier  manera,  llegues  a  encontrarte  al  menos  con  una  de 
las  dos  cartas.  El  asunto  de  ambas  es  saludar  a  mi  queridísimo 
amigo  Pilémenes,  el  filósofo,  pues  esto  es  lo  que  es,  quiera  o 
5  no  quiera.  Y  jamás  podrá  subyugar  esa  propensión  natural 
suya,  ni  apagará  esa  chispa  del  fuego  divino,  sino  que  la 
reavivará  un  día,  cuando  ya  se  encuentre  él  muy  por  encima 
de  esta  perversa  forma  de  vida412. 


72 

A  LOS  OBISPOS 

Desde  Ptolemaida  a  la  diócesis  pentápolitana. 
Algo  posterior  a  la  C.  41  y  a  la  42 

Que  Andronico,  después  de  haberle  mentido  a  lá  Iglesia, 
aprenda  por  experiencia  que  ella  dice  la  verdad.  Hace  poco, 

412  Con  la  expresión  «chispa  del  fuego  divino»  (ton  spinthha  toü  theíou 
pyrós:  cf.  H.  I  561)  Sinesio  alude  a  la  filosofía  y  con  «perversa  forma  de 
vida»  (tes  mochthéras  agogh:  «perversa  attivitá  attuale»  [Garzya])  a  la 
carrera  judicial,  a  la  que  se  había  dedicado  Pilémenes:  cf.  C.  103. 


CARTAS 


143 


no  hace  casi  nada,  que  él  pecó  contra  Dios  y  ultrajó  a  los 
hombres.  Por  ello  le  hemos  cerrado  las  puertas  de  nuestras 
iglesias  y  hemos  dictado  una  carta  dirigida  a  vuestra  frater- 
nidad 413  en  la  que  se  declara  la  sentencia  en  su  contra.  Él, 
anticipándose  a  la  misiva,  hizo  el  papel  de  suplicante  y  5 
prometió  arrepentimiento.  Todos  consideraban  justo  que  yo 
lo  acogiera,  todos  menos  yo.  Y  es  que  ya  creía  haber  com- 
prendido bien  que  este  sujeto  estaba  dispuesto  a  cualquier 
palabra  o  acto.  Que  él,  a  la  primera  ocasión,  iba  a  retornar  10 
a  sus  instintos  naturales,  era  algo  que  yo  esperaba  y  predecía; 
pero,  al  menos,  era  lógico  que,  bajo  la  amenaza  de  la  Iglesia, 
se  mostrara  mucho  menos  audaz  que  si  no  subsistiera  ninguna 
sospecha  contra  él.  Por  eso,  yo  estaba  decidido  a  perseverar 
en  aquella  resolución,  porque  me  había  determinado  a  hacer 
lo  más  piadoso  para  Dios  y,  también,  lo  más  conveniente  15 
para  los  ciudadanos. 

Pero,  sin  duda,  es  algo  temerario  oponerse  uno  solo  a 
muchos414;  a  quienes  son  ancianos,  uno  que  es  más  joven;  a 
quienes  han  consumido  ya  su  vida  en  el  sacerdocio,  uno  que 
apenas  lleva  un  año  entregado  a  ese  menester415.  Cedí  ante 
quienes  me  pedían  que  aún  no  hiciera  circular  la  carta  y  que 
lo  acogiese  a  condición  de  que  no  lanzara  más  su  furia 
contra  sus  iguales  y  de  que  pusiera  la  razón,  en  vez  de  la  pa-  20 


413  La  caita  a  la  que  se  refiere  Sinesío  es  la  42.  Contamos  aqui  con  uno 
de  los  primeros  ejemplos  del  término  adelphótés  («fraternidad»)  como 
tratamiento  o  título  honorífico  (por  esta  época  también  se  emplea  en 
documentos  vulgares:  cf.  J.  O'Callaghan,  Cartas...,  pág.  79,  carta  13,  16). 

4,4  Cf.  Od.  XX  313. 

415  Sinesio  tendría  en  ese  momento  (en  el  412)  alrededor  de  cuarenta 
años  y  llevaba  uno  en  la  cátedra  episcopal  (tras  su  aclamación  en  el  verano 
del  410,  fue  consagrado  a  principios  del  411). 


144 


SINESIO  DE  CIRENE 


sión416,  al  frente  de  su  vida.  «Si  permaneces  — le  dije — 
dentro  de  los  límites  que  te  he  fijado,  ahora  rogaré  yo  por  el 
perdón  de  tus  culpas  y,  en  el  futuro,  me  uniré  a  tus  propios 
ruegos.  Pero,  en  el  caso  de  faltar  a  tu  promesa,  te  aguarda  la 
condena,  que  será  publicada  por  todas  partes  y  se  prolongará 
por  tanto  tiempo  como  se  evidencie  lo  incorregible  de  tu 
carácter»417. 

Éste  fue  nuestro  parecer.  Él  dijo  que  iba  a  dar  y  nosotros 
íbamos  a  obtener  una  prueba.  Sí,  la  ha  dado  y  la  hemos 
obtenido:  nos  ha  brindado  argumentos  de  sobra  para  su 
excomunión418.  En  aquel  entonces  aún  no  se  había  atrevido 
a  hacer  confiscaciones  ni  había  aún  puesto  mano  en  cometer 
asesinatos.  Hoy  día,  ¿cuántos  son  unos  vagabundos  por 
culpa  de  éste?,  ¿cuántos,  hasta  ayer  hacendados,  están  men- 
digando por  culpa  de  éste?  Pero  poco  es  en  comparación 
con  lo  de  Magno,  nacido  noble  y  muerto  como  un  villano. 
En  tierra  yace  este  hijo  de  un  varón  ilustrísimo,  después  de 
haber  contribuido  con  todos  sus  bienes  a  las  necesidades  de 


416  La  pasión  (páthos)  bajo  la  soberanía  de  la  razón  (noüs  en  este  pasaje 
de  Sinesio,  en  vez  de  lógos)  es  un  tema  predilecto  del  Estoicismo.  La  lucha 
entre  ambas  se  ha  interpretado  de  diversas  maneras,  de  acuerdo  con  las 
concepciones  de  cada  autor:  cf.  F.  A.  García  Romero,  «Los  obstáculos  de 
la  razón.  De  Homero  a  San  Pablo»,  Estudios  Clásicos  91  (1987),  7  ss. 
También  el  Libro  cuarto  de  los  Macabeos  (sobre  todo  1,  1-3,  18),  errónea- 
mente atribuido  a  Flavio  Josefo  (cf.  ya  Eusebio,  Hist.  eel.  III  10,  6), 
pretende  demostrar  que  «la  razón  piadosa  (ho  ensebes  logismós)  es  dueña 
absoluta  de  las  pasiones  (ton  pathón)»  (1,  1;  y  cf.  1,  7).  Cf.  M.  López 
SalvA,  «Libro  cuarto  de  los  Macabeos»,  en  A.  Diez  Macho  (ed.),  Apócrifos 
del  Antiguo  Testamento  III,  Madrid,  1982,  págs.  121  ss.  Cf.  C.  41,  177  s. 

417  Cf.  n.  229. 

418  El  término  empleado  es  apokírixis  (también,  Sócrates,  Hist.  eel.  I 
6,  40):  cf.  apokiryktos,  apokéryssó  (y  ekkéryktos,  ekkeryssó)  y  n.  434. 


CARTAS 


145 


la  ciudad  y  haber  sido  carnaza  de  la  envidia  de  un  hombre 
hacia  otro.  Andronico  le  pedía  dinero  y  él,  al  no  dárselo,  fue 
golpeado  y,  al  dárselo,  también  fue  golpeado,  porque  en  él 
encontró  Andronico  una  mina.  Y,  ¿cómo  no?,  sus  campos  35 
no  se  los  vendió  a  sus  amigos  sino  al  gobernador419.  Mis 
lágrimas  se  derraman  por  esa  juventud  suya,  víctima  de  la 
injusticia,  y  por  las  esperanzas  frustradas  que  la  ciudad  puso 
en  ella.  Pero  más  digna  de  compasión  que  su  juventud  es  la 
vejez  de  su  madre,  porque,  de  sus  dos  hijos  varones,  uno  ha 
marchado  al  exilio  por  culpa  de  Andronico  y  ella  no  sabe 
dónde  está,  y  lo  que  sí  sabe  es  dónde  ha  sido  enterrado  el  40 
otro.  ¡Ay  de  las  leyes  violadas,  en  contra  de  las  cuales  están 
gobernando  aquéllos  su  propia  tierra  y  en  contra  de  las 
cuales  reciben  dinero  en  préstamo  ofreciendo  como  garantía 
un  cargo420!  Pero  lo  cierto  es  que,  de  todo  esto,  Dios  quiere 
que  sean  otros  los  que  se  preocupen.  A  nosotros  nos  basta 
con  mantenernos  puros  entre  lo  que  es  puro,  siempre  que 
podamos  permanecer  dentro  de  los  recintos  sagrados,  y  con  45 
apartar  de  lo  más  sacrosanto  a  los  execrables. 


4,9  Por  tanto  Andronico  se  quedó  con  todas  sus  posesiones.  Sinesio 
emplea  para  éste  el  término  stratégós  (que  ya  en  el  siglo  m  a.  C.  se  utilizaba 
para  el  gobernador  de  los  nomos  egipcios)  como  equivalente  de  hégemén 
(praeses). 

420  Creemos  que  ésta  es  la  mejor  interpretación  de  ep' archéi:  (reciben 
préstamos)  «sobre  un  cargo»  (la  expresión  es  válida  en  español),  «con  la 
garantía  de  un  cargo»  (cf.,  por  ejemplo,  Aristóteles,  Constitución  de  los 
atenienses  IX  1:  epi  tots  sémasi).  Estas  líneas  se  repiten  casi  literalmente  en 
C.  73,  42  s.  (cf.,  también,  n.  424).  Sobre  el  cohecho  y  la  venalidad  habla 
Sinesio  en  Real.  30  c-d. 


146 


SINESIO  DE  CIRENE 


73 

ATROILO 

Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla,  en  el  412 

Tú  eres,  ya  se  sabe,  filósofo  y  persona  humanitaria;  ante 
ti,  pues,  debo  yo  lamentarme  de  las  adversidades  de  la  tierra 
que  me  crió:  tú  la  honrarás  en  virtud  de  ser  un  ciudadano 
filósofo  y  sentirás  compasión  en  virtud  de  tu  benignidad 
natural.  En  virtud  de  ambas  cosas  intentarás  enderezarla 

5  tras  su  caída.  Y  bien  puedes,  porque  es  Antemio 421  el  que 
tiene  carácter,  suerte  y  habilidad  para  salvar  a  las  ciudades. 
Y,  siendo  muchos  los  recursos  con  los  que  para  ello  cuenta 
por  don  de  Dios,  el  mejor  de  todos  son  sus  amigos  y  de  éstos 
Troilo  es  el  mejor.  Por  tanto,  no  vayas  a  aplicar  sólo  tus 
ojos,  sino  también,  y  con  absoluto  interés,  tu  mente  a  estas 

10  líneas,  sobre  las  que  yo  he  ofrecido  en  sacrificio  muchas 
lágrimas  422. 

Pero,  ¿cómo?  Los  fenicios  no  gobiernan  a  los  fenicios,  ni 
los  celesirios  a  los  celesirios  423;  los  egipcios,  por  su  parte, 
gobiernan  sobre  cualquier  país  menos  sobre  el  suyo,  ¿y  son 
los  libios  los  únicos  que  lo  hacen  sobre  el  suyo  propio424? 


421  Cf.  n.  274.  Tanto  Troilo  como  Anastasio  (cf.  C.  48  y  79)  estaban 
muy  cercanos  al  prefecto  Antemio  y  a  ellos  se  dirigirá  en  vano  Sinesio 
solicitando  ayuda  contra  los  abusos  de  Andronico. 

422  O,  simplemente,  «sobre  las  que  he  derramado  muchas  lágrimas». 
Pero  pretendemos  conservar  el  sentido  originario  de  kataspéndo. 

423  La  Celesiria  (la  «Siria  hueca»,  Koílé  Syria)  estaba  situada  entre  el 
Líbano  y  el  Antilíbano. 

424  Un  gobernador  no  podía  ejercer  el  cargo  en  la  provincia  de  la  que 
era  originario:  cf.,  más  abajo,  líneas  31  ss.,  y  Lacombrade,  Synésios..., 
pág.  230,  n.  7. 


CARTAS 


147 


¿Acaso  los  libios  son  los  únicos  que  han  mostrado  el  mayor 
arrojo  y  que  han  resuelto  ir  contra  las  leyes?  Sí,  cuando  más 
numerosos  y  más  terribles  resultan  los  castigos  para  los 
transgresores,  precisamente  entonces  las  naturalezas  per-  15 
versas  se  precipitan  sobre  aquéllas  con  mayor  violencia. 

Era  preciso  que  fuera  destruida  de  raíz  la  Pentápolis 
cirenaica.  El  hambre  y  la  guerra  aún  no  han  exterminado 
todo  lo  que  debían,  sino  que  van  consumiendo  y  aniquilando 
poco  a  poco.  Y,  sin  duda,  hemos  descubierto  además  lo  que 
faltaba  para  que  ya  de  golpe  quede  arruinada.  No  es  sino  lo 
que  el  oráculo425,  antaño  pronunciado,  vaticinó  sobre  el  fin 
de  la  Pentápolis.  A  nuestros  padres  y  abuelos  se  lo  hemos  20 
oído:  «La  maldad  de  sus  gobernantes  destruirá  Libia».  Y 
esto  es  sólo  una  parte  de  aquel  vaticinio.  Pero,  si  así  está 
prefijado,  ingeniáosla  para  lograr  un  aplazamiento  del  mal. 
De  cierto  que  los  recursos  de  los  médicos  no  pueden  en 
absoluto  impedir  la  muerte  de  los  hombres,  dado  que  es  una 
imposición  de  la  naturaleza,  pero  sí  consiguen  retrasar  lo  25 
inevitable.  Esto  mismo  es  lo  que  pedimos  también  de  los 
recursos  del  gobernante:  que  ayude  a  la  naturaleza  contra  la 
enfermedad  y  que  no  acelere  la  aniquilación. 

No,  lo  ruego,  no  vaya  a  ocurrir  en  estos  tiempos  del  gran 
Antemio  que  una  provincia  romana  sea  borrada  del  mismo  30 
centro  de  la  diócesis.  Háblale,  háblale  desde  la  razón:  «¿No 
has  sido  tú  el  promotor  de  que  se  pusiera  en  circulación  esa 
ley,  recién  promulgada  en  substitución  de  la  antigua,  que 
hace  que  se  ciernan  muchas  y  graves  penas  sobre  quienes 
pretenden  el  gobierno  de  la  tierra  que  los  crió?  ¿Cómo, 
entonces,  no  te  irritas  con  quienes  ante  ti  se  jactan  de  que- 


425  De  este  oráculo  (que  lógicamente  habría  salido  del  santuario  de 
Amón  en  Libia:  cf.  Sinesio,  Sueñ.  143  d)  no  tenemos  otros  testimonios. 


148 


SINESIO  DE  CIRENE 


brantar  tus  mandatos426?  Desde  luego,  si  no  se  te  pasan 
35  desapercibidos,  eres  injusto;  si  se  te  pasan,  eres  negligente». 
No  debería  proceder  así  el  hombre  más  dotado  de  autoridad, 
sino  poner  su  atención,  antes  que  nada,  en  una  sola  cosa:  en 
elegir  a  los  indiscutiblemente  mejores  para  que  ejerzan  la 
prefectura.  Es,  de  cierto,  divina  y  sublime  esa  previsión427 
por  la  que  uno  invierte  todo  su  cuidado  en  escoger  a  un 
4o  hombre  bueno.  Pero  es  que  de  ello  depende  el  que  se  pueda 
cuidar  de  una  nación  entera.  Pues  bien,  es  importante  haber 
rechazado,  de  inmediato,  a  esos  que  arremeten  contra  las 
leyes,  en  contra  de  las  cuales  están  gobernando  ellos  su 
propia  tierra  y  en  contra  de  las  cuales  reciben  dinero  en 
préstamo  ofreciéndonos  a  nosotros  como  garantía,  como  si 
fuéramos  propiedades  suyas428.  Detened  el  mal.  Mandadnos 
unos  magistrados  más  legales,  que  no  nos  conozcan  ni  nos 
45  sean  conocidos,  y  que  diriman  los  asuntos  de  acuerdo  con  su 
idiosincrasia  natural  y  no  con  sus  sentimientos  respecto  a 
cada  uno  de  nosotros. 

Ahora  las  cosas  están  de  la  siguiente  manera.  Está  nave- 
gando ya  de  regreso  hacia  acá  un  gobernador 429  cuya  política 
hasta  ayer  mismo  era  adversa  a  la  ciudad  y  que  litiga  desde 
los  tribunales  contra  cualquier  discrepancia  en  esta  materia. 


426  Cf.  n.  424. 

427  Las  ideas  aquí  expresadas  coinciden  con  las  del  discurso  Sobré  la 
Realeza  (29  d  ss.).  De  hecho,  nuestro  autor  toma  casi  literalmente  una  frase 
de  Real.  29  d.  Creemos  que  la  traducción  que  en  su  día  ofrecimos  de  dicha 
frase  (Sinesio  de  drene.  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993)  puede 
retocarse  a  la  luz  de  las  líneas  de  la  presente  carta:  «...  porque  esta  previsión 
(la  de  seleccionar  con  cuidado  a  los  gobernantes)  es  divina  y  magnífica». 

428  Eph'  hemín  hó'sper  ept  ktémasi:  cf.  C.  72,  41  s.  y  n.  420. 

429  Andronico.  El  término  empleado  aquí  es  despótes,  «señor»,  que  ya 
se  utiliza  en  los  siglos  I  y  n  para  referirse  al  emperador  (para  Dios  se  va 
reservando  kyrios:  cf.  O'Callaghan,  Cartas...,  pág.  43,  n.  a  la  carta  3,  13). 


CARTAS 


149 


¡Cuántos  otros  males  brotan  de  ahí!  43°.  En  los  banquetes  se 
lanzan  calumnias431;  por  agradar  a  una  mujer  se  le  causa  la  50 
ruina  a  un  ciudadano  y  se  demanda 432  a  un  acusador;  y  todo 
aquél  que  no  denuncie  a  nadie  por  proponer  medidas  ilegales, 
es  condenado,  a  no  ser  que  haya  sufrido,  antes  de  la  condena, 
el  mismo  castigo  que  los  condenados.  Vimos  preso  a  uño 
por  no  haber  inculpado  de  hurto  del  tesoro  público  a  aquél 
que,  hace  poco,  cesó  en  el  más  alto  cargo  433;  o,  mejor  dicho,  55 
ni  siquiera  lo  hemos  visto,  pues  se  le  prohibieron  las  visitas 
(como  se  hace  con  los  excomulgados  o  con  los  enemigos  del 
emperador434),  mientras  ellos  no  consiguieran  cuanto  querían. 
Aquel  hombre  pudo  contemplar  la  luz  del  sol  a  condición  de 
que  acusara  a  Genadio.  Y,  sin  embargo,  esta  Pentápolis 
nuestra  ha  recibido  muchas  veces  muchos  beneficios  de 
parte  del  sirio  Genadio;  y,  el  mayor  de  todos,  éste:  el  haber 
encomendado  su  gobierno  a  la  razón 435  y  a  la  persuasión  y,  60 
sin  darnos  cuenta  nosotros,  haber  introducido  en  las  arcas 436 
del  estado  más  dinero  que  los  gobernadores  más  crueles  y 
más  renombrados  por  su  dureza.  Por  causa  de  tal  dinero 
nadie  lloró  ni  nadie  tuvo  que  vender  sus  campos.  Justamente 
se  la  podría  llamar  una  contribución  piadosa,  que  no  vino 
obligada  por  los  ultrajes  ni  por  el  látigo.  En  lo  que  respecta  65 


430  Cf.  Platón,  República  573  d;  Tbmistio,  Discursos  32,  360  b. 

431  Sykophantéitai:  cf.  n.  276. 

432  Ekkéleustos:  «e  messo  al  bando»  (Garzya). 

433  Genadio,  el  praeses  a  quien  sucedió  Andronico:  cf;  Sinesio,  Disc.  II 
(Catástasis  maior). 

434  Aquí  tois  enagésin:  cf.  n.  418.  Con  la  expresión  «los  enemigos  del 
emperador»  se  refiere  Sinesio  al  delito  de  lesa  majestad. 

"35  Cf.  C.  72,  20  s. 

436  Más  literalmente:  «en  las  cuentas  del  estado»  (tais  démosíois  psí- 
phois). 


150 


SINESIO  DE  CIRENE 


a  los  ciudadanos,  ¡ay,  qué  nostálgico  recuerdo  de  lo  que  ya 
acabó!,  ¡ay,  qué  amarga  experiencia  de  lo  que  estamos 
viendo  ahora! 

Así  pues,  nada  extraordinario  reclamamos:  lo  que  hace- 
mos es  suplicarle  a  Antemio  en  pro  de  las  leyes;  a  él,  que  es 
su  guardián,  en  pro  de  esas  leyes,  cuya  antigüedad  es  digna 
de  reverencia  (que  también  esto  es  un  refrendo  de  la  autoridad 
70  de  la  ley),  como  dignas  son,  si  así  parece  oportuno,  las  dis- 
posiciones más  recientes  que  se  adscriben437  a  una  soberanía, 
podría  decirse,  aún  viva. 

74  v 
A  PILÉMENES 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  1 

Te  he  enviado  un  libro 438  compuesto  a  la  ática,  de  esme- 
rada elaboración:  sólo  que  lo  dé  por  bueno  Pilémenes,  el 
más  crítico  de  los  oídos  que  me  escuchan 43?,  eso  es  ya  una 
recomendación  para  el  porvenir.  Y  si  no  parece  una  obra 
seria,  ten  por  cierto  que  uno  puede  escribir  por  diversión 
divertimientos. 


437  Epigraphómena:  «llevan  la  marca  o  el  sello»,  «revelan,  delatan». 

438  Lo  más  probable  es  que,  como  en  la  C.  1,  5  (cf.  n.  4),  se  trate  del 
Elogio  de  la  calvicie  (paízein  ta  paígnia,  se  lee  en  la  línea  4  de  la  carta), 
aunque  también  se  ha  pensado  en  el  Dión  (cf.  C.  154):  cf.  ed.  Garzya, 
1979,  pág.  133,  n.  ad  loe.  (y  ed.  1989,  pág  214,  n.  1); 

439  Para  Garzya  (ibid.,  n.  2),  «allusione  alia  lettura  in  pubblico  delle 
lettere». 


CARTAS  151 

75 

A  NICANDRO 
Desde  drene  a  Constantinopla 

Ese  famoso  epigrama440  mío  (¿y  cómo  no  va  a  ser  famoso 
habiéndolo  dado  por  bueno  el  gran  Nicandro?): 

Estatua  de  la  áurea  Cípride  o  de  EstratoniceAU, 

tú  sabes  bien,  por  lo  que  lees  en  el  verso,  que  lo  compuse 
entonces  para  mi  hermana.  Ésta,  la  más  querida  de  mis  5 
hermanas  442,  a  la  que  consideré  digna  de  la  estatua  y  del 
verso,  tiene  por  cónyuge  a  Teodosio,  de  la  guardia  imperial, 
quien443,  por  el  tiempo  que  lleva  y  por  su  dedicación  a  la 
milicia,  ya  hace  mucho  que  podría  haber  conseguido  un 
puesto  preeminente;  pero  las  acciones  de  guerra  cuentan 
más  que  los  años.  Así  pues,  sé  valedor  suyo  también  en  las 
causas  judiciales,  si  en  alguna  tiene  que  vérselas  con  Ante-  10 
mió.  ¡Que  reciba  él  algún  provecho  del  gran  Nicandro! 


440  Consta  sólo  de  un  hexámetro  (al  parecer,  una  inscripción)^ 
,  441  Cípride  es  Afrodita,  que  recibe  este  apelativo  «porque  nació  en 
Chipre,  la  de  muchas  olas»  (Hesíodo,  Teogonia  199).  Este  hexámetro  se 
incluye  en  la  Antología  Planúdea  (79)  y  parece  una  imitación  de  Posidipo 
de  Pela,  Ant.  Plan.  68  (cf.  E.  FernAndez-Galiano,  Posidipo  de  Pela, 
Madrid,  1987,  pág.  148). 

442  Sobre  las  hermanas  de  Sinesio,  cf.  n.  91. 

443  Aunque  no  es  estrictamente  necesaria,  puede  aceptarse  la  adición  de 
hós,  propuesta  por  Hansen  en  su  reseña  de  «Synesii  Cyrenensis  Epistulae. 
A.  Garzya  recensuit»,  Byz.  Zeitschr.  79  (1986),  347-348. 


152 


SINESIO  DE  CIRENE 


76 

A  TEÓFILO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  411  y  el  412 

Los  olbiatas  (habitantes  que  son  de  un  pueblo  de  la 
campiña)  tuvieron  necesidad  de  elegir  obispo,  después  de 
que  el  muy  bienaventurado 444  Atamante  concluyera  su  sa- 
cerdocio a  la  vez  que  una  larga  vida.  Me  convocaron,  por 
tanto,  también  a  mí  para  que  fuera  partícipe  de  su  delibera- 
ción. Y  los  felicité  porque  podían  escoger  de  entre  muchos 
y  muy  buenos  candidatos  y  mucho  más  felicité  a  Antonio 
por  su  virtud,  porque  parecía  ser  más  bueno  incluso  que  los 
buenos.  Hacia  él,  en  efecto,  se  decantó  el  voto  de  todo  el 
pueblo.  A  la  opinión  de  la  multitud  se  sumaron  también  los 
dos  piadosísimos  obispos445:  junto  a  ellos  se  había  educado 
aquél  y  por  las  manos  de  uno  de  los  dos  había  sido  ordenado 
sacerdote.  Coincidía,  por  otra  parte,  que  tampoco  para  mí 
era  Antonio  un  total  desconocido:  por  todas  las  palabras  y 
acciones  que  de  él  conocía  lo  elogié.  Y,  después  de  sumar  a 
los  méritos  que  ya  sabía  los  que  estaba  oyendo,  también  yo 
di  mi  voto  a  aquel  hombre. 

Sería  mi  deseo  también  acogerlo  y  asociármelo446,  con 
la  misma  dignidad  que  yo,  en  el  obispado.  Así  pues,  aún 
hace  falta  Una  cosa,  la  más  importante  por  cierto:  tu  sagrada 


444  Cf.  n.  329  (cf.  el  superlativo,  por  ejemplo,  en  Atanasio,  Apología 
contra  los  arríanos  58). 

445  Cf.  n.  354.  Con  Sinesio  serian  ya  tres  los  obispos  allí  presentes  (el 
número  requerido):  cf.  n.  342.  ¡- 

446  Seguimos  de  cerca  la  müy  atinada  traducción  de  Garzya. 


CARTAS 


153 


mano.  Esto  es  lo  que  les  hace  falta  a  los  olbiatas;  a  mí,  tus 
plegarias. 

77 

A  ANISIO 

Desde  Ptolemaida,  a  comienzos  del  411 

La  luz  y  la  tiniebla  no  quieren  aguardarse  la  una  a  la 
otra,  sino  que  por  ley  natural  se  dan  de  cara.  Cuando 
regresábamos  de  acompañarte,  nos  encontramos  con  An- 
dronico. 


78  i 
AL  MISMO 

Desde  Ptolemaida,  en  el  411 

Nada  sería  más  ventajoso  para  la  Pentápolis  que  honrar 
con  preferencia  a  los  unigardas 441 ,  buenos  como  hombres  y 
como  soldados,  más  que  a  todos  los  demás  soldados:  no 
sólo  más  que  a  las  tropas  llamadas  indígenas,  sino  incluso 
más  que  a  cuantos  hayan  podido  venir  a  estas  regiones  para 
integrar  las  fuerzas  auxiliares.  Y  es  que  éstas,  que  son  nume-  5 

447  Estas  tropas  auxiliares  también  se  mencionan  en  Sinesio,  Disc.  I 
(Catástasis  minor)  306  a  y  II  (Catástasis  maior)  300  a,  n.  6. 


154 


SINESIO  DE  C1RENE 


rosísimas,  nunca  se  vieron  enzarzadas  en  una  lucha  temeraria 
contra  los  enemigos,  que  eran  menos.  Aquéllos,  sin  embargo, 
que  sólo  son  cuarenta,  con  la  ayuda  de  Dios  y  contigo  como 
general,  han  formado  ya  sus  líneas  dos  o  tres  veces  contra  un 
grueso  de  más  de  mil  hombres  y  han  alcanzado  las  mayores 
y  más  honrosas  victorias.  De  los  bárbaros  que  se  les  pusieron 

10  a  la  vista,  a  unos  los  arrasaron,  a  otros  los  arrojaron448,  y 
todavía  patrullan  por  las  zonas  altas  del  territorio,  en  guardia 
contra  las  incursiones  de  los  enemigos,  como  perros  que 
saltan  fuera  del  cercado  para  que  la  fiera  no  se  abalance 
sobre  el  rebaño. 

Así,  nosotros  sentimos  vergüenza  ante  el  hecho  de  que 
estos  proceres  estén  llorando,  bañados  en  sudor  por  defen- 

15  demos.  Y  es  que,  al  escuchar  la  lectura  de  lo  que  ellos  me 
han  escrito,  yo  no  he  podido  quedarme  impasible  y  estimo 
que  tampoco  tú  debes  desatender  su  plegaria.  Pues  a  ti  te 
suplican  por  mediación  mía  y  al  emperador  por  mediación 
tuya  con  una  súplica  que  hubiera  sido  razonable  por  nuestra 
parte  haber  satisfecho,  aun  habiendo  ellos  permanecido  en 

2o  silencio:  la  de  no  ser  alistados  en  las  unidades  indígenas.  Y 
es  que  se  volverían  inútiles  para  sí  mismos  y  para  nosotros, 
al  verse  desposeídos  de  las  dádivas  imperiales,  si  no  pudieran 
contar  con  cambio  de  caballos,  ni  con  munición  de  armas,  ni 
con  dinero  suficiente  para  unas  tropas  de  combate.  Tú,  al 
menos,  el  mejor  entre  todos  ellos,  no  mires  con  indiferencia 
el  que  tus  conmilitones  vengan  a  parar  a  una  categoría  más 
baja;  por  el  contrario,  que  ellos,  sin  menoscabo  de  sus 


448  En  el  original  existe  un  juego  de  palabras  (y  paronomasia)  entre 
apolólekótes  y  apelelakótes,  que  intentamos  reproducir,  aunque  de  una 
manera  un  tanto  forzada. 


CARTAS 


155 


privilegios,  continúen  asentados  sobre  las  sólidas  bases  de  25 
su  anterior  dignidad. 

Bien  podría  esto  suceder  si,  gracias  a  un  informe  tuyo, 
nuestro  humanísimo  449  emperador  se  enterara  de  cuán  pro- 
vechosos han  sido  ellos  para  la  Pentápolis.  Y,  en  nombre 
mío,  incluye  en  tu  carta  otra  petición  al  emperador:  que  a 
estos  cuarenta  se  les  añadan  ciento  sesenta  hombres  más. 
¿Quién  no  sería  de  la  opinión  de  que,  con  la  ayuda  de  Dios,  30 
doscientos  unigardas,  parejos  en  temple  y  fortaleza  a  éstos 
cuya  mansedumbre  de  carácter  estamos  no  menos  elogiando, 
y  comandados  por  ti,  le  bastarían  al  emperador  para  llevar 
a  término  la  guerra  contra  los  ausurianos?  ¿Y  qué  necesidad 
hay  de  tantas  levas  y  de  esos  dispendios  que  periódicamente 
se  hacen  cada  año  para  mantener  un  ejército  aquí?  Lo  que  se  35 
necesita  para  la  guerra  son  fuertes  brazos  y  no  una  lista  de 
muchos  nombres. 

79 

A  ANASTASIO 
Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla,  a  finales  del  411 

Yo  no  he  podido  serle  útil  a  Evagrio,  el  sacerdote,  ni 
tampoco  a  ningún  otro  de  los  que  han  sido  injustamente 
tratados.  Y  es  que  nos  gobierna  Andronico  de  Berenice,  «un 


449  Philanthrópótatos:  el  término  philanthropia  se  utiliza  como  trata- 
miento honorífico  para  dirigirse  al  emperador  (cf.  Atanasio,  Apología  a 
Constancio  2),  que  en  estos  años  es  Teodosio  II  (408-450). 


156 


SINESIO  DE  CIRENE 


hombre  nefasto» 450,  con  ánimo  y  lengua  de  criminal.  Si  a  mí 
5  me  desprecia,  eso  no  importa;  pero  me  parece  que  él  se 
avergüenza  incluso  de  honrar  a  la  divinidad:  «tanto  golpea 
el  cielo  con  la  cabeza»451. 

Por  tu  sagrada  y  queridísima  persona  te  lo  juro:  ha 
cubierto  a  la  Pentápolis  con  un  traje  de  luto,  inventando 
empulgueras  y  torturapiés 452  y  algunos  otros  insólitos  tor- 
io mentos,  no  para  los  delincuentes  (que  ahora  quien  lo  desee 
puede  delinquir  y  mucho),  sino  para  los  que  pagan  impuestos 
por  su  patrimonio  y  para  aquellos  otros  que  tienen  cualquier 
deuda.  Es,  en  efecto,  un  hombre  hábil  en  inventarse  argu- 
mentos dignos  de  su  calaña  y  la  de  Toante453,  a  quien,  de 
encargado  de  la  cárcel  que  era,  se  le  encomendó  la  recauda- 
ción del  sueldo  militar,  llamado  «de  los  reclutas»  y  a  esto  se 
15  le  añadió  el  tributo  de  palacio 454:  siempre  hay  un  nuevo  mal 
que  se  suma  al  antiguo,  para  la  vejación  de  pueblos  y  na- 
ciones. 

No,  ni  siquiera  a  los  hacendados  y  ricos  les  es  posible 
salir  sin  latigazos:  mientras  el  esclavo  va  a  casa  a  traer  el 


450  Éupolis,  Fr.  332  Kassel-Austin  (cf.  Luciano,  El  fabo  razonador  o 
sobre  el  término  "apophrás"  32,  etc.).  Sobre  Anastasio,  cf.  n.  421. 

451  Cf.  C.  41,  230  s.,  n.  204. 
4"  Cf.  C.  42,  10. 

«3  Cf.  C.  42,  48. 

454  Se  mencionan  aquí  dos  tipos  de  tributos  mal  conocidos.  Por  una 
parte,  el  stratiotikdn  chrysíon  (toü  s.  ch.  toü  kalouménou  tironikoü),  que 
quizá  sea  el  aurum  tironicum  o  tironum  praebitio  (lat.  tiro,  «recluta»;  cf. 
Cod.  Theod.  VII  13,  7),  impuesto  al  que  estaban  obligados  quienes  no 
podían  proporcionar  nuevos  reclutas  (cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  220,  n.  3) 
y  que  se  empleaba  para  pagar  a  las  tropas.  Por  otra,  esos  aulanaía, 
identificables  con  el  aurum  coronarium  (cf.  Cod.  Theod.  XII  13,  2):  cf. 
Sinesio,  Real.  2  c,  n.  5. 


CARTAS 


157 


dinero,  al  amo  lo  apalean  y  se  queda  sin  alguno  de  los  dedos. 
Y,  cuando  aquél  carece  de  un  motivo  de  peso  para  invitarlo  455,  20 
ahí  están  de  reserva  Maximino  y  Clinias:  en  estos  dos  se 
despachan  a  su  gusto  sus  desordenadas  pasiones.  Lo  que  me 
parece  es  que  un  individuo  tal  obtiene  la  protección  de 
perversos  demonios,  los  cuales  quieren  que  disfruten  de 
alabanza  y  buena  fortuna  las  más  criminales  almas,  a  las  que 
pueden  utilizar  como  instrumentos  para  la  común  calami- 
dad 45<s.  Y  es  por  eso  que  le  procuran  la  gloria  propia  de  un  25 
hombre  noble.  Sin  embargo,  ¿cómo  va  a  ser  razonable  que 
se  enaltezca  al  que  está  en  alto  y  se  humille  al  humilde  457?  ¿Y 
qué  decir  de  que,  a  sus  ojos458,  toda  persona  de  carácter 
mesurado  y  afable  sea  tenido  «en  la  misma  estima  que  un 
cario»459  y  sea  despreciada,  mientras  Zenas  y  Julio460  son  los 
únicos  poderosos?  Zenas  es  el  que  impuso  el  año  pasado  la  30 
tributación  doble  y  el  que  ahora  amenaza  a  Anastasio,  un 
hermano  para  mí,  con  acusarlo  y  condenarlo  por  infidelidad 
en  su  embajada.  Aquél,  no  obstante,  tiene  poder  con  el 
consentimiento  de  Andronico;  Julio,  por  el  contrario,  lo 
tiene  sin  su  consentimiento  y  a  pesar  de  sus  quejas,  y  contra 
nadie  se  ha  mostrado  tan  enérgico  como  contra  Andronico. 
Dos  o  tres  veces  le  ha  gritado,  «insultándolo  como  desde 
una  carreta» 461  y  lanzándole  todo  tipo  de  amenazas,  de  las  35 


455  Andronico  a  Toante,  se  sobreentiende. 

456  Cf.  C.  42,  49. 

4«  Cf.  Mateo,  23,  12;  Lucas,  1,  52;  14,  11;  18,  14,  etc.  : 
458  Literalmente  «en  presencia  de  él»,  «ante  él»  (eph '  hoü).  Seguimos  la 
traducción  de  Garzya  («agli  occhi  di  Andronico»). 
45'  77.  IX  378,  y  cf.  Sinesio,  Peonio  307  b,  n.  1. 

460  Dos  decuriones,  secuaces  de  Andronico:  cf.  C.  42,  48,  n.  235. 

461  Expresión  proverbial  (Aristófanes,  Caballeros  464;  Demóstenes, 
XVIII 122;  Luciano,  Zeus  trágico  44;  cf.  Corp.  Paroem.  Graec.  I  453,  17) 


158 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  yo  mismo  me  sentiría  totalmente  honrado  si  fueran 
pronunciadas  por  mi  boca.  A  esa  inmundicia  de  hombre  la 
ha  dejado  hecha  un  ratón  en  vez  de  un  león462  y  lo  trata 
como  a  un  esclavo,  en  tanto  en  cuanto  no  se  atreve  ni 
4o  siquiera  a  murmurar  por  lo  bajo  en  los  rincones  463  contra  su 
amo  (cosa  que,  por  supuesto,  pueden  hacer  los  criados;  pero 
Andronico  no,  pues  la  irracionalidad  nunca  es  valiente,  sino 
cobarde  o  temeraria,  según  la  ocasión,  o  sea,  siempre  mala). 
El  admirable 464  Herón,  de  una  manera  digna  de  él,  os  hablará 
de  lo  que  le  atañe,  siempre  y  cuando  siga  vivo.  Y  es  que  en 
tal  estado  se  encontraba  por  el  hecho  mismo  de  convivir  con 
45  la  perversidad  de  ese  hombre  y  de  verse  diariamente  que- 
brantado por  los  horrores  que  escuchaba  y  sufría,  que  al 
cabo,  incluso  una  vez  libre  de  esta  mortífera  convivencia, 
desesperaba  de  llegar  a  ser  dueño  de  su  propia  vida.  Y,  en 
aquel  entonces,  aún  no  había  regresado  Toante  de  su  famo- 
so sísimo  viaje 465.  Pero,  ahora,  lo  cierto  es  que  él  se  ha  forti- 
ficado contra  todos  los  nobles,  cual  nueva  Decelea466,  después 
de  haber  traído  la  noticia  de  un  misterioso  sueño  del  pre- 


que  guarda  relación  con  los  ritos  de  los  misterios  eleusinos  (que  perduraron 
hasta  el  394,  año  en  el  que  Alarico  destruyó  el  santuario  de  Eleusis),  en 
concreto  con  la  aischrología  o  intercambio  de  improperios  y  gestos  obscenos 
por  parte  de  las  mujeres  (montadas  en  carretas)  en  ciertos  momentos  de  la 
procesión  de  Atenas  a  Eleusis,  el  19  de  boedromión. 

462  Quizá  otra  expresión  proverbial,  relacionada  con  la  fábula  de  Babrio, 
82  Crusius  («El  león  ofendido  por  un  ratón»), 

463  Cf.  Platón,  Gorgias  485  d. 

464  Thaumásios:  cf.  n.  297. 

465  A  Constantinopla,  para  entrevistarse  con  el  prefecto  Antemio. 

466  En  el  413  a.  C,  durante  la  Guerra  del  Peloponeso,  los  espartanos 
invandieron  el  Ática  y  se  fortificaron  en  Decelea  para  tener  en  jaque  a 
Atenas:  cf.  Tucídides,  VI  91,  VII  19. 


CARTAS 


159 


fecto  467,  cuyo  significado  es  que  algunos  de  aquí  deben 
morir  y  otros  quedar  presos.  Y  presos  quedan  algunos  hom- 
bres de  los  nuestros  por  culpa  de  ese  sueño  misterioso  y 
otros  mueren  sin  causa  manifiesta.  Y  seguro  que,  si  no  han  55 
muerto,  morirán  pronto.  Unos,  por  los  latigazos,  han  pere- 
cido; otros,  por  su  fuerza  física,  se  mantienen  aún  con  vida, 
hasta  este  mismo  día  en  que  te  envío  la  carta. 

«Pero  el  gran  Antemio  — dicen — ,  el  prefecto  de  los 
romanos,  no  sanará  ni  dejará  de  tener  fiebre  mientras  no  60 
perezcan  Maximino  y  Clinias.» 

Esto  es  lo  que  Toante  va  repitiendo  quedo.  Por  eso, 
Andronico  ni  siquiera  le  permite  a  Maximino  pagar  su 
contribución  y  ahuyenta  a  todos  los  que  pretenden  comprar 
las  propiedades  de  Leucipo.  Que  lo  principal  no  es  que  se 
llenen  las  arcas  públicas  sino  que  recobre  la  salud  el  pre- 
fecto 46S,  el  cual,  tras  de  hacer  venir  a  su  casa  sólo  a  Toante  65 
y  en  presencia  — dicen —  sólo  del  sofista469,  le  ha  referido  el 
sueño.  Y  los  puertos  fueron  cerrados  — al  menos  eso  jura 
Toante — ,  hasta  que  él,  después  de  zarpar  a  toda  prisa, 
pudiera  referirle  a  Andronico  aquel  misterio,  con  el  fin  de 
que  no  escapase  a  escondidas  ninguno  de  los  que  merecían 
morir  por  la  vida  de  Antemio.  A  raíz,  entonces,  de  lo  que  70 
otro  ha  visto  en  sueños  o,  mejor  dicho,  de  lo  que  se  cuenta 
que  ha  visto,  la  Pentápolis,  en  plena  vela470,  ha  llegado  a 
mala  situación.  Y  es  que  Andronico,  al  habérsele  confiado 


467  Ton  hypárchón  en  el  original,  en  plural  «per  iperbole  retorica»  (ed. 
Garzya,  1989,  pág.  223,  n.  11). 

468  Toús  hypárchous:  cf.  n.  anterior. 

469  Podría  ser  Troilo  (cf.  C.  26,  etc.)  o,  también,  un  «onirocrita»  o 
intérprete  de  sueños. 

470  Ónar...  hy'par.  cf.  C.  56,  1  s. 


160 


SINESIO  DE  CIRENE 


tales  secretos  y  estar  dispuesto  a  ser  el  benefactor  de  la  feliz 
casa  del  prefecto471, 

preso  es  de  una  furia  terrorífica,  confiado 

75  en  Toante,  y  no  conoce  el  respeto 

a  hombres  ni  a  dioses:  violenta  rabia  en  él  se  ha  hundido  m. 

En  estas  circunstancias  en  que  se  halla  su  patria,  Evagrio 
no  ha  tenido  necesidad  de  un  adivino  para  predecir  el  hecho 
de  que,  si  acude  a  los  tribunales,  va  a  escapar  mal.  Y  el 
propio  Andronico  le  ha  dado  a  conocer  a  las  claras  su 

80  determinación,  no  a  éste  ni  a  aquél,  sino  al  propio  Evagrio, 
y  le  ha  exigido  que  peche  con  su  obligación473,  si  es  que 
quiere  obrar  con  sensatez;  pues,  de  lo  contrario,  él,  por 
supuesto,  pronunciaría  una  sentencia  condenatoria. 

Por  mi  parte,  he  alegado  en  mi  propia  defensa,  ante 
Dios,  ante  el  divino  Dioscúrides  y  ante  todos  los  hombres, 

85  que,  de  tanta  honra  como  yo  tenía,  he  pasado  a  sufrir  esta 
deshonra  tan  grande,  al  menos  en  lo  humano,  y  que,  de  tan 
fuerte  como  era,  me  he  convertido  en  tan  débil.  Y,  cuando 
yo  estaba  ausente,  Andronico  velaba  por  mantener  mi  in- 
fluencia, gracias  a  la  cual  dos  veces  se  ha  salvado  de  que  lo 
metieran  en  prisión  en  Alejandría.  Pero,  ahora  que  estoy 
aquí,  te  juro  por  tu  sagrada  persona  que  me  trata  de  tal 
forma  que,  al  sobrevenirme  la  pérdida  del  más  querido  de  90 

471  Ton  hypárchón:  cf.  n.  467. 

472  77.  IX  238  (con  Thóanti  y  olde  tíein  en  vez  de  Dií  y  tíei  del  texto 
homérico)  y  239. 

473  lis  leitourgías:  podría  tratarse  aquí  de  un  impuesto  exigido  a  la 
Iglesia  o  de  una  carga  curial  (cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  143,  n.  ad  loe,  y 
ed.  1989,  pág.  224,  n.  14). 


CARTAS 


161 


mis  hijos  474,  habría  podido  hasta  quitarme  la  vida475,  vencido 
por  el  sufrimiento,  y  sin  embargo  fui  yo,  en  realidad,  quien 
venció  al  sufrimiento,  no  por  reflexionar  racionalmente  sino 
porque  Andronico  hizo  que  me  volviera  atrás  y  que  prestara 
atención  a  las  calamidades  públicas.  Y  para  mí  estas  calami- 
dades han  sido  el  consuelo  de  mis  propias  calamidades,  dado  95 
que  aquéllas  me  arrastran  hacia  sí  mismas  y  «repelen  un 
sufrimiento  con  otro  sufrimiento» 476:  ira  mezclada  con  pena 
es  lo  que  repele  la  pena  por  mi  hijito.  Sabrás  que  mi  muerte 
estaba  vaticinada  para  un  día  fijo  de  este  año,  y  ha  sido 
aquél  en  que  me  hice  sacerdote477.  He  notado  un  cambio  en 
mi  vida:  yo,  que  hasta  entonces  la  festejaba,  tras  haber  100 
gozado  de  honra  entre  los  hombres  y  de  la  amable  disposición 
de  todos,  más  que  cualquiera  de  quienes  han  cultivado 
nunca  la  filosofía,  tanto  en  lo  que  respecta  a  los  bienes 
externos  como  a  la  actitud  anímica,  ahora  estoy  notando 
que  he  sido  despojado  de  todo. 

Pero  lo  cierto  es  que  la  mayor  de  mis  desgracias,  la  que 
deja  mi  vida  incluso  sin  esperanzas,  es  el  hecho  de  que  yo,  ios 
que  no  tenía  costumbre  de  salir  defraudado  en  mis  súplicas 
a  Dios,  ahora  por  primera  vez  sé  que  he  suplicado  en  vano: 
veo  mi  casa  malparada  y  me  encuentro  forzado  a  habitar  en 
mi  patria  en  medio  de  su  infortunio.  Soy  «uno  a  disposición 
de  todos»478,  porque  cada  cual  viene  a  llorar  ante  mí  y  a 
lamentarse  de  lo  suyo,  y,  por  añadidura,  he  tenido  a  Andro- 

474  Hesiquio  (Alejandría,  404-Cirene,  411):  cf.  n.  101. 
4'5  La  expresión  exágein  heautón  para  designar  el  suicidio  ya  está  en 
Crisipo,  Stoic.  Vet.  Frag.  III  188,  y  Porfirio,  Vida  de  Plotino  11,  13. 
4'6  Cf.  C.  41,  182  s.,  n.  195. 

477  Recuérdese  que  Teófilo  lo  consagra  a  principios  del  411. 
<™  Cf.  C.  41,  190  s.,  n.  196. 


162 


SINESIO  DE  CIRENE 


lio  nico  como  «remate»479  de  mis  desgracias:  por  su  culpa  no 
puedo  recoger  el  fruto,  «ni  siquiera  un  poco»480,  del  ocio,  ese 
compañero  con  el  que  he  crecido.  Y  yo,  que  no  le  soy  de 
provecho  a  nadie,  debo,  sin  embargo,  soportar  a  todos  los 
que  se  me  acercan  y  me  reprochan  mi  debilidad.  Por  eso  os 
pido,  os  lo  pido  a  ambos481  con  todas  mis  fuerzas,  y  especial- 

115  mente  a  ti,  mi  querido  hermano  Anastasio  (tú  que  tienes 
fama  de  gozar  de  influencia  sobre  un  hombre  rabioso):  si 
con  algún  poder  cuentas  (y,  en  este  caso,  justo  sería  que  lo 
emplearas  en  favor  de  Sinesio  más  que  de  Andronico),  libra 
de  su  abatimiento  a  Ptolemaida,  la  ciudad  a  la  que  toqué  en 
suerte482,  contra  mi  voluntad483  (y  esto  bien  lo  sabe  el  ojo, 

no  que  todo  lo  ve484,  de  Dios).  No  sé  en  pago  de  qué  estoy 
expiando  tan  grandes  penas,  Y  si  con  anterioridad  — como 
dijo  aquél —  «nos  atrajimos  la  envidia  de  alguno  de  los 
dioses,  ya  hemos  sido  bastante  castigados»485.  Pero  estas 
palabras  también  conviene  decirlas  en  favor  de  Maximino  y 
Clinias,  de  quienes  me  parece  que  habría  sentido  compasión 
hasta  el  más  cruel  de  los  demonios,  excepción  hecha  de 

125  Toante  y  Andronico,  los  únicos  demonios  implacables. 


479  Cf.  Platón,  Eutidemo  301  e,  Leyes  673  d,  Teeteto  153  c. 

480  Cf.  Aristófanes,  Avispas  541.  Sobre  el  ocio,  cf.  C.  11,  8  ss.  y 
41,  85  ss. 

481  Anastasio  y  Dioscúrides.  Adelphós  como  hermano  de  fe  (línea  115) 
ya  se  usaba  desde  el  siglo  I. 

482  Como  obispo,  se  sobreentiende. 

483  Cf.,  por  ejemplo,  C.  11,  3  ss. 

484  Cf.  Hesíodo,  Trabajos  267. 

485  Tucídides,  VII  77,  3;  cf.  C.  41,  133  s. 


CARTAS 


163 


80 

A  TEÓFILO 


Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  entre  el  411  y  el  412 


Yo  estaba  dispuesto  a  poner  mi  mano  y  mi  voluntad  al 
servicio  de  tu  paternal  mandato,  pero  creo  que  Ampelio  no 
podría  haber  mirado  por  su  propio  interés  mejor  de  lo  que 
Niceo  lo  ha  hecho  por  quedar  desposeído  de  lo  suyo  486.  Y  es 
que  ni  sé  bien  las  razones  por  las  que  primero  se  marchó,  ni  5 
por  qué  retornó,  ni  por  qué  volvió  a  salir  de  su  patria. 
¿Cómo  es  que  ni  lo  han  visto  ni  sobre  él  se  daba  a  conocer 
ninguna  noticia  segura?  La  carta  de  tu  sagrada  mano  fue 
otro  quien  me  la  trajo  y  quien  me  pidió  esta  respuesta, 
cuando  ya  Niceo  había  soltado  amarras.  Y  ni  yo  lo  vi  ni  el 
gobernador 487  lo  vio  ni  oyó  nada,  y  tampoco  aquél  lo  vio  ni  10 
oyó  nada.  Por  tanto,  ¿cómo  es  posible  que  Niceo  resulte 
vencedor,  viviendo  como  está  más  allá  de  nuestras  fronteras, 
en  el  campo,  y,  por  ello,  con  las  muchas  ventajas  y  ganancias 
que  las  estaciones  les  reportan  a  los  agricultores?  Aún  más 
numerosas  serían  si  también  se  adueñara  de  los  bienes  ma- 
ternos. 


486  Nuestro  obispo  aquí  parece  involucrado  en  un  pleito  por  una  herencia. 
Recuérdese  que,  en  esta  época,  los  prelados  también  ejercían  funciones 
judiciales:  cf.  n.  336. 

487  Genadio:  cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior). 


164 


SINESIO  DE  CIRENE 


81 

A  LA  FILÓSOFA 
Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  en  el  413 

Aunque  el  destino  no  puede  arrebatármelo  todo,  ése  es, 
sin  embargo,  su  propósito,  al  menos  en  todo  lo  que  sí  puede 
él, 

que  me  dejó  privado  de  muchos  y  buenos  hijos m. 

No  obstante,  la  capacidad,  al  menos,  de  escoger  lo  mejor 
y  ponerme  de  parte  de  quienes  sufren  injusticia,  eso  no  me  lo 
arrebatará.  ¡Que  ojalá  no  pueda  someter  mi  ánimo!  Sí,  odio 
la  injusticia489,  eso  está  a  mi  alcance;  pero  querría  impedirla 
y,  sin  embargo,  ésta  es  una  de  las  cosas  que  se  me  han 
arrebatado:  la  he  perdido  incluso  antes  que  a  mis  hijos. 

Antaño  eran  vigorosos  los  milesios490. 

Hubo  un  tiempo  en  que  también  yo  les  servía  de  provecho 
a  mis  amigos  y  tú  me  llamabas  «el  bien  de  los  demás» 491,  por 
emplear  en  los  otros  el  respeto  que  yo  merecía  entre  los  muy 

488  //.  XXII  44.  En  el  412  ya  había  perdido  Sinesio  a  sus  tres  hijos:  cf. 
n.  101. 

489  Cf.  Salmos  119  (118),  163;  Proverbios  28,  16. 

•490  Proverbio  ya  citado  por  Anacreonte,  Fr.  426  Page  (a  menos  que 
este  verso  se  convirtiera  posteriormente  en  refrán),  y,  luego,  por 
Aristófanes,  Pluto  1002,  etc. 

491  Ninguna  obra  escrita  conservamos  de  Hipatia  y,  como  escribe  J.  M. , 
Rist,  «Hypatia»,  Phoenix  19  (1965),  214-225,  estas  palabras  son  «the  only 
example  of  her  conversation». 


CARTAS 


165 


poderosos:  para  mí  éstos  eran  como  las  manos.  Ahora  todos 
me  han  dejado  solo,  a  no  ser  que  tú  tengas  algún  poder;  y  lo 
cierto  es  que,  aparte  de  la  virtud,  eres  tú  a  quien  considero 
un  bien  inviolable. 

Tú,  por  supuesto,  siempre  conservas  tu  poder  y  ojalá  15 
puedas  utilizar  ese  poder  tuyo  de  la  mejor  manera.  Niceo  y 
Filolao,  jóvenes  excelentes  y  de  la  misma  familia,  cuida  tú 
de  que  vuelvan  a  ser  dueños  de  sus  propiedades:  que  de  esto 
se  ocupen  todos  los  que  honran  a  tu  persona,  tanto  particu- 
lares como  magistrados. 


82  ■ 
A  SU  HERMANO  492 


¿A  quién,  pues,  a  quién  le  corresponde  la  admiración  de 
aquéllos  que  son  como  tú?  A  uno  prudente,  mesurado, 
amigo  de  la  cultura  y  devoto  de  Dios,  en  una  palabra,  a 
alguien  como  Geroncio. 

Pues  bien,  aquí  tienes  a  este  hombre  con  mi  carta:  después 
de  tratarlo,  no  podrás  decir  que  soy  un  vil  adulador.  5 


4,2  Aunque  las  cartas  82  y  84-86  aparezcan  dirigidas  a  Evoptio,  no  se 
comprende  bien  que  Geroncio  haya  sido  recomendado  tantas  veces  a  la 
misma  persona:  cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  147,  n.  ad  loe.  Para  la  línea  5, 
cf.  C.  150,  14  s  (y  Teognis,  37  s.). 


166 


SINESIO  DE  CIRENE 


83 

A  CRISES 
Después  del  405 

No  porque  sea  pariente  de  mis  hijos  el  admirable 493 
Geroncio,  no  por  ello  recomiendo  a  este  joven  ante  un 
amigo  como  tú  (aunque  también  eso  es  verdad),  sino  porque 
se  aviene  a  las  maneras  del  acrisolado  Crises  494,  si  es  que 
debo  emplear  uno  de  esos  fríos  recursos  gorgianos  495.  Pero 
5  más  verdad  que  ninguna  otra  cosa  es  decir  que  tú  estás 
dentro  de  lo  que  supone  cualquier  tipo  de  virtud  y  que  quien 
te  entrega  esta  carta  es  el  más  digno  de  gozar  de  tu  trato. 

84 

A  SU  HERMANO 

Una  carta  larga  denuncia  falta  de  familiaridad  con  el 
portador496.  Pero  el  admirable  Geroncio  sabe  todo  lo  que  yo 

493  Cf.  n.  297. 

494  Intentamos  reproducir  el  juego  de  palabras  del  original  (toü  chrysoü 
Chrysou,  literalmente,  «del  áureo  Crises»). 

495  Sinesio  se  refiere,  precisamente,  a  ese  juego  de  palabras:  cf.  C.  134, 
35  (y  Jenofonte,  Banquete  II  26).  Gorgias,  el  célebre  sofista  de  finales  del 
siglo  v,  fue  un  maestro  en  el  arte  de  la  retórica  y  empleó  con  destreza, 
aunque  a  veces  con  «xageración  y  amaneramiento,  las  llamadas  «figuras 
gorgianas»  (schemata  Gorgíeia).  Sinesio  emplea  el  término  psychrón,  «frío, 
soso,  insulso»  (aplicado  al  estilo  o  a  ciertos  recursos  y  escritores:  cf. 
Platón,  Eutidemo  284  e;  Jenofonte,  Banquete  VI  7;  Sobre  lo  sublime  III 
4  y  IV  5,  etc.)  quizá  influido  por  la  mención  de  Gorgias  en  Aristóteles, 
Retórica  1406  a-b  (concretamente  al  final  del  capítulo  3  del  libro  III, 
aunque  en  este  pasaje  de  Aristóteles  no  sólo  hay  crítica  sino  también 
ponderación). 

49«  Cf.  C.  55,  1  s.,  n.  296. 


CARTAS 


167 


sé  y,  si  no  fuera  la  mentira  algo  impropio  de  él,  te  contaría 
más  cosas  aún  de  las  que  están  en  su  conocimiento,  porque 
me  quiere  y  porque  tiene  una  lengua  acomodada  a  su  mente. 
Si  lo  miras  con  buenos  ojos,  lo  estarás  mirando  como  yo  5 
deseo. 


85 

AL  MISMO 

Recibe  con  una  carta  viviente  esta  otra  sin  vida:  me 
refiero  al  admirable  Geroncio  y  a  estas  líneas,  que  te  han 
sido  escritas  más  por  la  mera  formalidad  que  por  una  preci- 
sión de  dirigirte  estas  palabras  497.  Del  hecho  de  que  en 
nuestra  existencia  siempre  está  presente  tu  recuerdo,  de  eso 
te  podría  hablar  este  joven  con  mucho  mayor  grandilocuencia  5 
que  mil  cartas. 

AL  MISMO 

Esta  carta  se  la  he  entregado  al  admirable  Geroncio  para 
tu  sagrada  y  afloradísima  persona:  os  dará  ocasión  para  un 
primer  encuentro.  Sí,  en  ese  momento  quizá  te  vayas  a 
mostrar  deferente  con  él  en  atención  a  mí;  pero,  después  de 
tratarlo,  eso  lo  harás  con  cualquier  otro  en  atención  a  él. 


497  Cf.  C.  55,  4  s. 


168 


SINESIO  DE  C1RENE 


87 

AL  MISMO 
Desde  Ptolemaida,  después  del  411 

Aquél  a  quien  he  dado  la  carta  es  intendente  y  proveedor 
de  grano  del  batallón  de  los  dálmatas.  Y  yo  a  todos  los 
dálmatas  los  quiero  igual  que  a  mis  hijos:  que  ellos  son 
habitantes  de  la  ciudad  a  la  que  toqué  en  suerte  498.  A  mí  me 
5  correspondía  informarte;  a  ti,  tratar  a  los  míos  como  a  los 
tuyos. 

88 

A  PILÉMENES 
Desde  drene  a  Constantinopla.  Posterior  a  la  C.  71 

Cuando  recibí  de  Tracia499  estas  cartas  despachadas  en 
primavera,  me  arrojé  conturbado  sobre  el  paquete,  por  si 
acaso  alguna  tuviera  escrito  a  la  cabeza  el  ilustre  nombre  de 
Pilémenes,  porque  ningún  otro  papel  merecía  ser  leído  antes. 
Pero  no  estaba  por  ninguna  parte.  Así  pues,  si  coincide  que 


498  Como  obispo,  se  sobreentiende.  La  ciudad  es,  por  supuesto,  Ptole- 
maida (cf.  C.  79,  118  s.).  Sobre  la  Dalmatarum  cohors,  cf.  PW,  RE  IV2, 
2454  s.,  s.  v.  «Dalmatae»  (cit.  en  ed.  Garzya,  1979,  pág.  150,  n.  ad  loe). 

499  Es  decir,  desde  Constantinopla,  situada  en  la  orilla  tracia  o  europea 
del  Bosforo.  Pilémenes  se  encontraba  en  ese  momento,  según  sabemos  por 
la  C.  71,  en  Isauria.  , 


CARTAS 


169 


te  encuentras  de  viaje,  que  regreses  pronto  y  bien;  pero,  si  5 
te  encontrabas  en  la  ciudad  cuando  todos  mis  conocidos  le 
entregaron  sus  cartas  a  Zósimo,  extraño  sería  que  de  alguno 
me  hubiera  acordado  más  que  de  Pilémenes. 

89 

A  SU  HERMANO 
Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  a  finales  del  411 


Hasta  ayer  me  iba  bien.  Ahora,  como  una  corriente  que 
refluyera  contra  mí  50°,  tanto  los  asuntos  públicos  como  los 
privados  me  afligen.  Y  es  que  vivo,  no  como  un  particular 
cualquiera,  en  una  tierra  hostigada  por  los  enemigos  y  tengo 
que  estar  continuamente  llorando  las  calamidades  de  cada 
uno  y,  muchas  veces  al  mes,  saltar  a  las  almenas 501,  como  un  5 
mercenario  contratado  para  tomar  parte  en  la  batalla,  no 
para  rezar.  De  mis  tres  hijos  ya  sólo  uno  me  queda502.  Pero, 
si  tú  «navegas  con  buen  viento» 503  y  vives  feliz,  no  en  todo 
me  aflige  el  destino. 


500  Cf.  Sinesio,  Calv.  64  a. 

501  Cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior)  303  c. 
5°2  Cf.  n.  101. 

503  Cf.  Polibio,  I  47  2;  Luciano,  Lexifanes  15. 


170 


SINESIO  DE  CIRENE 


90 

A  TEÓFILO 

Desde  Ptolemaida  a  Alejandría,  ya  avanzado  el  412 

Ha  desaparecido  la  justicia  de  entre  los  hombres.  Andro- 
nico  504  antes  cometía  injusticia  y  ahora  la  recibe.  La  práctica, 
sin  embargo,  de  la  Iglesia  es  la  de  «enaltecer  al  que  se 
humilla  y  humillar  al  que  se  enaltece»  505.  Ella,  en  efecto, 
odiaba  a  ese  Andronico,  por  las  cosas  que  hacía  (razón  por 

5  la  que  ha  permitido  que  se  llegara  a  este  punto),  pero  ahora 
se  compadece  de  él  por  el  hecho  de  que  ya  se  ha  enfrentado 
a  cosas  que  superan  cualquier  maldición  y  porque  también 
a  quienes  ahora  están  en  el  poder  los  hemos  importunado 
por  su  causa.  Por  otra  parte,  sería  terrible  que  nunca  pudié- 
ramos estar  al  lado  de  quienes  viven  días  felices  y  sí  estar 
siempre  derramando  lágrimas  con  quienes  lloran.  Así  pues, 

ío  lo  hemos  sacado  allí  de  la  odiosa  tarima 506  y,  además,  hemos 
aliviado  en  mucho  sus  desgracias.  Y  en  el  caso  de  que  tu 
devota  piedad507  lo  estime  digno  de  consideración,  eso  lo 
acogeré  como  la  mayor  prueba  de  que  este  hombre  no  ha 
sido  totalmente  dejado  de  la  mano  de  Dios. 


504  Después  de  la  excomunión  de  Andronico,  Sinesio  se  muestra  com- 
pasivo ante  la  desgracia  del  antiguo  praeses  y  le  escribe  estas  líneas  al 
patriarca  de  Alejandría. 

505  Cf.  Mateo,  23,  12;  Lucas,  18,  14;  1  Pedro,  5,  5  (y  Job,  22,  29; 
Proverbios  29,  23);  y  Quilón  en  Diógenes  Laercio,  I  69. 

506  Acerca  del  término  bSma  aquí  empleado,  como  lugar  específico,  cf. 
ed.  Garzya,  1979,  pág,  153,  n.  ad  loe.  (poenitentiae  locus  in  ecclesia?)  y  ed., 
1989,  pág.  236,  n.  3  («dal  posto  di  penitenza»). 

507  Cf.  n.  371. 


CARTAS 


171 


91 

A  TROILO 

Desde  Ptolemaida  a  Constantinopla. 
Posterior  a  la  C.  49,  alrededor  del  411 

Antaño  eran  bastantes  desocupadas  mis  conversaciones 
con  mis  amigos,  tanto  por  escrito  como  en  persona.  Y  es  que 
vivía  echado  sobre  los  libros,  sin  estar  dispuesto  508  a  inmis- 
cuirme, en  cierto  modo,  ni  en  ninguna  ciudad  ni  en  política. 
Ahora,  en  cambio,  dado  que  Dios  me  impuso  habitar  en  un 
sitio  preciso  509  y  ocupar  un  puesto  en  la  ciudad  en  medio  de  5 
un  grupo  humano  bien  determinado,  quisiera,  en  efecto, 
serles  de  provecho  a  quienes  están  unidos  a  mi  suerte 510  y 
hacerles  todo  el  bien  del  que  sea  capaz,  tanto  a  cada  uno  en 
lo  particular  como  a  la  ciudad  en  lo  público,  para  que  pueda 
yo  mirar  con  agrado  y  también  así  me  miren  los  que  son 
(como  cabría  decir)  «mis  compañeros  de  navegación» 511  en 
esta  vida. 

Desde  luego,  si  Martirio  sacara  algún  beneficio  de  esta 
carta,  escrita  por  su  causa512,  ten  por  seguro  que  me  estás  10 
complaciendo  en  la  persona  de  alguien  que  se  pasa  el  día 


308  Puede  haber  un  juego  de  palabras  (que  intentamos  mantener)  en  las 
líneas  3-5:  ...asyntaktos...  epétaxe...  táxin...  («...sin  estar  dispuesto...  im- 
puso... un  puesto...). 

509  Su  sede,  Ptolemaida. 

510  Toís  syllachoúsi:  para  Lampe  (A  Patristic...,  cit.  en  n.  380,  s.  v. 
syllanchánó  1)  el  participio  debe  interpretarse  como  «colleague,  of  fellow 
clergy,  colleagues  in  ministry». 

511  Para  ton...  symplón  toü  bíou:  cf.  Sófocles,  Antígona  541, 
xymploun...  toú  páthous. 

512  De  nuevo  se  trata  de  una  carta  de  recomendación. 


172 


SINESIO  DE  C1RENE 


conmigo  y  que  (sí,  te  lo  juro  por  esas  charlas  que  eran  mi 
diversión  predilecta  y  la  tuya)  a  estar  junto  a  mí  dedica 
incluso  gran  parte  de  la  noche. 

92 

A  SU  HERMANO 
Desde  su  finca 

No  es  poco  el  mal  que  me  voy  a  acarrear  con  mi  rustici- 
dad 5I3,  siendo  como  soy  demasiado  sincero  al  declarar  esta 
condición  mía  (tenlo  por  seguro)  incluso  en  los  confines  de 
Libia. 

93 

AHESIQUIO514 
Desde  Ptolemaida  a  drene,  en  el  411-412 

Los  atenienses  elogiaban  a  Temístocles,  el  de  Neocles, 
porque,  aun  estando  deseoso  del  poder  político  más  que 
cualquiera  de  sus  contemporáneos,  abominaba  de  todo  cargo 
en  el  que  no  pudiera  conseguirles  más  cosas  a  sus  conocidos 
que  a  los  extraños 5I5.  Que  el  paso  del  tiempo  haya  hecho  que 

5U  Cf.  Sinesio,  Calv.  66  d,  n.  37. 
5,4  Un  condiscípulo  de  Sinesio. 
515  Cf.  Plutarco,  Aristides  2,  5. 


CARTAS 


173 


se  reconozcan  tus  méritos  y  que  por  mediación  tuya  se  5 
hayan  introducido  en  la  administración  pública  el  nombre  y 
la  función  de  un  nuevo  cargo 516,  eso  es  algo  de  lo  que  me  he 
alegrado,  como  es  natural  entre  quienes  son  compañeros  ya 
de  antiguo,  porque  nos  une  recíprocamente  la  sagrada  geo- 
metría517. Pero  eso  de  que  consideres  justo  incluir  también  a 
mi  hermano  en  el  número  de  los  curiales 518  y  no  borres  a  su 
familia  del  fatídico  registro,  a  pesar  de  que  haya  precedido 
algún  que  otro  suceso  relacionado  con  una  anterior  desgracia,  10 
eso  me  lleva  a  afirmar  que  tú  no  estás  obrando  al  estilo  de 
Temístocles  ni  de  acuerdo  con  la  divina  geometría.  Y  es  que 
Evoptio  debería  haber  sido  considerado  como  uno  de  tus 
hermanos,  si  realmente  «dos  cosas  iguales  a  otra  deben  ser 
también  iguales  entre  sí» 5I9. 

Pero  si,  por  culpa  del  montón  de  asuntos  que  te  han  15 
llovido,  has  descuidado  hasta  ahora  tu  obligación,  demués- 
tramelo,  nada  más  recibir  esta  carta,  admirable  amigo,  de- 
clarando a  su  suegra520  exenta,  no  sólo  en  el  futuro  sino 
también  en  el  pasado,  de  esta  absurda  multa.  Y  devuélveme 

516  Seguramente  se  trata  de  la  figura  del  exactor,  como  opina 
Lacombrade:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  238,  n.  2. 

5,7  Ambos  fueron,  en  Alejandría,  discípulos  de  Hipatia,  la  «geómetra», 
como  la  llamará  Damascio:  cf.  Lacombrade,  ed.  Himnos,  pág.  XVIII.  El 
padre  de  Hipatia,  el  matemático  Teón,  editó  los  Elementos  de  Euclides. 

518  O  «decuriones»  (en  tois  bouleutais),  cuyas  gravosas  cargas  (a  las  que 
alude  la  mención  de  ese  poneroü  biblíou,  «fatídico  registro»  o  «libro  ñero», 
como  traduce  Garzya)  y  responsabilidades  podían  provocar  la  ruina  eco- 
nómica (quizá  a  eso  se  refiera  el  katá  symphoran  archaían  de  la  línea  10), 
razón  por  la  que  Evoptio  se  verá  forzado  a  huir  de  su  tierra  (cf.  líneas 
18  ss.). 

519  Cf.  Euclides,  Elementos  I  (comm.  conc.  I). 

520  Era  la  suegra  del  interesado  la  que,  llegado  el  caso,  debía  afrontar 
las  cargas:  cf.  Cod.  Theod.  XII  1,  6. 


174 


SINESIO  DE  CIRENE 


a  mi  hermano,  que  por  esto  precisamente  ha  emigrado,  bien 
lo  sabe  Dios:  lo  que  es  ante  mí,  tan  necesitado  como  estoy  de 
20  consuelo  en  medio  de  muchas  desgracias,  que  tú  no  desco- 
noces, él  no  alega  ningún  otro  motivo. 

94 

A  ANISIO 

Desde  Ptolemaida.  Contemporánea  de  la  C.  34 

Anteayer,  no  bien  llegué  a  enterarme  de  la  grave  noticia521 
venida  de  Cirene,  pensé  yo  entonces  en  mandar,  con  toda 
rapidez,  el  aviso  a  Teuquira;  pero  se  presentó  un  mensajero 
diciendo  que  el  general 522  ya  había  ocupado  las  zonas  altas 
del  territorio.  Y  es  que,  en  efecto,  tú  habías  llegado  a  enterarte 

5  antes  que  yo.  ¡Que  de  parte  de  Dios  obtengas  recompensa, 
ahora  y  en  el  futuro,  por  tu  celo!  Para  elogiarte  por  esto 
mismo  te  he  escrito  yo  y  también  para  enterarme  de  cuál  es 
tu  situación:  ojalá  todo  te  vaya  bien.  Y  es  que  me  preocupo, 
sí,  me  preocupo  de  la  Pentápolis  (¿y  cómo  no?),  de  la  «madre 
patria»,  como  dirían  los  cretenses  523,  pero  no  menos  me 

10  preocupo  de  ti  y  de  tu  reputación:  lo  cierto  es  que,  por  cada 
uno  de  tus  éxitos,  todos  estiman  digno  que  yo  me  sume  a  tu 
regocijo  324. 

521  La  tercera  invasión  dé  los  ausurianos  (del  411). 

522  Anisio:  cf.,  por  ejemplo,  Sinesio,  Disc.  I  (Catástasis  minor)  305  d 
ss.,  y  C.  6. 

™  Cf.  Platón,  República  575  d. 

524  Eme  pántes  axioúsi  synídesthai.  Con  la  lectura  emoi  (de  los  códices 
A,  Av,  C,  I,  U,  V,  Va)  traduciríamos:  «todos  estiman  digno  (o  desean) 
sumarse  a  mi  regocijo». 


CARTAS 


175 


Así  pues,  dado  que  se  me  considera  unido  a  ti  525,  ¡oh  tú 
el  mejor  de  los  hombres  y  de  los  generales!,  es  justo  también 
que  yo  esté  al  tanto  de  tus  cosas.  A  Juan 526  lo  he  persuadido 
a  que  se  comporte  bien,  tanto  como  pueda,  y  a  que  sea, 
además,  un  soldado  animoso,  siempre  que  Dios  se  ponga  de 
su  parte.  Como  brazo  derecho  dale  a  su  hermano:  su  ayuda  15 
equivaldrá  a  la  de  otros  muchos.  Ésta  me  parece  la  mejor 
determinación,  conociendo  el  carácter  de  ambos  jóvenes  y  el 
respeto  que  se  tienen  el  uno  al  otro.  Si  también  para  ti  esto 
es  evidente,  autorízalo.  Saluda  a  los  amigos  que  están  en 
campaña.  Y  éste  que  se  ha  criado  conmigo  527  que  regrese 
pronto  con  algún  informe  favorable  acerca  de  la  guerra.  Él, 
con  todo  lo  miedoso  que  es,  emprendió  con  arrojo  el  camino:  20 
delante  iban  tus  armas  defendiéndolo.  Devuélvele  a  Cirene 
este  par  de  hermanos,  que  ellos  lucharán  por  la  tierra  que  los 
trajo  a  la  luz  y  los  crió. 

95 

A  SU  HERMANO 
Desde  Cirene,  después  del  405 

Haces  bien  al  pensar  que  yo  me  someto  a  tus  órdenes 
(que  así  es  como  me  has  escrito)  y  la  opinión  que  tienes  de 
mí  es  la  justa.  Ojalá  por  ello  te  sobrevengan  muchas  cosas 


525  En  el  original,  muy  expresivamente, ...  en  sol  krinómenos...:  «Appunto 
perché  mi  si  collega  strettamente  con  te...»  (Garzya). 

526  Cf.  C.  34,  1. 

527  Juan. 


176 


SINESIO  DE  CIRENE 


buenas,  porque  estoy  recibiendo  tu  agradecimiento,  si  es 
verdad  que  un  hermano  mayor  le  debe  agradecimiento  al 
5  menor  por  su  obediencia  (lo  que  yo,  al  menos,  no  creo).  Por 
mi  parte,  para  compensarme  me  basta  con  que  no  te  sea 
desconocida  mi  postura:  de  entre  todos  los  vivientes  tú  eres 
el  único  a  cuya  merced  me  encuentro. 

Pero  que  tú  afirmes  saber  con  certeza  que  Julio  está 
impetrando  mi  amistad,  eso  ya  no  merece  ser  tomado  en 
consideración:  esto  es,  sin  duda,  propio  de  un  hombre  que 

10  está  engañado;  no  diría  yo  de  uno  que  quiere  engañar.  Y,  de 
hecho,  a  la  vez  que  leía  yo  tu  carta,  otro  me  leía  una  de 
aquél.  Tú  afirmas  eso,  éste  lo  contrario:  que  ha  leído  y  ha 
escuchado  decir  que  Julio,  en  relación  con  nosotros,  pro- 
nuncia palabras  inconvenientes.  No  tengo,  en  efecto,  ningún 

15  motivo  para  no  creer  a  este  varón  cabal  y,  ni  aun  creyén- 
dolo, te  lo  juro  «por  el  dios  que  nos  protege  como  herma- 
nos 528»,  ni  aun  así  me  arrepentía  del  bien  que  le  he  hecho  a 
ese  hombre,  al  esforzarme  en  quitarle  de  encima  ayer  mismo 
al  acusador  que  lo  inculpaba  de  impiedad  por  cometer  un 
delito  contra  la  familia  del  emperador529. 

Y  es  que,  te  lo  aseguro  por  tu  sagrada  persona,  si  no  me 

20  hubiera  yo  mantenido  firme  en  sus  continuas  tentativas,  de 
un  lado  frente  a  la  vileza  del  juez,  que  no  admitía  un  cambio 
de  opinión  en  tal  asunto,  y,  de  otro,  frente  a  la  desesperación 
del  acusador  que  fingía  estar  obligado,  pero  que,  en  realidad, 
estaba  dispuesto  a  causar  el  mal  y  a  sufrirlo;  si  no  hubiera 
sido  como  digo,  a  su  esposa  y  a  sus  hijos  les  hubiera  tocado 


528  Zeus  Homógnios:  cf.  Eurípides,  Andrómaca  921;  Aristófanes, 
Ranas  750;  Platón,  Leyes  881  d,  y  Alcibfades  1 109  d  (Zeus  Phílios:  ef. 
Sinesio,  C.  51,  2  s.). 

329  Atcadio,  probablemente. 


CARTAS 


177 


la  suerte  más  terrible,  y  también  a  muchos  parientes  y  amigos 
suyos,  ricos  y  pobres:  en  suma,  una  «Ilíada  de  males»  530  se 
habría  cernido  sobre  nuestra  ciudad  por  culpa  de  un  hombre 
sin  esperanzas  de  salvación  y  deseoso  de  morir.  Julio  habría 
vencido  en  una  victoria  para  la  que  hubiera  rogado  no  estar 
vivo.  Por  todo  ello  pensé  que  yo  tenía  que  hacer  lo  que  he 
hecho.  ¡Que  de  mi  carácter  y  mi  manera  de  proceder  se 
aprovechen  hasta  mis  mayores  enemigos!  Y  es  que  para  mí 
es  mucho  mejor  hacer  el  bien  a  quien  no  lo  merece  que  mirar 
con  indiferencia  cómo  muchos,  pudiendo  yo  impedirlo,  van 
a  sufrir  un  mal  inmerecidamente.  De  cierto  que  ni  a  la  noble 
mujer  ni  a  los  hijos  de  este  hombre  los  odio;  pero,  es  más,  ni 
siquiera  él  merece  (bien  lejos  está  de  ello)  sufrir  ningún  mal 
de  parte  mía,  por  sus  ultrajes  hacia  mí. 

La  verdad  es  que  él  odia  y  mucho,  pues  lo  dice  todo  con 
la  intención  de  dañar  y  habla  como  para  morder:  su  modo 
de  proceder  no  es  inocente  sino  culpable.  Sí,  que  lo  sepa,  o 
mejor  que  no  lo  sepa,  porque,  entonces,  podría  dejar  de 
hacerme  un  bien.  Tú,  sin  embargo,  ten  bien  sabido  ese 
antiguo  dicho:  «hasta  de  los  enemigos  es  posible  aprove- 
charse»531, que  ahora  se  vuelve,  en  rigor,  evidente.  Pues, 
¿con  qué  no  va  a  contribuir  este  hombre  a  mi  buena  fama? 
Todo  aquel  que  desee  elogiarme  y  no  encuentre  otra  cosa 
que  mencionar,  dirá  esto,  lo  primero,  lo  único  y  lo  más 
importante:  «Julio  habla  mal  de  él».  En  estas  palabras,  ¿qué 
«enjambre532  de  bienes»  no  hay?  Y  es  que  mostrarse  opuesto 
a  cualquier  tipo  de  maldad  no  es  sino  mostrarse  familiarizado 
con  cualquier  tipo  de  virtud.  Desde  luego,  yo  no  afirmaría 


530  Demóstenes,  XIX  148,  etc. 

531  Jenofonte,  Económico  1 15. 

532  Cf.  Platón,  República  450  b. 


178 


SINESIO  DE  CIRENE 


en  conciencia  nada  tal,  él  es  quien  lo  afirma;  pues  lo  contrario 
de  lo  que  afirma,  eso  es  lo  que  cree.  Así  que  incluso  debería 
estarle  agradecido. 

50  Te  lo  juro  por  tu  sagrada  persona  y  por  la  salvación  de 
mis  hijos,  no  hay  favor  más  grande  que  él  me  pueda  hacer 
que  ultrajarme;  pues,  en  efecto,  de  parte  de  Dios  y  a  ojos  de 
los  hombres  esto  redundará  para  mí  en  la  mayor  de  las 
glorias.  Pero  él  también  pagará  la  pena  de  su  mal  proceder, 
aunque  no  a  mí;  que  acaso  yo,  aunque  pudiera,  no  quisiera 

55  y,  aunque  quisiera,  no  pudiera  en  absoluto.  ¿Pues,  ante 
quien  en  este  momento  tiene  el  poder533,  cuál  sería  la  in- 
fluencia de  un  hombre  como  yo,  tan  infeliz  como  para  huir 
de  mi  patria,  al  destierro,  y  sin  albergar  esperanzas  de  regreso, 
por  estar  los  enemigos  acampados  en  mis  propiedades  y 
sirviéndose  de  ellas  como  base  de  operaciones  contra  Cirene? 
¿A  quién,  entonces,  a  quién  le  pagará  la  pena?  A  la  propia 

60  Justicia534.  Sí,  yo  lo  garantizo  con  seguridad,  porque  creo 
saberlo  bien.  La  Justicia  lo  perseguirá  en  nombre  mío  y  de 
nuestra  común  patria,  por  la  que  nuestra  actuación  política 
ha  sido  opuesta  y  a  causa  de  la  cual  nos  hemos  mutuamente 
enemistado.  Lo  cierto  es  que  no  fue  por  ningún  interés  mío 
particular  (ni  siquiera  él  sería  capaz  de  decir  esto),  sino,  lo 
primero  de  todo,  porque  vi  al  ejército  y  al  senado  en  actitud 

65  servil  e  intenté  oponerme,  y,  luego,  estuvo,  además,  el  asunto 
de  la  embajada  que  ya  claramente  motivó  nuestra  disensión 53S. 

533  Dynástés:  el  prefecto  augustal  de  Egipto  o,  mejor,  el  praeses  de  la 
Cirenaica  (cf.  ed.  Garzya,  1989,  pag.  244,  n.  6). 

534  Díké:  cf.  259. 

535  Están  claras  las  razones  de  sus  desavenencias;:  Sinesio  luchaba  por 
conseguir  que  el  ejército  y  el  senado  de  Cirene  conservaran,  como  escribe 
Garzya  (cf.  ibid.,  n.  7),  «il  carattere  nazionale»  y  no  cayeran  en  manos  de 
mercenarios;  Julio,  por  su  parte,  se  había  opuesto  a  la  embajada  de  Sinesio 
a  Constantinopla  en  el  399. 


CARTAS 


179 


Omito  lo  relativo  a  mi  compañero  Dioscúrides,  ya  que  fue 
tratado  con  moderación  y  no  como  para  provocar  la  ven- 
ganza536 de  Dios  y  de  los  hombres.  A  ésta,  ciertamente,  nos  70 
referimos  cuando  cantamos  al  son  de  la  lira: 

Oculta,  pisando  los  talones  caminas, 

la  cerviz  del  orgulloso  inclinas, 

bajo  tu  brazo  siempre  la  vida  dominas 537 

Pero,  cuando  hubo  que  votar,  yo  hice  una  propuesta  a 
favor  de  que,  para  bien  de  la  patria,  fueran  excluidos  del 
ejército  los  extranjeros538,  pero  él  se  pronunció  en  contra,  a  75 
favor  de  Heladio  y  Teodoro.  Y,  sin  embargo,  ¿quién  no  sabe 
que  a  los  oficiales,  que  por  naturaleza  se  comportan  militar- 
mente, esos  extranjeros  les  cambian  la  mentalidad  y  los 
transforman  en  mercaderes?  Volví  yo  a  hacer  una  propuesta 
a  favor  de  que  fuera  suprimida  nuestra  gobernación  militar 
(es  esto  lo  que,  precisamente,  todos  los  hombres  de  aquí,  al  80 
unísono,  reconocen  que  es  el  solo  remedio  de  nuestros  males: 
que  las  ciudades  retornen  a  la  antigua  prefectura,  o  sea,  que 


536  Theoü...  némesin:  Némesis  es  la  diosa  de  la  venganza  entre  los 
griegos  (cf.  ya  Hesíodo,  Teogonia  223,  Trabajos  200). 

537  Mesomedes,  Himnos  III 9-11  Heitsch  (1 1  bíoton  metreis,  adecuado 
a  la  métrica  del  verso,  frente  al  biotán  kratéis  del  texto  sinesiano).  Se  trata 
de  unos  versos  (dímetros  anapésticos:  catalécticos  o  paremíacos  el  9  y  el  10; 
acataléctico  el  1 1)  del  Himno  a  Némesis,  una  de  esas  pocas  obras  antiguas 
de  las  que  conservamos  notación  musical.  Recuérdese  que  en  los  Himnos 
de  Sinesio  se  descubre  la  influencia  de  Mesomedes:  cf.  nuestra  introducción 
a  los  Himnos  (I.  Tradición  y  originalidad)  en  Sinesio  de  drene.  Himnos. 
Tratados,  Madrid,  BCG,  1993.  Puede  observarse  en  el  original  el  homeote- 
leuto  (baíneis  /  Minéis  /  kratéis  <metréis>). 

538  Tales  ideas  están  en  la  línea  de  las  expuestas  en  los  capítulos  19-21 
del  discurso  de  Sinesio,  Sobre  la  Realeza  (Real.  21  c-26  c). 


180 


SINESIO  DE  CIRENE 


las  libias  sean  colocadas  bajo  el  mando  del  prefecto  de 
Egipto  539),  pero  él  se  pronunció  en  contra,  a  favor  de  sus 
propios  intereses,  y  directamente  se  atrevió  a  decir  que  era 
provechoso  el  que  los  militares  fueran  gente  baja. 

«Pero,  amigo  — pues  estimo  conveniente  dirigirme  a  él 
por  mediación  tuya—,  ahora  por  esta  razón  eres  un  maldito, 
porque  intentas  ir  en  contra  de  la  buena  fortuna  común:  que 
tú  eres  afortunado  entre  infortunados;  yo,  en  cambio,  me 
uno  al  infortunio  540  de  mi  ciudad.  Ten,  sin  embargo,  bien 
sabido  que,  por  ley  natural,  las  partes  quedan  abrazadas  por 
el  todo.  Cuando,  por  una  enfermedad  corporal,  el  bazo  ha 
aumentado  mucho  su  tamaño 541,  mientras  el  cuerpo  entero 
resiste,  el  órgano  conserva  la  fuerza  y  va  engordando,  pero, 
si  aquél  perece,  éste  también  perece.  Así,  tú,  que  en  el 
momento  presente  te  encuentras  en  buena  situación,  te  con- 
vertirás sin  darte  cuenta,  por  culpa  de  tus  medidas  de  go- 
bierno, en  la  fatalidad  para  tu  patria  y  para  ti  mismo.  «A 
Lástenes  se  le  llamó  amigo  de  Filipo  hasta  que,  a  traición, 
entregó  Olinto»  542.  ¿Y  cómo  esperar  que  un  apátrida  sea 
feliz?». 


539  Teodosio  I  había  confiado  el  gobierno  de  la  dioecesis  de  África, 
integrada  por  cinco  provincias  (Aegyptus  Iovia,  Aegyptus  Herculia,  Thebais, 
Libya  inferior  o  Marmarica  y  Libya  superior  o  Cyrenaica)  al  prefecto  de 
Egipto  (llamado  «augustal»;  hypd  ton  Aigyptíón  árchonta  en  el  texto). 
Después  de  haberse  descentralizado  este  poder,  los  senadores  de  Cirene  y  el 
propio  Sinesio  entendían  que  era  preferible  el  antiguo  sistema  (eis  ten 
archaían  hégemonian  en  el  texto:  el  término  hégemón  también  designaba  al 
praefectus  Aegypti). 

540  Intentamos  mantener  el  juego  de  palabras  del  original:  tyches... 
eutycheis...  atychoüsin,  ...  synatycho... 

541  La  «esplenomegalia»  es  propia  de  las  enfermedades  infecciosas. 

542  En  realidad,  el  texto  de  Demóstenes,  XVIII  48  (en  el  catálogo  de 


CARTAS 


181 


96 

A  OLIMPIO 

Yo  pongo  por  testigo  al  dios  al  que  veneran  la  filosofía 
y  la  amistad:  mil  veces  habría  preferido  la  muerte  antes  que 
aceptar  el  sacerdocio  543.  Pero,  como  Dios  me  impuso  no  lo 
que  yo  le  pedía  sino  lo  que  él  deseaba,  le  ruego  que,  siendo 
como  ha  sido  el  pastor  de  mi  vida,  sea  también  patrono  de 
este  deber  que  se  me  ha  asignado  544,  de  tal  forma  que  mi  5 
tarea  no  parezca  un  distanciamiento  de  la  filosofía  sino  un 
encumbramiento  hacia  ella545., Entretanto,  igual  que,  si  me 
hubiera  acaecido  algo  agradable,  yo  te  lo  habría  comunicado 
a  ti,  a  la  persona  que  es  para  mí  la  más  querida  de  todas,  así 
también  te  pongo  al  corriente  de  mis  apuros,  para  que 
conmigo  te  aflijas  y,  si  te  es  posible,  una  vez  que  examines  el 
asunto  en  vista  de  mi  carácter,  me  expreses  tu  opinión  sobre  10 
lo  que  debo  hacer. 

Lo  cierto  es  que,  por  ahora,  tanteo  el  asunto  a  distancia, 
de  manera  que,  ya  después  de  seis  meses  de  estar  en  el 
brete  546,  sigo  residiendo  lejos  de  la  ciudad  en  la  que  seré 
obispo,  hasta  que  me  dé  perfecta  cuenta  de  cuál  es  la  natu-  15 


traidores  incluido  en  este  discurso,  el  Sobre  la  corona)  dice:  «A  Lástenes  se 
le  llamó  amigo  hasta  que,  a  traición,  entregó  Olinto».  Lástenes  y  Eutícrates 
eran  comandantes  de  la  caballería  de  Olinto  (en  la  Calcídica)  y,  en  el  348  a. 
C,  le  facilitaron  a  Filipo  la  ocupación  de  la  ciudad  (cf.  Demóstenes,  VIH 
40). 

543  Cf.  C.  11,  3  s.  (y,  también,  79,  97  ss.). 

544  Cf.  C.  11,  6  ss. 

545  Cf.  C.  11,  20  ss. 

546  Ya  sabemos  que  alrededor  del  verano  del  410  Sinesio  es  aclamado 
obispo  de  Ptolemaida.  Nuestro  autor,  por  tanto,  escribió  esta  carta  a 
finales  de  ese  año,  cuando  se  encontraba  en  Cirene. 


182 


SINESIO  DE  CIRENE 


raleza  de  tal  menester.  Y,  en  el  caso  de  que  éste  tenga  cabida 
al  lado  de  la  filosofía,  acometeré  el  asunto;  pero,  si  es  ajeno 
a  mi  formación  y  a  mis  preferencias,  ¿qué  otra  cosa  me 
queda  sino  partir  navegando  con  rumbo  a  la  gloriosa  Grecia? 
Pues,  si  rechazo  el  obispado,  también  tengo  que  renunciar  a 
20  mi  patria,  si  es  que  no  quiero  ser,  de  precisión,  mas  deshonrado 
y  más  maldito  que  nadie,  moviéndome  entre  una  turba  de 
gente  que  me  odia. 

97 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría.  Poco  anterior  a  ¡a  C.  98 

Al  leer  la  carta  en  la  que  me  hablabas  de  tu  enfermedad, 
al  principio  tuve  miedo  pero,  al  final,  recobré  el  ánimo.  Y  es 
que,  después  de  amenazarme  con  un  peligro,  me  anunciaste 
mejores  nuevas.  De  lo  que  me  pediste  que  te  fuera  remitido 
5  o  llevado  de  parte  mía,  absolutamente  todo  lo  posible  te  será 
remitido  o  llevado.  Qué  es  lo  posible  y  qué  no  es,  eso  huelga 
escribirlo,  pues  la  propia  entrega  lo  mostrará. 

«¡Qué  pases  tu  vida  sano»  547  y  dichoso,  compañero  grato 
a  Dios,  amigo  afloradísimo!  ¡Que  podamos  estar  juntos^ 
15  disfrutando  de  nuevo  el  uno  del  otro!  ¡Y  que  no  te  vayas 548 
antes  de  producirse  nuestro  mutuo  encuentro!  Pero,  si  Dios 
lo  tiene  decidido  de  otra  manera,  acuérdate  de  mí  aunque 


547  Téano,  Pythagoreor.  ep.  7  (  =  Hercher,  Epistol.  606,  42  s.);  cf. 
Sinesio,  C.  98,  13. 

548  De  Alejandría. 


CARTAS 


183 


esté  lejos.  Pues,  mejores  que  Sinesio  encontrarás  a  muchos, 
pero  a  nadie  que  te  ame  más  que  yo  podrías  encontrar. 

98 

AL  MISMO 
Desde  drene  a  Alejandría,  en  el  402-403 

¿Cómo  crees  que  yo,  sediento  como  estoy 549,  he  leído  tu 
gratísima  carta?  ¿Sobre  qué  partes  de  la  carta  crees  que  no 
me  he  derramado  con  toda  el  alma?  A  raíz  de  ella  vine  a 
experimentar  múltiples  estados  de  ánimo  y,  dentro  de  no 
mucho  tiempo,  esperó  ver  Alejandría,  donde  aún  se  encuentra 
una  persona  que  me  es  querida.  En  efecto,  al  haberte  portado  5 
bien  con  Segundo  me  has  honrado  a  mí  y,  al  dispensar  tal 
honra  con  lo  que  escribes,  nos  dejaste  obligados  contigo  y 
nos  has  hecho  ser  tuyos,  en  cuanto  que,  siendo  como  somos 
de  los  que  van  arrastrándose  por  el  suelo  55°,  no  nos  conside- 
ramos dignos  de  ser  doblemente  honrados,  tanto  por  la 
importancia  de  lo  escrito  como  por  el  celo  demostrado  en 
tus  actos. 

A  mi  señor  conde551  le  he  escrito  ya  muchas  veces,  pero,  10 
como  en  la  carta  que  me  enviaste  por  medio  de  tu  criado  me 


549  Es  decir,  ansioso  de  encontrarse  en  Alejandría  con  su  amigo  Olimpio. 
Este  sentido  metafórico  del  verbo  dipsáó  es  corriente. 

550  Ton  chamal  erchoménón  óníes:  es  decir,  «por  ser  humildes».  La 
expresión  está  tomada  de  II.  V  442. 

551  Se  trata  del  conde  Peonio,  a  quien  Sinesio  dedica  su  opúsculo  Sobre 
el  regalo.  Para  la  expresión  toi  despótei  mou  toi  kóméti,  cf.  J.  O'Calla- 
ghan,  Cartas...,  cartas  20,  7;  40,  14;  55,  2;  56,  2  (Ho  despótés  mou  ho  kó- 
més);  60,  1. 


184 


SINESIO  DE  CIRENE 


reprendes  por  no  haberle  escrito,  adjunté  unas  líneas  dirigidas 
a  él  en  un  envío  a  mi  señor  hermano  552 ■.  Sigue  tú  viviendo 
«sano  y  dichoso»  553,  con  todo  tu  interés  puesto  en  la  filosofía, 
cuanto  conviene  que  tenga  quien  se  ha  iniciado  en  ella 
15  siguiendo  divinos  deseos.  Te  escribo  desde  el  lecho,  apenas 
con  fuerza  para  sostener  el  recado  de  escritura.  Suplica  lo 
mejor  para  mí,  justo  lo  que  Dios  apruebe  como  lo  mejor.  En 
el  caso  de  que  me  restablezca,  partiré  de  inmediato  hacia 
Alejandría. 

99 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría.  No  muy  posterior  a  la  C.  98 

He  puesto  en  práctica  una  nueva  manera  de  utilizar  las 
cartas.  Y  es  que  no  te  he  escrito  para  recomendar  ante  tu 
amistad554  al  portador  de  esta  carta,  sino  para  ofrecerte  a 
este  hombre  con  el  fin  de  que  sea  una  ganancia  no  pequeña 
5  para  ti  y  para  el  gran  Diógenes,  tu  predilecto.  Y  no  te  inco- 
modes si  pienso  y  digo  que  no  sois  vosotros  una  ganancia 


552  Toi  despótéi  mou  toi  adelphoi:  esta  fórmula  es  usual  en  las  cartas 
cristianas.  Cf.  J.  O'Callaghan,  Cartas...,  cartas  52  10  s.;  62,  1  s.;  y  cf.  5, 
1;  11,  1  {kyridi  mou  adelphoi;  pero  a  partir  del  siglo  iv  d.  C.  el  término 
kyrios  se  va  reservando  a  Dios:  cf.  ibid.,  pág.  43,  n.  a  3,  13),  etc. 

553  Juliano,  Cartas  10,  404  b;  cf.  Sinesio,  C.  97,  8. 

554  Cf.  philía  como  tratamiento  en  J.  O'Callaghan,  Cartas...,  carta 
20,  5. 


CARTAS 


185 


para  Teotimo  555,  sino  que  lo  es  Teotimo  para  vosotros. 
Aquello,  con  todo,  podría  admitirse  si  este  poeta,  el  más 
inspirado  556  de  los  de  ahora,  necesitara  la  influencia  de 
alguien;  pero  es  la  influencia  del  arte  poética  la  que  cualquiera 
necesitaría  para  que  su  fama  llegara  a  la  posteridad  y  no 
quedara  oculta  para  quienes  están  lejos.  Pues  los  grandes  10 
hechos,  de  no  encontrar  palabras  que  les  sirvan  de  mensajeras, 
se  borran  de  la  memoria  y  quedan  cubiertos  por  el  olvido: 
sólo  en  el  momento  mismo  de  realizarse  florece  su  esplendor 
entre  quienes  los  contemplan.  Por  eso,  en  efecto,  debéis 
apreciar  este  buen  golpe  de  fortuna551  y  ocuparnos  de  él 
antes  que  de  cualquier  otra  cosa,  con  independencia  de 
vuestro  interés  personal.  Es  por  reverencia  a  las  Musas  por 
lo  que  los  sacerdotes  de  éstas  558  merecen  ser  rodeados  de 
atenciones  y  no  quedar  en  un  segundo  puesto  detrás  de 
quienes  saben  llamar  a  las  puertas  con  adulación 559.  Añádase,  15 
además,  un  tercer  motivo  para  que  apreciéis  a  este  hombre: 
Sinesio  lo  admira  en  razón  de  todo  aquello  por  lo  que  un  ser 
humano  puede  elogiar  y  considerar  dichoso  a  otro. 

«Que  pases  tu  vida  sano» 560,  amigo  a  quien  aprecio  por 
todo.  A  tu  sagrada  distinción 561  la  saludan  todos  los  que  20 

555  Uno  de  los  llamados  «poetas  itinerantes»  que  existían  en  el  Egipto  de 
esa  época:  cf.  D.  T.  Runia,  «Another  Wandering  Poet»,  Historia  28  (1979), 
254-256. 

556  Éntheótatos:  recuérdese  Platón,  Ion  534  a;  Aristóteles,  Retórica 
1408  b  19. 

357  Hérmaion:  literalmente,  «don  de  Hermes»,  cf.,  por  ejemplo,  Platón, 
Banquete  176  c;  y,  abajo,  C.  101,  55. 

558  Es  decir,  aquí,  concretamente,  los  poetas:  cf.  Sinesio,  Dión  43  d  (y 
cf.,  también,  Libanio,  Discursos  LII  42,  hiereús  philosophías). 

559  La  expresión  original  es  muy  gráfica:  kolakeúein  tas  thyras.  Seguimos 
la  traducción  de  Garzya. 

560  Cf.  n.  547. 

561  Diáthesis,  a  partir  del  siglo  IV  d.  C,  se  emplea  como  título 


186 


SINESIO  DE  CIRENE 


habitan  nuestra  casa  y,  el  primero  de  todos,  tu  Isión.  También 
nosotros  saludamos  a  los  que  están  contigo  y,  al  primero,  a 
mi  Abrahamio.  Si  vas  a  darle  o  no  al  conde  lo  que  he  escrito, 
eso  ya  lo  decidirás  tú. 


100 

A  PILÉMENES 
Desde  drene  a  Constantinopla,  después  del  402 

Éste 562  es  el  Anastasio  del  que  tantas  veces  me  he  hecho 
lenguas.  De  haber  sido  tú  el  presentado  a  él,  yo  habría  dicho 
de  ti  las  mismas  alabanzas.  Así  pues,  como  en  mi  interior  yo 
os  considero  unidos  ya  de  tiempo  atrás  y  este  encuentro  que 
ahora  tenéis  no  es  sino  un  reconocimiento,  expresaos  vuestra 
5  mutua  amistad  y  considerad  en  común  de  qué  manera  vais 
a  hacerme  un  favor. 

«El  ocio  es  el  mayor  de  los  bienes»  563:  de  él  podría  decirse 
que,  como  tierra  fértil,  produce  todo  tipo  de  cosas  buenas 
para  el  alma  del  filósofo.  Recogeré  el  fruto  del  ocio  siempre 
que  me  sea  posible  poner  fin  a  mi  cometido  con  el  gobierno 
10  romano  564.  Y  eso  ocurrirá  cuando  quede  libre  de  esta  maldita 

de  personas  con  algún  cargo:  cf.  O'Callaghan,  Cartas...,  pág.  39,  n.  a  la 
carta  2, 23  (y  cf.  2,  26  y  5,  4:  en  los  tres  pasajes  con  el  verbo  prosagoreúó, 
como  en  Sinesio).  Seguimos  la  traducción  propuesta  por  este  autor. 

562  Es  decir,  el  portador  de  la  carta.  Es  el  Anastasio  de  la  C.  26. 

563  Diógenes  Laercio,  II  31  (Sócrates)  y  cf.  Jenofonte,  Banquete  IV 
44.  Sobre  el  ocio,  cf.  C.  11,  8,  y  n.  104. 

564  Se  trata  de  la  embajada  a  Constantinopla,  que  concluyó  en  el  402. 


CARTAS 


187 


prestación  565:  en  lo  que  depende  del  emperador,  ya  estoy 
exento  de  ella,  pero  podría  justamente  acusarme  yo  a  mí 
mismo,  avergonzado  de  haber  obtenido  provecho  de  un 
empeño  en  beneficio  propio.  Así  que  también  me  defenderé 
yo  a  mí  mismo.  Parecerá,  pues,  que  voy  de  nuevo  a  llevar  a 
cabo  la  embajada:  de  nuevo,  pues,  mi  lengua  es  la  embaja- 
dora. Y  no  replicará  ninguno  de  los  seguidores  de  Pitágoras,  15 
que  definió  al  amigo  como  «otro  yo»  566. 

101 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  103 

Un  hombre  de  Ficunte  (Ficunte  es  un  puerto  de  Cirene) 
me  entregó  una  carta  que  traía  con  tu  nombre  escrito  en  el 


565  Tes  leitourgías:  Sinesio  se  está  refiriendo  a  las  cargas  curiales.  Tras 
la  embajada  ante  el  emperador  Arcadio,  nuestro  autor  consiguió  para  su 
país  una  reducción  de  impuestos  y,  para  él  mismo,  la  exención  de  las  cargas 
arriba  citadas  (cf.  n.  siguiente). 

566  Ton  philon  állon  heauton:  cf.,  por  ejemplo,  Porfirio,  Vida  de 
Pitágoras  33;  Estobeo,  Appendix  21;  y,  también,  Aristóteles,  Ética  a 
Nicómaco  1 166  a  31  s.;  Cicerón,  De  la  amistad  XXI  80  (alter  idem;  otras 
veces,  alter  ego).  Sinesio  pide  a  Pilémenes,  el  abogado  constaritinopolitano, 
que  hable  a  su  favor  en  el  asunto  de  la  exención  de  cargas  curiales,  a  pesar 
de  que  antes  ha  dicho  que,  «en  lo  que  depende  del  emperador»,  ya  está  libre 
de  ellas.  Lacombrade  (ed.  Himnos,  pág.  XXX)  lo  explica  de  la  siguiente 
manera:  Sinesio  se  vio  obligado  a  partir  precipitadamente  de  la  capital,  por 
las  razones  expuestas  en  la  C.  61,  9  ss.,  y  esto  le  impidió  obtener,  por 
segunda  vez  y  ya  de  hecho,  del  prefecto  Aureliano  la  exención,  dado  que 
Cesario,  en  el  corto  período  en  que  detentó  el  poder,  lo  privó  de  tan  ansiada 
merced  (cf.  nuestra  introducción  a  los  Relatos  egipcios  o  sobre  la  Providencia 
en  el  tomo  Sinesio  de  Cirene,  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993). 


188 


SINESIO  DE  CIRENE 


encabezamiento.  La  leí  con  agrado  y,  a  la  vez,  con  admira- 
ción: aquello  era  algo  que  se  le  debía  por  la  afectuosa 

5  disposición  de  tu  alma  y  esto  por  la  belleza  de  su  estilo.  Y  lo 
cierto  es  que  me  encargué  de  convocar  en  tu  honor  a  un 
auditorio  griego  de  libios  567,  comunicándoles  que  vinieran  a 
escuchar  unas  líneas  escritas  con  elocuencia.  Y  ahora  en 
nuestras  ciudades 568  ya  es  un  personaje  Pilémenes,  el  creador 
de  la  divina  carta.  Sólo  esto  fue,  a  ojos  vistas,  lo  extraño  y 
lo  que  chocó  contra  el  parecer  del  auditorio:  me  pedías  mis 
Cinegéticas569,  como  si  realmente  hubiera  en  ellas  algo  de 

10  valor.  Lo  que  pareció  fue  que  tenías  un  carácter  chistoso  y 
rebosante  de  ironía,  pues  no  se  dignaban  de  creer  que  el  más 
inepto  de  ellos  en  el  uso  de  la  palabra  hubiera  compuesto  un 
divertimiento  570  digno  para  ti  de  algún  valor.  Pero  de  eso  te 
exculpaba  yo,  de  la  acusación  de  ironía,  explicándoles  que, 
además  de  otras,  tenías  también  esta  cualidad,  que  eras 

15  bondadosísimo  y  generosísimo  en  tus  elogios;  que  en  abso- 
luto habías  hecho  la  petición  con  el  fin  de  burlarte,  sino  para 
que  me  alegrara  de  sentirme  estimado  por  esa  prueba  de 
parte  de  alguien  como  tú. 


567  Es  decir,  un  auditorio  de  libios  de  habla  griega.  Estas  líneas,  como 
también  las  de  C.  105,  56  (y  cf.  Egipc.  88  a  s.,  «Prefacio»;  Dión  61  d  ss.,  cap. 
18),  constituyen  una  clara  muestra  de  la  «'publicity'  dell'epistola  letteraria 
tardoantica»  (ed.  Garzya,  1989,  pág.  254,  n.  1):  cf.  fd.,  //  mandarino  e  il 
quotidlano,  Ñipóles,  1985,  págs.  135  ss. 

•  568  Las  de  la  Pentápolis  líbica:  Apolonia,  Arsínoe  Teuquira,  Berenice, 
Cirene  y  Ptolemaida. 

569  Obra  en  verso  perdida,  compuesta  probablemente  entre  los  años 
392-395.  Se  cita  también  en  C.  154,  11. 

570  Paígnion,  «una  obra  ligera»:  cf.,  también,  C.  74,  4,  n.  438.  Parece, 
por  otra  parte,  que  Sinesio  intenta  recalcar  ciertas  ideas:  spoudaion... 
spoudés;  exfoun...  áxioñ. 


CARTAS 


189 


Escríbeme,  pues,  cuantas  veces  te  sea  posible  y  a  los 
cireneos  «dales  un  banquete  de  elocuencia»  porque  nada 
podrían  leer  con  más  agrado  que  una  carta  de  Pilémenes,  una  20 
vez  que  han  sido  víctimas  de  su  mordedura572.  Sin  duda, 
encontrarás  a  muchos  que  se  dirijan  hacia  acá  y,  si  no  otros, 
al  menos  los  que  vengan  a  ocupar  nuestros  cargos  de  go- 
bierno, el  menor,  el  mayor  y  el  de  los  egipcios  573:  los  recono- 
cerás, lógicamente,  por  el  séquito  de  acreedores  574. 

Y  puesto  que  te  interesa  saber  de  mí,  te  diré,  buen  25 
amigo,  que  me  dedico  a  la  filosofía:  esta  soledad  amiga575 
es  mi  colaboradora,  y  no  ningún  hombre.  No  hay  ni  un 
lugar  en  Libia  donde  yo  haya  oído  a  alguien  pronunciar  la 
palabra  «filósofo»,  a  no  ser  el  eco  que  repite  mi  voz.  Pero, 
como  se  dice,  «adorna576  a  la  que  en  suerte  obtuviste,  a 


Cf.  Platón,  Fedro  227  b,  República  571  d. 

572  En  el  texto  de  la  ed.  de  Garzya  de  1979  figura,  creemos  que  por 
error  (cf.  aparato  crítico  de  dicha  ed.),  la  lectura  deígmatos.  La  lectura 
dégmatos  (que  traducimos)  es  la  que  aparece  en  su  ed.  de  1989.  El  sentido 
metafórico  de  este  término  ya  está  en  Esquilo,  Agamenón  791;  Sófocles, 
Fr.  841  Radt. 

573  Respectivamente,  Libyarum  dux  (por  ejemplo,  Anisio),  Cyrenaicae 
praeses  (p.  e.,  Andronico)  y  praefectus  Augustalis  Aegypto  (p.  e.,  Eutalio; 
y  cf.  n.  539). 

574  El  tono  critico  de  estas  palabras  parece  evidente.  Recuérdese  que  la 
Pentápolis  se  vela  esquilmada  por  los  impuestos  y  que  fue  este  un  motivo 
primordial  de  la  embajada  de  Sinesio:  cf.  Real.  27  d  ss.  (cap.  25). 

575  Creemos  que  la  repetición  en  o  gathé,  ten  eremían  agathín  puede 
haberla  buscado  Sinesio  intencionadamente  (la  soledad  para  el  filósofo 
sería  tan  amiga  y  tan  querida  como  lo  es  el  propio  Pilémenes). 

576  Parece,  por  lo  que  sigue,  que  así  interpreta  Sinesio  el  kósmei  del 
fragmento  euripideo,  con  el  sentido  translaticio  («honrar,  enaltecer»)  que 
tiene  este  verbo,  por  ejemplo,  en  Teoonis  947  o  en  el  mismo  Eurípides,  Fr. 
530,  3  Nauck2  (en  vez  de  «poner  en  orden,  regir,  gobernar»:  cf.  Liddell- 
Scott- Jones,  j.  v.  kosméó  II). 


190 


SINESIO  DE  CIRENE 


Esparta»  577.  Me  parece  que  yo  también  me  contentaré  con 
30  mi  lote  y  adornaré  yo  mismo  a  mi  propia  patria,  si  considero 
que  esto  de  no  abandonar  a  la  filosofía  en  medio  de  su 
infortunio  representa  para  mi  vida  un  reto  y  una  piedra  de 
toque.  Y  de  cierto  que,  a  falta  de  otros,  mi  testigo  es,  en  todo 
caso,  Dios  mismo,  cuya  semilla578,  el  intelecto,  ha  llegado 
hasta  los  hombres.  Y  me  parece  que  incluso  las  estrellas 
35  están  en  cada  momento  fijando  en  mí  su  mirada  con  bene- 
volencia al  ver  que,  en  una  extensión  de  tierra  tan  grande, 
soy  el  único  que  las  observa  con  afán  científico  579.  Suplique- 
mos, pues,  juntos:  para  mí,  que  me  quede  en  la  situación  en 
'  que  estoy;  para  ti,  ¡tú  que  tan  mal  aprovechas  tus  dotes 
naturales!,  que  abandones  el  ágora  nefasta580. 

Lo  que  pido  con  el  mayor  encarecimiento  es  que  tú, 
4o  aunque  lo  de  fuera  te  vaya  bien,  mires  hacia  lo  de  dentro581: 
que  el  cambio  de  felicidad  por  bienestar 582  es  el  de  «oro  por 
bronce»  583.  Yo,  por  mi  parte,  me  alegro  de  que  se  rían  de  mí 
por  el  hecho  de  ser  el  único  ciudadano  particular  entre 
tantos  parientes  míos  que  aspiran  a  cargos  públicos.  Y  es 
que  prefiero  que  mi  alma  sea  escoltada  por  virtudes  antes  que 
lo  sea  mi  cuerpo  por  guardias,  cuando,  por  las  circunstancias, 
ya  no  cabe  que  sea  un  filósofo  quien  esté  al  frente  del 
Estado.  Y  si  ningún  mayor  beneficio  has  conseguido  con  lo 

577  Cf.  Eurípides,  Fr.  723  Nauck2;  y  Corp.  Paroem.  Graec.  I  314,  7 
(también,  por  ejemplo,  Cicerón,  Cartas  a  Ático  IV  6,  2,  y  cf.  I  20,  3). 

578  Spérma,  ho  noüs:  cf.  Sinesio,  Sueñ.  138  c  («la  semilla  intelectual»), 
H.  I  150  ss.,  259  s„  y,  al  respecto,  W.  Theiler,  Forschungen...,  pág.  293. 

579  Sobre  la  astronomía,  cf.  Sinesio,  Peonio  310  c  ss.  (cap.  IV). 

580  Es  decir,  la  profesión  forense:  cf.  n.  412  y,  para  «ágora»,  n.  584. 

581  Cf.  Epicteto,  Enquiridión  XXIX  7. 

582  Eudaimonía  /  eutychía:  cf.,  por  ejemplo,  Epicteto,  Enquiridión  1 4. 

583  //.  VI  235  s.  (en  el  famoso  pasaje  de  Diomedes  y  Glauco). 


CARTAS 


191 


del  ágora  (como  creo  que  no  has  hecho;  y  nunca  abrigué  45 
respecto  a  ti  malas  esperanzas  porque  fueras  a  despegarte  de 
ti  mismo  y  a  conformar  tu  carácter  con  el  de  esos  escribientes 
— pues  no  los  llamaría  yo  oradores —  que  gozan  de  tanta 
reputación;  y,  sin  embargo,  no  es  posible  enriquecerse  de 
otra  manera  en  vuestras  ágoras,  como  no  sea  confundiendo  50 
del  todo  la  justicia  divina  y  humana  y  volviéndose  uno  un 
Cercope  584  en  vez  de  un  hombre  libre),  así  que,  si  no  eres 
rico,  dirige  aún  más  tu  mirada  a  la  filosofía.  Y  si  encontraras 
a  un  hombre  ocupado  con  empeño  en  la  filosofía  (y  nada 
reprochable  sería  recorrer  tanto  Grecia  como  el  extranjero 
en  esta  búsqueda),  «comparte  ese  buen  golpe  de  fortuna» 585 
también  conmigo.  Pero  si,  como  en  el  caso  de  una  mísera  55 
cosecha,  te  parece  que  basta  conmigo,  ven  a  echar  mano  de 
mí  y  de  lo  mío  «en  iguales  y  las  mismas  condiciones» 586 
(según  reza  la  expresión  espartana). 

Saluda  calurosamente  de  mi  parte  al  reverendísimo 587 
Marciano.  Si,  anticipándome  a  Aristides,  hubiera  dicho  60 
que  «entre  los  hombres  se  había  presentado  una  imagen  de 
Hermes,  el  Dios  de  la  elocuencia»  588,  apenas  habría  atinado 


584  Los  Cercopes,  hombres  malvados  de  Éfeso,  fueron  vencidos  por 
Heracles  y,  luego,  metamorfoseados  en  monos.  «Cercope»  vale  por  «bribón, 
picaro,  murmurador».  Cf.  la  kerkópón  agoró  en  Atenas  (por  ejemplo, 
DlóGENES  Laercio,  IX  114)  y,  también,  LXX,  Proverbios  26,  22;  Sinesio, 
Egipc.  108  c;  Corp.  Paroem.  Graec.  I  99,  1  ss.;  262,  1  s.;  II  10, 12;  76,  3  s. 

585  Tó  hérmaion  koínosai:  cf.  la  expresión  koinós  Hermes  por  ejemplo 
en  Aristóteles,  Retórica  1401  a  21;  Teofrasto,  Caracteres  XXX  9;  y 
Corp.  Paroem.  Graec.  I  259,  1  (cf.,  arriba,  n.  556). 

5«6  Cf.  Tucídides,  I  27  (y  I  145;  Heródoto,  IX  7). 

587  Cf.  n.  383.  Marciano  fue  gobernador  de  Paflagonia,  como  leemos  en 
C.  119,  8. 

588  Elio  Aristides,  Discursos  XLVI 307  Dindorf;  y  cf.  Sinesio,  Dión 
62  a  (y  nuestra  n.  138  ad  loe). 


192 


SINESIO  DE  CIRENE 


a  sus  merecimientos,  porque  él  es  más  que  una  imagen. 
Aunque  mi  intención  fue  hacerle  llegar  directamente  una 
carta,  me  quedé  parado,  a  fin  de  no  rendirles  cuentas  a  esos 

65  sabelotodos  589  prestos  a  repulir 590  las  palabras:  que  no  es  pe- 
queño el  peligro  de  haber  leído  una  carta  en  el  Panhelenio 591. 
Así,  en  efecto,  llamo  al  lugar  en  el  que  muchas  veces  me 
entregué  a  profundas  meditaciones,  mientras  concurrían  allí 
personas  entendidas  de  todos  los  lugares  para  escuchar  la 

70  sagrada  voz  del  anciano  que  iba  rebuscando  viejos  y  nuevos 
relatos.  También  a  mi  amigo  Eucaristo  transmítele  un  saludo 
de  mi  parte  592,  y  a  todos  cuantos  te  parezca  conveniente. 

102 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  40 

Recomiendo  ante  tu  amistad593  y  protección  al  admira- 
ble594 Sosenas,  el  cual,  criado  y  crecido  en  medio  de  la 

589  De  esta  manera  traducimos  toís  pandéktais  (Garzya:  «dei  pedan- 
toni»),  literalmente  algo  así  como  «receptáculos  de  todo  saber»,  aquí  con 
ironía  por  parte  de  Sinesio.  El  término  pandéktai  se  utilizaba  para  designar 
a  las  enciclopedias:  cf.  Gelio  XIII 9;  Clemente  de  Alejandría,  Stromateis 
I  21  (y  las  Pandectas  o  Digesto  de  Justiniano). 

550  Aparte  de  Sinesio,  sólo  emplean  el  verbo  aposmihúó  Juliano, 
Sobre  la  realeza  77  a,  y  Temistio,  Discursos  XXI  251  b. 

591  Era  el  nombre  del  théatron  de  Cirene  (cf.,  arriba,  líneas  5  y  9):  cf.  J. 
A.  O.  Larsen,  «Cyrene  and  the  Panhellenion»,  Classical  Philology  47 
(1952),  7  ss. 

592  Eucháriston  chairein...:  quizá  aprovecha  Sinesio  el  nombre  de  su 
amigo  para  hacer  un  juego  de  palabras.  Arriba,  en  la  línea  59,  había 
empleado  la  forma  próseipe. 

5M  Cf.  C.  99,  2,  y  n.  554. 
594  Cf.  n.  297. 


CARTAS 


193 


cultura,  no  tropieza  con  ningún  bien  de  fortuna  que  guarde 
proporción  con  ello 59S.  La  culpa,  en  efecto,  se  la  echa  a  la 
mala  suerte  de  su  patria  y  hay  una  cierta  lógica  que  lo 
convence  de  que  es  posible  cambiar  la  suerte  a  la  vez  que  el 
lugar  de  residencia.  Llegará  a  la  ciudad  en  que  habita  el  em- 
perador596, en  la  idea  de  que,  donde  está  el  emperador,  allí 
también  se  encuentra,  sin  duda,  la  suerte  y  acaso  ésta  lo  vaya 
a  reconocer.  Si  tú,  además,  tienes  alguna  influencia,  ayúdalo 
a  llevar  a  cabo  lo  que  quiera:  que  digno  de  ti  es  no  sólo 
tenerla  sino  incluso,  cuando  uno  te  necesita  recomendárselo 
a  la  buena  suerte.  En  el  caso  de  que  él  necesite  de  tus  ami- 
gos, tú  mismo  se  lo  presentarás. 


103 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Algo  posterior  a  la  C.  101 

No,  por  el  dios  de  la  amistad  que  nos  une  a  ti  y  a  mi  597 , 
yo  no  me  he  burlado,  Pilémenes,  de  tu  cariño  a  la  tierra  que 
te  crió:  no  soy  alguien  tan  desapegado  de  la  patria  y  del 
hogar.  Lo  que  pasa  es  que  tú  entendiste  mal  el  sentido  de  la 
carta  y  me  has  acusado  de  lo  que  no  merezco.  Por  mi  parte, 
que  tú  ames  Heraclea598  y  que  estés  deseoso  de  hacerle  algún 
bien  a  tu  ciudad,  es  algo  que  yo  alabo.  Pero  esas  palabras  las 

595  En  el  original  se  repite  el  término  lógos  en  las  líneas  2,  3  y  4,  y  tyehé 
en  las  líneas  3,  5,  7  y  9.  En  la  4,  además,  figura  aklérían  («infortunio,  mala 
suerte»)  y  en  la  7  tychón  («quizá,  acaso,  con  suerte»). 

596  Constantinopla  y  Arcadio  (a  menos  que  se  trate  de  Teodosio  II). 

597  Cf.  n.  280. 

598  Heraclea  del  Ponto,  la  patria  de  Pilémenes:  cf.  C.  150  y  151. 


194 


SINESIO  DE  CIRENE 


escribí  a  favor  de  que  prefirieras,  necesariamente,  la  filosofía 
a  la  ocupación  forense 5".  Con  todo,  me  parece  que  tú  crees 
serle  más  útil  a  tu  patria  hablando  en  los  juicios  que  filoso- 

10  fando.  ¿Cómo  puede  ser  eso?  Pues  porque  te  sirvieron  de 
excusa  tus  sentimientos  patrióticos  para  no  mudar  de  pro- 
pósitos. De  lo  que  yo  me  he  burlado,  por  tanto,  no  fue  de  ese 
cariño  tuyo,  sino  de  que,  equivocadamente,  creas  que,  per- 
sistiendo en  la  abogacía,  vas  a  conseguir  algo  que  te  sea 
provechoso  para  ese  bello  amor.  Y  lo  cierto  es  que,  si  te 
dijera  que  la  filosofía  se  basta  para  enderezar  las  ciudades, 
me  desmentiría  Cirene,  por  el  estado  de  postración  en  que 

15  en  efecto  se  halla,  mucho  más  grave  que  el  de  las  ciudades 
del  Ponto.  Pero  sí  podría  afirmar  que  la  filosofía,  más  que 
la  retórica  y  que  cualquier  arte  o  ciencia,  dado  que  está  por 
encima  de  todas  ellas,  hace  de  quien  la  practica  alguien  útil 

2o  para  los  particulares,  las  familias  y  las  ciudades  60°.  Sin  em- 
bargo, ella  no  basta  para  procurarles  por  sí  sola  el  bienestar 
a  los  hombres.  Pues  la  cosa,  queridísimo  Pilémenes,  es  así: 
las  bellas  actividades  son  como  unas  fuerzas  y  disposiciones 601 
del  alma,  algo  tal  que  ya  por  sí  solo  aprovecha;  las  circuns- 
tancias, por  el  contrario,  y  los  golpes  de  fortuna  llevan 
arriba  y  abajo  el  estado  de  la  ciudad,  y  que  se  encuentre 
ahora  así  y  luego  de  otra  manera  es  algo  necesariamente 

25  impuesto  por  esa  naturaleza  de  la  que  participa. 

599  Cf.  C.  101,  36  ss.  Garzya  (ed.,  1989,  pág.  31  y  pág.  260,  n.  3) 
recuerda  en  este  pasaje  (y  cf.,  abajo,  líneas  16  ss.)  aquella  definición,  quizá 
aristotélica  (cf.  Juan  Ítalo,  Quaest.  quodlibetales  1),  que  subraya  la  pre- 
ponderancia de  la  filosofía:  «arte  de  artes  y  ciencia  de  ciencias»  (cf.,  también, 
Sinesio,  Dión  42  c). 

600  Cf.  n.  anterior  y  los  capítulos  4,  5  y  12  ss.  del  Dión  sinesiano. 

601  Dynámeis...  km  paraskeuái  psyches:  cf.  Plotino,  Enéadas  IV  6,  3 
(dynamis  kái  paraskeué,  acerca  de  la  memoria). 


CARTAS 


195 


Tú  eres,  entonces,  un  patriota  y  coincide  que  yo  lo  soy 
también.  Tú  cultivas  la  retórica  y  yo  te  consiento  que  prac- 
tiques no  aquélla  sino  esa  otra  recta  y  noble  que  ni  siquiera 
Platón,  creo,  intenta  proscribir602;  yo  es  la  filosofía  a  la  que 
honro  y  la  honro  antes  que  a  cualquier  otro  bien  de  los 
hombres.  Así  pues,  ¿qué  más  podrían  esperar  de  nosotros  30 
nuestras  ciudades  sino  que  sean  incluso  unas  vidas  las  que 
sirvan  de  fundamentos  en  correspondencia  con  estos  propó- 
sitos? Le  hace  falta,  sin  duda,  un  material  conveniente  y  le 
hacen  falta  unos  instrumentos  a  quien  está  capacitado  para 
usarlos:  la  que  suministra  todo  eso  es  la  fortuna.  Pues  bien, 
si  crees  que  sólo  de  aquella  forma,  o  sea,  por  medio  de  la 
retórica,  te  asistirá  la  fortuna,  de  tal  modo  que  un  día  te 
permita  ejercer  un  cargo  público  o  el  más  importante  de  35 
ellos,  el  de  prefecto,  ¿por  qué  culpar  del  fracaso  a  la  filosofía? 
Y  si  con  ambas  por  igual  puede  la  suerte  abandonarte  o 
estar  a  tu  lado,  ¿por  qué,  mientras,  no  escoges  lo  que  parezca 
mejor?  Y  lo  cierto  es  que  también  tú  afirmas  que  la  filosofía 
es  algo  en  sí  y  por  sí  mismo  superior  a  la  retórica,  pero  la 
precisión  de  tener  que  rendirle  un  provecho  a  tu  ciudad  40 
convierte  en  más  necesario  para  ti  lo  que  es  inferior.  Y,  lo 
que  es  ahora,  hay  esperanzas  de  algo  mejor,  pero  con  quien 
se  ha  dedicado  a  la  filosofía  se  enemistan  todos  los  dioses  y 
no  canalizan 603  la  fortuna  hacia  él,  de  modo  que  ni  siquiera 
mantiene  reservadas  sus  esperanzas.  Yo  hasta  hoy  no  había 
escuchado  ni  había  tenido  noticia  de  esto:  que  el  lote  asignado 
por  la  divinidad  a  la  venerable  filosofía  es  el  infortunio.  45 
Ahora  bien,  aunque  difícilmente  concurrirían  en  una  natu- 
raleza mortal  fuerza  y  prudencia604,  puede,  así  y  todo,  ocurrir, 

602  Cf.  Platón,  Gorgias  465  b  (y  Sijíesio,  Dión  37  a  ss.). 

603  El  verbo  exocheteúó  también  lo  emplea  Sinesio  en  Sueñ.  149  c. 

604  Cf.  Sinesio,  Real.  7a  ss.  (cap.  VII). 


196 


SINESIO  DE  CIRENE 


siempre  que  sea  Dios  quien  las  congregue.  Con  esta  condición, 
por  tanto,  es  posible  o,  más  bien,  es  totalmente  necesario, 
que  una  misma  persona  sea  filósofo  y  patriota  y  que  no 

50  desconfíe  de  su  suerte  sino  que  aguarde  cosas  mejores  en 
virtud  de  su  propio  mérito. 

No  es  menos  cierto  que,  según  el  antiguo  dicho,  los 
buenos  únicamente  superan  a  los  malvados  en  esto:  en  buenas 
esperanzas  605.  ¿Cómo,  entonces,  consentiremos  que  lleven 
ellos  la  peor  parte?  Y  necesariamente  sería  así  de  rendirnos 
nosotros  ante  ese  argumento  tuyo,  que  te  ha  inducido  a 

55  error  hasta  el  punto  de  afirmar  que,  por  mor  de  tu  ciudad, 
debes  continuar  con  esa  profesión. 

Permíteme,  pues,  que  transforme  en  acusación  aquella 
defensa  mía  de  lo  que,  aun  no  siéndolo,  antes  te  pareció  que 
era  una  burla;  desde  luego,  creo  que  ahora  ya  no  te  lo 
parece.  Y  lo  cierto  es  que  corro  el  peligro  de  quedar  desacre- 

60  ditado  ante  la  sagrada  Cirene  por  tu  culpa,  y  eso  que  eres 
una  persona  querida  para  mí.  Pues,  si  las  ciudades  llegaran 
al  convencimiento  de  que  la  retórica  es  la  única  capaz  de 
transformar  la  calamitosa  situación  en  que  se  hallan  y  que  el 
único  timbre  de  honor  es  el  de  quienes  socorren  a  los  que 
están  metidos  en  juicios  referentes  a  contratos,  se  indispon- 
drían conmigo,  dado  que  me  preocupo  de  cualquier  otra 

65  cosa  distinta  de  un  tribunal.  Así  que  sólo  esto  te  digo  yo  a 
ti  y  a  todas  las  ciudades  acerca  de  la  filosofía:  si  la  fortuna 
la  asiste  y  las  circunstancias  la  han  llamado  a  inmiscuirse  en 
los  asuntos  públicos,  no  hay  ninguna  actividad  — ni  siquiera 
todas  juntas —  que  pueda  competir  con  la  filosofía  en  armo- 
nizar situaciones  más  tensas 606  y  en  reorganizar  los  asuntos 

605  Pseudo-Isócrates,  A  Demónico  39. 

606  tín  syntonótéran  harmósai:  la  expresión  está  tomada  del  vocabulario 
musical  (cf.  Platón,  República  591  d;  Aristóteles,  Política  1342  b  21). 


CARTAS 


197 


para  mayor  beneficio  de  los  ciudadanos.  Pero,  como  el  70 
curso  del  destino  aún  no  va  de  esta  manera,  tiene  más 
sentido  ocuparse  de  los  propios  asuntos  sin  «entremeterse  en 
el  gobierno»  607  y  sin  la  indigna  pretensión  de  pelearse  por  el 
cargo  de  mengano,  cuando  no  exista  una  absoluta  necesidad 
de  ello.  Que  «contra  Necesidad  — afirman —  ni  siquiera  los 
dioses  luchan»  608. 

Para  mí  son  otras  las  cosas  que  merecen  mayor  venera-  75 
ción.  Y  siempre  que  el  intelecto  se  despreocupa  de  lo  de 
aquí 609 ,  viene  a  ocuparse  de  Dios.  Y  es  que  son  dos  las  partes 
de  la  filosofía:  contemplación  y  acción610;  y  son  dos,  en 
efecto,  las  fuerzas  que  las  presiden,  una  a  cada  una  de  las 
dos  partes:  sabiduría  y  prudencia.  Ésta  precisá  de  la  fortuna, 
mientras  que  la  sabiduría  es  autosuficiente 611  y  es  irrefrenable  so 
el  poder  que  hay  en  ella. 

104 

A  SU  HERMANO 
Desde  drene  a  Ficunte,  en  el  396 

A  los  mismos  individuos  podría  ocurrir  que  los  vieras 
audaces  en  la  paz  y  cobardes  en  la  guerra,  o  sea,  siempre 

607  Cf.  C.  41,  250  s.,  n.  208. 

608  Simónides,  Fr.  542,  29  s.  Page  (cf.  Platón,  Protágoras  345  d; 
Diógenes  Laercio,  I  76). 

609  De  las  cosas  terrenales. 

610  La  propia  vida  de  Sinesio  constituye  un  buen  ejemplo  de  estas 
palabras.  Y  cf.,  en  sus  obras  Peonio  308  b  ss.  (caps.  2  y  3)  o  Disc.  I  305a. 

611  Cf.  Aristóteles,  Ética  a  Nicómaco  1177  b  1;  y  Sinesio,  Dión  48  d. 


198 


SINESIO  DE  CIRENE 


ruines.  De  modo  que,  a  mi  parecer,  con  toda  justicia  debe 
estársele  agradecido  a  la  guerra  porque  es  una  piedra  de 
toque  infalible  de  la  sangre  que  uno  tiene  en  el  corazón  y 
porque  a  muchos  fanfarrones  los  coge  y  nos  los  devuelve 

5  más  modestos.  La  verdad  es  que,  por  eso,  no  creo  que  «vaya 
a  pavonearse  por  la  plaza» 612  el  malvado  Juan 613,  ni  a  pegarle 
puñetazos  ni  a  lanzarse  a  patadas  contra  ninguna  persona  de 
bien.  Fíjate,  ayer  con  toda  claridad  le  ha  dado  la  razón  al 
proverbio  o,  mejor,  al  oráculo  — sí,  evidentemente  un  oráculo, 
y  lo  sé  con  total  seguridad — :  «No  hay  peludo  que  no  sea 
polinizado» 614. 

En  efecto,  de  algunos  días  atrás  se  venía  anunciando  un 
ataque  de  los  enemigos.  Yo  estaba  resuelto  a  enfrentarme  a 
ellos,  mientras  que  a  los  balagritas 615  los  hizo  salir  su  co- 
mandante en  orden  de  batalla.  Luego,  nos  apresuramos  a 
llegar616  y  nos  pusimos  a  esperar.  Pero,  como  no  aparecía 
nadie,  «hacia  la  hora  de  desuncir» 617  cada  uno  se  retiró  a  su 

15  casa,  tras  haber  convenido  en  que  nos  presentaríamos  de 


612  Cf.  Demóstenes,  XXI  158. 

613  El  destinatario  de  las  cartas  2, 43,  63  y  64  (cf„  sobre  todo,  C.  43,  10 
ss.). 

614  Cf.  Sinesio,  Calv.  85  d  y  n.  174,  en  la  que  explicábamos  nuestra 
traducción. 

615  Los  habitantes  de  Balagre,  hoy  el-Beida,  al  sudoeste  de  Cirene. 

616  EXta  phthásantes  eis  ten  pedinén  es  la  lectura  de  Va  (Vat.  gr.  1125,  s. 
xiv)  que  aquí  traducimos.  La  inmensa  mayoría  de  los  manuscritos  presenta 
...  an  eis...  (lectura  que  recoge  Garzya  en  su  edición),  pero  no  está  claro 
aquí  el  valor  de  la  partícula  án  (Garzya,  de  hecho,  traduce:  «Noi  arrivammo 
per  primi  sul  campo...»),  a  menos  que  se  entendiera  así:  «de  ahí  que 
hubiéramos  podido  llegar  los  primeros...»  o  «luego,  nosotros,  que  hubiéramos 
podido  llegar  los  primeros,  ...». 

617  Peri  boulytón:  es  decir,  por  la  tarde  (cf.,  por  ejemplo,  Heliodoro, 
Etiópicas  II  19). 


CARTAS 


199 


nuevo  allí  al  día  siguiente.  El  frigio 618  Juan,  hasta  ese  mo- 
mento, no  estaba  en  ninguna  parte  (al  menos  no  se  le  veía), 
pero  por  lo  bajo  echaba  a  volar  algunos  rumores:  «se  ha  roto 
una  pierna  y  se  la  están  amputando»  o  «está  enfermo  de 
asma»  o  «sufre  algún  otro  mal  desmesurado».  Tales  patrañe- 
ros, quienesquiera  que  fuesen,  iban  y  venían  afirmando  que 
cada  uno  llegaba  de  un  sitio  distinto,  para  no  dejar  claro  el 
lugar  donde  aquél  se  había  metido  o  estaba  oculto. 

En  medio  de  lo  que  se  pusieran  a  contar 619  se  lamentaban 
por  la  inoportunidad  de  la  desgracia  y  se  les  saltaban  las 
lágrimas.  «¡Ahora  se  necesitaba  su  bravo  arrojo  — exclama- 
ban— ,  ahora  se  necesitaban  sus  brazos!  ¿Qué  cosa  no  hubiera 
podido  hacer?  ¿Qué  cosa  no  hubiera  podido  ocurrir?»;  y, 
después  de  decir  cada  uno  de  ellos,  además  de  todo  eso, 
«¡  Ah,  qué  mala  suerte!»,  dando  una  palmada,  se  marchaban. 
Pero  éstos  eran  individuos  de  los  que,  para  nada  bueno,  ya 
de  antaño  se  venían  criando  a  su  lado,  unos  peludos  tam- 
bién620, sin  nada  de  integridad 621 

ladrones,  en  el  propio  pueblo,  de  corderos  y  cabritos 6M, 

y,  ¡por  los  dioses!,  a  veces  hasta  de  mujeres.  Tales  eran  los 
camaradas  que  él  se  había  buscado  ya  de  mucho  antes. 


618  Sinesio  está  aludiendo  a  un  proverbio:  «Más  cobarde  que  una  liebre 
frigia»  (Estrabón,  I  2,  30;  Corp.  Paroem.  Graec.  II  359  1). 

619  Asi  interpretamos  metaxp  d'  an  diegoúmenoi  (Garzya:  «La  gente, 
trovandosi  a  parlare, ...).  Los  manuscritos  V(Vat.  gr.  1376,  s.  xiv)  y  Va  (cf. 
n.  616)  omiten  la  partícula  án  (como  también  lo  hacen  abajo  en  la  línea  24). 

620  Cf.,  arriba,  línea  10  y  n.  614  (y,  abajo,  líneas  79  y  83).  Téngase  en 
cuenta  que  esta  carta  debe  de  ser  contemporánea  del  Elogio  de  la  calvicie, 
que  habría  sido  escrito  alrededor  del  396. 

621  Cf.  Aristófanes,  Pluto  37  (y  Eurípides,  Andrómaca  448). 

622  //.  XXIV  262. 


200 


SINESIO  DE  CIRENE 


Entre  éstos  ni  siquiera  pone  su  empeño  en  ser  un  hombre,  y 
es  que  sería  difícil:  es  un  ladino  623  y  el  blanco  al  que  mejor 
apunta  es  el  de  parecer  un  hombre  entre  quienes  realmente 
lo  son.  Pero  yo  creo  que  lo  divino,  con  total  acierto,  se  ha 
opuesto  a  sus  proyectos. 

Eran  ya  cuatro  días  los  que  nos  habíamos  pasado  con  las 
armas  a  punto  en  vano,  porque  los  enemigos  aún  se  dedicaban 
a  asolar  zonas  más  altas.  Él,  desestimando  totalmente  la 
idea  de  que  aquéllos  fueran  a  presentarse,  porque  pensaba 
que  no  se  atreverían  a  atacar  el  interior  del  país,  salió  y,  de 
inmediato,  provoca  un  desconcierto  general.  De  la  enferme- 
dad ni  acordarse  (y  hasta  se  burlaba  de  quienes  habían 
prestado  oídos  a  aquello),  y  lo  que  dijo  fue  que  él  había 
llegado  de  lejos,  de  no  sé  dónde,  y  que  1.0  habían  llamado 
para  que  combatiera  allí  en  su  auxilio  y  que  por  eso  también 
se  habían  salvado  los  territorios  que  pidieron  su  ayuda;  y  es 
que  los  enemigos  ni  siquiera  habían  hecho  una  incursión, 
espantados  ante  el  rumor  de  la  presencia  de  Juan.  Siguió 
diciendo  que,  después  de  dejar  allí  las  cosas  firmemente 
asentadas,  había  corrido  hacia  los  lugares  conflictivos,  donde 
se  podía  esperar  en  cualquier  momento  el  asalto  de  los 
enemigos,  siempre  que  su  presencia  pasara  inadvertida  y  no 
se  divulgara  su  nombre.  Es  así  que  de  inmediato  provoca  un 
desconcierto  general  con  su  pretensión  de  interferir  en  el 
mando  del  ejército  y  sosteniendo  que,  en  breve,  enseñaría  el 
arte  de  vencer.  Gritaba:  «¡Al  frente!»  624,  «¡A  la  línea!»,  y 


623  Un  «sofista»,  literalmente. 

624  «Epi  métóporm  «Epi  phálanga»  kai  «Kata  tó  kéras poly  td  plaisiomr. 
Garzya  traduce  «'Di  fronte!'  'In  riga!'  'Aírala  tutto  quadrato!'».  Las  dos 
primeras  expresiones  no  son,  al  menos,  las  corrientes  (epi  metópou,  eis 
métópon,  epi  phálangos)  y  la  última  se  entiende  mal,  pero  creemos  que 
Sinesio  las  utiliza  ex  profeso  (si  es  que  no  fueron  así  pronunciadas,  literal- 


CARTAS 


201 


«¡En  el  ala,  amplia  la  formación  en  cuadro!»,  en  una  acuña-  50 
ción  de  voces  de  mando  cuyo  empleo  ignoraba.  A  algunos, 
por  eso,  hasta  les  parecía  que  era  alguien,  celebraban  incluso 
aquel  carácter  suyo  y  muchos  querían  ser  sus  discípulos. 

Pero,  en  aquel  momento,  estaba  bien  avanzada  la  tarde 
y  era  la  ocasión  oportuna  para  un  ataque.  Descendimos, 
pues,  de  la  montaña  y,  cuando  ya  nos  encontrábamos  lejos, 
cuatro  jóvenes,  vestidos  a  la  manera  indígena  y  gritando  55 
todo  lo  que  podían,  vinieron  corriendo  a  escape  hacia  nos- 
otros, de  modo  que  no  hacía  falta  un  adivino  para  darse 
cuenta  de  que  estaban  aterrorizados  ante  los  enemigos  y  se 
apresuraban  a  ponerse  a  salvo  entre  nuestras  armas.  Y  antes 
incluso  de  oírles  decir  claramente  que  los  enemigos  ya  estaban 
cerca,  vemos  unas  tristes  figuras  a  caballo  y,  según  me  pa-  60 
recio,  a  las  órdenes  del  hambre,  resueltas  a  morir  con  la 
mayor  presteza  por  los  bienes  que  poseíamos. 

Pues  bien,  nada  más  vernos  y  ser  vistos,  antes  de  llegar 
al  alcance  de  nuestras  flechas,  desmontaron,  siguiendo  su 
costumbre,  de  los  caballos  e  hicieron  los  preparativos  habi- 
tuales de  un  combate;  y  a  mí  me  parecía  buena  idea  imitar 
a  aquellos  hombres,  y  es  que  el  terreno  era  inadecuado  para 
la  caballería625.  Pero  nuestro  noble  amigo  afirmó  que  no  65 
cometería  un  ultraje  contra  el  arte  de  la  equitación,  sino  que 
la  lucha  la  emprendería  a  caballo.  ¿Y,  entonces,  qué?  Pues 


mente,  por  Juan),  para  insistir  en  la  nula  competencia  del  personaje  eri  el 
campo  militar.  Las  siguientes  palabras  de  nuestro  autor  confirman  (así  nos 
lo  parece)  esta  hipótesis:  Juan  desconoce  la  utilización  y  el  sentido  de  esas 
órdenes  que  está  «inventando».  La  traducción  intenta  reflejar  lo  que  hemos 
comentado. 

625  Cf.  Jenofonte,  Helénicas  III  4,  12. 


202 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  tiró  con  fuerza  del  freno,  le  hizo  dar  la  vuelta  y  huyó  a 
galope  tendido  626,  bañando  en  sangre  627  al  caballo,  a  toda 
rienda  como  iba,  mientras  utilizaba  para  aguijarlo  cualquier 

70  método:  la  fusta  de  continuo  y  los  gritos  de  ¡arre!  que 
resonaban.  Pero,  en  este  punto,  ya  no  era  fácil  determinar  a 
cuál  de  los  dos  había  que  aplaudir  más,  si  al  caballo  o  al 
caballero.  Pues  el  uno  corría  lo  mismo  cuesta  abajo  que 
cuesta  arriba  y,  tanto  por  sotos  como  por  calveros,  de  una 
sola  acometida  saltaba  los  hoyos  y  se  elevaba  por  encima  de 

75  los  ribazos;  el  otro  se  mantenía  sobre  su  cabalgadura  en 
cualquier  terreno  y  en  ninguno  resbaló  de  la  silla.  Sí,  me 
parece  que  hasta  para  los  enemigos  fue  hermoso  aquel  es- 
pectáculo: ¡de  cuántos  parecidos  a  éste  habrían  deseado  ser 
espectadores!  Pero  no,  al  menos  por  nuestra  parte  no  pudie- 
ron ver  más,  aunque,  como  es  natural,  nos  desanimamos,  al 
haberse  frustrado  tanto  y  tanto  nuestras  esperanzas  en  aquel 
peludo  628.  Nos  colocamos,  pues,  en  orden  de  batalla  para 

so  soportar  un  posible  ataque,  pero  sin  la  pretensión  de  comen- 
zar nosotros  el  combate.  Y  es  que,  incluso,  por  mucho  que 
fuera  el  coraje,  uno  desconfiaba  del  que  estaba  a  su  lado,  en 
vista  de  la  muestra  que  habíamos  tenido.  Allí  nada  había 
más  vergonzoso  que  una  melena 6M:  cualquiera  que  la  tuviese 
parecía  ser  el  que  más  probablemente  nos  iba  a  traicionar. 
Sin  embargo,  esto  mismo  fue  lo  que  les  pasó  a  los  enemigos, 

85  pues,  colocados  también  en  orden  de  batalla,  nos  aguardaban, 


626  Cf.  Jenofonte,  Anábasis  I  8,  1. 

627  Cf.  Jenofonte,  Ciropedia  VII 1,  29. 

628  Cf.,  arriba,  líneas  10  y  27  y  nn.  614  y  620. 

629  Cf.  n.  anterior. 


CARTAS 


203 


para  defenderse  en  caso  de  que  nos  lanzáramos  contra  ellos. 
Pero,  como  por  ninguno  de  los  dos  bandos  se  intentaba 
nada,  primero  ellos  se  dieron  la  vuelta  y  cogieron  el  camino 
de  la  izquierda  y,  después,  nosotros  el  opuesto,  y  sin  más 
prisas  que  en  un  paseo,  a  paso  lento,  para  que  no  pareciera  90 
una  huida  aquella  retirada. 

Luego,  aun  estando  en  aquella  situación,  procurábamos 
enterarnos  de  dónde  se  encontraba  Juan.  Pero  él  en  un 
soplo  había  alcanzado  Bombea  y,  a  la  manera  de  un  ratón 
de  campo  63°,  se  había  metido  en  aquella  peña.  Bombea 631  es 
una  montaña  cavernosa  en  la  que  arte  y  naturaleza  concu- 
rrieron para  hacer  de  ella  un  alcázar  fortificadísimo.  Ya  95 
desde  antaño  goza  de  justa  celebridad  y  algunos  la  compa- 
raban con  las  «galerías  subterráneas  egipcias»  632.  Hoy,  es 
cosa  reconocida  que  supera  a  las  murallas  de  cualquier  otro 
sitio,  un  lugar  donde  sólo  el  hombre  más  cuidadoso  de  sí 
mismo  que  exista,  por  no  decir,  con  demasiada  rudeza,  el 
más  cobarde  (aunque  sea  el  término  apropiado),  sólo  un 
hombre  tal  puede  asentarse  allí  633,mirando  antes  que  nada 
por  su  salvación.  Y  es  que,  cuando  se  entra,  se  parece  a  un  loo 
laberinto  y  atravesarlo  es  difícil,  con  lo  que  éste,  sin  más,  ya 
puede  resultar  un  buen  refugio  para  Juan. 


630  El  mys  arouraíos  ya  es  mencionado  por  Heródoto,  II 141  y  Babrio, 
Fábulas  108  Crusius  (cf.  el  rusticus  mus  de  Horacio,  Sátiras  II  6,  80). 

631  En  la  Cirenaica. 

632  Aigyptíous...  syringas:  cf.  Eliano,  Historia  de  los  animales  VI  43. 

633  Intentamos  reflejar  la  construcción  del  original. 


204 


SINESIO  DE  CIRENE 


105 

AL  MISMO  634 
Desde  drene  a  Alejandría,  en  el  verano  del  410 

Un  necio  sería  yo  si  no  les  estuviera  muy  agradecido  a  los 
ciudadanos  de  Ptolemaida  porque  me  consideran  digno  de 
lo  que  ni  siquiera  yo  mismo  me  considero.  Pero  no  es  el 
hecho  de  si  me  están  concediendo  grandes  responsabilidades 
lo  que  conviene  examinar,  sino  si  yo  soy  capaz  de  asumirlas. 
Pues  el  que  un  hombre  consiga  honores  casi  divinos  es  algo 

5  de  lo  más  gozoso,  siempre  que  quien  llegue  a  disfrutar  de 
ellos  sea  digno  de  obtenerlos635;  pero,  a  quien  está  muy  falto 
de  mérito,  sólo  se  le  ofrecen  amargas  esperanzas  para  el 
futuro.  Que  no  es  nuevo  este  temor  mío,  sino  que  es  muy 
antiguo  eso  de  «no  vaya  a  encontrar  honores  entre  los 
hombres  cometiendo  alguna  falta  ante  Dios» 63S. 

10  Yo,  cuando  me  reconozco  a  mí  mismo,  descubro  mi 
absoluta  inferioridad  para  ponerme  a  la  altura  del  ministerio 


634  Esta  carta,  en  la  que  Sinesio  se  expresa  con  total  sinceridad  ante  su 
aclamación  como  obispo,  es  de  obligada  referencia  (cf.  nuestra  introducción 
general,  I.  9.,  en  Sinesio  de  drene.  Himnos.  Tratados,  Madrid,  BCG,  1993) 
a  la  hora  de  analizar  el  contraste  entre  las  ideas  filosóficas  (cf.,  sobre  todo, 
líneas  75  ss.:  preexistencia  del  alma,  eternidad  del  universo,  inmortalidad 
pero  no  resurrección  de  la  carne),  la  situación  del  nuevo  metropolitano  (por 
ejemplo,  el  estar  casado  y  tener  hijos:  líneas  62  ss.)  y  su  responsabilidad 
como  dignatario  eclesiástico.  De  su  importancia  es  buena  muestra  el  hecho 
de  que  Nicéforo  Calisto  la  incluya  en  su  noticia  sobre  nuestro  autor  (Hist. 
ecl.  XIV  55). 

635  No  hemos  mantenido  el  anacoluto  del  original. 

636  Cf.  Ibico,  Fr.  310  Page  (par  theóTs/...  ameipsó: para  theón...  epheúró 
Sinesio). 


CARTAS 


205 


sacerdotal.  Y  voy,  pues,  a  conversar  contigo  637  acerca  de 
estas  inquietudes  de  mi  alma:  con  ningún  otro  puedo  hacerlo 
mejor  que  con  tu  querida  persona,  que  se  ha  criado  conmigo. 
Es  lógico,  entonces,  que  tú  participes  por  igual  de  mis  pre- 
ocupaciones, y  que  de  noche  veles  y  durante  el  día638  consi-  15 
deres  de  qué  manera  me  puede  sobrevenir  el  bien  y  de  qué 
manera  puedo  evitar  el  mal.  Escucha,  pues,  cómo  están  mis 
cosas,  aunque  la  mayor  parte  de  todo  esto  ya  lo  sepas. 

He  llevado  una  carga  pequeña  y  me  parece  que  la  he 
soportado  bien  hasta  hoy:  la  filosofía.  Y  es  por  parecer  que  20 
yo  a  ésta  en  absoluto  le  falto  por  lo  que  he  recibido  las 
alabanzas  de  algunos  y  se  me  cree  digno  de  más  altos  menes- 
teres por  parte  de  quienes  no  saben  discernir  «una  aptitud 
del  alma» 6M.  Pero  lo  que  temo  es  que,  si  por  vanidad  acepto 
ese  honor,  pueda  fallar  en  ambas  cosas,  al  haber  desdeñado 
una  y  no  haber  alcanzado  la  dignidad  de  la  otra.  Sí,  consi- 
déralo de  la  siguiente  forma.  Yo  siempre  reparto  mi  tiempo 
entre  estas  dos  cosas,  la  diversión  y  el  estudio:  estudiando,  25 
más  que  nada  los  temas  divinos,  me  aislo,  mientras  que, 
divirtiéndome,  soy  el  más  accesible  640.  Pues  ya  sabes  que, 
cuando  levanto  la  cabeza  de  los  libros,  me  inclino  hacia 
cualquier  tipo  de  diversión;  de  los  afanes  políticos,  no  obs- 
tante, me  aparto,  tanto  por  mi  carácter  como  por  mi  poca 
práctica641.  El  sacerdote,  en  cambio,  es  preciso  que  sea  un  30 


637  Cf.  n.  84. 

638  Nyktór  meth'  héméran:  cf.  Hesíodo,  Trabajos  176  s. 

639  Es  decir,  una  especial  facultad  o  propensión  anímica:  cf.  Plotino, 
Enéadas  VI  4,  11,  3  ss. 

640  Cf.  Platón,  Banquete  197  e,  Leyes  843  b;  Juliano,  Contra  los 
cínicos  ignorantes  VII  186  c,  etc.  (y  cf.,  también,  Plotino,  Enéadas  III  2, 
15,  53  ss.). 

641  O  «por  costumbre»,  «por  hábito»  (kai  physei  kal  melétéi). 


206 


SINESIO  DE  CIRENE 


hombre  inspirado  por  la  divinidad  642  y  ante  cualquier  tipo 
de  diversión  debe  ser,  igual  que  Dios,  inflexible.  Para  que 
cumpla  con  su  compromiso  lo  vigilan  miles  de  ojos,  cuya 
utilidad  es  nula  o  poca  si  no  se  trata  de  alguien  ya  predis- 
puesto, sensato  y  que  no  se  rinde  ante  ningún  tipo  de  deleite. 

35  Además,  en  todo  lo  concerniente  a  Dios  no  podría  aislarse 
sino  que  tendría  que  ser  el  más  accesible  a  todos,  un  doctor 
de  la  ley643  que  proclama  lo  legislado.  Y  debe  él  solo  asumir 
los  asuntos  de  todo  el  mundo  M4;  sí,  los  de  todo  el  mundo  ha 
de  asumirlos  o,  de  lo  contrario,  incurrir  en  toda  clase  de 
censuras.  Así  pues,  ¿cómo  no  se  precisaría  un  alma  grande  y 
poderosísima  para  soportar  tal  montón  de  preocupaciones 

40  sin  ahogar  en  ellas  al  intelecto  y  sin  permitir  que  se  extinga 
en  el  alma  la  parte  divina,  cuando  son  tan  diversas  las 
ocupaciones  que  lo  645  distraen?  Bien  sé  yo  que  algunos  son 
capaces  de  esto  y  los  felicito  por  su  carácter  y  considero  que 
ellos  son  verdaderamente  esos  «hombres  divinos»  646  a  quienes 
no  separa  de  Dios  el  hecho  de  estar  muy  mezclados  en 

45  asuntos  humanos.  Pero  también  sé  que  yo  bajo  a  la  ciudad 


642  Así  traducimos  thespésion  (Oarzya:  «uomo  superiore»), 

643  No  de  la  antigua  ley  de  Moisés  (cf.  n.  55),  sino  de  la  nueva  ley  de 
Cristo:  cf.  Eusebio,  De  laúd.  Constant.  17. 

644  Prágmata  práttein  hósapántes  háma  escribe  Sinesio  de  una  forma 
muy  enfática,  difícilmente  trasladable.  Sobre  los  deberes  del  obispo  en  esa 
época,  cf.  n.  336. 

645  El  mitón  del  original  podría  estar  referido  a  ton  noün  de  la  línea  40, 
pero  más  bien  parece  que  Sinesio  olvida  el  comienzo  de  la  pregunta 
(...  eumegéthous  psyches  kal  kratistes...)  donde  psychí  ha  de  entenderse, 
por  metonimia,  como  hombre  o  individuo  (de  hecho  en  las  líneas  40  s. 
repite  en  tii  psychii ...  ten  moíran  ten  theíarí). 

646  Cf.  Platón,  Menón  99  d;  Aristóteles,  Ética  a  Nicómaco  1145  a 

29. 


CARTAS 


207 


y  de  la  ciudad  subo  647  envuelto  en  cosas  que  me  arrastran 
hacia  lo  terreno,  cubierto  de  mancha 648,  no  podría  decirse  en 
qué  medida.  Lo  cierto  es  que,  por  estar  conmigo  desde  hace 
mucho  esas  máculas,  cualquier  partícula  que  me  venga  encima 
conlleva  un  enorme  incremento.  No  tengo  fuerzas,  «mis 
entrañas»  649  no  son  robustas  y  no  soy  capaz  de  resistirme  a  so 
lo  de  fuera 650  y  disto  mucho  de  poder  soportar  la  angustia 
que  se  origina  al  ser  consciente  de  ello.  Y  cuantas  veces  se 
me  pregunte  al  respecto,  no  rehusaré  decir  con  total  franqueza 
que  el  sacerdote  debe  estar  absolutamente  sin  mancha  y, 
yendo  aún  más  lejos,  debe  limpiar  de  toda  mácula  a  los 
demás. 

También  hay  otra  cosa  que  debo  añadir  en  estas  líneas  55 
dirigidas  a  mi  hermano,  pues  sin  duda  serán  muchos  los  que 
lean  la  carta651  y  esto,  por  supuesto,  lo  he  tenido  muy 
presente  al  dictarla,  para  que  a  todos  les  quede  muy  claro  el 
hecho  de  que,  sea  cual  sea  el  resultado,  ante  Dios  y  ante  los 
hombres  estoy  sin  culpa652,  y  no  menos  ante  nuestro  padre 
Teófilo.  Pues,  si  pongo  lo  mío  en  conocimiento  de  todos  y  a  6o 
él  le  concedo  que  tome  cualquier  decisión  respecto  a  mí, 
¿cómo  podría  yo  ser  culpable? 

A  mí,  fueron,  en  efecto,  Dios,  la  ley  y  la  sagrada  mano  de 
Teófilo  quienes  me  entregaron  a  mi  mujer  653.  Declaro,  pues, 


647  Enástei...  ap'ásteos (Garzya:  «sulla  térra  degli  uomini  e da essa...»): 
Sinesio  habla  en  H.  I  58  s.  de  «los  hombres  presos  de  las  cuitas  de  la 
ciudad»  (anthropon  astymerímnón:  un  compuesto,  al  parecer,  creado  y 
sólo  utilizado  por  nuestro  autor).  Cf.,  también,  ibid.  51-71. 

648  Cf.  n.  246. 

649  Eurípides,  Orestes  604. 

650  Pros  td  ektós:  cf.  Epicteto,  Enquiridión  XXIX  7. 

651  Cf.  n.  567. 

652  Cf.,  abajo,  línea  98  y  Hesíodo,  Trabajos  827. 

653  El  matrimonio  se  celebró  en  Alejandría  en  el  403. 


208 


SINESIO  DE  CIRENE 


públicamente  y  ante  todos  doy  testimonio  de  que  yo  en 
absoluto  me  separaré  de  ella  y  tampoco  conviviré  con  ella  a 

65  escondidas  como  un  adúltero  (que  lo  uno  no  es  piadoso  y  lo 
otro  no  es  legal),  sino  que  mi  deseo  y  mi  ruego  serán  tener 
muchísimos  y  buenos  hijos.  Esta  es  una  cosa  que  no  debe 
ignorar  el  que  tiene  en  sus  manos  mi  consagración 654;  que  se 
informe  por  los  amigos  de  su  compañero  Pablo  y  de  Dionisio, 

70  quienes  sé  que  fueron  elegidos  por  el  pueblo  como  delega- 
dos. De  lo  siguiente,  sin  embargo,  no  hay  necesidad  de  que 
sea  informado  sino  que  sólo  he  de  recordárselo.  Hablaré  con 
mayor  detención  sobre  esto,  pues  podría  aceptarse  que,  en 
comparación,  todo  lo  demás  carece  de  importancia.  Es  difícil, 
por  no  decir  de  todo  punto  imposible,  sacudirse  las  doctrinas 
que  han  llegado  a  ser  demostradas  científicamente  y  sabes 

75  también  que,  muchas  veces,  la  filosofía  choca  de  plano 
contra  esas  otras  doctrinas  más  divulgadas.  Seguro  que  yo 
nunca  sostendré  la  creencia  de  que  el  origen  del  alma  es 
posterior  al  del  cuerpo.  No  admitiré  que  al  cosmos  y  a  sus 
partes  les  espera  una  destrucción  conjunta.  La  tan  traída  y 
llevada  resurrección  la  considero  algo  sagrado  e  inefable  y 

80  bien  lejos  estoy  de  coincidir  con  las  opiniones  de  las  masa. 
Pero  es  cierto  que  la  mente  filosófica,  aunque  está  siempre 
velando  por  la  verdad,  transige  ante  la  necesidad  de  mentir. 
•Y  es  que  la  relación  entre  la  luz  y  la  verdad  es  análoga  a  la 
que  existe  entre  la  vista  y  la  légaña655,  en  el  momento  en  que 
el  ojo  pueda  recibir  una  luz  excesiva  que  le  haga  mal.  Lo 
mismo  que  la  oscuridad  es  más  beneficiosa  para  quienes 

654  Ton  ky'rion  tis  cheirotonías:  es  decir,  Teófilo,  el  patriarca  de  Alejan- 
dría. Kyrios  se  utiliza,  en  general,  como  título  de  cortesía  dado  a  personajes 
importantes  (emperadores,  obispos,  etc.).  Para  cheirotonía,  cf.  n.  343. 

655  Cf.  Sinesio,  H.  I  648;  Dión  47  c. 


CARTAS 


209 


tienen  los  ojos  enfermos,  así  también  acepto  que  para  el 
vulgo  la  mentira  constituya  un  beneficio  y  un  perjuicio  la  85 
verdad  para  quienes  no  son  capaces  de  fijar  la  mirada  en  el 
radiante  brillo  de  la  esencia.  Si  esto  me  lo  consienten  las 
leyes  del  ministerio  sagrado  que  voy  a  desempeñar,  podría 
ejercerlo  de  la  siguiente  manera:  en  privado  me  dedicaré  a  la 
filosofía,  pero  en  público  contaré  fábulas  en  mis  enseñanzas 656 
(aunque  sin  introducir  cambios  en  lo  que  a  cada  cual  se  le 
enseñó  antes,  sino  dejando  que  todos  persistan  en  sus  con- 
cepciones previas).  Pero,  si  me  dicen  que  el  ministro  debe  90 
moverse  en  aquel  otro  sentido  y  hacer  públicas  sus  creencias, 
seré  el  primero  en  exponérselas  a  todos  con  claridad.  Pues, 
¿qué  tiene  que  ver  el  vulgo  con  la  filosofía?  La  verdad  de  lo 
divino  debe  ser  algo  inefable,  la  masa  necesita  un  procedi- 
miento distinto.  Una  y  mil  veces  más  diré  que  el  sabio,  de  no 
haber  absoluta  necesidad,  ni  debe  rebatir  ni  dejarse  rebatir.  95 

Si  me  llaman  a  este  sagrado  ministerio,  no  me  resignaré 
a  sostener  fingidamente  unas  doctrinas:  de  ello  pongo  a 
Dios  por  testigo  y  también  a  los  hombres.  La  verdad  es  algo 
propio  de  Dios,  ante  quien  deseo  estar  enteramente  sin 
culpa657.  Esto  es  lo  único  en  lo  que  no  puedo  disimular.  Y 
siendo  como  soy  también  un  amante  de  las  diversiones  yo, 
que  desde  niño  fui  acusado  de  estar  loco  por  las  armas  y  por 
los  caballos  más  allá  de  lo  preciso,  me  apenaré,  sí  (¿pues  100 
cómo  soportar  el  espectáculo  de  mis  queridísimos  perros 
ayunos  de  caza  y  mis  arcos  más  que  apolillados?),  pero  lo 
resistiré  si  Dios  me  lo  manda.  Y,  odiando  como  odio  las 
preocupaciones,  sentiré  dolor  pero,  aun  así,  sobrellevaré 
pleititos  658  y  asuntos  en  el  cumplimiento  de  este  ministerio, 

656  Cf.  Aristóteles,  Metafísica  982  b  18  s.  (y  Sinesio,  Dión  42  c). 

657  Cf.,  arriba,  líneas  58  ss.,  y  n.  652. 

658  Dikidíon:  cf.  Aristófanes,  Caballeros  347,  Avispas  511. 


210 


SINESIO  DE  CIRENE 


por  gravoso  que  sea,  a  satisfacción  de  Dios.  Mis  creencias 
no  las  encubriré,  ni  habrá  desacuerdo  entre  mis  convicciones 
y  mi  lengua.  Pensando  así  y  hablando  así  presiento  que  le 
agrado  a  Dios.  No  quiero,  por  otra  parte,  que  sobre  mí  se 
haya  concebido  una  cierta  idea  de  que,  sin  que  nadie  me 
conozca,  he  apañado  la  consagración.  Pero,  ya  que  el  padre 

no  Teófilo,  muy  amado  por  Dios659,  me  ha  dejado  claro  que 
todo  esto  lo  sabe  y  que  está  al  tanto,  que  tome,  pues, 
respecto  a  mí  la  decisión  que  guste.  O  me  dejará,  sin  duda, 
que  me  quede  en  mi  condición  y  a  mi  aire,  dedicándome  a  la 
filosofía,  o  no  se  reservará  la  potestad  de  su  condición  para 
juzgarme  en  el  futuro  y  tacharme  del  cuadro  sacerdotal.  En 
comparación  con  esto,  cualquier  otra  opinión  es  una  tontería; 

115  pues  la  verdad,  bien  lo  sé,  es  la  cosa  más  querida  por  Dios. 
Y,  lo  juro  por  tu  sagrada  persona,  más  aún,  por  Dios 
mismo,  que  es  propicio  a  la  verdad,  estoy  angustiado  (¿pues 
cómo  no  iba  a  estarlo  cuando  debo  disponerme  a  pasar  de 
un  modo  de  vida  a  otro?).  Pero  si,  una  vez  que  ha  quedado 
manifiesto  todo  lo  que  yo  estimaba  que  no  debía  ocultarse, 
aquél  a  quien  Dios  ha  dado  esa  facultad  aprueba  mi  ordena- 
ción sacerdotal,  me  someteré  a  la  necesidad  y  lo  aceptaré 

120  como  una  señal  divina.  Pues  mi  razonamiento  es  el  siguiente: 
si  el  emperador 660  o  un  malhadado  augustal 661  me  ordenara 
algo,  se  me.  castigaría  por  no  obedecerlo;  a  Dios,  sin  embargo, 
hay  que  obedecerlo  por  propia  voluntad.  Y,  si  Dios  me 


659  De  nuevo  el  juego  de  palabras  de  C.  12,  10  (n.  111). 

660  Basileús  es  el  término  empleado  aquí  por  Sinesio,  como  en  Real.  15 
d  (y  cf.  19  c  y  nuestra  n.  87). 

661  El  Augustal  o  prefecto  de  Egipto  (cf.  nn.  539  y  573)  era  el  comandante 
en  jefe  del  ejército  y  estaba  al  frente  de  la  administración,  finanzas  y 
justicia.  Con  el  tiempo,  sin  embargo,  el  título  pasaría  a  ser  meramente 
honorífico. 


CARTAS 


211 


admite  como  ministro  suyo,  también  es  cierto  que,  primor- 
dialmente,  hay  que  amar  la  verdad,  lo  más  divino  de  todo,  125 
y  no  ponerse  a  su  servicio  por  la  vía  más  opuesta,  cual  es  la 
de  la  mentira.  Haz,  pues,  que  todo  esto  lo  sepan  los  canonis- 
tas662 y  se  lo  comuniquen  a  aquél663. 

106 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Ficunte 

Le  pregunté  al  jovencito  664  si  el  silfio  665  lo  habías  cultivado 
tú  o  era  un  regalo  que  habías  recibido  y  del  que  quisiste  que 

662  Toüs  scholastikoús:  «abogados  para  asuntos  eclesiásticos»,  sentido 
que  tiene  el  término  en  el  Cod.  can.  eccl,  Afr.  (97  Hard.).  Cf.  Lampe  (cit. 
en  n.  380),  í.  v.  scholastikós  2, 

6«  A  Teófilo. 

664  El  portador  de  la  carta. 

665  El  silfio  o  laserpicio  (cf.  Catulo,  VII 4,  lasarpiciferis...  Cyrenis)  era 
una  planta  umbelífera  propia  de  la  Cirenaica  (cf.  Heródoto,  IV  169  y  192; 
Teofrasto,  Historia  de  las  plantas  III  2,  1;  VI  3,  1  y  5,  etc.;  Punió, 
Historia  natural  XIX  3,  15).  Su  exportación  constituía  una  gran  fuente  de 
riqueza  para  la  tierra  de  Sinesio.  Se  le  atribuían  propiedades  casi  maravillosas 
(cf.  el  provebio  de  Aristófanes,  Pluto  925;  y,  abajo  C.  134, 35  s.),  su  jugo, 
ülásaron  o  lásar,  se  utilizaba  en  medicina  (cf.,  p.  e.,  Hipócrates,  Dieta  de 
las  enfermedades  agudas  23)  y  también  podía  formar  parte  de  la  alimentación 
de  hombres  y  bestias  (cf.,  p.  e.,  Aristófanes,  Aves  354).  Para  su  identifi- 
cación (asafétida,  tapsia, ...),  cf.  J.  M.  Díaz  Regañón,  Teofrasto.  Historia 
de  las  plantas,  Madrid,  BCG,  1988,  págs.  333  s.,  n.  32;  y,  en  general,  cf.  D. 
Roques,  «Synésios  de  Cyréne  et  le  Silphion  de  Cyrénaíque»,  Rev.  Étud. 
Grec.  97  (1984),  218  ss.  Nada  tienen  que  ver  con  esta  planta  las  actuales  del 
género  silphium  de  América  del  Norte. 


212 


SINESIO  DE  CIRENE 


yo  también  tuviera  parte.  Y,  en  efecto,  al  enterarme  de  que 
el  jardincito,  en  el  que  tanto  interés  pones,  había  dado  este 
fruto  además  de  otros  muchos,  mi  alegría  fue  doble:  por  la 
belleza  de  la  planta  y  por  la  fama  del  lugar.  Que  explotes  ese 
fértilísimo  terruño.  Que  ni  tú  te  canses  de  regar  tus  queridí- 
simos arriates  ni  ellos  renuncien  a  seguir  fructificando,  para 
que  puedas  tú  beneficiarte  y  mandarme  a  mí  todo  lo  que 
produzcan  las  estaciones. 

107 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Ficunte.  Contemporánea  de  las  C.  108  y  122 

Un  gracioso  es  lo  que  eres  al  impedirme  que  me  provea 
de  armas  cuando  a  los  enemigos 666  ya  los  tenemos  encima  y 
están  haciendo  botín  de  todo  y  pasan  a  cuchillo  diariamente 
a  pueblos  enteros,  sin  que  nuestros  soldados  se  dejen  ver 
siquiera.  ¿Vas  a  decir  ahora  que  a  los  particulares  no  les  está 
permitido 667  llevar  armas,  sino  sólo  morir,  desde  el  momento 
en  que  el  estado  trata  con  severidad  a  quien  intenta  salvarse? 
Aunque,  a  falta  de  otras  cosas,  al  menos  sacaré  la  ganancia 
de  qüe  séan  las  leyes  las  soberanas,  y  no  esos  diablos.  ¿Y 
cuánto  crees  que  yo  valoro  ver  de  nuevo  la  paz  y  el  tribunal 
bien  arreglado  y  al  heraldo  reclamando  silencio?  Ojalá  mi 


666  Los  ausurianos.  Son  los  momentos  de  la  segunda  gran  invasión  de 
nómadas:  cf.  C.  108,  122  y  125. 

667  De  acuerdo  con  Garzya  (ed.  1979,  pág.  192,  n.  ad  loe,  y  ed.  1989, 
pág.  280,  n.  1),  aquí  se  alude  a  una  disposición  del  emperador  Valentiniano 
I,  del  año  364:  cf.  Cod.  Theod.  XV  5,  1. 


CARTAS 


213 


muerte  se  produzca  en  cuanto  mi  patria  haya  recobrado  su 
primitiva  situación. 

108 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Ficunte,  después  del  otoño  del  405 

Yo  me  he  hecho  ya  con  trescientas  lanzas  y  otros  tantos 
cuchillos,  pero  espadas  de  doble  filo  no  había  de  antes  más 
de  diez:  entre  nosotros  no  se  forjan  esas  armas  de  hierro  tan 
largas.  Pienso,  sin  embargo,  que  los  cuchillos  hieren  con 
mayor  eficacia  los  cuerpos  de  los  adversarios,  así  que  éstos  5 
serán  los  que  utilicemos.  Y  si  hay  que  utilizar  mazas,  también 
tendremos:  nuestros  acebuches  son  buenos  para  eso  668.  Al- 
gunos poseen  hachas  de  un  solo  filo,  colgadas  de  la  cintura 
de  cada  uno,  con  las  que  golpearemos  sus  escudos  para  estar 
al  igual  que  aquéllos,  dado  que  nosotros  no  tenemos  armas 
defensivas.  El  combate669  imagino  que  será  mañana,  pues 
algunos  enemigos  se  han  encontrado  ya  con  nuestros  expío-  10 
radores  y  los  han  perseguido  «a  todo  correr»  670,  pero,  al 
comprender  que  eran  demasiado  veloces  para  ser  capturados, 
les  encargaron  transmitirnos  sus  mejores  deseos,  siempre 
que  en  adelante  no  viéramos  la  necesidad  de  andar  por  ahí 


668  Cf.,  por  ejemplo,  Teofrasto,  Historia  de  las  plantas  III 1,  6;  IV  3, 
1  ss.;  V  3,  7. 

665  Contra  los  ausurianos:  cf.  n.  666. 
670  Jenofonte,  Ciropedia  1  4,  23. 


214 


SINESIO  DE  CIRENE 


buscando  a  todo  hombre  que  penetrara  en  esas  extensiones 
de  territorio.  Y  es  que  afirmaron  que  iban  a  esperarnos, 

15  porque  querían  saber  quiénes  eran  los  que  nos  habíamos 
atrevido  a  alejarnos  de  nuestra  región  a  tantos  días  de 
camino,  con  el  fin  de  trabar  batalla  con  unos  enemigos  que 
viven  al  estilo  de  los  nómadas  y  cuya  disposición  a  la  vida 
civil  es  la  misma  que  la  nuestra  ante  una  expedición  militar. 
Lo  cierto  es  que  mañana,  con  la  ayuda  de  Dios,  venceré  a  los 
enemigos  y,  si  es  necesario,  los  venceré  una  vez  más  (aunque 
mis  palabras  no  quisieran  ser  fatídicas):  a  ti  te  encomiendo 

20  el  cuidado  de  mis  hijos.  A  su  tío  le  corresponde  no  echar  en 
olvido  el  hacerles  este  favor. 

109 

AL  MISMO 

.     Desde  drene  a  Ficunte 

Ni  asno  ni  mulo  ni  caballo  tengo;  están  todos  sueltos  en 
el  prado,  si  no,  me  habría  servido  de  ellos  para  acudir  junto 
a  ti,  que  eres  la  persona  más  amada  por  mí.  Querría,  y 
mucho,  hasta  ir  a  pie  y  quizá  hubiera  sido  capaz,  pero  mis 
allegados  me  dijeron  que  rio  debía,  no  fuera  a  convertirme 
5  en  el  hazmerreír  de  quienes  me  salieran  al  paso.  Y  es  que  a 
éstos,  sean  quienes  sean,  mis  parientes  los  consideran  personas 
tan  enteramente  sabias  y  con  tanta  sensatez  como  para  que 
cada  uno  de  ellos  pueda  reflexionar  mejor  que  yo  sobre  lo 
que  me  conviene.  ¡Tantos  son  los  jueces  de  quienes  nos 
hacen  depender  los  que  nos  obligan  a  vivir  según  las 


CARTAS 


215 


apariencias 671 !  Se  salieron  con  la  suya  no  por  sus  advertencias 
sino  con  métodos  bastante  violentos:  cuando  ya  me  iba,  me 
lo  impidieron  agarrándome  del  capotillo.  ¿Qué  me  queda, 
entonces,  sino,  en  substitución  mía,  enviarte  esta  carta?  Por 
medio  de  ella  te  saludo  y  te  pregunto  qué  llega  de  Ptolemaida 
(las  nuevas  noticias  que  lógicamente  tú  traes  de  parte  del 
general)  y,  más  que  nada,  qué  son  esos  misteriosos  rumores  15 
que  vienen  de  occidente  m,  pues  sabes  que  me  interesa  mucho 
el  que  haya  sucedido  así  o  no.  Por  tanto,  si  me  mandas  una 
carta  con  todos  estos  detalles  aclarados,  me  quedaré  aquí 
quieto;  si  no,  también  tú  tendrás  que  reprenderme  por  haber 
corrido  en  tu  busca. 


110 

AL  MISMO 

Desde  drene,  en  el  405 

Quilas,  el  rufián,  a  quien  es  natural  que  muchos  conozcan 
por  el  lustre  que  ha  alcanzado  gracias  a  su  oficio  (pues 
incluso  Andrómaca,  la  actriz  mímica  673,  la  más  bella  mujer 

671  Así  traducimos  pros  dóxan  ten  éxó.  Cf .  dóxa  frente  a  alítheia  en 
Sinesio,  Dión  55  a. 

672  No  se  sabe  con  certeza  a  qué  se  refiere  Sinesio  (cf.  también  C.  120, 
4).  Se  ha  pensado  en  la  derrota  de  Alarico  en  Pollenza  (Pascua  del  402),  en 
la  victoria  de  Estilicón  sobre  Radagaiso  en  Fiésole  (405-406)  o  en  la 
condena  a  muerte  de  Estilicón  (408):  cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  195,  n.  ad 
loe,  y  ed.  1989,  pág.  284,  n.  1. 

673  De  la  mala  fama  de  las  actrices  mímicas,  de  las  «cómicas»  diríamos, 
nos  habla,  por  ejemplo,  Plutarco,  Sila  36  (acerca  de  los  actores  mímicos, 
cf.  Demóstenes,  II  19). 


216 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  floreció  en  nuestros  tiempos,  ha  pertenecido  a  sus  hues- 
tes m),  ése,  después  de  haberse  dedicado  de  joven  a  tan  bella 

5  ocupación,  ha  creído  congruente  con  su  anterior  vida  enve- 
jecer ganando  lustre  en  la  escala  militar.  Pues  bien,  hace 
poco  que  ha  llegado  tras  haber  obtenido  del  emperador 675  el 
mando  de  los  valerosísimos  marcomanos  676 ,  quienes,  siendo 
como  son  ya  de  antes  buenos  soldados,  lógicamente,  al 

ío  encontrarse  ahora  también  con  un  general  a  su  medida, 
exhibirán  ante  nosotros  grandes  y  valerosos  actos. 

Él  estuvo,  por  cierto,  hablando  con  Siriano  (lo  conoces, 
«uno  de  mis  vecinos»  677,  el  médico)  y  Siriano  me  ha  referido 
en  qué  situación  dejó  éste  la  divina  corte678.  ¿Qué  necesidad 
hay,  pues,  de  contarte  por  escrito  otras  cosas  que  incluso  he 
oído  yo  incidentalmente?  Así  y  todo,  lo  que  me  hizo  rebosar 
de  alegría  cuando  me  enteré,  eso  quiero  que  también  a  ti  te 

15  regocije.  Es  lo  siguiente: 

El  admirable679  Juan,  para  decirlo  en  pocas  palabras, 
vuelve  a  estar  en  las  mismas  circunstancias  680:  la  fortuna  le 
da  generosamente  en  sus  asuntos  toda  la  generosidad  de  que 
es  capaz  y  hasta  procura  sobrepujarse  a  sí  misma.  A  él,  en 

674  Phálangos  en  el  original.  Es  evidente  la  ironía  en  todas  estas  líneas 
acerca  del  lenón. 

675  Cf.  n.  660  (también  abajo,  en  la  línea  20). 

676  Los  marcomanos  también  son  citados  por  Sinesio  en  Disc.  II  300b. 
Páralos  equites  Marcomanni,  cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  195,  ti.  adloc.  y 
ed.  1989,  pág.  285,  n.  1. 

677  Luciano,  Iearomenipo  8. 
«'«  Cf.  n.  24. 

679  Cf.  n.  297. 

680  Este  Juan  era  en  ese  momento,  como  lo  había  sido  anteriormente  en 
el  401,  comes  sacrarum  ¡argitionum,  es  decir,  el  encargado  de  custodiar  las 
sumas  de  dinero  para  las  distribuciones  (largitiones)  que  se  le  hacían  al 
pueblo.  Cf.  Zósimo,  V  18,  8. 


CARTAS 


217 


efecto,  el  emperador  le  presta  oídos  y,  más  aún,  le  ofrece  su  20 
buena  disposición  para  que  se  sirva  de  ella  en  lo  que  necesite. 
También  Antíoco681,  toda  la  influencia  que  puede  ejercer,  la 
ejerce  para  su  provecho;  y  esa  influencia  Antíoco  la  ejerce  en 
todo  lo  que  Juan  quiere.  Por  Antíoco  debes  entender  no  al 
de  Graciano,  a  ese  homúnculo  execrable  682,  de  lo  más  exqui- 
sito en  sus  maneras  pero  de  los  más  repugnante  en  sus 
aspecto  683;  sino  al  otro,  a  ese  jovencito  barrigón  que  tuvo  25 
tanto  prestigio  ante  Narsés  el  persa684  y  siguió  teniéndolo 
después.  Desde  entonces  hasta  hoy  lo  que  ha  hecho  la  fortuna 
es  engrandecerlo.  Y,  estando  así  las  cosas,  es  lógico  que  este 
justísimo  magistrado  conserve  su  cargo  entre  nosotros  «los 
años  de  la  corneja»685,  siendo  como  es  pariente  de  uno  y 
amigo  íntimo  del  otro. 


681  El  Antíoco  al  que  se  refiere  Sinesio  (un  neanískon  según  sus  palabras) 
fue  el  eunuco  a  quien  se  encomendó  la  tutela  de  Teodosio  (el  futuro 
emperador  Teodosio  II),  hijo  de  Arcadio.  Dicha  tutela  le  habría  sido 
confiada  por  el  propio  emperador  o  por  el  rey  persa  Isdigerda  I,  a  quien 
Arcadio  había  nombrado  de  primera  instancia  tutor  de  su  hijo  (Procopio, 
Sobre  la  guerra  de  Persia  1 2,  7):  cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  196,  n.  ad  loe, 
y  ed.  1989,  pág.  286,  n.  4. 

682  Seguimos  a  Garzya  para  traducir  el  hierón  del  original  («maledetto»: 
cf.  lat.  sacer). 

683  Cf.  Teofrasto,  Caracteres  28,  4;  Porfirio,  Sobre  la  abstinencia  III 

20. 

684  Quizá  el  padre  de  Isdigerda  I,  aunque  también  conocemos  a  otro 
Narsés  citado  en  Cod,  Theod.  VI  32,  1:  cf.  n.  681. 

685  Alusión  a  la  larga  vida  de  la  corneja  según  el  testimonio  de  Hesíodo, 
Fr.  304,  1  Merk.-West  («nueve  generaciones  de  hombres...»).  Cf.,  también, 
por  ejemplo,  Aristófanes,  Aves  609  y  Babrio,  Fábulas  46,  9. 


218  SINESIO  DE  CIRENE 


111 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Ficunte.  Contemporánea  de  la  C.  55 


¿Me  preguntas  acerca  de  Dioscorio  686  cuántos  versos 
recita687  cada  día?  Cincuenta.  Los  pronuncia  sin  pararse  ni 
repetir  y  sin  detenerse  para  hacer  memoria  después  de  un 
tiempo.  Una  vez  que  empieza  a  hablar,  continúa  ininterrum- 
5  pidamente  y  el  silencio  significa  el  final  de  la  recitación. 


112 


A  TROILO 


Los  hombres  no  aman  y  elogian  por  los  mismos  motivos, 
ni  es  una  sola  la  facultad  del  alma  que  está  asignada  a  ambas 
inclinaciones:  del  sentimiento  depende  la  amistad  o  la  aver- 
sión; con  la  capacidad  crítica  y  racional  del  alma  elogiamos 
5  y  censuramos. 


686  Cf.  C.  55  y  n.  298. 

687  Este  sentido  («recitar,  declamar»)  ya  lo  tiene  el  verbo  apangélló  en 
Gregorio  Taumaturgo,  Discurso  panegírico  a  Orígenes  16.  Para  apangelía 
de  la  línea  5,  cf.,  por  ejemplo,  Eusebio,  Hist.  eccl.  VI 2,  8  (pero,  cf.  Platón, 
República  394  c). 


CARTAS 


219 


113 

A  SU  HERMANO 
Desde  drene  a  Ficunte,  en  el  396 

¿Entonces,  qué?  ¿A  esos  malhadados  688  los  estamos  viendo 
ir  con  resolución  a  la  muerte  por  las  pertenencias  ajenas,  por 
no  entregar  ya  a  sus  dueños  cualquier  cosa  que  hayan  con- 
seguido como  botín;  y  nosotros,  en  cambio,  en  defensa  de 
nuestra  tierra,  de  nuestros  santuarios,  de  nuestras  leyes  y  de 
nuestras  propiedades,  con  todo  lo  cual  el  tiempo  nos  ha  5 
familiarizado  más,  no  dejaremos  de  mirar  por  nosotros 
mismos  sino  que  vamos  a  seguir  protegiendo  nuestras  vi- 
das689? Así  parecerá  que  no  somos  hombres.  Yo,  en  todo 
caso,  debo  enfrentarme  a  ellos  como  pueda  y  debo  comprobar 
quién  es  esta  gente  tan  atrevida  que  pretende  reírse  de  los 
romanos  690,  en  la  situación  en  que  ahora  se  encuentran. 
Pero,  suele  decirse,  «mira  que  la  camella,  sarnosa  y  todo,  es  10 
capaz  de  llevar  encima  la  carga  de  muchos  asnos»691. 

Con  todo,  veo  que,  en  tales  circunstancias,  quienes  mueren 
son  generalmente  los  que  más  estiman  la  vida,  mientras  que 
siguen  vivos  los  que  menosprecian  su  vida.  De  éstos  seré  yo: 
lucharé  como  si  fuera  a  morir,  y  bien  sé  que  subsistiré.  Que  15 
soy  de  ascendencia  laconia692  y  sé  de  aquella  carta  enviada 

¡ .  «88  Los  ausurianos  o  los  mácetas  en  la  primera  invasión  de  nómadas  del 
desierto,  en  el  395:  cf.  J.  Desanges,  Catalogue  des  tribus  africaines  de 
l'antiquité  classique  a  l'Ouest  du  NU,  Dakar,  1962,  págs.  152  y  259. 

689  Cf.  Tirteo,  Fr.  6,  14  Adrados;  Sófocles,  Electro  980. 

690  Romanos  en  sentido  lato,  como,  por  citar  algún  otro  pasaje,  en  C. 
31,  15  y  Real.  15  d. 

691  Cf.  Diogeniano,  V  81;  Corp.  Paroem.  Graec.  I  266  s. 
m  Cf.  C.  41,  216,  n.  202. 


220 


SINESIO  DE  CIRENE 


por  las  autoridades  a  Leónidas:  «Que  luchen  como  si  fueran 
a  caer  muertos,  y  no  caerán  muertos»  693. 

114 

AL  MISMO 

Desde  su  hacienda  a  Ficunte 

¿Entonces  te  extrañas  de  que  tú,  que  habitas  en  la  árida 
Ficunte,  estés  tiritando  y  se  te  haya  enmalecido  la  sangre? 
De  lo  contrario,  precisamente,  es  de  lo  que  habría  que 
extrañarse:  de  que  tu  cuerpo  aún  fuera  capaz  de  aguantar 
ese  bochorno  de  ahí.  Pero  si  te  vienes  con  nosotros  puedes 

5  ponerte  mejor  con  la  ayuda  de  Dios:  te  alejas  de  un  aire 
contaminado  por  los  vapores  palúdicos,  te  alejas  de  un  agua 
salina,  tibia  y  totalmente  estanca,  que  es  lo  mismo  que  decir 
muerta.  ¿Y,  además,  qué  gusto  hay  en  tirarse  sobre  la  arena 
de  la  playa,  la  única  diversión  que  tenéis?  Claro  que,  si  no, 
¿adónde  vais  a  dirigiros?  Aquí m,  por  el  contrario,  es  posible 

10  refugiarse  a  la  sombra  de  un  árbol  (y  si  te  desagrada,  puedes 
cambiar  un  árbol  por  otro  árbol  y  un  bosque  entero  por  otro 
bosque)  y  es  posible  cruzar  un  arroyuelo  que  a  la  vera  fluye. 
¡Qué  cosa  tan  dulce  el  poniente  cuando  mueve  con  suavidad 
las  ramas!  ¡Qué  diversidad  en  los  cantos  de  las  aves,  en  el 
color  de  las  flores  y  en  la  vegetación  del  prado!  Ló  que  allí 
es  trabajo  del  agricultor,  aquí  es  regalo  de  la  naturaleza: 


693  De  esta  carta  no  hay  otros  testimonios. 

694  Cf.  Sinesio,  Dión  56  a;  C.  108,  6;  148,  7.  Sinesio  se  inspira  en 
Platón,  Fedro  229  a,  230  b  (cf.  Hermógenes,  Sobre  las  formas  de  estilo 
114). 


CARTAS 


221 


todo  es  fragancia,  aromas  de  una  tierra  sana.  No  es  el  antro  15 
de  las  ninfas  695  lo  que  voy  a  elogiar,  que  para  eso  se  necesita 
a  Teócrito  696.  Algo  vale,  no  obstante,  incluso  comparado 
con  esto. 

115 

AL  MÉDICO  TEODORO 

Un  bien  necesario  es  la  frugalidad.  Cualquier  otro  podría 
hasta  burlarse  de  ella,  pero  a  ti  eso  no  te  está  permitido,  ya 
que  te  jactas  de  seguir  a  Hipócrates,  el  cual,  en  una  definición, 
afirmó:  «la  escasez  es  madre  de  la  salud» 691 . 

116 

AHELIODORO 
A  Alejandría 

Dice  el  rumor  que  es  mucha  tu  influencia  sobre  quien  en 
la  actualidad  tiene  el  cargo  de  augustal 698  de  Egipto,  y  dice 
la  verdad:  sí,  eso  es  lo  más  justo,  dado  que  tú  de  tu  influencia 


695  Cf.  Od.  XIII  102  ss.;  Porfirio,  Antro  de  las  Ninfas  4. 

696  Cf.  Teócrito,  Idilios  III  6  ss. 

697  La  cita  también  la  leemos  en  Isidoro  de  Pelusio,  Cartas  III  192, 
pero  la  atribución  a  Hipócrates  es  dudosa:  cf.,  no  obstante,  Hipócrates, 
Aforismos  I  10  y  II  44. 

698  Cf.  n.  661. 


222 


SINESIO  DE  CIRENE 


te  sirves  honradamente.  Pues  bien,  para  que  puedas  sacar 
provecho  de  tu  carácter  y  de  esa  capacidad  de  influir,  en 
5  favor  de  lo  que  mi  Eusebio  necesita,  escucha  lo  que  va  a 
decirte699  y  verás  que  te  he  recomendado  a  alguien  que 
también  es  orador700. 


117 

A  AUXENCIO 
Antes  del  410 

A  una  montaña  o  al  oleaje  del  mar  resonante  m. 

Homero  conjura  los  males  acarreados  por  una  pelea;  la 
filosofía  ni  siquiera  al  principio  les  da  entrada  en  el  alma. 
Pero  nosotros  estamos  demasiados  faltos  de  fuerza  como 
para  filosofar,  al  menos  por  mi  parte.  Sin  embargo,  no 
consideramos  digno  en  absoluto  comportarnos  de  forma 
5  más  vil  que  aquellos  soldados  por  quienes  fue  compuesto 
el  poema.  Pues  bien,  otra  vez  he  de  recurrir  a  Homero,  que 
en  cierto  lugar  dice: 

Comienza  tú,  que  eres  más  joven  m. 

6«  Cf.  n.  296. 

700  Rhétora  en  el  original.  Recuérdese  que  Heliodoro  es  un  sofista,  lo 
que,  en  esta  época,  equivale  a  «rétor». 

701  77.  VI  347.  El  verso  pertenece  al  pasaje  en  que  Helena,  ante  Héctor, 
insulta  a  París  y  dice  que  hubiera  preferido  morir  (vv.  345-348)  antes  que 
ver  todos  aquellos  sucesos. 

702  II.  XXI  439.  Son  palabras  de  Posidón  a  Apolo. 


CARTAS 


223 


Desde  luego,  ojalá  no  haya  lucha;  pero,  si  la  hubiera,  que 
la  comience  el  que  es  más  joven  (algo  semejante  es  lo  que 
piensa  Posidón  cuando  le  concede  la  primera  iniciativa  a  10 
un  dios  más  joven  703).  El  más  viejo  no  debe  ser  sino  el 
promotor  de  las  acciones  más  nobles  y  lo  más  noble  es  la 
concordia. 

Que  yo  no  soy  únicamente  más  viejo  que  tú,  sino  viejo  de 
todo  en  todo  704,  eso  «sólo  por  mi  piel  ya  está  claro»,  como 
dice  Ferécides  705.  Sobre  mí  recae,  sin  duda,  la  obligación  de 
la  disculpa.  Que  si  el  que  primero  ha  pecado  debe  ceder  15 
primero  y  tú  deseas  que  yo  obre  así,  por  amor  a  ti  consiento 
en  ello;  pues  soy  yo  quien  antes  que  tú  ocasionó  la  disputa 
y  quien  debe  complacerte  de  inmediato  si  quieres  706. 

118 

ATROILO 

Desde  drene  a  Constantinopla,  después  del  405 

Sí  conocías  al  difunto  707  Maximino  (pues  estuvo  por  la 
corte  708  con  bastante  frecuencia),  sin  duda  también  sabrás 
que  era  un  hombre  honrado.  Su  hijo  es  mi  primo  segundo  709 ', 

™3  Cf.  //.  XXI  440. 

704  En  realidad  Sinesio  tendría  unos  cuarenta  años. 

705  Cf.  Sinesio,  Calv.  85c  y  nuestra  n.  correspondiente. 

706  Nuestra  traducción  se  aparta  bastante  de  la  de  Garzya  («B  giusto 
che  a  compiacerti  sia  io  che  per  primo  ho  cercato  di  accattivarmi  la  tua 
persona»), 

707  Aquí  el  término  hérós  se  emplea  con  el  mismo  valor  que  makaríiés 
(cf.  n.  130),  como  ya  en  Heliodoro,  VII  13. 

708  Cf.  n.  24. 

709  Se  trata  de  Diógenes:  cf.  C.  20,  etc. 


224 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  te  entregará  esta  carta.  Cualquier  otro  quizá  lo  respetará 
por  su  buena  fortuna  (él  es,  en  efecto,  de  los  que  han 
5  desempeñado  cargos  no  insignificantes),  pero  el  filósofo 
Troilo  mirará  el  interior  del  joven  y,  a  partir  de  ahí,  lo 
elogiará. 

Está  claro  que  también  podrás  ayudarlo  a  sobrellevar 
sus  actuales  circunstancias.  Y  es  que  seguirá  siendo  ator- 
mentado por  delatores  7I°,  esas  malas  excrecencias  de  Cirene, 

a  menos  que  tú  no  te  revistas  de  coraje111. 

En  efecto,  que  convenzas  a  Antemio 712  o  a  cualquiera  de 
10  sus  colegas  a  que  hable  en  favor  nuestro  y  de  la  verdad,  eso 
será  por  entero  cosa  tuya  y  tú  te  llevarás  el  mérito  del  hecho. 

Así  pues,  te  ruego  que,  por  mediación  de  un  solo  hombre 
y  una  sola  gestión,  procures  librarnos  de  estas  fieras  tan 
15  malignas.  Que  el  éxito  conseguido  por  quienes  primero  lo 
intenten  inducirán  a  muchos  a  querer  igualarlos. 

119 

A  TRIFÓN  713 

Desde  Cirene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  118 

En  relación  con  Diógenes,  cualquier  cosa  que  hagas  de 
las  que  constituyen  tu  innata  manera  de  actuar,  la  habrás 


710  Hypó  endeiktdn:  cf.  el  término,  por  ejemplo,  en  LXX,  II  Macabeos 
4,  1.  Cf.  C.  49  y  n.  276. 
m  II  IX  231. 

712  Cf.  n.  274. 

713  Ex  gobernador  de  la  Cirenaica.  Precedió  a  Andronico  en  este  cargo: 
cf.  C.  134,  20. 


CARTAS 


225 


hecho  sin  que  suponga  novedad  alguna,  sino  que  sólo  estarás 
edificando  sobre  tus  propios  cimientos714.  Resulta  que  es 
cireneo,  de  esta  ciudad  que  gracias  a  ti  todavía  existe.  Pero 
el  bien  debe  hacerse  no  ya  a  la  comunidad,  sino  incluso  a 
cada  uno  por  separado.  Qué  es  lo  que  Diógenes  necesita  de  5 
ti,  eso  tú  no  debes  leerlo  en  mi  escrito  sino  oírselo  decir;  pues 
no  hay  nada  más  elocuente  que  uno  que  haya  sufrido. 

A  Marciano  el  filósofo,  el  que  fue  gobernador  de  Pafla- 
gonia715,  salúdalo  de  mi  parte.  Si  algún  poder  tiene  (y  sospe- 
cho que  sí),  que  impida  que  este  familiar  mío,  precisamente 
mi  propio  primo716,  sea  víctima  de  esos  delatores  que  van  10 
calumniando717,  esos  diablos  que  están  por  toda  nuestra 
tierra.  Con  esta  carta  te  lo  confío  como  a  un  hijo.  Tú  y  yo 
somos  dos  hermanos  y,  contándolo  a  él,  seremos  tres. 

120 

A  SU  HERMANO 

Los  asclepíadas 718  a  los  que  vomitan  con  dificultad  les 
mandan  beber  agua  tibia,  para  que  junto  con  ésta  arrojen 

714  Epoikodomon  tols  sautoü:  cf.  1  Corintios  3,  12;  Efesios  2,  22. 

715  Cf.  C.  101,  59  s.  y  n.  587.  Las  líneas  8-13  (desde  Markianbn  hasta 
arithmoúmetha)  figuran  en  el  códice  Av  (Athous  Vatopedinus  685)  como 
una  carta  distinta  con  el  número  120  (rk'J.  Garzya  (ed.  1989,  pág.  119,  n. 
2)  piensa  que  quizá  sea  correcta  esta  división. 

716  Autanépsion:  Diógenes  es  exanépsios  en  C.  118,  3,  y  anépsios  en  C. 
134,  15. 

717  Sykophanton  endeikton:  cf.  nn.  276  y  710. 

718  Los  hijos  de  Asclepio,  es  decir,  los  médicos:  cf.  Teognis,  432; 
Platón,  República  405  d. 


226 


SINESIO  DE  CIRENE 


también  todo  lo  que  tengan  asentado  en  el  estómago.  Así 
pues,  también  yo  quiero  referirte  esos  nuevos  rumores  que 
hace  poco  he  traído 719  de  la  costa720,  para  que  me  los  devuel- 
5  vas  muliplicados,  añadiendo  algo  más  que  acaso  puedas 
conocer. 


121 

A  ATANASIO,  ADULTERADOR  DEL  VINO 721 
Desde  Ptolemaida,  en  el  412 

Odiseo  intentaba  convencer  a  Polifemo  para  que  lo  dejara 
salir  de  la  cueva722.  «Sí,  soy  mago  y  te  podría  ayudar  opor- 
tunamente en  lo  de  ese  amor  marino  con  el  que  no  te  va 
bien.  Ten  en  cuenta  que  yo  conozco  conjuros,  encantorios  y 
5  filtros  de  amor,  a  los  que  lógicamente  no  podrás  resistirte, 
ni  un  poquito,  Galatea.  Tú,  tan  sólo,  consiente  en  mover  la 

719  Diakomísas:  la  corrección  diakomistheísas  (phémas  kainás...  d.)  de 
la  ed.  Aldina  quizá  debiera  aceptarse  (cf.  el  aparato  critico  de  ed.  Garzya, 
1979,  pág.  205,  y  ed.  1989,  pág.  295,  n.  1). 

720  Este  sentido  de  épeiros  ya  se  documenta  en  el  Periplo  del  Mar 
Eritreo  38.  De  preferir  la  lectura  ek  tés  hetéras  Speirou  de  algunos  códices 
(A,  C  y  otros),  habría  que  traer  a  colación  C.  109,  15  (y  cf.  n.  672). 

721  Hydromiktés:  aguar  el  vino  (LXX,  Isaías,  1,  22:  «tus  taberneros 
mezclan  el  vino  con  agua»,  en  las  lamentaciones  sobre  Jerusalén)  se  consi- 
deraba como  un  grave  delito:  cf.  Juan,  IV  Ieiunator  (patriarca  de  Cons- 
tantinopla),  De  poeniíeníia  1  (y  ed.  Garzya,  1989,  pág.  296,  n.  1). 

722  En  el  ditirambo  Cíclope  de  Filóxeno  de  Citera  (Fr.  5  Page) 
Odiseo  aprovechaba  el  amor  del  Cíclope  por  la  Nereida  para  salvarse:  cf., 
también,  Teócrito,  Idilios  VI  y  XI;  Luciano,  Diálogos  marinos  1. 


CARTAS 


227 


puerta,  mejor  dicho,  ese  portón  de  piedra,  que  a  mí  me 
parece  que  es  todo  un  promontorio.  Yo  regresaré  antes  que 
decir  amén,  tras  haberme  trabajado  a  la  mocita...  ¿Qué  digo, 
trabajado?  Te  la  mostraré  aquí,  gracias  a  mis  muchos  hechi-  10 
zos  723,  convertida  en  una  cordera:  te  rogará  y  se  acercará 
suplicando,  y  tú,  con  disimulo,  te  harás  el  desdeñoso.  Pero, 
entretanto,  hay  cierta  cosa  que  me  inquieta:  que  el  tufo  de 
esos  vellones  le  sea  desagradable  a  una  joven  que  es  tan 
delicada  y  se  baña  muchas  veces  al  día.  Será  bueno,  entonces, 
que  lo  pongas  todo  en  orden  y  lo  limpies,  y  que  friegues  tu 
casa  y  la  perfumes;  y  todavía  mejor  que  te  procures  guirnaldas  15 
de  hiedra  y  enredadera,  con  las  que  ceñir  tu  cabeza  y  la  de 
tu  amada.  Pero,  ¿por  qué  te  entretienes  y  no  echas  ya  mano 
a  la  puerta?». 

Pues  bien,  ante  todo  esto  Polifemo  se  carcajeó  a  más  no 
poder  y  se  puso  a  aplaudir.  Y  Odiseo  creyó  que,  de  tanta  20 
alegría,  era  incapaz  de  dominarse,  ante  la  esperanza  de 
llegar  a  poseer  a  su  amada.  Pero  él,  acariciándole  la  barba  m, 
le  dijo:  «Nadie725,  me  parece  que  eres  un  hombrecillo  de  lo 
más  agudo  y  baqueteado  en  muchas  empresas.  Pero,  mira, 
invéntate  otra  artimaña,  porque  de  aquí  no  te  vas  a  escapar».  25 
Lo  cierto  es  que  Odiseo  (verdadera  víctima  como  era  de  la 
injusticia)  procuraba  no  más  que  aprovecharse  de  su  picardía; 
pero  a  ti,  que  eres  un  Ciclope  en  tu  audacia  y  un  Sísifo  en  tus 
intentos,  te  ha  perseguido  la  justicia  y  te  ha  encarcelado  la 
ley,  de  las  que  tú  ojalá  nunca  te  burles.  Pero  si,  en  cualquier 

723  Pollaís  íynxi:  el  término  íynx  (el  pájaro  torcecuellos  y,  luego,  rueda 
mágica,  hechizo)  lo  emplea  Sinesio  en  Sueñ.  132  c  (cf.  también  nuestra 
nota  ad  loe). 

724  El  verbo  hypogeneiázó  aparece  también  en  Sinesio,  Egipc,  108  d. 

725  Recuérdense  las  famosas  palabras  de  Odiseo  al  Ciclope  en  Od.  IX 
366:  «Nadie  es  mi  nombre». 


228 


SINESIO  DE  C1RENE 


30  caso,  debes  ser  tú  quien  quede  por  encima  de  las  leyes,  no 
seré  yo,  al  menos,  quien  las  quebrante  rompiendo  las  puertas 
del  presidio.  Y  es  que,  si  el  gobierno  estuviera  en  manos  de 
los  sacerdotes,  a  ellos  les  correspondería  castigar  la  maldad. 
Es  seguro  que  la  cuchilla  del  estado  purifica  la  ciudad  tanto 
como  purifica  el  agua  bendita  que  está  a  la  entrada  de  los 
templos. 

35  Así  también  lo  hemos  aprendido  de  las  gloriosas  acciones  de 
los  hombres  de  antaño 126 . 

Así  lo  hacían  ellos  entonces  por  considerar  conveniente 
que  fuera  una  misma  persona  la  que  suplicara  por  el  bien 
común  y  obrara  de  tal  modo  que  pudiera  ser  de  ayuda.  En 
efecto,  sobre  los  egipcios  y  la  raza  de  los  hebreos  durante 
mucho  tiempo  reinaron  sacerdotes  727.  Pero,  después  de  que 

40  se  disociaran  los  dos  géneros  dé  vida,  una  se  mostró  como 
propia  de  los  sacerdotes  y  otra  de  los  gobernantes:  a  unos  se 
les  ha  encomendado  ocuparse  de  los  asuntos  públicos,  a 
otros,  como  yo,  de  las  plegarias.  Y  a  éstos  la  ley  les  prohibe 
tenderle  la  mano  a  la  justicia  y  condenar  a  muerte  al  más 
criminal:  ¿cómo  se  les  podría  dejar,  entonces,  tenderle  la 
mano  a  un  malhechor  contra  la  justicia?  Yo,  desde  luego, 

45  hago  todo  lo  que  me  pertenece.  Tanto  en  mi  hogar  como  en 
las  ceremonias  públicas  728  suplico  que  la  justicia  quede  por 
encima  de  la  injusticia  y  que  nuestra  urbe  sea  purificada  de 
toda  maldad,  o,  lo  que  es  lo  mismo,  que  el  malvado  perezca 
de  mala  muerte  729,  no  sólo  tú  sino  cualquier  otro  semejante 


™  II.  IX  524. 

727  Cf.  C.  41,  242  ss.,  y  n,  207. 

728  Cf.  Jenofonte,  Memorables  1 1,  2. 

729  Cf.  Aristófanes,  Pluto  65;  DemOstenes,  32,  6;  Mateo,  21,  41. 


CARTAS 


229 


a  ti.  Aquí,  pues,  tienes  la  muestra  de  cómo  me  hubiera 
comportado  en  el  caso  de  habérseme  permitido  hacer  algo:  50 
como  no  se  me  permite,  te  maldigo. 


122 

A  SU  HERMANO 
Desde  drene  a  Ficunte.  Contemporánea  de  la  C.  107 

Toda  clase  de  bienes  les  deseamos  a  los  sacerdotes  axu- 
mitas  73°,  porque,  mientras  los  soldados  permanecían  escon- 
didos en  las  grutas  de  las  montañas  con  la  pretensión  de 
salvar  el  pellejo,  ellos  convocaron  a  la  población  campesina 
y,  después  de  la  ceremonia  sagrada,  la  guiaron  derecho 
contra  los  enemigos  y,  a  fuerza  de  plegarias,  erigieron  un 
trofeo731  en  Mirsinítide734.  És  una  quebrada  extensa  y  pro-  5 
funda,  cubierta  toda  ella  por  un  bosque  y,  dado  que  ningún 
ejército  enemigo  les  había  hecho  frente,  los  bárbaros  se 
metieron  con  osadía  en  aquel  terreno  impracticable.  ¡Pero 
iban  a  toparse  con  uno  de  pelo  en  pecho733,  con  Fausto, 

730  Axoumitón:  pueblos  del  Oasis  de  Yalo  (Audjila-Djalo)  en  el  Desierto 
Líbico:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pags.  289  s„  n.  1.  Sobre  la  lectura  Auxiditén 
de  algunos  manuscritos  (A,  C  y  otros),  cf.  ibid. 

731  Este  monumento  (trópaion)  se  levantaba  en  el  lugar  donde  el  enemigo 
había  vuelto  las  espaldas  para  huir  (cf.  tropé,  trépó). 

732  Mirsinítide  o  Valle  del  Mirto,  una  región  de  la  Pentápolis. 

733  Melampygou:  literalmente,  «de  negras  nalgas»,  lo  que  era  señal  de 
hombría  (cf.  Arquíloco,  Fr.  35  Adrados,  luego  empleado  como  proverbio). 


230 


SINESIO  DE  CIRENE 


diácono  del  servicio  sagrado!  Éste  fue  el  primero  que,  sin 
10  armas,  resistió  el  ataque  de  un  hoplita:  le  atizó  un  golpe  en 
la  sien  con  una  piedra  que  llevaba  en  la  mano,  no  para 
arrojársela  sino  para  lanzarse  sobre  él  a  puñetazos.  Ya  caído 
lo  desarmó  y,  después  de  éste,  acabó  con  muchos  más.  Y 
cualquier  otro  que  en  aquel  entonces  diera  muestra  de  valen- 
tía, a  Fausto  debe  atribuirle  el  mérito  de  lo  ocurrido,  tanto 
15  por  lo  que  hizo  como  por  las  palabras  que  oportunamente 
pronunció. 

Yo  a  todos  los  que  participaron  en  aquella  empresa  los 
coronaría  con  el  mayor  placer  y  también  proclamaría  sus 
nombres.  Y  es  que  fueron  los  primeros  en  acometer  nobles 
empresas  y  en  demostrar  a  quienes  estaban  asustados  que 
aquéllos  734  no  eran  Coribantes 735  ni  demonios  servidores  de 

20  Rea,  sino  gente  vulnerable  y  mortal  como  nosotros.  Y  si 
también  nosotros  nos  comportamos  como  hombres  en  tales 
circunstancias,  el  segundo  puesto  no  sería  tampoco  desdeña- 
ble. Pero  puede  que  hasta  se  nos  concediera  el  primero  si,  en 
vez  de  tendernos  al  acecho  en  una  quebrada  quince  forrajea- 
dores y  salir  de  ahí  bien  parados,  lucháramos  en  batalla 

25  campal  y  con  nuestras  fuerzas  bien  visibles,  ejército  contra 
ejército. 


734  Los  enemigos  ausurianos. 

735  Cf.  Sinesio,  Egipc.  116  b  (y  n.  ad  loe). 


CARTAS 


231 


123 

A  TROILO 

Desde  drene  a  Constantinopla,  en  el  405 

Aun  cuando  uno  se  olvide  de  los  muertos  en  la  mansión  de 

Hades, 

yo,  incluso  allí,  me  acordaré  de  mi  querido  compañero  m, 

Homero  escribió  estos- versos,  pero  por  el  sentido  no  sé 
si  cuadra  mejor  que  los  diga  Aquiles  respecto  a  Patroclo  o 
que  los  diga  yo  respecto  a  ti,  siendo  como  eres  una  persona 
queridísima  y  bienhechora.  Lo  cierto  es  que  yo  (pongo  por 
testigo  a  Dios,  a  quien  venera  la  filosofía)  en  el  centro  de  mi 
corazón  llevo  la  imagen  de  tu  sagrada  y  dulce  alma  y  retumba 
en  mis  oídos  el  admirable  eco  de  tus  sabias  palabras.  Después 
de  regresar  de  Egipto  a  mi  patria,  he  leído  todas  juntas  tus 
cartas  de  dos  años  737  y  he  derramado  un  caudal  de  lágrimas 
sobre  tus  letras.  No,  no  me  alegraba  por  aquellas  líneas  con 
las  que  podía  disfrutar  de  ti,  sino  que  me  apenaba  al  remon- 
tarme desde  aquellas  líneas  hasta  la  pasada  vida  en  común 
contigo:  ¡de  qué  amigo  y,  a  la  vez,  padre,  aun  estando  tú 
vivo,  me  veía  yo  privado!  Sin  duda  aceptaría  yo  de  buena 
gana  conflictos  más  gravosos  en  favor  de  mi  patria,  a  fin  de 
tener  de  nuevo  una  excusa  para  salir  de  viaje.  ¿Acaso  alguna 
vez,  padre  legítimo  donde  los  haya,  volveré  a  verte?  ¿Acaso 


736  //.  XXII  389  s. 

737  Tras  la  embajada  a  Constantinopla  (399-402),  Sinesio  volvió  a  Cirene 
y,  poco  después,  marchó  hacia  Alejandría  donde  residió  dos  años.  Allí  se 
casó  y  nació  su  primer  hijo. 


232 


SINESIO  DE  CIRENE 


alguna  vez  volveré  a  abrazar  tu  sagrado  cuerpo?  ¿Acaso 
volveré  a  participar  de  esas  reuniones  que  gracias  a  ti  son 
benditas?  Si  la  suerte,  pues,  me  concede  todo  esto,  demostraré 
20  que  no  es  una  leyenda  lo  que  se  cuenta  del  tesalio  Esón,  de 
quien  afirman  los  poemas  que  rejuveneció  y  retornó  a  ser 
mozo  de  viejo  que  era738. 

124 

A  LA  FILÓSOFA 
Desde  drene  a  Alejandría.  Contemporánea  de  la  C.  104  y  de  la  113 

Aun  cuando  uno  se  olvide  de  los  muertos  en  la  mansión  de 

Hades, 

yo,  incluso  allí,  me  acordaré 739 

de  la  querida  Hipatia.  Yo,  y  es  la  verdad,  envuelto  como 
estoy  en  los  sufrimientos  de  mi  patria,  me  siento  a  disgusto 
en  ella,  porque  lo  único  que  veo  cada  día  son  armas  enemigas 
5  y  hombres  degollados  como  víctimas  de  sacrificio,  y  lo  que 
respiro  es  un  aire  contaminado  a  causa  de  la  putrefacción  de 
los  cadáveres,  y  lo  que  sospecho  es  que  voy  a  sufrir  algo 
semejante,  pues  ¿quién  abrigaría  buenas  esperanzas  cuando 
el  cielo  está  todo  enfoscado,  invadido  por  la  sombra  de  las 
aves  carroñeras?  Pero,  aun  así,  quiero  a  mi  tierra.  ¿Cuáles, 


738  Medea,  gracias  a  su  amiga,  rejuveneció  a  su  suegro  Esón,  rey  de 
Yolco  (en  Tesalia):  cf.  Nosti,  Fr.  7  Bernabé;  y  Ovidio,  Metamorfosis  VII 
162  ss. 

'»  Cf.  n.  736. 


CARTAS 


233 


si  no,  podrían  ser  mis  sentimientos,  libio  como  soy  y  nacido  10 
aquí  y  teniendo  a  la  vista  las  venerables  tumbas  de  mis 
antepasados?  Sólo  por  ti  me  parece  que  podré  pasar  por  alto 
a  mi  patria  y  emigrar,  si  se  me  presenta  la  ocasión. 

125 

A  SU  HERMANO 
Desde  drene  a  Ficunte.  Contemporánea  de  la  C.  107 


Somos  unos  desdichados  porque  nuestra  única  posibilidad 
es  intercambiarnos  noticias  penosas.  Y  es  que,  fíjate,  han 
ocupado  Batia740,  han  caído  sobre  Aprosilis,  han  incendiado 
las  eras,  han  devastado  el  territorio  y  han  hecho  esclavas  a 
las  mujeres;  con  los  hombres  no  hubo  miramiento  alguno. 
Sin  embargo,  a  los  niños  antes  tenían  la  costumbre  de 
capturarlos  vivos,  pero  ahora  saben,  creo  yo,  que  su  contin-  5 
gente  de  fuerzas  es  corto  como  para  asignarles  a  muchos  la 
vigilancia  del  botín  y  poder  entablar  con  el  resto  una  batalla 
en  caso  de  ataque.  Pero  ninguno  de  nosotros  se  irrita,  sino 
que  permanecemos  sentados  en  casa  aguardando  «la  ayuda 
de  una  higuera»  m,  o  sea,  a  nuestros  soldados,  y  lo  único  que 


740  Los  ausurianos:  cf.  n.  666.  Las  dos  localidades  mencionadas  son 
aldeas  cercanas  a  Cirene. 

741  Sykínen  epikourían:  es  decir,  floja,  débil,  como  la  madera  de  este 
árbol:  cf.  Corp.  Paroem.  Graec.  II  210,  4.  Aristófanes  (Lisístrata  110)  y 
Estratis  (Fr.  57  Kassel-Austin)  juegan  con  este  proverbio  al  escribir 
skytínén  epikourían  (también  con  una  alusión  obscena). 


234 


SINESIO  DE  CIRENE 


10  sale  de  nuestra  boca  es  su  salario  y  sus  ventajas  en  tiempos 
de  paz,  como  si  lo  que  debiéramos  hacer  fuera  querellarnos 
con  éstos  y  no  defendernos  de  aquéllos.  ¿No  nos  dejaremos 
de  tanta  cháchara?  ¿No  vamos  a  ser  nunca  sensatos  y  a 
reunir  a  los  campesinos,  a  los  labradores  742,  para  marchar 
contra  los  enemigos  en  favor  de  nuestros  hijos,  de  nuestras 
esposas,  de  nuestra  tierra  y,  si  quieres,  de  nuestros  propios 

15  soldados?  ¡Qué  bien  estaría,  ya  en  época  de  paz,  hablar  de 
todo  esto,  de  cómo  fuimos  nosotros  quienes  les  procuramos 
el  sustento  y  la  salvación!  Lo  cierto  es  que  yo  he  dictado  esta 
carta  ya  casi  montándome  en  el  caballo  y  que,  de  acuerdo 
con  las  presentes  circunstancias,  me  he  hecho  con  tropas  y 
con  jefes  que  las  manden.  Se  me  está  reuniendo  también  en 

20  Asusamante  un  numeroso  grupo  y  les  he  comunicado  a  los 
diostas  que  se  encuentren  conmigo  en  Cleopatra743.  Y,  cuando 
ya  me  ponga  en  camino  y  corra  la  noticia  de  que  hay  una 
joven  milicia  reunida  en  torno  a  mí,  espero  que  sean  muchos 
más  los  voluntarios m.  Llegarán,  pues,  de  todos  lados,  los 

25  mejores  para  tomar  parte  en  una  noble  empresa,  pero  tam- 
bién los  más  viles  para  arrebatar  los  despojos. 


m  Bolokópous  («destripaterrones»)  no  tiene  aquí  sentido  peyorativo: 
cf.  C.  122,  3  s. 

743  Asusamante  era  una  propiedad  de  Sinesio  cercana  a  Agémaco  (cf. 
C.  148,  57)  y  Ficunte.  Los  diostas  y  Cleopatra  son,  respectivamente,  un 
pueblo  y  una  ciudad  de  Libia. 

744  Toús  aklé'tous:  «voluntarios»,  individuos  que  engrosarán  las  filas 
«sin  ser  llamados»,  como  indica  el  término  griego. 


CARTAS 


235 


126 

A  ASCLEPIÓDOTO 
Desde  Ptolemaida,  en  el  412 

¡Ay  de  mil  Pero,  ¿por  qué  ay  de  mí?  Cosas  mortales  son  las 

{que  hemos  sufrido 745 

El  tercero  de  mis  hijos,  el  que  me  quedaba,  se  me  ha 
ido  746.  Pero,  al  menos,  la  convicción  de  que  no  es  ni  bueno 
ni  malo  nada  que  no  depende  de  nosotros  747,  ésa  todavía 
subsiste  en  mí;  es  más,  antaño  no  era  sino  algo  aprendido, 
ahora,  en  cambio,  ha  llegado  a  ser  la  convicción  de  un  alma  5 
curtida  por  las  circunstancias.  Hacía  falta,  pues,  que  el 
embate  del  sufrimiento  contra  mí  fuera  aún  más  duro  y,  por 
eso,  el  demonio  que  se  encarga  de  dañar  todo  lo  mío,  planeó 
de  antemano  el  que  ni  siquiera  tú,  una  persona  amada,  te 
encontraras  junto  a  mí.  ¡Pero  ojalá  vengas  alguna  vez,  amigo 
extraordinario,  afloradísimo  y  el  más  fiel  de  todos!  Soy  tes-  10 
tigo  del  afecto  que  te  tiene  el  admirable  748  Menelao.  Por  eso 
con  frecuencia  me  he  pasado  el  día  con  él  gustosamente, 
porque  se  acordaba  de  ti  con  elogiosas  palabras  y,  a  pesar  de 
las  muchas  dificultades  con  su  propia  alma749  y  con  esos 

745  Eurípides,  Fr.  300  Nauck2. 
™  Cf.  n.  101.  :  : 

747  Cf.  Epicteto,  Fr.  169  SchweighAuser;  y  Plotino,  Enéadas  I  4,  8, 
18  ss. 

™  Cf.  n.  297. 

749  Es  decir,  las  dificultades  u  obstáculos  que  se  encuentran  al  velar  por 
la  edificación  de  la  propia  alma  (polla  tei  psychei  proskekophós:  «pur 
essendo  tutto  preso  dalla  cursa  della  sua  anima»,  Garzya).  Los  manuscritos 


236 


SINESIO  DE  CIRENE 


prebostes  750  que 751  sin  cesar  lo  llevan  derecho  a  Teuquira, 
siempre  estaba  bien  predispuesto  hacia  el  gran  Asclepiódoto 
15  y  continúa  estándole  agradecido  a  quien  fue  su  benefactor 
en  cosas  tan  sumamente  importantes. 

Para  que  tengamos  agua  fresca,  estoy  buscando  un  cán- 
taro o  una  tinaja  de  mármol.  Cuanto  más  grande  sea,  tanto 
mejor.  La  pondré  en  el  río  Asclepio  y  es  que  en  su  ribera 
estoy  construyendo  un  monasterio 752  y  preparando  los  objetos 
sagrados.  ¡Que  con  el  favor  de  Dios  me  aplique  a  ello! 

127 

A  SU  HERMANO 
Desde  Alejandría  a  Ficunte,  en  el  404.  Posterior  ala  C.  29 y  a  la  30 

Del  escudo,  el  sapo,  la  serpiente  y  los  laodicenses  huye, 
y  del  perro  rabioso,  y  una  vez  más  de  los  laodicenses1Si 

Sin  embargo,  después  del  muy  benévolo  y  culto  Pentadio 
es  Eutalio  de  Laodicea754  quien  ha  recibido  y  posee  las 

Av  y  U  ofrecen  la  lectura  tychéi,  que  supone  un  claro  intento  de  facilitar  la 
interpretación:  «a  pesar  de  sus  muchos  tropiezos  con  la  fortuna». 

750  Estos  epítropoi  podían  ser  los  prepósitos  o  prebostes  de  un  monasterio 
existente  en  Teuquira:  cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  215,  n.  ad  loe. 

751  La  lectura  de  los  manuscritos  (t  oudé  \:  la  omiten  Vat.  gr.  1376  y 
Vat.  gr.  1125)  es  aquí  inaceptable  (hoi  dé  es  la  conjetura,  con  reservas,  de 
Pétau).  La  traducción  sólo  puede  ser  conjetural. 

752  Un  asketirion,  monasterio  o  ermita  (aunque  es  diferente  de  monas- 
te'rion  en  Gregorio  de  Nacianzo,  Discursos  XLIII 62).  Asketirion  llama, 
por  ejemplo,  Atanasio  {Vida  de  Antonio  4)  al  lugar  donde  reside  San 
Antonio  Abad. 

753  Anth.  Gr.  App.  V  47  Cougny. 

754  Eutalio  fue  nombrado  augustal  en  el  404,  después  de  Pentadio:  cf.  C. 
29  y  30. 


CARTAS 


237 


credenciales  755  que  para  el  estado  simbolizan  la  prefectura 
de  Egipto.  A  este  joven  lo  conoces  porque  puede  calcularse 
que  estuvo  en  la  corte 756  por  la  misma  época  que  nosotros; 
y  lo  cierto  es  que  ni  su  manera  de  ser  ni  su  apodo  le 
permitían  pasar  desapercibido.  Oirías  hablar  de  un  tal  «Car- 
terista»757: no  heredó  de  su  padre  este  respetable  mote,  sino 
que  él  mismo  se  lo  buscó.  Y  es  que,  tras  ser  nombrado,  creo, 
gobernador  de  Lidia  en  tiempos  de  Rufino  758,  estaba  lleván- 
dose y  arramblando  todo  lo  de  los  lidios  y  Rufino,  indignado, 
lo  castigó  con  una  multa  de  quince  libras759  de  oro  y  les 
encargó  a  unos  soldados  a  su  servicio,  a  los  que  consideraba 
los  más  valientes  y  leales,  que  le  sacaran  el  dinero  a  la  fuerza 
y  puntualmente  lo  devolvieran  a  las  arcas  del  gobierno.  Pues 
bien,  ¿en  vista  de  ello  qué  hizo  este  Sísifo  760?  Pero  (y  esto  es 
para  no  resultar  yo  demasiado  falto  de  tacto  volviendo  a 
referir  algo  que  se  ha  pregonado  a  voces),  sin  duda  ya  has 
escuchado  lo  del  par  de  bolsas  que  preparó  y  que  eran 
mucho  más  parecidas  entre  sí  que  las  yeguas  de  Eumelo761: 
en  una  metió  óbolos  de  bronce  y  en  la  otra  estateras  de 
oro  762.  Les  enseñó  ésta  y  escondió  aquélla  y,  una  vez  que 
contaron,  pesaron  y  marcaron  el  oro  con  el  sello  oficial,  las 
cambió  a  escondidas  y  mandó  en  lugar  de  las  estateras  los 


755  Así  traducimos  tas  pinakidas,  «las  tablillas». 

756  Cf.  n.  24. 

757  Ballantan:  cf.  balántion,  «bolsa»,  en  C.  4,  23. 

758  Rufino  fue  prefecto  de  Oriente  entre  el  392  y  el  395. 

759  La  libra  alejandrina  equivalía  a  349,  33  gr.,  la  romana  a  323,  45  gr.: 
cf.  O'Caixaghan,  Cortas...,  pág.  34,  n.  a  la  carta  I,  11  s. 

760  A  Eutalio  se  le  llama  aquí  «Sísifo»  por  representar  éste  al  criminal 
astuto  por  excelencia:  cf.  C.  52,  13  y  121,  27. 

761  Cf.  //.  II  764  s. 

762  El  óbolo  de  bronce  tenía  un  valor  ínfimo  (seis  óbolos  de  plata  eran 
una  dracma).  La  estatera  de  oro  valía  veinte  dracmas.  Cf.  n.  197. 


238 


SINESIO  DE  CIRENE 


óbolos.  ¡Y  ellos  habían  certificado  en  un  documento  oficial 
que  tenían  en  su  poder  el  oro  y  que  iban  a  transportarlo! 

Y  desde  entonces  Dafnis  fue  el  primero  entre  los  pastores763. 

Esto  fue  lo  que  elevó  a  Eutalio  a  una  situación  más 
próspera.  Y  es  que  la  risa  no  le  dejaba  a  nadie  montar  en 
cólera  en  nombre  del  Estado;  al  contrario,  había  un  ansia 
general  de  ver  a  aquel  hombre,  como  si  fuera  el  más  extraor- 
dinario prestidigitador  de  todos  los  tiempos.  Incluso  lo  man- 
daban llamar  y  él  acudía  en  coche  oficial  con  un  pomposo 
cortejo  por  medio  de  la  ciudad,  como  todo  un  benefactor  de 
los  romanos.  También  sé  que  esa  miseria  de  hombre  es  un 
charlatán  mayor  que  los  que  forman  corrillos  en  la  antesala 
del  consejo.  Y  ése  es  el  que  ya  mismo  va  a  relevar  en  el  cargo 
a  nuestro  compañero  Pentadio. 

A  UN  OBISPO  DEPUESTO  DE  SU  SEDE  POR  NO  HABER  QUERIDO 
!     SUMARSE  AL  DOGMA  DE  ARRIO764 

Desde  Alejandría 

Has  rescatado,  no  descartado  765 ,  lo  que  eres.  Pues  cuando 
uno  ha  sido  borrado  de  la  lista  de  los  impíos,  no  por  ello 


763  Teócrito,  Idilios  VIII  92. 

764  Quizá  un  prelado  partidario  de  Juan  Crisóstomo  (cf.  n.  397).  Re- 
cuérdese que  los  «juanistas»  (cf.  n.  398)  fueron  perseguidos:  cf.  O.  Seeck, 
«Studien  zu  Synesios»,  Philologus  52  (1893),  442-483;  ed.  Garzya,  1979, 
pág.  218,  n.  ad  loe,  y  ed.  1989,  pág.  308  s.,  n.  1. 

765  Intentamos  reproducir,  aunque  imperfectamente,  el  juego  parono- 


CARTAS 


239 


queda  entonces  desposeído  del  trono  de  los  piadosos.  Acoge 
favorablemente  esta  separación  de  Egipto  y  piensa  que  tam- 
bién para  ti  ha  gritado  con  fuerza  el  profeta:  «¿Qué  tienes 
que  ver  tú  con  la  tierra  de  Egipto  para  beber  el  agua  del 
Nilo?»  766.  Y  es  que  se  trata  de  una  nación  que  ya  de  antiguo 
es  enemiga  de  Dios  y  hostil  a  los  santos  Padres  767 '. 


129 

APILÉMENES 
Desde  Alejandría  a  Constantinopla,  en  el  403 

Platón  presenta  a  Sócrates,  ya  viejo,  acercándose  a  su 
predilecto  para  recomendarle  lo  siguiente:  «No  te  extrañes 
— le  dice —  de  que  igual  que  me  costó  comenzar,  me  cueste 
también  acabar»  m.  Esto  mismo  es  lo  que  me  parece  que  me 
ha  pasado  contigo  y  con  esta  misma  excusa  debo  justificarme,  5 
no  por  haber  suspendido  mi  correspondencia  durante  todo 
este  año  (no  sería  digno  afirmar  esto,  ni  sería  verdad),  sino 


mástico  del  texto  griego:  apélabes...  ouk  apébales  («has  recuperado,  no 
perdido...»). 

766  LXX,  Jeremías,  2,  18.  El  original  griego  dice  toü  pieTn  hydór 
Geon  (Vulgata:  ut  bibas  aquam  turbidam).  Este  Geón,  el  Nilo  (hebreo 
ye'or),  es  uno  de  los  cuatro  ríos  del  paraíso  en  el  apócrito  Evangelio  de 
Bartolomé  63  (el  río  de  los  Filósofos,  el  Tigris  y  el  Eufrates  son  los  otros  tres). 

767  Patrásin  hagíois:  «padres»  podrían  ser  aquí  los  apóstoles  o  las  figuras 
venerables  en  general  del  cristianismo,  pero  es  preferible  entender  que 
Sinesio  se  refiere  en  concreto  a  los  llamados  «Padres  de  la  Iglesia»  {hoi 
patéres,  ya  desde  la  primera  mitad  del  siglo  iv). 

768  Platón,  Alcibíades  1 104  e. 


240 


SINESIO  DE  CIRENE 


por  haberte  mandado  mis  cartas  inútilmente,  puesto  que 
todas  ellas  han  venido  devueltas  a  mis  manos.  Ahora  te  las 
envío  todas  juntas.  Me  extiendo  en  este  punto  porque  no 
sólo  te  las  entrego  como  si  estuviera  finiquitando  un  pago, 

10  sino  que  también  quiero  darte  un  plus.  Mira,  «por  el  dios 
de  la  amistad  que  nos  une  a  ti  y  a  mi»  769,  bajé  a  la  costa  y 
hablé  con  los  remeros  de  Ficunte,  «dejando  a  un  lado  la 
afición  a  los  caballos»  77°,  con  miras  a  poder  mandarte  tanto 
mis  cartas  como..,  pero  no  merece  la  pena  hacer  una  lista  de 
las  cosas  que  envié  con  intención  de  que  las  recibiera  Pilé- 
menes  y  que  al  final  se  quedaron  en  Alejandría  por  culpa  de 

15  una  desafortunadísima  navegación.  Y  por  lo  que  a  ti  respecta 
(aun  siendo  Pilémenes  el  más  querido  de  los  amigos  que  ahí 
tengo),  lo  juro  por  tu  honrosa  distinción771,  lo  habría  sopor- 
tado mejor  que  por  otros  muchos  y,  mayormente,  por  el 
admirable  Proclo  y  por  Trifón,  los  únicos  que  me  saludan 
por  medio  de  las  cartas  que  tú  me  has  escrito. 

20  En  cualquier  caso,  envío  a  tu  honrosa  distinción  diez 
sueldos  772  de  oro  y  a  mi  compañero  Proclo  773,  de  acuerdo 
con  el  divino  Hesíodo  774,  un  tercio  más  de  lo  que  me  prestó. 
La  cosa  fue  así:  estando  yo  de  viaje,  recibí  de  él  sesenta 
áureos  775  que  necesitaba  para  el  regreso  por  mar;  él  había 

™>  Cf.  n.  280. 

770  Aristófanes,  Nubes  107. ; 
■::  771  Cf.  n.  561. 

772  Nomismata:  cf.  n.  378.  ,¡ 

773  Cf.  C.  5,  130  ss. 

774  Cf.  Hesíodo,  Trabajos  349  s. 

775  Chry sinos  es  sinónimo,  aunque  no  frecuente,  de  nómisma  (cf.  n. 
378):  cf.  O'Callaghan,  Cartas...,  c.  20, 4  y  36,  6;  y,  para  otros  sinónimos, 
L.  C.  West-A.  Ch.  Johnson,  Currency  in  Román  and  Byzantine  Egypt, 
Princeton,  1944,  págs.  137  s. 


CARTAS 


241 


escrito  en  el  pagaré  setenta  y  le  devuelvo  ochenta,  pero  25 
habrían  sido  muchos  más  aún  si  hubiese  llegado  a  vosotros 
mi  primera  carta  y  la  nave  con  aquella  carga  de  entonces. 
Ahora  resulta  que,  debido  a  ciertas  circunstancias,  he  recalado 
en  Alejandría.  Lo  que  yo  pensaba  era  que  la  nave  arribaría 
a  vuestro  puerto,  pero  por  culpa  de  vientos  contrarios  que 
soplaban  de  Creta  ha  derrotado,  salvándose  por  los  pelos,  30 
hacia  el  mar  de  Egipto,  y  eso  sin  darnos  cuenta.  ¿Qué  os 776 
hubiera  impedido,  lo  mismo  que  coméis  gallinas,  comer 
también  avestruces  777? 

Lo  justo  es  que  a  mis  enviados  se  les  entregue  el  pagaré 
de  mano  del  admirabilísimo  778  padre  Proclo,  cuando  él  reciba 
los  ochenta  áureos.  Procura  también  que  mi  compañero 
Troilo  me  mande  cuanto  antes  aquello  que  él,  precisamente,  35 
recibió  en  su  día,  esos  libros  que  tú  le  habías  pasado:  me 
refiero  al  de  Nicóstrato  y  al  de  Alejandro  de  Afrodisias  779.  Si 
gracias  a  tu  sagrada  distinción  nuestros  futuros  gobernantes 
se  nos  presentaran  como  amigos  nuestros,  estarías  por  tu 
parte  haciéndole,  por  medio  de  nosotros,  a  la  filosofía  todo 
el  bien  que,  según  cree  Platón780,  es  irrealizable  cuando  se  la 
desprecia. 

776  Varios  manuscritos  ofrecen,  en  vez  de  hymas,  la  lectura  hemás 
(«...nos  impedía,  lo  mismo  que  comemos...»). 

777  Tas  chersaías...  strouthoús:  «gorriones  de  tierra»,  denominación  que 
también  leemos  en  Eliano,  Historia  de  los  animales  XIV  13.  Para  las 
avestruces  de  Libia,  cf.,  por  ejemplo,  Aristóteles,  Investigación  sobre  los 
animales  616  b  5,  Sobre  las  partes  de  los  animales  697  b  14  s.;  Plinio  el 
Viejo,  Historia  natural  X  1. 

778  Cf.  n.  297. 

779  Debe  de  ser  Nicóstrato  de  Atenas,  el  platónico  del  siglo  11  d.  C, 
mejor  que  el  sofista  del  mismo  nombre  y  época.  Alejandro  de  Afrodisias 
es  un  célebre  comentarista  de  Aristóteles  de  los  siglos  11-111  d.  C. 

780  Cf.  Platón,  República  519  c,  535  c. 


242 


SINESIO  DE  CIRENE 


130 

A  SIMPLICIO 
Desde  drene  a  Constantinopla,  en  el  405 

Me  saludó  Cerealio781  en  tu  nombre  y,  con  eso,  le  hiciste 
el  favor  de  que,  durante  cinco  días,  se  me  pasara  desaperci- 
bido lo  canalla  que  era.  La  verdad  es  que  nuestras  ciudades 
esperaban  algo  bueno  de  un  hombre  cuya  amistad  Simplicio, 
más  de  una  vez,  nos  había  encarecido.  Pero  éste,  en  nada,  ya 
estaba  haciendo  recaer  la  vergüenza,  no  sobre  ti  (pues  jamás 

5  podría  depender  de  otro  tu  reputación),  sino  sobre  sí  mismo, 
sobre  su  cargo  y,  para  no  alargarme,  sobre  el  Estado  romano. 
Es  un  sujeto  que  se  vende  a  la  menor  sugerencia,  que  no  se 
preocupa  de  su  reputación,  negado  para  la  guerra  y  vejatorio 
en  la  paz,  de  la  que,  por  cierto,  ha  disfrutado  poquísimo, 
pues  apenas  necesita  tiempo  para  revolverlo  y  confundirlo 
todo.  Y  es  que,  como  si  por  imposición  legal  los  bienes  de 
los  soldados  pertenecieran  a  sus  comandantes,  él  se  ha  apo- 

10  derado  de  lo  que  todos  ellos  poseían;  a  cambio,  les  ha  con- 
cedido la  exención  del  servicio  militar  y  el  no  estar  sujetos  a 
la  disciplina  del  ejército,  y  les  ha  permitido  andar  por  donde 
cada  uno  pensara  que  iba  a  encontrar  alimento.  Después  de 
obrar  así  con  los  de  su  tierra,  dado  que  a  los  extranjeros  no 
les  podía  exigir  tributo,  el  tributo  se  lo  exigió  a  las  ciudades 
de  éstos  y,  trasladando  sus  tropas,  las  movió  hacia  posiciones 


781  Comandante  militar  (dux)  de  Libia  entre  los  años  404  y  405:  Sinesio, 
Disc.  II  (Catástasis  maior)  300  a  (esta  obra  puede  compararse  en  general 
con  la  presente  carta).  Son  los  momentos  de  la  segunda  gran  invasión 
bárbara  (cf.  n.  666). 


CARTAS 


243 


no  más  ventajosas  sino  más  lucrativas:  en  efecto,  las  ciudades, 
bajo  el  peso  de  aquella  ocupación,  pagaban  el  dinero.  15 

De  todo  se  enteraron  rápidamente  los  mácetas  782  y  la 
noticia  se  ha  transmitido  783  de  estos  semibárbaros  a  los 
bárbaros: 

Llegaron  entonces  como  lo  hacen  hojas  y  flores  en  la 

[primavera™. 

¡Ay  de  esos  jóvenes  que  hemos  perdido!  ¡Ay  de  esas 
cosechas  en  las  que  en  vano  pusimos  nuestras  esperanzas!  20 
Sembramos  para  el  fuego  enemigo.  La  riqueza  de  la  mayor 
parte  de  nosotros  la  constituían  el  ganado,  las  manadas  de 
camellas  y  los  potros  que  se  crían  en  los  pastos  785.  Todo  ha 
desaparecido,  todo  se  lo  han  llevado.  Me  doy  cuenta  de  que 
me  dejo  arrastrar  por  el  dolor,  pero  tú  me  perdonarás.  Y  es 
que  estoy  detrás  de  las  murallas,  escribiéndote  en  una  ciudad 
sitiada:  muchas  veces  al  día  veo  antorchas  y  yo  mismo  las  25 
enciendo  y  levanto  para  hacer  señales  a  los  demás.  De 
aquella  caza  que  existía  lejos  de  los  pastos  786  y  de  la  que  en 

782  Este  étnico  (cf.  n.  688)  no  lo  tenemos  documentado  tal  cual  en 
ningún  otro  lugar,  aunque  sí  nos  hablan  otros  autores  de  Libyes...  Máxyes 
(Heródoto,  IV  191),  Mázoes  (hoi  Libyon  nómades:  Estéfano  de  Bizancio, 
s.  v.,  y  Ptolomeo,  IV  1,  10),  Mazaces  (Suetonio,  Nerón  30),  Maxitani 
(Justino,  XVIII  6),  Macares  (Coripo,  Iohann.  II 62  ss.). 

783  Cf.  C.  42,  57  s.,  n.  236. 

784  Od.  IX  51. 

785  En  hippois  phorbási:  cf.  Aristóteles,  Investigación  sobre  los  ani- 
males 604  a  22  (phorbádes  hippoi);  también,  Eurípides,  Bacantes  167,  y 
Platón,  Leyes  666  e. 

786  En  su  ed.  de  1989  Garzya  acepta  la  corrección  katanomon  (kata- 
noon  es  la  lectura  de  todos  los  códices  excepto  del  Mon.  gr.  476  (M),  que 
omite  la  palabra),  propuesta  por  G.  Chr.  Hansen,  «Zu  Synesios  Epist. 
130»,  Philologus  131  (1987),  158. 


244 


SINESIO  DE  CIRENE 


abundancia,  principalmente  gracias  a  ti,  disfrutábamos  antes, 
de  toda  ella  no  queda  nada;  y  lloramos  al  acordarnos 787 

de  aquella  mocedad,  aquel  espíritu  y  aquellos  sentimientos in. 

Ahora,  por  el  contrario,  todo  resuena  con  los  cascos  de  los 
3o  caballos  y  los  enemigos  ocupan  nuestra  tierra,  mientras  yo, 
apostado  en  una  cortina  del  muro  789,  lucho  contra  el  sueño. 

Con  la  lanza  obtengo  mi  soma  amasada,  con  la  lanza 
mi  vino  ismárico  y  bebo  en  la  lanza  apoyado190 '. 

No  sé  si  estas  palabras  le  cuadran  mejor  a  Arquíloco  o  a 
35  mí.  ¡Que  perezca  de  mala  muerte  el  malvado791  Cerealio,  si 
es  que  no  ha  perecido  ya  por  mis  maldiciones!  Merecía 
haber  sido  víctima  de  la  tempestad  que  hubo  hace  poco.  Y 
es  que,  cuando  vio  en  qué  peligro  se  encontraba  nuestra 
región,  renunció  de  una  vez  por  todas  a  poner  su  confianza 
en  esta  tierra  y,  tras  haber  embarcado  el  oro  en  cargueros  de 
40  dos  mástiles  792,  ahora  lo  mecen  las  olas  en  alta  mar.  Una  lancha 
nos  trae  sus  cartas,  en  las  que  nos  ordena  hacer  lo  que, 
precisamente,  estamos  haciendo:  quedarnos  dentro  de  las 
murallas  sin  que  nadie  salte  delante  del  foso  ni  avance 
contra  hombres  que  son  invencibles;  si  no,  él  se  declara 

787  Cf.  Esquilo,  Persas  285. 

788  Trímetro  yámbico  de  autor  desconocido. 

789  Para  estas  líneas  (y  también,  en  concreto,  para  el  término  meso- 
pyrgion),  cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior)  303  c  y  n.  22. 

750  Arquíloco,  Fr.  2  Adrados.  El  ísmaro  es  un  monte  de  Tracia  en  el 
que  se  producía  un  vino  elogiado  ya  en  Od.  IX  196  ss. 
791  Cf.  n.  789. 
192  Cf.  C.  5,  46  s.  y  n.  46. 


CARTAS 


245 


exento  de  toda  responsabilidad.  Nos  aconseja  que  establez- 
camos cuatro  turnos  de  guardia,  como  si  nuestra  única 
esperanza  consistiera  en  no  dormir.  Y  es  que  él  aparenta  ser 
un  experto  en  este  tipo  de  situaciones,  a  la  manera  de  un  45 
hombre  avezado  a  los  infortunios.  Sin  embargo,  no  ha 
querido  tomar  parte  con  nosotros  en  estas  calamidades:  no, 
no  se  mantiene  firme  junto  alas  almenas  793 ,  como  yo,  Sinesio, 
el  filósofo,  sino  junto  al  remo,  él,  el  comandante. 

Si  de  verdad  deseas  los  poemas  que  me  has  pedido 
(aunque,  desde  luego,  yo  soy  consciente  de  que  nada  bueno  5o 
hay  en  ellos,  a  no  ser  el  tema),  suplica,  junto  con  los  cireneos, 
que  descansen  un  poco  las  armas.  Pues,  tal  como  estamos 
ahora,  no  hay  manera  de  sacar  los  libros  de  las  cajas. 

131 

A  PILÉMENES 

Desde  drene  a  Constantinopla.  Contemporánea  de  la  C.  118 

Debes  entender  que  las  definiciones  geométricas  son  las 
más  verdaderas,  desde  el  momento  en  que  es  propio  del 
resto  de  las  ciencias  hacer  gala  de  poder  recurrir,  por  poco 
que  sea,  a  la  geometría  para  sus  propias  demostraciones. 
Hay,  por  cierto,  en  ella  un  axioma  que  dice:  «dos  cosas  5 
iguales  a  otra  deben  ser  iguales  entre  sí»  m.  A  ti  ha  sido  el 


793  Par' épalxin...  hístatai:  cf.  Sinesio,  Disc.  II  (Catástasis  maior)  303  c 
(par'  épalxin  sté'somai). 

794  Cf.  C.  93,  13  s.,  n.  519. 


246 


SINESIO  DE  CIRENE 


carácter  quien  te  ha  hecho  mi  amigo;  al  admirable795  Dióge- 
nes,  además,  la  naturaleza.  Ambos  sois  amigos  de  una  misma 
persona;  es,  por  tanto,  necesario  que  os  enlacéis  también 
vosotros  mutuamente,  tal  como  lo  estáis  conmigo  que  me 
hallo  entre  los  dos.  Así  pues,  os  uno  mutuamente  por  medio 

10  de  esta  carta,  gracias  a  la  cual  el  admirable  Diógenes  se  va 
a  confiar  a  tu  venerable  dignidad796  como  a  un  amigo  y,  a 
cambio,  acogerá,  bien  lo  sé,  a  mi  Pilémenes  (y,  al  decir 
«mío»,  podría  asegurar  que  ni  te  avergüenzo  a  ti  ni  me 
avergüenzo  yo).  Que  por  mediación  tuya  él,  además,  va  a 
conseguir  amigos  que  me  estiman  a  mí,  todos  los  que  tienen 
influencia  y  son  serviciales,  eso  no  sería  justo  que  yo  lo 
pusiera  en  duda.  Y  amigos  serviciales  son  los  que  él  necesita 

15  en  este  momento,  más  que  nadie  en  ningún  otro. 

En  efecto,  su  situación  es,  en  pocas  palabras,  la  siguiente. 
Es  un  joven  «franco  y  noble,  animoso  y  afable»  797,  como  son 
aquéllos  a  quienes  Platón  considera  dignos  de  ser  guardianes 
de  su  estado.  Y  lo  cierto  es  que  ya  ha  servido  en  el  ejército, 

20  «aun  siendo  tan  mozo»  ™:  apenas  salido  de  la  adolescencia 
ejerció  el  mando  sobre  nuestras  tropas,  exponiéndose  a 
maliciosos  testimonieros  (que  eso  es  lo  que  son  algunos 
ciudadanos  cuando  ven  la  buena  fortuna  de  cualquiera).  Él, 
sin  embargo,  se  mostró  superior  incluso  a  la  envidia.  Sobre 
todo  ello  otros  hablarían  por  extenso,  pero  nosotros  parece 
que  somos  iguales  hasta  en  este  detalle:  a  mí  me  cuesta 

25  elogiar  y  a  él  ser  elogiado.  Así  que,  en  resumen,  él  venció  con 


795  Cf.  n.  297.  Recuérdese  que  Diógenes  era  primo  de  Sinesio. 
™  Cf.  n.  127. 

797  Cf.  Platón,  República  316  b,  375  e;  Timeo  18  a;  Diónde  Prusa, 
Discursos  151. 

™  Demóstenes,  XXI  78. 


CARTAS 


247 


las  armas  a  los  enemigos  de  su  patria  y  con  la  virtud  a  los 
malvados  que  en  ella  viven.  Y  aun  habiendo  estado  en  el 
poder  desde  joven,  no  se  avergonzaba  de  su  parentesco  con 
un  filósofo. 

A  pesar  de  sus  cualidades  se  encuentra  en  apuros,  preci- 
samente por  el  hecho  de  ser  un  hombre  de  bien.  Y  es  que  30 
toda  persona  honrada  constituye  un  golpe  de  suerte  799  para 
la  gente  de  malas  costumbres  y  a  los  malvados  les  llegan  sus 
ganancias  de  esa  otra  parte  opuesta  a  ellos.  Pues  bien,  cierto 
delator,  tras  haber  pretendido  chantajearlo  sin  éxito,  instruyó 
un  proceso  contra  él.  Y  como  así  no  conseguía  sacar  ninguna 
de  sus  improcedencias  (que  las  leyes  estaban  de  nuestro 
lado),  tomó  otro  giro  y  ahora  convierte  la  causa  privada  en  35 
pública  presentando  una  denuncia  que  es  más  vieja  que  el 
acusado  80°.  Ha  venido,  pues,  para  precaverse  de  la  citación 
a  juicio;  y  es  que  no  se  debe  ceder  ante  las  calumnias  de  un 
criminal 801,  ni  perder  los  bienes  del  padre  y  de  los  abuelos  de 
uno  además  de  ganarse  una  denigrante  reputación.  Para  ello 
necesita  amigos  sinceros,  insobornables,  sensatos,  tal  como 
tú  eres.  A  ti  te  tendrá  (con  la  ayuda  de  Dios  hay  que  decir  802) 
por  mediación  mía  y,  por  mediación  tuya,  a  mis  amigos  y  a 
los  tuyos.  Y  por  todos  los  favores  que  cada  uno  de  ellos  le 
haga,  justo  es  que  yo  esté  agradecido. 


799  Cf.  n.  557. 

800  Es  decir,  se  le  acusaba  de  un  delito  cometido  antes  de  que  él  naciera. 

801  Literalmente:  «un  calumniador  (cf.  n.  276)  criminal  (asesino)». 

802  Cf.  Platón,  Protágoras  317  b,  etc. 


248 


SINESIO  DE  CIRENE 


132 

A  SU  HERMANO 

Desde  una  fortaleza  de  la  Pentápolis  a  Ficunte,  en  el  405. 
Posterior  a  la  C.  133 

Que  las  mujeres  chillen,  se  golpeen  el  pecho  y  se  mesen 
los  cabellos  cuando  los  enemigos  se  presentan  o  se  anuncia 
su  llegada,  se  podría  creer  que  es  un  mal  menor.  Aun  así, 
Platón  también  considera  un  mal  el  que  no  hagan  como  las 
5  aves,  que,  para  defender  a  sus  polluelos,  están  dispuestas  a 
enfrentarse  a  cualquier  enemigo  más  poderoso:  cae,  pues, 
sobre  el  ser  humano  el  descrédito  de  resultar  el  menos 
valiente  de  todos  los  animales  803.  Pero,  que  también  tú 
cometas  la  misma  falta  que  ellas,  que  de  noche  te  despiertes 

10  aterrorizado  y  vayas  diciendo  a  chillidos  que  el  bárbaro  ya 
está  a  las  mismas  puertas  de  la  fortaleza  (tal  es  lo  que  me 
han  contado  de  ti),  ¿cómo  puede  ya  admitirse  esto?  Eso  de 
que  un  hermano  mío  sea  un  cobarde  hasta  me  parece  que  no 
puede  ser  así.  Yo,  desde  luego,  nada  más  despuntar  el  día, 

15  salgo  a  caballo  y  voy  lo  más  lejos  posible,  con  ojos  y  oídos 
muy  atentos  a  todo  lo  relativo  a  esos  cuatreros  804. 

Y  es  que  no  se  les  debe  llamar  enemigos,  sino  bandidos 
o  ladrones  o  con  cualquier  otro  nombre  por  el  estilo  y  de  lo 
más  deshonroso:  a  nadie  que  con  ímpetu  se  les  eche  encima 
le  hacen  frente,  sino  que  sólo  a  los  pusilánimes  los  degüellan 

20  como  a  víctimas  de  sacrificio  y  luego  los  despojan.  De 


803  Cf.  Platón,  Leyes  814  b. 

804  Se  refiere  a  los  ausurianos.  El  término  apelátai  («ladrones  de  ganado») 
designará  luego  a  los  ladrones  en  general,  bandidos  o  mercenarios  que 
asolaban  las  fronteras  orientales  bizantinas. 


CARTAS 


249 


noche  con  los  mozos  recorro  la  colina  y  les  ofrezco  a  las 
mujeres  la  posibilidad  de  dormir  sin  miedo  alguno,  sabiendo 
que  hay  quienes  velan  por  ellas.  Están  conmigo  también 
algunos  soldados  del  cuerpo  de  los  balagritas  805.  Éstos,  antes 
de  ser  Cerealio  806  el  comandante,  eran  arqueros  de  a  caballo: 
al  entrar  ése  en  el  cargo,  sus  caballos  fueron  vendidos  y  se  25 
convirtieron  simplemente  en  arqueros.  Pues  bien,  a  mí  me 
sirven  hasta  sin  caballos:  necesitamos  arqueros  para  proteger 
los  pozos  y  el  río,  ya  que  no  tenemos  agua  dentro  del 
recinto.  ¿Qué  nos  impedía,  si  no,  sobrellevar  el  asedio  distra- 
yéndonos con  el  son  de  las  flautas  y  con  fiestas?  Pero  lo  30 
cierto  es  que  ahora,  necesariamente,  o  vencemos  en  la  batalla 
o  sucumbimos  trabando  combate  con  los  enemigos,  en  vez 
de  morir  de  sed:  ¿qué  sería  más  miserable  que  esto  último? 
Así  que  hasta  por  fuerza  tendríamos  que  ser  valerosos. 
Anímate,  pues,  tú  también  y  llama  a  otros,  y  los  dos  caballos 
del  comandante,  que  son  tan  costosos  de  mantener  y  que  se 
alimentan  gracias  a  nuestros  impuestos,  manda  que  te  los  35 
traigan. 

Mayormente  en  estas  circunstancias  un  caballo  no  es 
una  posesión  inútil.  Y  es  que  correr,  batir  el  campo  y  llevar 
una  noticia  en  el  más  breve  tiempo  posible,  todo  eso  un 
caballo  es  capaz  de  hacerlo  fácilmente.  Y  si  tú  también 
necesitas  arqueros,  llámalos  y  vendrán.  Que  los  remeros  de  40 
Ficünte  ni  siquiera  yo  confío  en  que  luchen  a  mi  lado,  como 
tampoco  mis  jardineros.  Lo  que  busco  son  pocos  hombres, 
pero  que  no  desmientan  esa  condición  de  hombres.  Y  si  doy 
con  algunos  así  (con  la  ayuda  de  Dios  hay  que  decir 807),  me 

805  Cf.  n.  615. 

806  Cf.  n.  781. 

807  Cf.  n.  802. 


250 


SINESIO  DE  CIRENE 


llenaré  de  confianza.  Pero,  de  tener  que  morir,  me  llega 
entonces  de  la  filosofía  el  apoyo  de  no  considerar  algo 
45  terrible  eso  de  abandonar  este  saquito  de  carne.  Que  delante 
de  mi  mujer  y  de  mi  hijito  808  vaya  a  contener  las  lágrimas, 
eso  no  lo  garantizo  en  absoluto.  ¡Lo  que  quisiera  es  que  la 
filosofía  pudiera  darme  esa  fuerza!  Pero,  ¡ojalá  que  nunca 
tenga  que  hacer  la  prueba!  ¡Nunca,  Salvador  nuestro!  ¡Nunca, 
Libertador  nuestro!  809. 

133 

A  OLIMPIO 

Desde  una  fortaleza  de  la  Pentápolis  a  Seleucia,  a  comienzos  del 

405 

Ayer  o  antier,  estando  junto  a  los  cónsules  de  hace  poco, 
uno  de  los  cuales  es  Aristéneto 810  (a  su  colega  en  el  cargo  no 
lo  conozco),  se  me  trajo  una  carta  sellada  y  con  el  nombre  de 
tu  sagrada  persona  escrito  en  el  encabezamiento.  Deduzco 
5  que  es  de  mucho  tiempo  atrás,  porque  estaba  muy  ápolillada 
y  descolorida  la  mayor  parte  de  las  letras.  Te  encarecería 
que  no  me  mandaras  una  sola  carta  al  año,  como  si  fuera 
una  imposición,  y  que  no  hicieras  de  nuestro  queridísimo 

808  Su  primogénito  tendría  un  año  de  edad  (estamos  en  el  405)  y  los  dos 
gemelos  no  habrían  nacido  aún. 

809  Sinesio  emplea  dos  epítetos  tradicionales  de  Zeus  (cf  sSter,  ...  o 
eleuthérie:  cf.,  por  ejemplo,  Píndaro,  Olímpicas  V  17,  XII 1)  para  invocar 
a  Cristo,  apoyado  por  supuesto  en  las  ideas  cristianas  de  Jesús  como 
dispensador  de  la  salvación  y  la  verdadera  libertad. 

810  Cónsul  en  el  404. 


CARTAS 


251 


Siró  su  único  portador,  pues  lo  que  pasa  es  que  nada  de  lo 
que  encuentro  en  ellas  está  fresco  sino  rancio.  Por  tanto,  haz  10 
lo  mismo  que  yo:  no  hay  mensajero  imperial  que  salga  de  la 
ciudad,  después  de  cambiar  la  cabalgadura  que  le  proporciona 
el  estado,  que  no  vea  un  poco  aumentada  la  carga  que  lleva 
a  la  espalda  con  misivas  dirigidas  a  tu  discreción811.  Si  todos 
o  algunos  de  ellos  te  las  entregan,  ¡benditos  sean  éstos  que  te 
las  entregan,  por  ser  tan  serviciales!  Y,  si  no,  tanto  más 
prudente  serás  tú  no  fiándote  de  quienes  se  merecen  tu 
desconfianza.  Pero,  a  fin  de  no  molestar  en  vano  a  mi  15 
secretario  dictándole  cartas  que  no  se  te  van  a  entregar, 
merece  la  pena  que  yo  sepa  si  las  recibes. 

En  adelante,  pues,  me  las  arreglaré  de  otra  manera  y  sólo 
a  Pedro  se  las  confiaré.  Pedro  será,  eso  es  lo  que  creo,  quien 
va  a  llevarte  esta  carta  tras  haberla  recibido  de  esa  sagrada 
mano  que  medio  entre  nosotros 812.  De  hecho,  yo  se  la  estoy  20 
mandando  desde  la  Pentápolis  a  nuestra  común  maestra  y 
ella  se  la  dará  a  quien  quiera,  y  estoy  seguro  de  que  va  a 
querer  entregársela  al  de  mayor  renombre.  Y  el  caso  es  que 
no  sabemos,  queridísimo  y  admirable813  amigo,  si  alguna 
otra  vez  podremos  saludarnos  personalmente.  Por  la  vileza 
de  los  comandantes  nuestra  tierra  está,  sin  lucha,  en  manos  25 
de  los  enemigos 814  y  sólo  permanecemos  sanos  y  salvos  los 
pocos  que  nos  hemos  metido  en  las  defensas,  mientras  que 
quienes  se  quedaron  en  las  llanuras  han  sido  degollados 
como  víctimas  de  sacrificio.  Nuestro  miedo  es  que,  si  el 
asedio  se  prolonga,  vayan  a  verse  amenazadas  por  la  sed 


811  Logiótes  como  tratamiento  honorífico  («per  la  tua  eloquenza», 
Garzya)  ya  aparece  en  Basilio  de  Cesárea,  Cartas  1. 

812  Hipatia. 

813  Cf.  n.  297. 

814  Los  ausurianos:  cf.  C.  132,  17  ss. 


252 


SINESIO  DE  CIRENE 


muchas  de  las  fortalezas.  Por  eso  no  respondía  a  tus  preten- 
30  siones  acerca  de  aquellos  regalos:  es  que  no  tuve  tiempo  por 
estar  con  la  atención  puesta  en  una  máquina  de  guerra815:  la 
estoy  construyendo  para  que  desde  las  torres  podamos  lanzar 
a  gran  distancia  piedras  de  peso  considerable. 

Además,  te  permito  que  me  envíes  regalos  (pues  debe 
condescender  Sinesio  ante  Olimpio),  sin  embargo  que  no 
35  sean  regalos  lujosos  (que  ya  con  anterioridad  critiqué  el  lujo 
en  los  cuarteles  para  la  tropa)  sino  útiles  para  el  ejército: 
arcos  y  flechas,  pero  flechas  con  sus  regatoncitos.  La  verdad 
es  que  arcos  podría  también  comprarlos  en  otro  sitio  e 
incluso  podría  reparar  los  que  hay,  pero  flechas  no  es  fácil 
conseguirlas,  al  menos  no  las  de  calidad.  Y  es  que  las  egipcias 
tienen  abultada  la  parte  de  los  nudos  y  hundido  el  espacio 
40  entre  ellos,  y  es  por  eso  que  se  desvían  de  su  trayectoria:  se 
parecen  a  corredores  que  en  el  mismo  arrancadero  se  traban 
y  tropiezan.  Las  vuestras,  por  el  contrario,  tienen  una  buena 
longitud  y  son  perfectamente  redondas  en  forma  de  un 
único  cilindro,  cosa  que  es  primordial  para  que  el  tiro  vaya 
derecho. 

45  Mándame  de  éstas,  y  también  frenos  de  caballo  que  den 
buen  resultado.  Realmente  a  ese  caballo  itálico,  al  que  tanto 
has  elogiado  con  bellas  palabras,  me  hubiera  gustado  mu- 
chísimo verlo,  porque,  además,  nos  prometiste  que  sería 
padre  dé  buenos  potros.  Sin  embargo,  en  una  postdata 
escrita  al  pie  de  la  carta,  me  encontré  con  que  tuvo  que 

so  quedarse  en  Seleucia,  al  haberse  negado  el  patrón,  por  el 
mal  tiempo  reinante,  a  transportar  esa  carga.  Pero,  como 


815  Sobre  el  interés  y  la  capacidad  de  Sinesio  para  las  ciencias  aplicadas, 
cf.  el  A  Peonio  y  la  C.  15. 


CARTAS 


253 


observé  que  ni  el  estilo  era  parecido  al  tuyo  ni  era  tuya  la 
mano  ni  la  precisión  del  trazo,  pensé  que  no  debías  ignorar 
este  detalle.  Y  es  que  sería  absurdo  que  ni  tú  ni  yo  nos 
preocupáramos  de  conservar  sano  y  salvo  un  caballo  de  esa 
categoría. 


134  : 
A  PILÉMENES 

Desde  su  finca  a  Constantinopla,  en  el  405 

He  recibido  la  carta  en  la  que  de  nuevo  le  reprochas  a  la 
suerte  el  que  sus  planes  respecto  a  ti  no  sean  más  benévolos. 
Pero  tú  no  debes  hacer  eso,  queridísimo  compañero,  pues 
no  merece  la  pena  reclamar  tanto  sino  consolarse.  Cuando 
tal  sea  tu  estado  de  ánimo,  puedes  venir  a  mí:  encontrarás 
un  hogar  fraterno.  No  soy  rico,  buen  amigo,  pero  lo  que  tengo  5 
es  suficiente  para  Pilémenes  y  para  mí.  Además,  si  tú  estás 
aquí,  quizá  hasta  vayamos  a  ser  ricos.  Otros  con  los  mismos 
recursos  poseen  una  fortuna  más  que  mediana,  pero  yo  soy 
mal  administrador.  Sin  embargo,  por  ahora,  y  a  pesar  de  mi 
absoluta  negligencia,  me  basta  con  mi  patrimonio,  que  es 
capaz  de  mantener  a  un  filósofo.  No  creas  que  lo  ocurrido 
responde  a  algo  ya  previsto.  Tú  haz  al  respecto  esto  que  te  10 
digo  y  no  otra  cosa,  a  menos  que  mientras  tanto  te  haya  ido 
un  poco  mejor  y  de  nuevo  pienses  en  levantar  a  Heraclea  de 
su  postración 816. 


816  Cf.,  en  general,  la  C.  103. 


254 


SINESIO  DE  CIRENE 


Por  las  presentes  circunstancias 817  no  he  escrito  las  cartas 
que  tengo  por  costumbre;  pero  hace  poco  que  les  he  escrito 
a  todos  y  le  he  entregado  un  paquete  de  cartas 818  a  Diógenes 

15  (Diógenes  es  mi  primo).  Si,  después  de  buscarte,  ha  dado 
contigo  (y  que  te  ha  buscado  lo  sé  con  certeza),  seguro  que 
también  te  ha  entregado  el  paquete  (pues  a  ti  lo  he  dirigido). 
Y,  si  no,  pídele  al  patrón  de  la  nave  que  te  muestre  al 
muchacho,  y,  una  vez  que  hayas  recibido  las  cartas,  repárte- 
selas tú  a  todos.  A  algunos  tengo  mucho  interés  en  que  los 

2o  saludes  de  mi  parte:  al  padre  Proclo,  a  Trifón,  que  fue 
nuestro  gobernador819,  y  a  Simplicio,  buen  hombre,  buen 
gobernante  y  amigo  mío  820.  Cuando  le  entregues  la  carta, 
disfruta  de  esos  momentos  en  que  estés  a  su  lado:  bella  cosa 
es  pasar  el  tiempo  libre  con  un  soldado  poeta.  Teníamos 
grandes  avestruces 821  capturadas  en  las  cacerías  durante  la 
época  de  paz,  pero  no  nos  fue  posible  mandártelas  por  mar, 

25  infestada  como  se  encuentra  de  armas  enemigas;  tampoco 
pudimos  meter  en  las  naves  algunas  otras  cosas  que  ya 
estaban  en  la  misma  costa.  El  vino  fue  lo  único  que  cargamos; 
de  aceite,  ¡por  tu  honrada  persona  te  lo  juro!,  no  hemos 
embarcado  ni  un  cuartillo  822,  al  menos  que  yo  sepa.  Acepta, 

817  Son  los  momentos  de  la  segunda  gran  invasión  de  nómadas. 

si»  'Cf.,  abajo,  líneas  20  s.  Se  trata  de  las  cartas  119  (a  Trifón),  130  (a 
Simplicio),  131  (a  Pilémenes)  y,  también,  de  la  118  (a  Troilo:  cf.  línea  3  de 
la  misma).  La  dirigida  a  Proclo  la  hemos  perdido  (la  C.  70  es  muy  posterior). 

819  Cf.  n.  713. 

820  Cf.  n.  143.  Simplicio  había  tenido  el  cargo  de  comes  et  magister 
utriusque  militiae  per  Orientem  entre  los  años  396  y  398. 

821  Strouthoús:  cf.  n.  777. 

822  Sobre  el  vino  de  la  Cirenaica,  cf.  Estrabón,  XVII  3,  20  (y  cf. 
Heródoto,  IV  199);  sobre  el  aceite,  Teofrasto,  Historia  de  las  plantas  IV 
3,  1,  y  Plinio  el  Viejo,  Historia  natural  XVII  133.  El  kyathos  («jarra, 
copa»;  «cuartillo»  traducimos  aquí)  era  en  Atenas  la  duodécima  parte  de  un 
sextario. 


CARTAS 


255 


pues,  este  poco  de  vino,  unos  sextarillos  823.  Podrás  retirarlos  30 
dándole  a  Julio  esta  orden  de  entrega  que  adjunto  a  la  carta 
para  que  no  se  pierda. 

También  al  padre  Proclo  le  he  escrito  y  le  he  enviado 
esto  mismo.  Que  reciba  la  carta  de  tu  mano  y  de  Julio  el 
vino.  Al  áureo  Trifón  le  hemos  preparado  unos  regalos  no 
triviales  824  (incluso  en  estos  momentos  debo  emplear  uno  de 
esos  fríos  recursos  gorgianos  825):  jugo  de  silfio  en  abundancia  35 
(del  de  Bato  826,  del  que  también  tú  has  oído  hablar)  y  el 
mejor  azafrán  827  (también  lo  produce  Cirene,  y  muy  bueno). 
Sin  embargo,  me  ha  sido  imposible  enviárselo,  al  menos  por 
ahora.  Podría,  no  obstante,  mandarlo  en  otra  nave,  cuando 
envíe,  junto  con  todo  ello,  las  avestruces  y,  a  parte,  eí aceite.  40 


135 

A  SU  HERMANO 
Desde  Cirene  a  Alejandría 

Este  Pemenio,  el  que  te  entrega  la  carta,  fue  enviado  a 
nosotros  por  Artabázaco  828,  el  que  hace  poco  fue  nuestro 

823  En  el  original  xestía,  diminutivo  de  xéstes  o  sextarius,  que  equivalía 
a  0,54  1.  (aprox.). 

824  Intentamos  reproducir,  aunque  forzadamente,  el  juego  de  palabras 
Tryphoni...  tryphónta  dóra  («regalos  refinados»). 

825  Cf.  C.  83,  4,  n.  495. 

826  Bato  de  Tera  fue  el  fundador  de  Cirene  (630  a.  C):  cf.  Heródoto, 
IV  155;  PfNDARO,  Píticas  IV  5  ss.;  Calímaco,  Himnos  II  65  ss.;  y  Sinesio, 
H.  III  38  s.,  Disc.  II  (Catástasis  maior)  303  a;  C.  41,  215  s.,  n.  202.  El 
proverbio  Báttou  sílphion  («silfio  de  Bato»,  o  sea,  algo  muy  valioso)  se  lee 
en  Aristófanes,  Pluto  925.  Para  el  silfio,  cf.  n.  665. 

827  Al  respecto,  cf.  Teofrasto,  Historia  de  las  plantas  VI  6,  5. 

828  Quizá  el  armenio  Arbazacius,  favorito  de  Eudoxia,  que  aparece  en 


256 


SINESIO  DE  CIRENE 


gobernador,  para  que  se  encargara  de  todas  las  posesiones 
de  las  que  él  había  pasado  a  ser  dueño  en  estos  lugares.  En 
dicha  comisión  se  mostró  afable  y  moderadísimo.  Y,  en 
realidad,  ¿qué  otro  se  habría  comportado  así  en  tales  cir- 
cunstancias? Por  el  poder  que  en  aquel  entonces  ejercía 
Pemenio  ningún  libio  se  veía  agobiado.  Una  prueba  evidente: 
nuestras  ciudades  han  sentido  su  marcha.  Tú  considéramelo 
como  a  un  amigo  y  con  la  deferencia  que  cabe  esperar  por  su 
bondad  y  honradez. 

136 

AL  MISMO 

Desde  Anagirunte829  a  Alejandría.  Posterior  a  la  C.  56 

Ojalá  saque  yo  de  Atenas  todo  el  beneficio  que  tú  quieres, 
de  tal  modo  que  me  parezca  que  regreso  de  allí  o  que  me  he 
vuelto  un  palmo  y  un  dedo  más  sabio.  Pero  ya  mismo  puedo 
darte  una  prueba  de  esta  nueva  sabiduría.  El  hecho  es  que  te 
estoy  escribiendo  «desde  Anagirunte»  830  y  he  estado  en  Esfeto, 
5  Tría,  Cefisia  y  Falero 831.  ¡Y  que  perezca832  de  mala  muerte  el 
malvado  patrón  de  buque  que  me  trajo  aquí!  Que  la  Atenas 


Zósimo,  V  25,  24.  Seguramente  fue  gobernador  de  la  Cirenaica  alrededor 
del  404,  año  de  la  muerte  de  la  emperatriz:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  328, 
n.  1.  , 

829  Demo  del  Ática,  cercano  a  Atenas, 

830  Cf.  Aristófanes,  Lislstrata  67. 

831  Las  tres  primeras  localidades  son  demos  del  Ática  y  Falero  es  uno  de 
los  puertos  de  Atenas. 

832  Cf.  n.  729.  - 


CARTAS 


257 


de  hoy  no  tiene  de  venerable  nada  más  que  los  nombres 
famosos  de  sus  lugares.  Lo  mismo  que,  «después  de  consu- 
mirse la  víctima»,  queda  la  piel  como  vestigio  del  ser  vivo  de 
antaño  833,  de  idéntica  manera,  después  de  haber  emigrado 
de  aquí  la  sabiduría,  lo  que  les  queda  a  los  visitantes  es  10 
admirar  la  Academia,  el  Liceo  y,  «por  Zeus»  834,  el  Pórtico 
Pintado  — el  que  dio  nombre  a  la  filosofía  de  Crisipo — que 
ahora  ya  no  está  pintado,  pues  el  procónsul  retiró  los  pane- 
les 835  en  los  que  expuso  su  arte  Polignoto  de  Tasos. 

Sin  duda,  hoy  día836,  en  nuestro  tiempo,  es  Egipto  el  que  15 
ha  acogido  y  hace  germinar  la  semilla  de  Hipatia.  Atenas, 
por  su  parte,  la  ciudad  que  antaño  era  hogar  de  sabios,  en  la 
actualidad  sólo  merece  837  la  veneración  de  los  apicultores.  Y 
de  ahí,  entonces,  lo  de  esa  pareja  de  sabios  plutarqueos  838, 
que  congregan  a  los  jóvenes  en  los  teatros  no  gracias  a  la 
fama  de  su  elocuencia,  sino  a  los  tarros  de  miel  del  Himeto  839.  20 


833  Cf.  Plutarco,  Foción  I  3. 

834  Platón,  Apología  35  d. 

835  Cf.  C.  56,  11  ss.  y  nn.  302  y  303.  Crisipo  fue  discípulo  de  Zenón  o 
Cleantes  (cf.  Diógenes  Laercio,  VII 179)  y  dirigió  la  Estoa  desde  el  232  a. 
C,  aproximadamente,  hasta  su  muerte,  alrededor  del  208. 

836  En  lugar  de  nyn  se  lee  noün  en  el  códice  Ath.  Ivir.  137  (I),  corrección 
que  quizá  sea  oportuna  (cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  330,  n.  7).  La  traducción 
quedaría  así:  «Sin  duda,  en  nuestro  tiempo  es  Egipto  el  que  nutre  el 
intelecto,  tras  haber  recibido  la  semilla  de  Hipatia». 

837  En  el  original  hay  un  anacoluto  que  no  reflejamos. 

838  Serían  discípulos  del  entonces  director  de  la  Academia,  Plutarco  de 
Atenas.  Según  Lacombrade  (en  su  ed.  de  los  Himnos,  pág.  XXII,  n.  6) 
Sinesio  se  está  refiriendo,  en  concreto,  a  Hierio  y  Arquíades,  hijo  y  yerno, 
respectivamente,  del  citado  neoplatónico. 

839  Monte  del  Ática  cuyas  abejas  (las  Cecropias...  apes  de  Virgilio, 
Geórgicas  IV  177,  por  ejemplo)  eran  célebres  por  la  exquisita  miel  que 
producían.  Para  otra  visión  de  Atenas  cf.  Gregorio  de  Nacianzo,  Discursos 
XLIII  11  y  14  s. 


258 


SINESIO  DE  CIRENE 


137 

A  HERCULIANO 
Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399 

Si  de  verdad  el  provecho  que  se  obtenía  de  los  errantes 
viajes  de  Odiseo  era,  como  afirmó  Homero,  «ver  las  ciudades 
de  muchos  hombres  y  conocer  su  forma  de  pensar»  84°,  y  eso 
aun  habiendo  arribado  a  las  costas  no  de  gente  agradable 

5  sino  de  Lestrígones  y  Ciclopes841,  de  seguro  que  el  poema 
habría  celebrado  maravillosamente  este  viaje  tuyo  y  mío, 
que  nos  ha  permitido  llegar  a  conocer  por  experiencia  cosas 
que,  aunque  la  fama  las  contara,  no  se  creerían.  Y  es  que 
hemos  visto  con  nuestros  propios  ojos  y  escuchado  con 
nuestros  propios  oídos  a  la  auténtica  maestra 842  de  los  mis- 
terios 843  de  la  filosofía.  Y  si  incluso  los  quehaceres  humanos 

10  vinculan  a  quienes  se  tienen  mutuo  afecto,  a  nosotros,  unidos 
como  estamos  por  el  intelecto  que  es  lo  mejor  de  nosotros 
mismos,  es  una  ley  divina  la  que  nos  exige  estimarnos  recí- 
procamente. Y  lo  cierto  es  que  yo,  tras  haber  disfrutado  del 
trato  personal  contigo,  ahora  me  figuro  que,  a  pesar  de  que 
te  encuentras  lejos,  te  estoy  viendo,  porque  el  recuerdo  me 
propone  tu  imagen  reproducida  por  ese  afecto  y  en  mis 

15  oídos  retumba  el  eco  maravillosamente  dulce  de  tus  sagradas 
palabras.  Si  a  ti  no  te  pasa  lo  mismo,  eres  injusto  conmigo; 
pero,  si  te  pasa,  no  estás  haciendo  nada  del  otro  mundo:  me 


840  Cf.  Od.  1 3. 

841  Cf.  Od.  IX  105  ss.,  X  80  ss. 

842  Hipatia. 

843  El  autor  emplea  el  término  orgia:  cf.  Sinesio,  H.  V  90. 


CARTAS 


259 


estás  pagando  el  afecto  que  me  debes.  Y  cuando  vuelvo  la 
vista  hacia  esa  mutua  unión  nuestra  en  la  filosofía,  hacia  esa 
filosofía  por  la  que  tanto  nos  hemos  fatigado,  al  llegar  a  este 
punto  de  mi  razonamiento,  es  a  Dios  como  mediador  a 
quien  atribuyo  el  que  hayamos  dado  con  el  otro.  20 

Sí,  fue  por  una  causa  divina,  y  no  por  menos  que  eso, 
por  la  que  yo,  Sinesio,  que  de  ningún  modo  voy  publicando 
mis  cosas  y  que,  aunque  me  relaciono  con  muchísima  gente, 
estas  relaciones  las  establezco  por  aquello  de  la  comunicación 
entre  los  hombres  y  considerando  siempre  a  la  filosofía 
como  lo  más  inexpresable  que  hay  844;  fue,  pues,  por  una 
causa  divina  por  la  que  con  tanta  presteza  le  descubrí  mi 
persona  y  todo  lo  mío  a  un  hombre  con  quien  apenas  había  25 
intercambiado  palabra.  Lo  cierto  es  que,  cuando  ha  habido 
alguien  ante  quien  tuviera  que  irme  de  la  lengua  manifestán- 
dole cosas  hasta  ese  momento  desconocidas  845,  llegué  incluso 
a  olvidarme  entonces  de  las  sabias  artes  de  Proteo  846  (que  no 
consistían  ñiás  que  en  convivir  con  los  hombres  no  como  si 
fueran  dioses  sino  ciudadanos).  Pero,  al  haberme  ocurrido 
esto  otro,  y  dado  que  no  lo  premedité  sino  que  pasó  de  30 
una  forma  imprevista  y  repentina,  yo  considero  a  Dios  el 
inductor  de  esta  peripecia  y  le  rogaré  que  lleve  a  buen  fin  lo 
que  ha  comenzado  por  mediación  suya:  ¡ojalá  nos  concediera 
el  poder  filosofar  juntos;  y,  si  esto  no,  al  menos  filosofar  sea 
como  fuere!  Yo,  desde  luego,  estoy  que  me  muero  por  verter 
en  esta  carta  ciertas  ideas  que  tengo  en  mente  acerca  de  ese  35 


844  Cf.  Sinesio,  Real.  31  d  s.,  Dión  48  c  ss.  (cap.  9). 

845  Exorchesámen  ta  téós  anékpysta...  epelathómén:  cf.,  por  ejemplo, 
Luciano,  De  la  danza  15  (ta  apórréta);  y  Sinesio,  Dión  40  d  (exdrché- 
sato...  lathéín). 

846  O  sea,  ni  siquiera  lo  entretuvo  con  sofisterías:  cf.  Sinesio,  Dión  44 
a  (y  nuestra  n.  46  allí),  y  C.  142,  2. 


260 


SINESIO  DE  CIRENE 


tema  que  nos  traía  ocupados,  sin  embargo  no  lo  haré.  Y  es 
que  tú  alguna  vez,  si  Dios  quiere,  podrías  conversar  acerca 
de  todo  esto  conmigo  o  con  otros  muchos  más  entendidos; 
pero  no  está  bien  que  yo  confíe  tales  cosas  a  un  pequeño 
escrito.  Pues  el  asunto  de  la  carta  no  debe  ser  algo  reservado, 
40  sino  que  lo  propiamente  suyo  es  hablarle  a  cualquiera  que  dé 
con  ella847. 

Que  sigas  bien  y  dedicado  a  la  filosofía  y  que  continúes 
desenterrando  ese  ojo  que  está  sepultado  en  nosotros 84S.  Ten 
en  cuenta  que  el  vivir  rectamente  fue  señalado  por  los  sabios 849 
de  la  antigüedad  como  un  empeño  al  que  aplicarse,  y  lo  fue 
porque  era,  creo  yo,  un  preludio  de  la  sabiduría.  «Pues  a  lo 

45  impuro  no  le  es  lícito  tocar  lo  puro»,  afirma  la  voz  divina850. 
La  masa,  por  el  contrario,  también  considera  que  la  perfección 
humana  consiste  en  vivir  rectamente,  pero  no  con  las  miras 
puestas  en  la  sabiduría  sino  como  un  fin  en  sí  mismo  y  por 
sí  mismo,  con  lo  que  no  cree  que  el  camino  sea  tal  camino, 
sino  una  meta  en  sí  misma  a  la  que  uno  debe  apresurarse: 
mal  lo  entienden.  Y  es  que  una  irracional  templanza  y  la 

50  abstinencia  de  comer  carne 851  son  cosas  que  en  gran  medida 


847  Es  decir,  el  tema  de  una  carta  no  pueden  ser  las  cuestiones  filosóficas, 
no  aptas  para  todo  el  mundo:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  332,  n.  5.  Este 
carácter  secreto  (echémython  es  el  término  utilizado  por  Sinesio)  de  la 
filosofía  se  remonta  a  las  ideas  de  Pitágoras:  cf.  Plutarco,  Numa  8 
(echemythía);  JAmblico,  Vida  de  Pitágoras  6,  32. 

848  Cf.  Platón,  República  533  d;  Ploti.no,  Enéadas  I  6,  9,  25  ss.  (y 
Sinesio,  H.  I  648). 

849  Para  esos  «sabios»,  cf.  Sinesio,  Dión  49  c;  para  «la  masa»  de  la  línea 
46  (quizá  los  monjes  cristianos),  cf.  ibid.  49  b  s.  Para  recalcar  el  valor  de  la 
sabiduría,  en  estas  líneas  (42-55)  se  juega  con  los  términos  phoréin  (varias 
veces),  phronímón,  phronoüntes,  sóphrosyné,  phroníseós. 

850  Cf.  C.  41,  262  s„  n.  212. 

851  Cf.,  por  el  contrario,  el  tratado  Sobre  la  abstinencia  de  Porfirio. 


CARTAS 


261 


están  consolidadas  en  un  gran  número  de  especies  irracionales 
por  obra  de  la  naturaleza.  Pero  no  elogiamos  ni  a  la  corneja852 
ni  a  ningún  otro  ser  dotado  de  innata  virtud,  porque  están 
desprovistos  de  sabiduría.  La  vida  de  acuerdo  con  el  intelecto 
es  el  fin  del  hombre:  en  pos  de  ella  vayamos,  pidiéndole  a 
Dios  una  sabiduría  divina  y  reuniendo  nosotros  mismos,  55 
dentro  de  lo  posible,  la  sabiduría  de  todas  partes. 

138 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399 

He  escuchado  a  uno  de  esos  formidables  oradores  hacer 
un  elogio  de  la  práctica  epistolar853:  el  sofista  había  hecho  de 
esto  el  tema  de  muchos  y  extraordinarios  discursos.  Aparejaba 
su  encomio  de  muchas  y  distintas  maneras,  sobre  todo  a 
partir  del  hecho  de  que  una  carta  es  capaz  de  servirles  de  5 
consuelo  a  los  amantes  desdichados,  porque,  en  ausencia  de 
las  personas,  provoca  la  ilusión  de  que  están  presentes  y, 
también,  por  parecer  que  entabla  una  conversación 854  y  con 
ello  satisface  el  anhelo  del  alma.  Es  por  eso  que  aquél 


852  Ejemplo  de  fidelidad  y  castidad:  cf.  LXX,  Jeremías,  3,  2;  Eliano, 
Historia  de  los  animales  III  9  (y  el  Fisiólogo  27  Sbordone). 

853  Esta  carta  es  interesante  como  testimonio  de  la  teoría  epistolar 
antigua  (ed.  Garzya,  1989,  pág.  334,  n.  1):  cf.  Ambrosio,  Cartas  1 44,  II 66 
(y  Gregorio  de  Nacianzo,  Cartas  68,  1;  195,  3;  196,  3). 

854  Cf.  n.  84. 


262 


SINESIO  DE  CIRENE 


sostenía  que  se  debía  ensalzar  con  himnos  al  inventor  de 
tales  escritos  y  que  era  un  don  otorgado  a  los  hombres  no 

10  por  ningún  hombre  sino  por  la  divinidad  855.  Y  lo  cierto  es  que 
yo  disfruto  de  esta  sagrada  merced  de  la  divinidad:  si  tengo 
necesidad  de  hablar  con  alguien  y  no  puedo  hablar  con  él,  le 
escribo,  ya  que  eso  puedo  hacerlo  de  inmediato  y,  en  la 
manera  en  que  me  es  posible,  estoy  junto  a  él  y  disfruto  de 
esa  persona  querida. 

Pero  el  caso  es  que  tú,  si  mis  palabras  no  resultan  amar- 

15  gas,  a  la  vez  que  de  lugar  has  cambiado  de  carácter.  Y  si 
continúas  separándote  de  quienes  te  han  querido  sin  ningún 
tipo  de  engaño  ni  hipocresía,  estás  imitando  a  las  golondrinas, 
que,  cuando  inmigran,  se  establecen  entre  chirridos  en  medio 
de  esa,  diríamos,  amistad  que  le  brindan  los  hombres,  pero, 
sin  embargo,  emigran  en  silencio.  Esto  aún  en  el  aspecto 
humano:  son  los  reproches  propios  de  los  hombres.  Pero,  si 

20  gracias  a  la  filosofía  has  unido  lo  que  hasta  ahora  se  encon- 
traba distante  y  si  «amado  es  lo  hermoso  y  hermoso  lo 
amado»  856  (que  ambas  son  una  misma  cosa  se  lo  has  oído 
decir  a  la  divinidad),  ya  no  considero  desdén  tu  silencio 
respecto  a  mí;  al  contrario,  me  congratulo  de  que  te  dediques 
a  la  filosofía,  de  que  rechaces  la  mezquindad  y  de  que  lo 

25  mejor  de  ti  se  asocie  a  las  mejores  cualidades  que  hay  en  mí. 
¡Así  quiero  que  seas  tú,  el  mejor  de  los  hombres,  verdadero 
hermano  mío  a  quien  tanto  añoro! 


853  Cf.  Platón,  Fedro  21 '4  c  ss. 

8S6  Proverbio  (puede  que  máxima  délfica)  que  ya  figura  en  Teognis,  17: 
cf.,  también,  Eurípides,  Bacantes  881, 901;  Platón,  Lisis  216  c,  República 
420  d  {Corp.  Paroem.  Graec.  II  219  s.). 


CARTAS 


263 


139 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399 

Si  bien  es  cierto  que  es  muy  grande  ese  acicate  de  persua- 
sión que  hay  en  las  líneas  de  una  carta  y  si  también  lo  es  que 
las  imágenes  de  los  sentimientos  reflejados  en  ellas,  aun 
careciendo  de  esa  simpatía857  y  ese  encanto  que  hay  en  el 
vivo  trato,  infunden  en  los  lectores  un  hechizo  muy  grande, 
sin  duda  sería  igualmente  algo  irresistible  el  contacto  personal 
cara  a  cara.  Yo,  al  menos,  cuando  estaba  a  tu  lado,  quedaba  5 
preso  de  esa  dulce  «Sirena  de  tus  palabras»  858,  Y  en  absoluto 
me  avergonzaría  de  decirte  algo  que  es  la  pura  verdad:  para 
mí  sería  más  grato  aún  experimentar  esto  mismo  por  segunda 
vez.  Y  es  que  la  conciencia  que  se  tiene  de  un  bien  presente 
no  puede  ser  como  la  de  uno  ausente  para  quien  ya  lo  ha 
experimentado:  en  aquel  caso,  el  disfrute  ininterrumpido  va 
eliminando  la  sensación  de  placer;  en  éste,  la  separación,  10 
incluso  momentánea,  de  los  deleites  ocasiona  de  inmediato 
y  de  forma  paralela  el  recuerdo  punzante  de  esas  cosas  de  las 
que  uno  ya  está  efectivamente  privado.  De  modo  que  ¡ojalá 
vengas,  queridísimo  mío,  y  podamos  entregarnos  juntos  a  la 
filosofía!:  la  obra  que  levantemos  estará  acorde  con  lo  que 
fue  en  sus  inicios,  para  que  así  se  muestre  una  belleza 
perfecta,  nacida  de  lo  que  es  perfecto,  y  no  truncada.  Pero,  15 

851  Sympátheia:  «afinidad  de  sentimientos»  (cf.,  por  ejemplo,  Sinesio, 
Sueñ.  132  b  y  136  d). 

858  Cf.  Plutarco,  Mario  44,  6  (o  sea,  «el  encanto  o  gracia  de  tus 
palabras»). 


264 


SINESIO  DE  CIRENE 


si  nos  viéramos  apartados  el  uno  del  otro,  cosa  que  debemos 
suplicar  que  no  ocurra,  está  claro  que  el  perjuicio  sería  mío. 
Pues  a  tu  lado,  que  es  donde  la  cultura  medra  entre  multitu- 
des, siempre  habrá  muchos  semejantes  a  Sinesio,  o  incluso 
mejores.  Mi  patria,  por  el  contrario,  aunque  es  mi  patria  y 
la  estimo,  se  ha  encallecido,  no  sé  de  qué  forma,  de  cara  a  la 
20  filosofía.  Es  por  eso  que  siento  miedo  al  quedarme  desvalido, 
sin  nadie  que  comparta  mi  arrebato  filosófico.  Pero,  aun 
admitiendo  que  alguien  haya, 

¿cómo  podría  yo,  con  todo,  olvidarme  del  divino  Odiseo?*59. 

Aparte  de  con  tu  sagrada  alma,  ¿con  qué  otro  pedernal  me 
frotaría860  yo  para  producir  la  centella  de  una  luminosa 
criatura  del  intelecto?  ¿Quién  sería,  asimismo,  capaz  de  pro- 

25  vocar  eficazmente,  con  todos  sus  medios,  esa  chispa861  que 
está  escondida  y  que  desea  permanecer  oculta,  para  encender 
y  mostrar  una  llama  resplandeciente?  Sea  como  sea,  ya 
estemos  juntos  o  lejos  el  uno  del  otro,  ¡que  Dios  esté  a 
nuestro  lado!  Que,  cuando  Dios  está  al  lado  «todo  lo  impo- 
sible es  posible»  862.  Que  sigas  bien  y  dedicado  a  la  filosofía, 
y  «lo  divino  que  hay  en  nosotros  haz  que  se  eleve  hacia  lo 

30  divino  que  fue  engendrado  en  primer  lugar»  863.  Sí,  bella  cosa 


.  855  od.  1 65.  . 

860  Cf.  Platón,  República  435  a. 

86>  Cf.  SINESIO,  H.  561  ss.  y  n.  85  a  estos  versos. 

862  Esquilo,  Prometeo  encadenado  904  (cf.  Corp.  Paroem.  Graec.  II 
755,  7). 

863  Cf.  Porfirio,  Vida  de  Plotino  2,  25  ss.  (son  las  palabras  de  Plotino 
in  articulo  mortis,  como  precisa  abajo  el  mismo  Sinesio).  El  término  pró- 
tógonon  (cf.  Sinesio,  H.  II  88:  prótógonos= Dios-Hijo)  no  figura  en  las 
líneas  de  Porfirio.  Para  las  diferencias  entre  los  dos  textos,  que  atestiguan 


CARTAS 


265 


es  que  mi  carta  entera  exprese  de  mi  parte  a  tu  honrada 
distinción864  lo  que  afirman  que  Plotino  les  dijo  a  los  presen- 
tes, a  punto  de  despedir  ya  a  su  alma  del  cuerpo. 

140 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399 

De  los  amores,  los  que  «van  por  el  suelo»  865  y  tienen 
orígenes  humanos  son  odiosos  y  fugaces,  circunscritos  tan 
sólo,  y  casi  tampoco,  a  la  presencia  del  otro;  los  que,  por  el 
contrario,  son  presididos  por  el  dictamen  de  la  divinidad 
quien,  de  acuerdo  con  las  divinas  palabras  de  Platón S66,  los 
funde  con  los  medios  de  que  dispone  y  a  los  dos  mutuos 
enamorados  los  hace  uno,  estos  amores  sobrepujan  cualquier  5 
condición  de  tiempo  y  de  lugar.  Y  es  que  nada  impide  que 
dos  almas  deseosas  la  una  de  la  otra  concurran  a  un  mismo 
sitio  en  secretas  reuniones  y  se  enlacen.  De  esto  es  de  lo  que 
debe  depender  nuestra  amistad,  a  menos  que  estemos  inten- 
tando deshonrar  nuestra  crianza  filosófica  a  fuerza  de  ape- 
garnos a  los  sentidos  y  de  no  admitir  la  presencia  del  alma  10 
mientras  a  aquéllos  no  los  estimule  el  cuerpo  llamando  a  su 
puerta. 


la  disparidad  de  pensamiento  entre  estos  dos  autores,  Plotino  y  Sinesio,  cf. 
ed.  Garzya,  1989,  pág.  32  s. 

864  Cf.  n.  771. 

8«  //.  V442. 

866  Cf.  Platón,  Banquete  192  d  s. 


266 


SINESIO  DE  CIRENE 


Así  pues,  ¿por  qué  te  quejas  a  gritos  y  derramas  en  tus 
cartas  tantas  lágrimas?  Si  es  porque  te  compadeces  de  que 
yo  aún  no  sea  filósofo,  a  pesar  de  parecerlo  y  de  ir  diciéndolo, 
reconozco  que  hay  verdad  en  tus  lamentos;  pero  si  es  porque 
un  azar  desconsiderado  ha  deshecho  inicuamente  nuestra 
unión  (y  lo  cierto  es  que  éste  es  el  propósito  de  tus  cartas), 
propio  de  mujeres  y  de  niños  sería  apegarnos  a  estas  cosas 
con  las  que  el  demonio  puede  impedir  el  éxito  de  nuestros 
proyectos.  Yo  le  encarecería  a  esa  sagrada  persona,  a  Hercu- 
liano,  que  mirara  hacia  arriba  y  se  entregara  por  entero  a  la 
contemplación  de  las  esencias  y  el  origen  de  lo  mortal,  tras 
haber  sobrepasado,  ya  de  antiguo,  las  virtudes  que  están 
orientadas  hacia  lo  de  aquí  con  el  fin  de  ordenarlo  todo.  Y 
es  por  esto  que  el  saludo  final  de  mi  carta  es  «que  seas  muy 
sabio»,  y  no  «adiós»  ni  «que  sigas  bien»,  que  son  más  norma- 
les 867.  El  que  preside  el  actuar  es  el  intelecto  inferior,  y  no 
aquel  otro  que  yo  creía  depositado  en  ti. 
»  De  todo  ello  te  he  hablado,  y  por  extenso,  en  dos  cartas 
anteriores  868,  pero  ninguna  de  ellas  te  ha  sido  entregada  por 
quienes  las  recibieron  de  mi  mano.  Lo  cierto  es  que  ésta  es 
la  quinta  carta  que  te  mando,  ¡y  ojalá  que  no  lo  sea  también 
en  vano!  Y  no  lo  será  en  vano  si,  primero,  se  te  entrega  y, 
después  (y  lo  que  es  más  importante),  si  te  aconseja,  te  guía 
y  te  persuade  a  cambiar  el  vigor  del  cuerpo  por  la  fortaleza 
del  alma,  no  la  que  procede  de  la  primera  y  terrenal  tétrada 


867  En  vez  de  las  fórmulas  corrientes  chaírein  o  eü  práttein  Sinesio 
propone  polla  phronéin.  Nuestro  autor  quizá  esté  recordando  el  comienzo 
de  la  Carta  III  de  Platón. 

868  Quizá  las  C.  137  y  138  (y  145  para  D.  T.  Runia,  «Synesii  Cyrenensis 
Epistolae.  Antonius  Garzya  recensuit»,  Vigiliae  Christianae  40  [1986],  86- 
91). 


CARTAS 


267 


de  las  virtudes m,  sino  la  que  le  es  análoga  en  la  tercera  y 
cuarta  de  éstas  870.  Podrás  alcanzarla  cuando  no  te  maravilles 
de  nada  humano.  Y  en  el  caso  de  que  aún  no  tengas  clara  la 
distinción  en  lo  dicho  sobre  cuáles  son  las  virtudes  primigenias  35 
y  cuáles  las  últimas,  en  el  momento  en  que  llegues  a  no 
lamentarte  por  nada  de  aquí  sino  a  despreciarlo  todo,  como 
debe  ser  en  justicia,  entonces  tendrás  una  pauta  y  un  criterio 
respecto  a  la  consecución  de  las  virtudes  primeras.  De  esta 
forma,  el  saludo  «que  seas  muy  sabio»  volverá  también  a  40 
aparecer  en  mis  cartas. 

«Que  pases  tu  vida  sano» 871,  dispensándote  la  filosofía 
una  serena  bonanza  de  espíritu,  admirable  872  señor.  Si  la 
filosofía  sabe  cuidar  de  esta  impasibilidad  y  si  las  naturalezas 
intermedias  se  mantienen  en  la  moderación  de  las  pasiones  873, 
al  exceso  en  las  pasiones  y  a  la  fácil  humillación  ¿qué  lugar 
les  asignaremos  874?  ¿No  será,  acaso,  lejos  de  la  filosofía,  en  45 
la  que  hemos  suplicado  que  tú  te  inicies 87S?  Así  que,  tú  que 
eres  el  mejor  de  todos  mis  amigos,  no  te  me  muestres  sino 
como  un  amigo  más  que  viril. 

Toda  mi  familia  me  ha  pedido  que  te  salude  en  su 
nombre.  Recibe,  pues,  el  saludo  de  todos  ellos:  cada  uno,  de 


869  De  la  tetraktys  de  virtudes  cardinales  (andreía,  phrónésis,  sóphro- 
syné,  dikaiosyné)  habla  también  Ev agrio  Póntico  en  el  proemio  de  su  De 
oratione  (tetras  en  Clemente  de  Alejandría,  Stromateis  II  18). 

870  Cf.  Porfirio,  Sententiae  32  (27,  28  y  29).  Sobre  este  pasaje  en 
Miguel  Pselo,  cf.  el  articulo  de  R.  Masullo  citado  en  ed.  Garzya,  1989, 
pág.  340,  n.  4. 

871  Cf.  C.  97,  8,  y  n.  547.  ■■;,/!; 

872  Axiágastos  (cf.  ya  en  Jenofonte,  La  república  de  los  lacedemonios 
X  2)  aquí  como  tratamiento  honorífico. 

873  Apátheia/metriopátheia:  cf.  Sinesio,  Dión  45  c. 

874  Cf.  Porfirio,  Sententiae  32;  Temistio,  Discursos  22,  276  b. 

875  Cf.  C.  137,  8,  y  n.  843. 


268 


SINESIO  DE  CIRENE 


50  por  sí,  derrama  su  alma  en  este  saludo.  Saluda  tú  en  mi 
nombre,  por  favor,  al  arquero  de  a  caballo  876. 

141 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399  :  • 

No  te  extrañes  de  que  me  sirva  de  un  mismo  portador 
para  dos  cartas  m,  y,  antes  que  nada,  entérate  de  que  tienes 
que  responder  del  delito  que  constituye  tu  inoportuno  re- 
proche, y  disponte,  por  ello,  a  quedar  harto  de  mi  charlata- 
nería; luego,  pretendo  también  que  mi  segundo  escrito  cumpla 
otra  función.  Y  es  que  quiero  pedirte  aquella  obrita  en 
5  yambos  878  en  la  que  el  escritor  conversa  con  su  alma.  Y  es  que, 
en  un  primer  momento,  creí  poder  reconstruirlo  de  memoria, 
pero  el  peligro  que  ahora  veo  es  que  el  revezo  no  se  le 


™  Olimpio:  cf.  C.  144,  20  s.  (y  133,  33  ss.). 

877  Para  esta  carta  y  la  anterior. 

878  Para  Garzya  se  trata  de  un  poema  perdido  «difficilmente  identifica- 
bile  coll'Inno  I»  (ed.  1989,  pág.  342,  n.  2).  Sin  embargo,  el  v.  1  del  himno 
primero  (age  moi,  psycháj...)  y  el  contenido  del  mismo  parece  que  se 
acomodan  bien  a  las  palabras  de  Sinesio  aquí  («...en  la  que  el  escritor 
conversa  con  su  alma»),  como  opina  Lacombrade  (ed.  Himnos,  pág.  15  y 
n.  4;  y  cf.  nuestra  introducción  al  H.  I  en  el  volumen  186  de  la  BCG  Sinesio. 
Himnos.  Tratados,  Madrid,  1993).  La  dificultad,  no  obstante,  reside  en  el 
en  iámbois  del  texto  (dado  que  el  Himno  I  está  compuesto  en  monómetros 
anapésticos).  Lacombrade  (ibid.)  la  salva  argumentando  que  los  términos 
tambos,  iambéíon  en  la  lengua  del  siglo  iv  d.  C.  ya  habían  perdido  su 
sentido  técnico:  cf.  ya  Ateneo,  Banquete  de  ios  sofistas  VIII  355  a  (donde 
iambéíon  es  un  tetrámetro  anapéstico)  y  cf.  también,  abajo,  C.  143,  46. 


CARTAS 


269 


parezca  en  nada  y  que,  si  me  tiro  a  escribirlo,  use  más  la 
inventiva  que  la  memoria.  Puede  que  sea  peor  o  puede  que 
sea  mejor.  Aun  así,  no  hay  por  qué  parir  dos  veces  el  mismo 
parto,  existiendo  la  posibilidad  de  tener  uno  lo  que  ya  ha  10 
parido.  Mándame,  pues,  una  copia  del  cuaderno  879,  hazlo  en 
el  nombre  de  esa  alma  a  la  que  el  libro  pretende  aderezar; 
pero  cuanto  antes  y  sin  riesgos,  o  sea,  por  mediación  de 
personas  que,  con  absoluta  seguridad,  me  lo  vayan  a  entregar. 
Y  es  que  será  tanto  como  no  haber  hecho  nada  en  absoluto 
si  incurres  en  cualquiera  de  estos  dos  errores:  en  el  de 
mandármelo  demasiado  tarde  (pues  llegará  después  de  ha- 
berme marchado)  o  en  el  de  dárselo  a  alguien  que  no  me  15 
lo  vaya  a  dar. 

142 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría 

A  Odiseo  reconocí  yo  al  leer  tu  carta:  muchas  cosas  me 
llevaban  a  recordar  a  aquel  héroe;  Proteo,  sin  embargo,  me 
fue  en  ella  irreconocible880.  Y  es  que  alguien  como  tú  no  es 
inverosímil  que  llegue  a  tocar  incluso  a  los  semidioses.  Yo, 
por  el  contrario,  que  algunos  alcances  tengo  y  que  me  conozco 
a  mí  mismo  conforme  al  precepto  délfico 881,  censuro  mi  falta  5 


879  Tetras  {tetrádion:  C.  143,  46):  quatemio  de  papiro  o  pergamino 
(cuatro  hojas  plegadas  para  hacer  dieciséis  páginas). 

880  Cf.  C.  137,  28,  n.  846. 

88«  Cf.  Platón,  Fedro  229  e. 


270 


SINESIO  DE  CIRENE 


de  carácter  y  no  reconozco  afinidad  mía  alguna  con  los 
héroes,  excepto  en  lo  de  haber  deseado  imitar  su  reserva882, 
cosas  que,  precisamente,  tú  me  has  hecho  trizas,  al  estilo  de 
Menelao  de  Esparta883,  de  tal  modo  que  te  arriesgas  a  estar 
próximo  no  ya  a  uno  sólo,  a  Odiseo,  sino  a  dos  héroes 

10  incluso  884.  Pero  así  queda  esto.  Por  tu  parte,  quejándote 
como  te  quejas  de  tu  nula  predisposición  a  escribir,  no  es 
justo  que  me  reclames  un  aluvión  de  líneas  que  no  harán 
sino  importunarte.  Por  eso,  he  reducido  la  extensión  de  esta 
carta  para  que  no  te  canses  más  por  tener  más  lectura.  «Que 
pases  tu  vida  sano»  885,  con  serena  bonanza  de  espíritu 886, 
admirable  amigo  887,  entregado  a  la  filosofía  que  es  la  que 
conduce  nuestro  caminar  hacia  lo  divino. 

15  Saluda  al  excelentísimo  conde 88S:  yo  no  me  he  permitido 
a  mí  mismo  saludarlo  personalmente.  De  acuerdo  con  lo 
que  dice  el  poema,  «comienza  tú  que  eres  más  joven»  889,  lo 
justo  es  que  el  joven  comience  la  guerra  y  la  discordia;  el 
anciano,  la  amistad.  Lo  cierto  es  que  él,  para  mí,  es  un 

20  hombre  digno  de  honra  y  de  todo  mérito,  porque  cultura  y 


882  Su  taciturnidad  o  sus  pocas  palabras  (echemythía):  cf.  n.  847. 

883  Por  el  extenso  relato  del  rey  de  Esparta  en  Od.  IV  351  ss.  (acerca  de 
su  encuentro  con  Proteo),  para  responder  a  la  pregunta  de  Telémaco,  que 
se  interesaba  por  la  suerte  de  su  padre. 

884  Es  decir,  la  abundancia  de  cartas  escritas  por  Sinesio  a  Herculiano 
rebasa  todo  aquello  que  se  pudiera  contar  de  Odiseo  y  podría  compararse 
al  relato  de  los  sucesos  acaecidos  no  a  uno  sino  a  una  pareja  de  héroes. 

885  Cf.  C.  97,  8,  yn.  547. 

886  Cf.  C.  140,  41  s.,  y  146,  31. 

887  Cf.  n.  872. 

888  El  conde  Peonio,  a  quien  está  dirigido  el  opúsculo  Sobre  el  regalo  (y 
para  thaumásios,  cf.  n.  297:  traducimos  aquí  «excelentísimo»  en  vez  de 
«admirable»  para  evitar  la  repetición). 

889  Cf.  C.  117,  7,  n.  702. 


CARTAS 


271 


milicia890,  separadas  como  venían  estando  la  una  de  la  otra 
por  grandes  barreras,  él  fue  el  único  que  en  nuestro  tiempo 
supo  conjugarlas,  tras  haber  encontrado  para  estas  dos  acti- 
vidades un  antiguo  parentesco.  Y,  aun  siendo  gallardo  como 
ningún  militar  lo  ha  sido  nunca,  huye  de  la  fanfarronada 
que,  como  uno  «de  los  vecinos»891,  siempre  está  cerca  de  la 
gallardía.  A  éste,  pues,  aunque  no  le  escriba852,  lo  amo  y, 
aunque  no  me  encuentre  a  su  servicio,  lo  honro.  25 

143 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  entre  el  393  y  el  399 

Ni  mantienes,  amigo  mío,  aquello  que  me  prometiste  de 
no  hacer  notorio  lo  que  debe  estar  oculto.  Y  es  que  he  oído 
yo  a  algunos  que  venían  de  estar  contigo  y  que,  después  de 
haberse  acordado  de  ciertas  expresiones,  me  pedían  que  les 
revelara  su  significación.  Yo,  sin  embargo,  según  mi  manera  5 
de  proceder  y  en  lo  que  respecta  a  ellos,  ni  me  he  atribuido 
esos  escritos  ni  he  afirmado  que  ya  los  conociera.  Desde 
luego  tú,  querido  compañero,  ya  no  necesitas  mis  adverten- 
cias, pues  serían  poca  cosa  para  convencerte.  Trata  de  con- 


850  Armas  y  letras,  diríamos.  Con  algunas  variaciones,  estas  líneas  se 
repiten  en  Sinesio,  A  Peonio  (el  opúsculo  Sobre  el  regalo  citado  en  n.  888) 
308  b  s.,  en  el  comienzo  del  cap.  2  (cf.  philosophían  kai  strateían  frente  a 
paideían  kai  straíeian  de  la  presente  carta). 

891  Cf.  C.  110,  11  s.,  n.  677. 

892  Cf.,  sin  embargo,  C.  98,  10  ss. 


272 


SINESIO  DE  CIRENE 


seguir  la  carta  del  pitagórico  Lisis  a  Hiparco  893  y,  cuando 

10  des  con  ella,  hazme  el  favor  de  repasarla  varias  veces.  Puede 
que  te  arrepientas  de  todo  corazón  de  tus  indebidas  manifes- 
taciones 894.  Pues  «filosofar  públicamente»  (que  así,  más  o 
menos,  lo  dice  Lisis  en  dialecto  dórico  895)  siempre  origina 
entre  los  hombres  un  gran  desprecio  por  las  cosas  divinas.  Y 
es  que  recuerdo  haber  tenido  relación,  tanto  en  el  pasado 
como  hace  poco,  con  algunos  individuos  que,  por  haber 
escuchado  «atropelladamente»  896  unas  frasecitas  de  cierta 

15  gravedad  ya  creían  no  ser  lo  ignorantes  que  realmente  eran 
y,  llenos  de  vanidad,  mancillaban  los  dogmas  divinos  atribu- 
yéndose la  capacidad  de  enseñar  aquello  que  no  habían 
tenido  la  fortuna  de  aprender. 

Y,  aun  así,  llevaban  pegados  a  tres  o  cuatro  admiradores, 

20  que  no  eran  más  que  obreros,  al  menos  en  el  alma,  y  ni  si- 
quiera educados  en  los  conocimientos  primarios.  Terrible 
es,  sí,  y  engañosa  esta  sabiduría  de  relumbrón  que,  entre 
profanos,  no  retrocede  ante  nada  y  se  arriesga  irreflexiva- 
mente a  todo.  Pues,  ¿qué  cosa  podría  haber  más  atrevida 
que  la  ignorancia897?  Cuando  me  encuentro  con  tales  pedan- 
tes, zánganos  898  que  ni  prestan  oídos  ni  aspiran  a  los  dictados 

25  de  la  razón,  abomino  de  este  género  de  hombres  y  no  en- 
cuentro otro  motivo  para  esa  forma  de  vida  suya  que  el 
hecho  de  que,  sin  educación  previa  y  antes  de  tiempo,  desde 

*'  Pseudo-Lisis,  Pythagoreor.  ep.  3 (=HERcher,  Epistol.  601-603, 
sobre  todo  603,  2  ss.). 
894  Cf.  n.  847. 

893  Damosiai  philosophén  escribe  Sinesio. 

896  Cf.  Favorino,  Fr.  137  Barig.  (Frínico,  Ecl.  221). 

897  Cf.  Sinesio,  Dión  52  c  ss. 

898  Cf.  HEStoDO,  Trabajos  304;  Aristófanes,  Avispas  1114;  Platón, 
República  552  c. 


CARTAS 


273 


un  principio  se  les  haya  considerado,  seguramente  por  otros 
iguales  que  ellos,  dignos  de  enseñanzas  superiores.  Es  por 
todo  esto  que  yo  soy,  y  te  pido  que  lo  seas  tú,  guardián,  y 
bastante  celoso,  de  los  misterios  899  de  la  filosofía.  Que,  en  30 
efecto,  esto  es  algo  que  le  cuadra  a  Herculiano,  yo  ya  lo  sé; 
pero,  si  tú  te  has  acercado  a  la  filosofía  misma  de  una 
manera  legítima,  debes  apartarte  de  la  compañía  de  ésos  que 
se  han  criado  fuera  de  sus  dominios  y  que  con  sus  pretensiones 
adulteran  la  suprema  dignidad  de  aquélla. 

Por  el  dios  de  la  amistad,  tu  protector900,  te  lo  pido,  no 
des  a  leer  esta  carta  a  nadie.  Pues,  si  lo  haces,  esos  tipejos  35 
aquí  esbozados  causarán  molestia  a  quienes  reconozcan  en 
sí  mismos  o  en  sus  amigos  las  señas  de  identidad  referidas. 
A  veces,  esto  de  causar  molestias  es  algo  que  demuestra 
valor  y  se  ajusta  al  carácter  de  la  filosofía,  pero  sólo  cuando 
están  presentes  los  interesados:  por  el  contrario,  escribir  al 
respecto  parece  cosa  ruin.  Sin  embargo,  las  conversaciones  40 
que  Sinesio  tiene  consigo  mismo,  también  las  tiene  con  esa 
valiosa  alma  tuya,  la  de  su  único  amigo  o,  más  bien,  la  de  su 
mejor  amigo  junto  con  otros  dos.  Y  es  que,  para  mí  al 
menos,  fuera  de  esa  tríada  vuestra901  no  hay  nada  humano 
que  sea  valioso.  Añadiéndome  también  yo,  quizá  llegue  a 
completar  una  tétrada  de  sagrada  amistad.  Pero  entréguese 
a  un  reverente  silencio  la  naturaleza  de  esta  tétrada902  homó- 
nima de  aquella  otra  de  los  primeros  principios.  45 


«w  Cf.  n.  843. 

'"o  PhiUas  theón:  cf.  Philion  en  C.  51,  2  s.;  59,  7  s.;  103,  1  y  129,  10. 

901  Seguramente,  Herculiano,  Olimpio  (cf.  n.  876)  e  Isidoro  de  Pelusio 
(cf.  n.  23  y  C.  144,  19  s.). 

902  Sobre  la  teatraktys  pitagórica  (1+2+3+4),  cf.  Carmen  aureum  47  s., 
etc.  (cf.,  también,  n.  869).  No  parece  probable  que  con  archaí  se  refiera 
Sinesio  a  las  cuatro  «raíces»  o  «elementos»  de  Empédocles,  Fr.  6, 1  Diels- 


274 


SINESIO  DE  CIRENE 


En  el  cuaderno  de  los  yambos903  he  encontrado  al  final 
doce  versos  escritos  como  si  fuera  un  único  epigrama.  Pues 
bien,  como  lógicamente  tú  también  los  tendrás,  entérate  de 
que  ni  forman  una  unidad  ni  son  de  un  único  autor,  sino  que 
los  ocho  primeros,  escritos  con  maestría  poética,  combinada 

so  con  un  cierto  talante  astronómico,  son  obra  de  tu  amigo,  y 
los  cuatro  últimos  sólo  son  propios  de  una  poesía  más  de 
entretenimiento  y  se  trata  de  una  composición  antigua.  Y 
considero  que  a  los  ya  difuntos  es  más  impío  robarles  sus 
palabras  que  sus  vestidos  (lo  que  se  llama  profanar  tumbas). 
«Que  pases  tu  vida  sano» 904,  aspirando,  de  un  modo  puro 

55  y  respetuoso,  a  la  filosofía.  Prometo  esperarte  hasta  el  día 
veinte  de  mesori905,  después  del  cual,  si  Dios  quiere,  empren- 
deré el  camino.  A  ese  amigo  tan  bueno  906  transmítele  mis 
mejores  saludos:  que  yo  lo  quiero  porque  a  ti  te  quiere 
mucho. 


Kranz  (fuego,  tierra,  aire  y  agua).  Además  de  la  citada  tetraktys,  podrían 
traerse  a  colación  los  cuatro  eones  de  Valentín:  cf.  Ireneo,  Contra  las 
herejías  11,1  (Abismo,  Silencio,  Intelecto,  Verdad:  «la  primera  y  principal 
tétrada  pitagórica,     raíz  del  universo»). 

903  En  toi  tetradídi  (cf.  n.  879)  ton  iambeíón:  se  trata  de  los  dos 
epigramas,  el  primero  de  cuatro  versos  (dos  dísticos)  de  Ptolomeo  y  el 
segundo  de  ocho  (cuatro  dísticos)  del  propio  Sinesio,  incluidos  al  final  del 
tratado  A  Peonio  (312  d  y  313  b  s.).  Sobre  el  sentido  del  término  iambewn, 
cf.  n.  878. 

904  Cf.  n.  547. 

905  Mes  del  calendario  alejandrino  (julio-agosto). 

906  Isidoro  de  Pelusio  (cf.  n.  901). 


CARTAS 


275 


144 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría.  Posterior  a  la  C.  146 

Febamón 907,  el  que  te  entrega  la  carta,  es  un  buen  hombre 
y  amigo  mío  y  está  siendo  víctima  de  una  injusticia.  Por 
tanto,  lo  justo  es  que  le  ayudes  por  todo  esto:  por  mí,  por  su 
carácter  y  por  sus  circunstancias.  Y  que  así  sea,  pues  parece 
que  él  confía  enormemente  en  nuestro  mutuo  afecto.  Y  es  5 
que,  necesitado  de  ti  como  estaba,  ha  recurrido  a  mí  con  la 
seguridad  de  que,  por  mediación  mía,  llegará  a  ti.  Y  yo  le  he 
prometido  que  tendrá  a  Herculiano  por  mediación  de  Sinesio 
y  que  podrá  vencer  a  sus  perseguidores  por  mediación  de  la 
sagrada  y  honorable  persona  de  Herculiano. 

Con  respecto  al  conde  908  (me  refiero  al  que  obtuvo  el 
mando  de  la  milicia  de  nuestra  patria)  me  habías  escrito  por  10 
medio  de  Ursicino  y  me  pedías  que  nos  pusiéramos  de 
acuerdo  para  que  tus  amigos,  los  que  tuvieran  posibilidad  de 
hacerlo,  les  enviaran  cartas  a  aquél  y  al  magistrado  ordina- 
rio 909 .  En  aquel  momento,  es  cierto,  di  por  buena  tu  intención, 
pero  después  rechacé  el  asunto  por  estar  fuera  de  lugar, 
rendido  como  me  hallaba  a  merced  de  la  filosofía.  Pero  15 
ahora  mis  amigos,  tanto  civiles  como  militares,  víctimas  que 
son  de  injusticias,  me  están  forzando  a  que  consienta  en 
asumir  competencias  políticas  para  las  que  sé  que  no  he 

907  Nombre  frecuente  en  las  cartas  cristianas  griegas  del  siglo  v  d.  C. 

908  Peonio  (cf.  n.  888). 

909  Pros  ton  ordinárion  árchonta:  magistrado  que  se  elegía  al  comienzo 
de  cada  año  (cf.  Juan  Malalas,  Chronographia  13). 


276 


SINESIO  DE  CIRENE 


nacido910,  y  ellos  lo  saben  tanto  como  yo.  Pero  me  están 
forzando  a  que,  por  ellos,  haga  algo,  aun  contra  mi  voluntad. 
Pues  bien,  a  ti  me  remito  ahora,  si  te  parece  bien  que  lo 

20  haga.  Salúdame  a  tu  sagrado  compañero,  el  diácono911,  y 
que  se  ejercite  para  plantarle  cara  a  ese  jinete912  rival  suyo. 
Toda  mi  familia  te  manda  saludos,  incluido  también  ahora 
Isión913,  cuyos  relatos  echabas  tú  de  menos.  Éste  ha  sido  el 
causante  de  que,  por  mi  parte,  haya  habido  una  indigna  y 
nada  filosófica  petición  de  correspondencia  a  las  autoridades, 
después  de  habérmelo  él  solicitado  tanto  personalmente  en 
nombre  de  otros  muchos,  como  por  medio  de  unas  cartas 

25  que  me  entregó.  También  éste,  por  cierto,  te  va  a  esperar 
hasta  el  día  veinte  que  ya  hemos  fijado. 

145 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría,  alrededor  del  395 

Uno  de  mis  esclavos  ha  huido,  pero  no  uno  de  los  que 
heredé  de  mi  padre  ni  de  los  que,  de  una  manera  u  otra,  sé 
han  criado  conmigo,  pues  todos  ellos,  que  han  disfrutado  de 
una  educación  propia  de  hombres  libres,  antes  me  aman 
como  a  un  señor  deseable  que  me  temen  como  a  su  patrón 


910  Esta  carta  debe  ser  anterior,  por  tanto,  a  la  embajada  a  Constantinopla 
del  399. 

»"  Isidoro  de  Pelusio  (cf.  n.  23  y  C.  143,  42  y  56  s.). 
"2  Olimpio:  cf.  C.  133,  33  ss.,  y  140,  50  s. 
Cf.  C.  99,  19  ss. 


CARTAS 


277 


legal.  Ha  sido  Filoromo  (que  así  se  llama  el  fugitivo),  que  5 
era  un  esclavo  de  mi  sobrina,  la  hija  de  Amelio914,  y  que 
pasó  a  ser  mío  por  mediación  de  ella.  Criado  fuera  de  toda 
norma  y  sin  disciplina,  no  ha  podido  soportar  un  régimen 
filosófico  y  espartano,  y  ahora,  tras  encontrar  en  sustitución 
mía,  a  un  amo  alejandrino,  está  recorriendo  Egipto  con  él. 
Se  trata  de  un  tal  Harpocración,  que  es  guardia  de  la  escolta 
de  Heracliano 915  y  que  tiene  el  cargo  de  «auxiliar  del  auxiliar»  10 
(que  así  se  cree  que  debe  traducirse  el  término  subadiuva)916. 
Con  él  está  Filoromo.  Yo,  desde  luego,  al  menos  por  mi 
parte,  lo  habría  dejado  ir  con  viento  fresco,  pues  ¿qué  lógica 
hay  en  que  el  peor  no  eche  en  falta  a  los  mejores  y  que,  sin 
embargo,  quienes  se  reconocen  mejores  echen  en  falta  al  que 
es  peor?  Pero  el  caso  es  que  el  alma  de  este  miserable  aún  no  15 
obedece  tanto  a  la  filosofía  como  para  desdeñar  a  la  gente 
malquista  y  me  ha  instado  a  que  envíe  a  algunos  para  que  lo 
traigan  de  nuevo  a  su  presencia.  Este  servicio  lo  ha  empren- 
dido voluntariamente  mi  compañero  Aitales  y  yo  lo  he 
enviado  confiando  en  que  Dios  lo  guíe  y  prometiéndole 
también  una  ayuda  humana,  la  tuya.  Ojalá  esta  carta  se  te  20 
entregue.  Lo  que  ocurra  a  partir  de  ahora,  dado  que  ya 
conoces  el  asunto,  será  cosa  de  Dios,  de  tu  propia  persona  y 
de  Aitales. 


914  Cf.  C.  58,  3  y  n.  305. 

915  Heracliano  fue  comes  Aegypti:  cf.  Cod.  Theod.  XI  24,  3  (30  de 
septiembre  del  395). 

916  Táxin  echón  boethoi  boethem:  «que  tiene  la  función  de  auxiliar  al 
auxiliar».  El  soubadíouba,  lat.  subadiuva,  parece  que  era,  por  tanto,  un 
segundo  asistente  del  tnagister  officiorum  (que  era  uno  de  los  cargos  más 
importantes,  algo  así  como  un  «ministro  del  interior»). 


278 


SINESIO  DE  CIRENE 


146 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Alejandría.  Anterior  a  la  C.  144 

Deseaba  fortalecer  tu  sagrada  alma  a  base  de  censurar 
por  medio  de  cartas  lo  vehemente  de  tu  insistencia  en  man- 
tener contacto  conmigo,  pero  lo  cierto  es  que  mucho  antes, 
por  ese  hechizo917  que  inunda  tus  cartas,  yo  mismo  me 
debilité,  de  modo  que  lo  que  soy  ahora  es  justo  lo  que  antes 

5  criticaba  que  fueras  tú.  ¿Será  entonces,  el  admirable 918  Her- 
culiano  el  causante  de  grandes  beneficios  para  mí  al  dejar  así 
a  mi  alma  pendiente  de  él,  tras  hacerla  bajar  del  alto  trono 
de  la  filosofía?  Pienso  yo  que  si  los  poetas  maldicen  a  las 
Sirenas  no  es  por  otro  motivo  sino  porque  atraen  con  la 

ío  dulzura  de  su  voz  a  quien  se  fía  de  ellas  y,  luego,  lo  aniquilan. 
He  oído  a  cierto  erudito919  explicar  alegóricamente  esta 
leyenda:  lo  que  se  adivina  detrás  de  las  Sirenas  es  el  ansia  de 
placeres,  que  van  aniquilando  poco  a  poco  a  quienes  se  han 
rendido  y  se  han  visto  embrujados  por  sus  deleites.  ¿Qué  les 
falta,  entonces,  para  ser  Sirenas  a  esos  placeres  originados 
por  tus  cartas,  por  obra  de  las  cuales  yo  abandono  todo 

15  pensamiento  grave  y  paso  a  pertenecerle  por  completo  a 
Herculiano?  Dios  está  de  testigo  de  que  no  es  una  costumbre 
propia  de  la  práctica  epistolar920  la  que  ha  hecho  que  yo 


917  Cf.  Sinesio,  Sueñ.  132  c  y  n.  22  ad  loe. 
"8  Cf.  n.  297. 

919  Heráclito,  Alegorías  de  Homero  70;  Clemente  de  Alejandría, 
Protr.  12  (I  83,  9  ss.  StAhlin). 

920  Advierte  Garzya  (ed.  1989,  pág.  352  s.,  n.  2)  que  en  la  carta  privada 
literaria,  sobre  todo  en  esta  época,  prima  el  deseo  de  la  relación  afectuosa 


CARTAS 


279 


hable  de  esto  y  no  de  otra  cosa,  sólo  para  tener  un  tema  del 
que  escribir.  No,  lo  que  ocurre  es  que,  de  las  cartas  que  me 
fueron  entregadas  por  Ursicino  (eran  tres),  la  que  tenía  una 
extensión  intermedia  me  produjo,  me  infundió  una  viva 
impresión  en  el  alma  y  estoy  tan  abrumado  por  las  lisonjas  20 
de  tu  escrito  que  hasta  siento  vergüenza. 

Tu  hermano  Ciro  debía  traerme  una  carta  tuya  acerca  de 
lo  que  me  diste  a  conocer  respecto  al  conde  de  la  Pentápo- 
lis 921 .  Te  estoy  agradecido  por  tu  intención  de  recomendarme 
ante  él,  pero  se  te  pasó  por  alto  que  mi  empeño  lo  pongo  en 
filosofar  y  menosprecio  cualquier  honor  si  no  está  relacionado  25 
con  la  filosofía.  Lo  cierto  es  que,  gracias  a  Dios,  no  necesito 
nada,  pues  ni  cometo  ni  sufro  injusticia.  A  aquél,  sin  duda, 
le  correpondía  hacer  algo  en  favor  mío,  pero  no  me  corres- 
ponde a  mí  pedírselo.  Y,  en  efecto,  si  había  necesidad  de 
recabar  unas  cartas  de  recomendación,  se  debía  haber  exigido 
que  me  llegaran  a  mí922  (pues,  de  esta  forma,  se  me  habría 
honrado)  y  no  a  otro  en  favor  mío.  30 

«Que  pases  tu  vida  sano»923,  con  serenidad  de  espíritu, 
siguiendo  de  la  manera  más  integra  los  pasos  de  la  filosofía. 
Dios  es  testigo  de  que  todos  los  miembros  de  mi  familia  por 
igual,  niños,  ancianos  y  mujeres,  te  saludan.  Pero  quizá  tú 
les  tengas  ojeriza  a  las  mujeres,  aunque  sus  sentimientos 
hacia  ti  sean  de  amistad.  Mira  qué  es  lo  que  has  hecho: 
cuando  yo  estaba  ya  en  camino  me  agarraste  con  fuerza  y  así 
me  retienes.  Es  verdad,  entonces,  que  los  egipcios  eran  unos  35 


con  el  amigo  lejano  sobre  el  hecho  de  que  exista  o  no  necesidad  real  de  una 
correspondencia  escrita. 

921  Peonio  (cf.  n.  888). 

922  Para  entregarlas  él  mismo,  que  era  el  interesado,  como  ocurre  con 
Geroncio,  por  ejemplo,  en  C.  82  y  84-86. 

923  Cf.  n.  547  (y  C.  142,  13). 


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SINESIO  DE  CIRENE 


brujos  y  que  Homero  no  miente  en  todo  m,  desde  el  momento 
en  que  tú  mismo  me  envías  de  Egipto  unas  cartas  llenas  de 
hechizos 92S.  A  Helena,  de  cierto,  el  brebaje  para  olvidar  sus 
cuitas  «se  lo  proporcionó  Polidamna,  esposa  de  Ton»  926: 
4o  pero  a  ti,  ¿quién  te  ha  dado  ese  dañoso  veneno  con  el  que 
untaste  tu  carta  antes  de  enviármela? 


147 

A  JUAN  927 

Desde  Ptolemaida  a  un  monasterio,  alrededor  del  408 

Creo  que  eres  más  feliz  de  lo  que  uno  puede  desear  tú 
que,  después  de  dejarnos  a  nosotros,  pobres  mortales, 

vagando  por  entre  la  tiniebla  en  la  pradera  de  Atem 

y  envueltos  en  cuitas  terrenales,  te  alzaste  por  encima  de 
5  ellas  y,  a  pesar  de  que  aún  te  encontrabas  en  este  mundo  de 
aquí,  fuiste  capaz  de  alejarte  de  él  y  alcanzar  una  vida 
bienaventurada.  A  no  ser,  claro  está,  que  Gano,  que  es 

924  Expresión  proverbial:  cf.  ya  Solón,  Fr.  21  Adrados  (y  Corp. 
Paroem.  Graec.  II  128,  13,  donde  hay  que  añadir  Ps. -Platón,  De  lo  justo 
374  b,  como  se  advierte  en  ed.  Garzya,  1979,  pág.  258,  n.  ad  loe.). 

925  Cf.  n.  917. 

926  Od.  IV  227  s.  (y  //.  XXII  83;  Alceo,  Fr.  346,  3  Lobel-Page). 

927  No  puede  identificársele  con  ninguno  de  los  personajes  de  este 
mismo  nombre  que  han  aparecido  en  el  epistolario. 

928  Empédocles,  Fr.  121,  4  Diels-Kranz;  cf.  Sinesio,  Egipc.  89  d  y 
Jerocles,  In  carm.  aur.  54  ss. 


CARTAS 


281 


amigo  tuyo,  al  hablarme  de  ti  y  contarme  tus  cosas,  crea  que 
lo  que  debe  hacer  es  mentirme  en  algún  detalle:  ¡que  el 
afecto  es  un  tremendo  encubridor  de  la  verdad!  Lo  cierto  es 
que  este  Gano  nos  comunicó  que  llevabas  vida  monástica  y 
que  tu  único  motivo  para  venir  a  la  ciudad 929  eran  los  libros, 
y  sólo  los  de  contenido  tocante  a  la  teología.  Afirma  también 
que  tienes  puesto  el  capotillo  oscuro  930:  no  hubiera  sido  peor 
de  haber  sido  blanco,  pues  a  una  naturaleza  de  lo  más 
reluciente  mejor  le  sentaría  lo  que  es  puro  y  luminoso  a  la 
vista.  Pero,  si  has  aprobado  el  negro  por  emular  a  alguno  de 
los  que  te  precedieron,  también  apruebo  yo  todo  lo  que  se 
realice  por  voluntad  divina.  Y  es  que  la  sola  razón  por  la 
que  algo  se  realiza  le  da  a  su  ejecutor  la  prueba  de  estar 
obrando  correctamente  y  la  intención  sin  más  ya  tiene  mérito. 
Te  felicito,  pues,  por  haber  alcanzado  ese  fin  a  cuya  puerta, 
desde  hace  tiempo  y  con  mucha  fatiga,  me  esfuerzo  en 
llamar.  Tú  súmate  a  mis  ruegos  para  que  yo  alguna  vez 
pueda  llegar  y  obtenga  algún  provecho  de  esos  afanes  que 
nacen  de  la  filosofía.  ¡Así  mi  existencia  no  la  habré  consu- 
mido yo  inútilmente  entre  los  libros!  «Que  pases  tu  vida 
sano»  en  medio  de  la  dicha931,  admirable932  amigo. 


929  Eis  ten  pólin:  Constantinopla.  Recuérdese  que  de  eis  ten  pólin 
derivará  posteriormente  el  nombre  Istanbul  (Estambul). 

930  El  tribénion  oscuro  era  de  los  monjes  y  el  blanco  de  los  filósofos:  cf. 
C.  154,  3  (tríbon). 

931  Cf.  C.  97,  8  y  n.  547. 

932  Cf.  297. 


282 


SINESIO  DE  CIRENE 


148 

A  OLIMPIO  933 
Desde  su  finca  a  Seleucia,  en  el  402-403 

Falté  a  mi  obligación  de  pagar  los  impuestos.  ¿Y  qué 
podía  hacer  si  ninguno  de  los  griegos  que  se  han  asentado  en 
Libia  quería  mandar  cargueros  a  vuestro  mar 934?  También  a 
ti  te  eximo  de  la  contribución,  que  tampoco  los  sirios  se 
5  preocupan  de  arribar  a  los  fondeaderos  cireneos.  E  incluso 
si  esto  ocurre  alguna  vez,  se  me  podría  pasar  por  alto,  pues 
no  vivo  cerca  del  mar  ni  vengo  al  puerto  con  frecuencia,  sino 
que  habito  en  el  extremo  meridional  de  la  Cirenaica935  y  mis 
vecinos  son  hombres  como  los  que  Odiseo  trataba  de  encon- 
trar cuando,  después  de  llegar  a  ítaca,  cogió  el  gobernalle 
para  conjurar  la  ira  de  Posidón  de  acuerdo  con  el  oráculo: 

10  ...  unos  hombres  que  no  conocen  el  mar, 

ni  comen  comida  aderezada  con  sal9%. 

Y  no  creas  que  es  hablar  por  hablar  esto  de  que  ni 
siquiera  para  la  sal  se  interesan  por  el  mar,  ni  pienses  que, 
por  ello,  comen  sin  sal  la  carne  y  todp  lo  que  cuecen. 


933  «L'Épitre  148,  entre  autres,  est  une  piece  d'anthologie,  un  modele 
d'ecphrasis»  (Lacombrade,  ed.  Himnos,  pág.  XXXV).  Parece  que  Sinesio 
tiene  muy  presente  en  toda  esta  carta  el  Euboico  (Discursos  VII)  de  Dión 
de  Prusa. 

934  El  llamado  Mare  Syriacum. 

935  Cf.  Sinesio,  H.  I  SI  ss.  (y  C.  114,  9).  Para  la  expresión,  que  es 
proverbial,  cf.  ya  Od.  I  23,  y  Corp.  Paroem.  Graec.  I  411,  12. 

936  Od.  XI  122  s.  (ycf.  119-125). 


CARTAS 


283 


Tenemos,  «¡por  la  sagrada  Hestia»!  937 ,  tenemos  sal  de  tierra  15 
firme,  sólo  con  recorrer  hacia  el  sur  una  distancia  menor  de 
la  que,  hacia  el  norte,  nos  separa  del  mar.  La  llamamos  sal 
de  Amón  938.  La  produce  y  la  oculta  una  piedra  arenosa  y, 
cuando  quitas  esta  especie  de  costra  superpuesta,  es  fácil 
remover  el  fondo  con  las  manos  o  con  azadas.  Lo  que  se  20 
extrae  es  una  sal  que  es  grata  a  la  vista  y  al  paladar.  Pero  de 
ningún  modo  creas  que  es  una  ordinariez  propia  de  charlatán 
el  explicarte  los  detalles  de  nuestra  sal  indígena:  en  mí,  que 
soy  hombre  de  campo,  no  hay  sitio  para  la  vanidad. 

Lo  cierto  es  que  tú  me  exiges  que  te  informe  de  todo  lo 
que  ocurre  cerca  de  mí  y  que  me  concierne.  Tendrás,  por  25 
tanto,  que  soportar  una  carta  que  hable  por  los  codos  para, 
así,  pagar  la  pena  de  tu  intempestiva  curiosidad.  Aquello 
que  se  produce  lejos  del  entorno  de  uno  es  además  difícil  de 
creer.  Desde  luego  no  es  cosa  sin  importancia  convencer  a 
un  sirio  de  la  existencia  de  una  sal  que  se  obtiene  en  tierra, 
porque  también  yo  aquí  tengo  problemas  para  responder 
cuando  se  me  pregunta  acerca  de  naves,  de  velas  y  del  mar. 
Ya  sabes  que  en  cierta  ocasión,  cuando  estudiaba  filosofía 
contigo  939,  me  puse  a  contemplar  esto  precisamente,  el  mar  30 
y  la  gran  laguna,  profunda940,  entre  Faro  y  Canobo941.  Una 


937  ANTfFANES,  Fr.  183  Kassel-Austin. 

938  Sal  gema:  cf.,  por  ejemplo,  Dioscórides,  De  materia  medica  V  109; 
Arriano,  Anábasis  III  4,  3. 

939  En  Alejandría,  con  su  maestra  Hipatia. 

940  La  laguna  Mareótide.  Por  «profunda»  traducimos  lamyrán  (lectura 
de  los  manuscritos  corregida  por  Pétau  en  halmyrán,  «salada»);  Garzya 
traduce  «...il  gran  lago,  cosí  vasto»:  cf.,  al  respecto,  la  información  del 
aparato  crítico  en  ed.  Garzya,  1979,  pág.  261. 

941  Canobo,  Canopo  o  Canope  (hoy  Abu  Kir),  en  la  desembocadura 
más  occidental  del  Nilo  (el  brazo  canópíco),  era  célebre  por  su  templo  de 
Sarapis. 


284 


SINESIO  DE  CIRENE 


nave  estaba  siendo  remolcada,  esta  otra  se  dejaba  llevar  por 
el  viento  y  aquélla  por  los  remos,  y  vosotros,  por  cierto,  os 
reíais  de  que  yo  la  hubiera  comparado  con  un  ciempiés.  La 
disposición  de  ánimo  de  esta  gente  es  la  misma  que  la 

35  nuestra  cuando  oímos  hablar  de  las  cosas  de  allende  Tule942, 
sea  la  que  sea  esta  Tule  que  les  da  a  quienes  por  allí  han 
pasado  la  posibilidad  de  mentir  sin  que  nadie  les  pida  cuentas 
ni  los  refute.  Pero  los  de  aquí,  al  menos,  aun  en  el  caso  de 
que  alguna  vez  admitan  lo  que  se  les  dice  respecto  a  las 
naves  o  decidan  reírse  de  todo  ello,  lo  que  por  supuesto  no 
creen  en  absoluto  es  que  el  mar  pueda  proveer  de  alimentos 
a  los  hombres,  pues  consideran  que  este  privilegio  sólo  lo 

40  tiene  la  madre  tierra. 

Yo,  en  cierta  ocasión  en  que  éstos  con  ademanes  negaban 
todo  lo  referente  a  los  peces,  cogí  una  vasija  de  arcilla,  la 
estrellé  contra  una  piedra  y  les  mostré  lo  que  en  abundancia 
contenía:  pescado  de  Egipto  en  salmuera.  Dijeron  ellos  que 
eran  cuerpos  de  serpientes  venenosas  y,  de  un  salto,  se 

45  dieron  a  la  huida,  sospechando  que  aquellas  espinas  no  eran 
menos  nocivas  que  la  ponzoña  de  los  dientes  viperinos.  Uno 
que  era  el  más  anciano  y,  al  parecer,  el  más  dotado  de 
inteligencia  dijo  que,  desde  luego,  difícilmente  se  podía  creer 
que  en  el  agua  salada  se  produjera  algo  bueno  y  comestible, 
dado  que  los  manantiales  de  arroyos  sanos  y  potables  no 
crían  sino  ranas  y  sanguijuelas,  que  ni  siquiera  un  loco 

so  probaría. 


942  Puede  que  Sinesio  haya  conocido  Las  cosas  increíbles  de  allende 
Tule  de  Antonio  Diógenes.  Tule  era  el  límite  septentrional  del  mundo,  al 
norte  de  las  Islas  Británicas  (quizá  Islandia  o  una  de  las  Shetland). 


CARTAS 


285 


Y  lo  que  lógicamente  ocurre  es  que  ignoran  todo  esto. 
Pues  de  noche  no  los  despierta  el  oleaje  encrespado 943 

del  mar,  sino  los  relinchos  de  los  caballos,  el  balido  de  las 
cabras  y  las  ovejas,  el  mugido  del  toro  y,  al  caer  los  primeros 
rayos  del  sol,  el  zumbido  de  las  abejas,  que,  en  cuanto  al  55 
deleite  que  produce,  no  le  va  a  la  zaga  a  música  alguna. 
Mira,  ¿no  te  parece  que  estoy  describiendo  Agémaco  944,  esta 
finca  en  la  que  habito  lejos  de  la  ciudad,  de  los  caminos,  del 
comercio  y  de  los  caracteres  volubles?  Aquí  tengo  tiempo 
para  filosofar  y  no  lo  tengo  para  hacer  el  mal.  Entre  todos 
nosotros  todas  las  reuniones  son  de  amigos,  relacionados  60 
como  estamos  por  la  agricultura,  los  pastores,  los  rebaños  y 
la  caza,  en  toda  la  variedad  que  se  da  en  esta  tierra  (pues 
para  nosotros  y  para  nuestros  caballos  la  costumbre  es  no 
obtener  el  alimento  sin  sudar).  Desayunamos  gachas,  deli- 
ciosísimas para  comer  y  para  beber,  como  las  que  le  preparó 
a  Néstor  Hecamede 945.  Después  de  la  dura  fatiga  esta  mezcla 
es  nuestro  lenitivo  en  la  época  estival.  Pero  además  tenemos  65 
tortas  de  trigo,  frutos  comestibles,  unos  cultivados  y  otros 
silvestres,  todos  productos  del  país,  también  jugos  de  nuestra 
excelente  tierra,  miel  de  abeja  y  leche  de  cabra  (pues  no 
acostumbramos  a  ordeñar  vacas).  Y  no  contribuye  menos  a 
la  opulencia  de  nuestras  mesas  la  caza  con  perros  y  caballos,  70 
a  la  que  no  sé  por  qué  Homero  no  calificó  de  «glorificadora 
de  hombres»946;  ni  tampoco  sé  por  qué  no  dijo  que  esos 


943  Fragmento  de  procedencia  desconocida. 

944  Propiedad  de  Sinesio  cerca  de  Ficunte. 

945  Cf.  //.  XI  624  (631  y  640). 

946  Cf.  //.  I  490  («la  asamblea  glorificadora  de  hombres»),  IV  225  («la 
batalla  glorificadora...»),  etc. 


286 


SINESIO  DE  C1RENE 


hombres  que  se  dedicaban  a  ella  eran  «muy  distinguidos» 947, 
mientras  que  sí  honró  con  este  elogioso  título  a  la  asamblea, 
que  no  produce  más  que  homúnculos  desvergonzados  y  muy 
perversos,  que  nada  saben  de  integridad  sino  sólo  de  ultrajes 

75  y  de  tramar  maldades.  De  éstos  nos  reímos  también  nosotros 
siempre  que  se  encuentran  bajo  nuestro  propio  techo,  pues 
el  pelo  se  les  eriza,  fíjate,  ante  la  carne  de  cacería  recién 
salida  del  horno.  ¿Qué  digo?  ¿De  cacería?  Antes  probarían  el 
veneno  que  una  de  nuestras  comidas.  Exigen,  sin  embargo, 

so  el  vino  más  suave,  la  miel  más  densa,  el  aceite  más  refinado 
y  el  trigo  de  mayor  peso948,  y  ponderan  sus  respectivas 
patrias:  Chipre,  un  tal  Himeto,  Fenicia  y  el  país  bárbaro  949. 

Nuestra  tierra,  aun  quedando  por  debajo  de  éstas  exclu- 
sivamente en  el  producto  señero  de  cada  una  de  ellas,  las 
sobrepuja  en  todos  los  demás.  O  sea,  tiene  la  preeminencia 
del  segundo  puesto:  también  Peleo  y  Temístocles  lo  obtuvie- 

85  ron  y,  en  todo  y  por  todo,  fueron  proclamados  los  mejores 
de  entre  los  griegos950.  Y,  en  cualquier  caso,  aun  admitiendo 
que  la  miel  de  aquí  sea  peor  que  la  del  Himeto,  es  tal  su 
calidad  que,  cuando  la  hay,  no  se  echa  en  falta  el  producto 
extranjero.  Con  seguridad  nuestro  aceite  es  excelente,  siempre 
que  la  apreciación  no  dependa  de  jueces  viciados.  Y  es  que 


»'  Cf.  //.  IX  441,  Od.  VIII  390. 

948  Para  esta  característica  del  trigo,  cf.  Plinio  el  Viejo,  Historia  natural 
XVIII  12. 

949  Chipre  sigue  produciendo  y  exportando  un  vino  excelente.  Para  el 
Himeto,  cf.  n.  839.  Fenicia  y  Mauritania  se  llevaban  la  palma,  respectivamente, 
en  la  producción  de  aceite  y  grano.  El  término  bárbaroi  aquí,  como  en  otros 
lugares,  se  refiere  a  los  habitantes  de  Mauritania  y  de  África  en  general: 
cf.  ed.  Garzya,  1979,  pág.  264,  n.  ad  loe,  y  ed.  1989,  pág.  362,  n.  14. 

950  Para  Peleo,  cf.  Píndaro,  ístmicas  VIII  27  ss.,  o  Apolonio  Romo, 
IV  790  ss.  Para  Temístocles,  cf.  Heródoto,  VIH  123  o  Plutarco,  Temís- 
tocles 17. 


CARTAS 


287 


éstos  lo  ponen  en  los  platillos  para  medir  su  calidad  por  la 
inclinación  de  la  balanza,  y  al  de  menor  peso  lo  consideran 
de  clase  superior.  Nosotros,  por  el  contrario,  no  fabricamos 
balanzas  para  el  aceite,  pero  afirmamos  que,  si  tuviéramos 
que  hacerlo,  lo  natural  sería  preferir  el  que  más  pesa.  Sin 
duda,  ese  aceite  suyo,  extraordinario  y  caro,  por  su  nula 
consistencia  no  es  capaz  de  alimentar  ni  la  llama  de  una 
mecha,  mientras  que  el  de  nuestra  tierra,  por  ser  tan  fuerte 
puede  provocar  todo  un  incendio  y,  cuando  hay  necesidad 
de  una  lámpara,  produce  una  luz  artificial  como  la  del  día. 
Es  bueno  para  hacer  engordar  la  masa  y  bueno  para  nutrir 
los  músculos  de  los  gimnastas. 

En  nuestra  región  también  contamos  con  una  música 
incomparable.  Los  agemaquetas  tienen  una  pequeña  lira 
pastoril,  muy  sencilla  y  de  fabricación  propia,  que  posee  un 
sonido  agradable  y  moderadamente  viril,  muy  apta  para 
educar  a  los  niños  de  la  ciudad  de  Platón951.  Lo  cierto  es  que 
no  da  todas  las  notas,  ni  está  perfeccionada  para  adecuarse 
a  cada  tono;  son  los  que  cantan  quienes  se  avienen  a  la 
simplicidad  de  sus  cuerdas,  pues  no  interpretan  temas  dema- 
siado melódicos.  Entre  nosotros  ya  es  algo  hermoso  para 
una  canción  el  elogio  de  un  carnero  semental  o  un  perro 
rabicorto  que  recibe  elogios,  y  lo  creo  justo,  por  no  temer  a 
las  hienas  y  por  hacer  presa  en  la  garganta  de  los  lobos.  Y  no 
menos  resulta  ser  el  cazador  motivo  de  canto,  ése  que  lléva 
la  paz  a  los  pastos  y  nos  regala  con  un  espléndido  festín  de 
carne.  Tampoco  es  indigna  de  la  lira  la  oveja  que  pare  dos 
crías  952  y  alimenta  a  más  corderos  que  años  tiene.  Y  con 
frecuencia  entonamos  himnos  a  la  higuera  y  a  la  vid.  Pero 


951  Cf.  Platón,  República  399  d. 

952  Cf.  Aristóteles,  Investigación  sobre  los  animales  573  b  19  s.  y  32. 


288 


SINESIO  DE  CIRENE 


nada  nos  importa  tanto  como  las  súplicas,  cualesquiera  que 
sean:  cantamos  además  para  pedir  por  el  bien  de  los  hombres, 
las  plantas  y  los  rebaños. 

115  También  cuentas  con  esos  antiguos  cantos  de  estaciones 
que  existen  entre  nosotros  y  son  patrimonio  de  la  gente 
pobre.  El  emperador,  los  amigos  del  emperador  y  los  vaivenes 
del  destino,  cosas  de  las  que  oímos  hablar  cuando  estamos 
reunidos,  son  simples  nombres  que,  como  llamas,  se  elevan 
hasta  las  cumbres  de  la  gloria  y  se  extinguen:  aquí  todo  eso 
se  silencia  de  una  manera  conveniente  y  a  nuestros  oídos  no 

120  los  inquietan  tales  asuntos.  Pues,  que  siempre  hay  un  empe- 
rador, eso  es  algo  que  quizá  sepan  todos  con  absoluta  claridad 
(de  hecho  se  lo  recuerdan  cada  año  los  recaudadores  de 
impuestos),  pero  quién  es  él,  eso  ya  no  está  tan  claro:  que 
entre  nosotros  hay  quienes  piensan  que  hasta  hoy  día  sigue 
reinando  Agamenón,  el  Atrida,  el  que  estuvo  en  Troya, 

125  aquel  varón  ejemplar,  pues  desde  niños  éste  es  el  nombre  que 
entre  nosotros  se  ha  transmitido  como  propiamente  imperial. 
También  a  Odiseo,  un  amigo  de  éste,  lo  mencionan  nuestros 
buenos  pastores:  un  hombre  calvo  953,  pero  hábil  en  tratar 
cualquier  asunto  y  en  encontrar  salida  en  medio  de  las 

130  dificultades934.  Se  ríen  sin  reparos  cuando  hablan  de  él, 
creyendo  que  al  Ciclope  lo  dejaron  ciego  el  año  pasado  y 
que  debajo  del  carnero  salió  el  vejete,  mientras  aquel  maldito 
montaba  guardia  en  la  puerta  pensando  que  el  julo  del 
rebaño  iba  a  la  cola  no  por  el  peso  de  la  carga  que  llevaba, 
sino  por  su  pesadumbre  ante  la  desgracia  del  amo  955 . 


«3  Qd.  XVIII  354  s. 

954  Cf.  Esquilo,  Prometeo  59  (y  cf.,  por  ejemplo,  Sinesio,  Elogio  de  ¡a 
calvicie  67  a  ss.,  cap.  5). 

955  Cf.  Od.  IX  382  s.,  433  s.  Intentamos  reproducir  el  juego  de  palabras 
de  la  línea  133:  achthómenon...  synachthómenon. 


CARTAS 


289 


Por  medio  de  esta  carta  has  estado  un  poco  con  nosotros 
en  espíritu.  Has  contemplado  el  campo,  has  visto  la  sencillez 
de  nuestra  forma  de  vida.  Dirás  que  es  como  la  existencia  135 
en  tiempos  de  Noé,  antes  de  que  la  justicia  quedara  esclavi- 
zada. 

149 

AL  MISMO 

Aunque  estés  ausente,  siempre  te  hallas  conmigo  en  el 
recuerdo.  Y  es  que,  aun  en  el  caso  de  que  lo  quisiera  firme- 
mente, no  puedo  olvidarme  de  tu  dulcísima  alma  y  de  tus 
más  que  íntegras  costumbres,  hermano  mío  admirable  en 
todo  956.  Pues  nada  podría  ser  más  sagrado  para  mí  que  5 
abrazar  de  nuevo  tu  venerable957  persona.  ¡Ojalá  Dios  me  lo 
conceda  algún  día!  ¡Ojalá  pueda  verte  y  escuchar  el  gratísimo 
eco  de  tus  palabras!  Sí,  me  has  colmado  de  alegría  con  lo 
que  me  has  enviado  (por  cierto,  lo  he  recibido  todo),  pero 
mayor  aún  ha  sido  la  pena  que  me  has  hecho  sentir,  porque 
ahora  mi  único  pensamiento  es  qué  compañero  he  perdido 
aun  estando  él  vivo  y  yo  también.  Así  que,  ¡ojalá  algún  día 
llegue  el  momento  de  nuestro  reencuentro  y  Dios  me  depare  10 
esta  felicidad! 


956  Recuérdese  que  la  carta  está  dirigida  a  Olimpio.  Adelphé,  por  tanto, 
se  utiliza  como  calificativo  afectuoso  (y  cf.  n.  297). 
95'  Sebasmían:  cf.  n.  383. 


205.  -19 


290 


SINESIO  DE  CIRENE 


150 

A  PILÉMENES 
Desde  drene  a  Heraclea.  Posterior  a  la  C.  134  y  a  la  151 

Hasta  tu  Heraclea  ha  oído  hablar,  creo  yo,  de  este  Ale- 
jandro 958  que  vive  entre  nosotros  dedicado  a  la  filosofía,  un 
hombre  que  por  todas  partes  pasa  con  buena  reputación. 

Mudo  es  el  hombre  que  no  cubre  a  Heracles  de  palabras  de 

gloria959. 

5  Su  hijo,  mi  sobrino,  te  entregará  esta  carta:  su  pretensión 
es  emular  a  su  padre  no  en  el  vestido  sino  en  el  espíritu.  Es 
así  que  está  dispuesto  a  lanzarse  contra  unos  malvados  para, 
a  la  manera  de  Heracles,  dejar  su  ciudad  limpia  de  todos 
ellos.  Tenía,  pues,  necesidad  de  Dios  y  de  un  Heracles,  pero 
no  sólo  de  éstos,  sino  también  de  un  Yolao  que  fuera  su 
aliado  y  su  adlátere 960.  A  Dios,  sin  duda,  se  lo  va  a  ganar  con 

10  los  medios  a  su  alcance:  lo  atraerá  con  una  vida  llena  de 
virtud  y  un  espíritu  piadoso.  Es  tu  amistad,  para  que  haga 
las  veces  de  Yolao,  la  que  quiero  procurarle  por  medio  de 
esta  carta.  Te  comportarás  con  él  lo  mismo  que  conmigo.  Y 
si  tratas  a  este  joven  como  a  un  amigo,  no  podrás  decir  en 

15  absoluto  que  soy  un  vil  adulador961. 


958  Cf.  C.  46,  2. 

939  Píndaro,  Pítieas  IX  87. 

960  Cf.  Hesíodo,  Teogonia  316  ss.,  Escudo  74. 

961  Cf.  C.  82,  5  (y  n.  492). 


CARTAS 


291 


151 

AL  MISMO 

Desde  drene  a  Heraclea.  Entre  la  C.  134  y  la  150 

¿Sigues  dedicado,  para  mi  dicha,  a  la  filosofía?  ¿Eres  aún 
aquel  Pilémenes,  que  yo  dejé,  aquella  alma  recién  iniciada962, 
aquella  semilla963  divina?  Tengo  miedo  de  todo  el  tiempo 
que  ha  pasado  desde  aquel  nacimiento  964  tuyo  y  más  miedo 
aún  de  que  frecuentes  tanto  el  ágora  y  de  que  te  veas 
envuelto  en  tal  cantidad  ya  de  sucesos  y  asuntos,  no  vaya  a 
ser  que  esto  manche  tu  santísimo  templo,  tu  sagrado  intelec-  5 
to,  uno  de  los  pocos  a  los  que  yo  considero  los  más  dignos 
receptáculos  de  Dios.  Bien  sé  que,  antaño,  elevé  mis  ruegos 
por  poder  celebrar  contigo  los  misterios  965  de  la  filosofía; 
pero  lo  cierto  es  que  luego,  como  tuvo  más  fuerza  el  amor  a 
tu  patria966,  rogué  que,  dondequiera  que  estuvieses,  cultivaras 
la  filosofía  dentro  de  tus  posibilidades.  Así  pues,  saludo  10 
cariñosamente  a  tu  querida  persona,  una  y  mil  veces  la 
saludo  yo  cariñosamente,  callado  o  hablando,  escribiendo  o 
sin  escribir. 


562  Neotelés:  neófita  en  la  filosofía  (cf.  n.  965).  El  término,  a  partir  del 
siglo  IV,  designó  a  los  recién  bautizados  y,  en  general,  a  los  convertidos  al 
cristianismo. 

563  Cf.  C.  101,  33,  n.  578. 

9S4  En  vez  de  la  lectura  tes  apogenéseós,  que  recoge  el  texto  de  Garzya 
(quien  traduce:  «Temo  il  tempo  ch'é  trascorso  da  quello  sboccio»,  frente  a 
la  interpretación  «Abreise»  de  Fritz),  la  mayoría  de  los  códices  presentan 
ton  apb  genéseós,  que  hemos  preferido  para  nuestra  traducción.  Entendemos 
que  Sinesio  se  refiere  al  nacimiento  de  Pilémenes  a  la  filosofía. 

965  Sinesio  emplea  el  término  synorgiásai  en  consonancia  con  el  neote- 
lés de  la  línea  2  (n.  962). 

966  Cf.  C.  103,  1  ss. 


292 


SINESIO  DE  CIRENE 


152 

AL  MISMO 

Imagínate  que  yo  estoy  abrazando  a  Pilémenes,  alma 
con  alma.  Me  faltan  palabras  con  las  que  expresar  qué 
grande  es  el  deseo  de  mi  corazón;  es  más,  ni  siquiera  puedo 
averiguar  qué  sentimiento  es  éste  que  por  ti  abriga  mi  alma. 

5  Hubo  un  hombre  ducho  en  temas  amorosos967,  Platón  el 
ateniense,  el  hijo  de  Aristón,  maestro  en  explicar,  diestro  en 
indagar968  la  naturaleza  del  amante,  y  también  lo  que  éste 
desea  que  haya  entre  él  y  su  amado969.  Aquél  es,  entonces, 
quien  debe  tenerlo  indagado  y  explicado  en  mi  nombre.  Lo 
que  desearía  el  amante,  afirma  él,  es  fundirse  por  el  arte  de 

10  Hefesto  y  soldarse  y  que  los  dos  se  hicieran  uno  97°. 

153 

AL  MISMO 

En  todo  el  año  me  llega  una  sola  carta  tuya,  como  si 
fuera  el  retorno  de  las  estaciones  el  que  me  la  trae.  Pero  lo 
cierto  es  que  quizá  sea  para  mí  este  fruto  más  gustoso  qué  él 


967  Cf.  Platón,  Banquete  193  e. 

968  Intentamos  reflejar  en  la  traducción  el  paralelismo  y  la  paronomasia 
del  original:  eúkolos  eipein  eúporos  heuréín  (y  cf.  la  línea  8:  exeurekds... 
eirékós). 

969  «I  suoi  sentimenti  e  desideri  circa  l'amato»  (Garzya). 
9'°  Cf.  C.  140,  6,  y  n.  866. 


CARTAS 


293 


que  producen  el  ciclo  de  los  meses  y  los  agricultores  con  su 
trabajo,  y  tú  no  estarías  haciendo  lo  que  debes  si  me  privaras 
de  la  alegría  que  gracias  a  ella  siento.  ¡Venga!  Cambia  de  5 
forma  de  pensar  y  haz  que  yo  tenga,  al  menos  este  año,  una 
buena  cosecha  de  cartas. 


154 

A  LA  FILÓSOFA 
Desde  drene  a  Alejandría,  en  el  405 

Este  año  he  dado  a  luz  dos  libros:  uno  promovido  por 
Dios  y  el  otro  por  la  crítica  de  los  hombres971.  Y  es  que 
algunos  de  los  de  capas  blancas  y  también  de  los  de  oscuras 972 
afirmaron  que  yo  pecaba  contra  las  leyes  de  la  filosofía  por 
prestarle  atención  a  la  belleza  del  estilo  y  a  la  cadencia,  y  por 
mi  pretensión  de  decir  algo  de  Homero  y  acerca  de  5 
las  figuras  retóricas:  su  idea  es  que  el  filósofo  debe  odiar  la 
literatura973  y  ocuparse  tan  sólo  de  los  temas  divinos.  Éstos 
sí  han  llegado  a  ser  contempladores  de  lo  inteligible;  a  mí  no 
me  es  lícito,  porque  algo  del  ocio  de  mi  vida  lo  destino  a 
depurar  mi  lengua  y  a  que  mis  ideas  resulten  más  agradables.  10 

971  Respectivamente,  sus  tratados  Sobre  los  sueños  y  Dión  o  sobre  su 
norma  de  vida.  Sinesio  le  envía  a  su  maestra  una  copia,  una  proékdosis  (cf. 
líneas  83  ss.),  para  que  le  dé  su  opinión. 

972  Cf.  C.  147,  10  ss.,  n.  930. 

973  Debe  ser  un  misólogos,  alguien  que  odia  las  letras  y  la  cultura 
literaria  (y  no  ya  la  dialéctica  como  en  Platón,  Laques  188  c).  Para  el 
philólogos,  cf.  Sinesio,  Dión  43  b. 


294 


SINESIO  DE  CIRENE 


Me  acusaron  de  servir  sólo  para  componer  puerilidades, 
empujados  por  el  hecho  de  que  las  Cinegéticas  m,  que  no  sé 
cómo  se  esfumaron  de  mi  casa,  atrajeron  extraordinariamente 
a  algunos  jóvenes  cuyo  interés  estaba  puesto  en  ese  encanto 
propio  del  más  puro  helenismo  m,  y  también  empujados  por 
ciertas  creaciones  poéticas 976  muy  cuidadas  que  evidenciaban 
15  algo  de  esa  «mano  antigua»,  como  solemos  decir  de  las 
estatuas. 

Pero,  de  todos  ésos  que  me  acusan,  los  unos,  cuya  igno- 
rancia es  la  guía  de  su  atrevimiento  977,  están  siempre  dis- 
puestos, y  más  que  nadie,  a  discutir  sobre  la  divinidad  (si  te 
encuentras  con  alguno  de  ellos,  escucharás  de  inmediato  los 
20  silogismos  menos  silogísticos)  y  a  quienes  nada  de  esto  nece- 
sitan los  inundan  de  palabrería,  cosa  que  para  ellos,  creo  yo, 
es  de  particular  importancia.  Y  es  que  de  esa  gente  salen  los 
demagogos 978  que  hay  en  nuestras  ciudades,  que  es  lo  mismo 
que  decir  «el  cuerno  de  Amaltea»  979,  algo  que  ellos,  por 
cierto,  piensan  que  debe  estar  a  su  servicio.  Sospecho  que 
reconocerás  fácilmente  a  esta  ralea,  que  desacredita  un  pro- 


974  Cf.  C.  101,  9,  n.  569. 

975  En  el  original  Hellenismoü  te  kai  cháritos.  Por  Hellenismós  debe 
entenderse  el  uso  correcto  de  la  lengua  griega,  el  estilo  griego  puro  o 
también,  en  general,  la  cultural  griega:  cf.  W.  Jaeger,  Early  Christianity 
and  Greek  Paideia=  Cristianismo  primitivo  y  paideia  griega  (trad.  E.  C. 
Frost),  México,  1965,  pág.  13  s.,  n.  6. 

976  Puede  que  Sinesio  se  refiera  a  composiciones  juveniles  de  carácter 
ligero  (quizá  anacreóntico:  cf.,  asimismo,  H.  IX  2  s.). 

977  Cf.  C.  143,  23  s.,  n.  897. 

978  Demodidáskaloi  (término  que  sólo  aparece  en  Sinesio):  aquellos 
que  pretenden  instruir  al  pueblo. 

979  De  la  cabra  Amaltea  o  «cuerno  de  la  abundancia».  La  expresión  se 
convirtió  en  proverbial:  cf.  Focf lides,  Fr.  7,  2  Adrados;  Anacreonte, 
Fr.  361  Lobel-Page;  y  Corp.  Paroem.  Graec.  I  8,  9.  s.,  44  s. 


CARTAS 


295 


pósito  noble  en  sí  mismo.  Pretenden  que  yo  me  convierta  en 
discípulo  suyo  y  aseguran  que,  en  breve,  revelaré  cosas  25 
acerca  de  Dios  con  la  mayor  desenvoltura  y  que  seré  capaz 
de  hablar  días  y  noches  seguidos. 

Los  otros,  los  de  mejor  apariencia,  son  unos  sofistas 
mucho  más  malhadados  aún  que  los  anteriores  y  lo  que 
desearían  es  tener  la  misma  buena  reputación,  pero  por  30 
suerte  para  ellos  ni  siquiera  son  capaces  de  esto.  Ya  sabes  tú 
que  algunos,  por  habérseles  dejado  desnudos  en  las  oficinas 
de  impuestos980  o  a  consecuencia  de  una  calamidad  cual- 
quiera, se  ven  inducidos,  en  el  mediodía  de  su  vida,  a  la 
actividad  filosófica,  pero  sin  hacer  otra  cosa  que  jurar  por 
los  dioses,  por  sí  o  por  no,  a  la  manera  platónica:  se  les 
anticiparía  hasta  su  misma  sombra  a  la  hora  de  expresarse  35 
como  es  debido.  Y,  sin  embargo,  su  presunción  es  tremenda. 
Sí,  las  cejas  las  llevan  arqueadas,  ¡uf,  cómo  las  levantan!,  en 
la  mano  apoyan  el  mentón  y,  en  todo  lo  demás,  adoptan  un 
porte  más  majestuoso  que  las  estatuas  de  Jenócrates981. 
Éstos  también  pretenden  imponer  la  ley  que  más  les  conviene, 
la  de  que  nadie  que  posea  algún  conocimiento  valioso  lo 
haga  patente,  porque  creen  que  los  deja  en  evidencia  cual- 
quiera que  sea  filósofo  y,  además,  sepa  expresarse,  conven-  40 
cidos  como  están  de  que  deberían  esconderse  bajo  la  máscara 
de  su  presunción  y  aparentar  que  por  dentro  se  hallan 
repletos  de  sabiduría. 

Estos  son  los  dos  grupos  que  me  han  acusado  de  haberles 
prestado  atención  a  cosas  que  no  la  merecen:  los  unos, 

980  Logistérion:  «tribunale  tributario»  (Garzya:  cf.  ed.  1989,  pág.  372, 
n.  6). 

981  Cf.  Diógenes  Laercio,  IV  6;  Plutarco,  Deberes  del  matrimonio 
141  f. 


296 


SINESIO  DE  CIRENE 


45  porque  no  parloteo  como  ellos;  los  otros,  porque  no  tengo 
cerrada  la  boca  y  no  pongo,  como  dijo  aquél,  «un  buey 
sobre  mi  lengua» 982.  Contra  éstos  escribí  yo  mi  tratado  983  y 
me  opuse  a  la  locuacidad  de  unos  y  al  silencio  de  los  otros. 
En  realidad,  está  dirigido,  propiamente,  contra  éstos  que  se 
callan  y  son  unos  envidiosos  (de  una  forma  muy  adecuada^ 
¿no  crees?),  pero,  sin  embargo,  ha  encontrado  la  manera  de 

so  arrastrar  en  su  crítica  también  a  aquellos  otros 9S4.  Y  quiere 
ser  no  menos  una  demostración  que  un  elogio  de  la  gran 
sabiduría985.  Y  es  que  no  sólo  negué  bajo  juramento  sus 
acusaciones,  sino  que,  para  atribularlos  aún  más,  no  he 
dejado  de  vanagloriarme.  Cuando  la  obra  pasa  a  examinar 
qué  género  de  vida  debe  elegirse,  alaba  entonces  a  la  filosofía 
como  la  elección  más  filosófica986:  de  qué  tipo  hay  que 
pensar  que  ésta  debe  ser,  de  eso  podrás  enterarte  por  el 

55  libro.  Al  final  se  ha  hecho  también  una  defensa  de  mis 
cajitas,  porque  también  ellas  han  cargado  con  una  acusación, 
la  de  guardar  libros  no  corregidos  987.  ¡Que  ni  siquiera  de  eso 
se  han  abstenido  estos  Telquines  988! 

Si  cada  cosa  está  en  el  lugar  que  le  corresponde,  si  todo 

60  aparece  en  su  momento  oportuno,  si  el  punto  de  partida  es 
el  justo  en  cada  uno  de  los  temas  previstos,  y  si  el  tratado  se 

982  Cf.  Teoonis,  815;  Esquilo,  Agamenón  36  s.  Esta  expresión  también 
se  hizo  proverbial:  Corp.  Paroem.  Graec.  I  51,  25;  II  332,  6. 

983  El  Dión:  cf.  n.  971. 

984  Cf.,  por  ejemplo,  Dión  45  d  ss.  y  54  b  ss.  (caps.  7  y  12  ss.). 

985  Polymatheias:  «dell'alta  cultura»  (Garzya).  Cf.  ibid.  41d  ss, 

986  PMosophian...  philosophótáten:  Sinesio  juega  con  el  sentido  etimo- 
lógico del  término  («la  elección  más  amante  de  la  sabiduría»). 

987  Cf.  Dión  59  d  (y  ed.  Garzya,  1989,  pág.  708,  n.  98). 

988  Los  calumniadores  por  antonomasia,  a  partir  de  Calímaco,  Fr.  1 1 
Pfeiffer. 


CARTAS 


297 


divide  en  más  capítulos,  como  esa  divina  obra,  el  Fedro,  que 
Platón  dio  a  luz  y  que  trata  sobre  todas  las  formas  de  la 
belleza  en  conjunto;  y  si  se  ha  procurado  además  que  todo 
converja  en  el  único  objetivo  propuesto,  si  bajo  esa  relajada 
exposición  ha  venido  acaso  a  deslizarse  una  garantía  de  65 
credibilidad,  y  si  de  esa  garantía  se  ha  seguido,  como  ocurre 
en  tales  casos,  una  prueba  y  también  el  resultado,  todos 
éstos  serían  dones  del  arte  y  de  la  naturaleza.  A  cualquiera 
que  esté  ejercitado  en  descubrir  algo  y  hasta  un  divino 
semblante  oculto  bajo  una  apariencia  muy  vil  (tal  como 
hacían  en  Atenas  los  artistas,  al  encerrar  a  Afrodita  o  a  las  70 
Gracias  989  o  a  otras  diosas  de  similar  belleza  dentro  de 
estatuas  de  Silenos  o  Sátiros 990),  a  éste  no  se  le  escapará  que 
mi  obra  también  revela  muchas  doctrinas  sagradas  que,  sin 
embargo,  sí  se  les  escaparán  a  otros  bajo  la  sobrehaz  de  ser 
cosas  superfluas  y  por  haber  sido  introducidas  en  el  discurso 
de  una  manera  demasiado  casual  y  podría  parecer  que  in-  75 
cluso  tosca.  Y  es  que  de  los  enfriamientos  que  se  producen 
por  causa  de  la  luna  son  los  enfermos  de  epilepsia  los  únicos 
que  se  dan  cuenta991  y,  por  su  parte,  el  fulgor  de  los  rebatos 
ordenados  por  el  intelecto  únicamente  lo  reciben  aquéllos 
para  quienes,  teniendo  como  tienen  sanos  sus  ojos  intelec- 
tuales, Dios  enciende  una  luz  afín  a  él m,  que  es  el  motivo  de 
que  lo  intelectual  piense  y  lo  inteligible  sea  pensado  "3.  De  la  80 
misma  forma,  esta  luz  de  aquí  pone  en  contacto  a  nuestra 
vista  con  el  color  y,  si  suprimes  la  luz,  aun  cuando  esté 

989  Cf.  Sinesio,  Dión  42  b  (y  nuestra  n.  34  allí). 

990  Cf.  Platón,  Banquete  215  b;  Jenofonte,  Banquete  IV  19. 

991  Cf.  Galeno,  Sobre  los  días  críticos  3. 

992  Cf.  Platón,  República  509  b;  JAmblico,  Mist.  egipc.  1 15,  Protréptico 
4;  y,  por  ejemplo,  Sinesio,  H.  I  126  ss.,  375  s.,  593  s. 

993  Cf.  Sinesio,  H.W11  ss. 


298 


SINESIO  DE  CIRENE 


presente  el  color,  esa  facultad  que  la  vista  posee  en  relación 
con  él  queda  ineficaz. 

Sobre  todo  esto,  pues,  aguardaré  a  que  des  tu  juicio.  Si 
decides  que  debe  publicarse,  la  obra  saldrá  a  la  vez  dirigida 

85  a  rétores  y  a  filósofos:  a  unos  los  deleitará,  a  los  otros  les  será 
provechosa,  siempre  que  no  lo  hayas  tenido  que  tachar  tú 
que  estás  facultada  para  dar  ese  juicio.  Si  te  parece  que  no 
es  digna  de  que  los  griegos  le  presten  oídos  y  si  también  tú, 
con  Aristóteles  por  cierto,  vas  a  anteponer  la  verdad  a  tu 
amigo  "4,  una  densa  y  profunda  obscuridad  la  cubrirá  y  sus 

90  palabras  pasarán  inadvertidas  entre  los  hombres.  Respecto 
a  la  primera  baste  con  lo  dicho. 

La  otra995  fue  Dios  quien  la  encargó  y  examinó:  es  una 
acción  de  gracias  ofrendada  a  la  substancia  representativa996. 
En  ella  se  ha  investigado  sobre  toda  esa  alma  imaginativa997 
y  se  han  discutido  algunas  otras  doctrinas  que  aún  no  habían 
sido  estudiadas  por  los  filósofos  griegos.  ¿Y  para  qué  exten- 

95  derse  al  respecto?  La  obra  en  su  totalidad  fue  compuesta  en 
una  sola  noche,  o  más  bien,  en  lo  que  quedaba  de  aquella 
noche  durante  la  que  tuve  el  sueño  en  el  que  vi  que  debía 
escribirla.  Hay  pasajes  en  el  tratado,  quizá  dos  o  tres,  en  los 
que,  como  si  yo  fuera  otro,  he  sido  mi  propio  oyente  junto 
con  los  que  allí  estaban.  Incluso  ahora,  cada  vez  que  me 
acerco  a  mi  escrito,  me  encuentro  en  un  maravilloso  estado 
de  ánimo  y,  como  dice  el  poema,  una  voz  divina  me  en- 

994  Cf.  Aristóteles,  Ética  a  Nicómaco  1096  a  16  (y  Platón,  Fedón  91 

c). 

995  El  tratado  Sobre  los  sueños:  cf.  n.  971. 

996  Phantasíikei physei:  cf.  Sobre  los  sueños  143  a  (y  ed.  Garzya,  1989, 
pág.  29).  Sobre  la  phantasía  (facultad  representativa)  y  el  phantastikdn 
pneüma  (espíritu  representativo),  cf.  ibid.  135  b  ss.  (caps.  S  y  6). 

997  Es  decir,  «su  tutta  la  parte  immaginativa  dell'anima»  (Garzya). 


CARTAS 


299 


vuelve  "8.  Si  tal  sensación  es  sólo  mía  o  esto  podría  ocurrirle 
a  cualquier  otro,  ya  me  informarás  tú.  Que  de  entre  todos 
los  griegos  tú  eres,  después  de  mí,  la  primera  que  lo  va  a  leer. 

Estas  obras  que  te  he  mandado  son  de  las  que  aún  están 
inéditas.  Y,  para  que  el  número  sea  perfecto '",  he  adjuntado 
el  Sobre  el  regalo,  escrito  hace  mucho  tiempo,  con  ocasión 
de  la  embajada,  y  dirigido  a  un  hombre  que  gozaba  de 
influencia  ante  el  emperador 100°.  Algún  provecho  sacó  tam- 
bién la  Pentápolis  del  opúsculo  y  del  regalo. 


155 

A  DOMICIANO  ESCOLÁSTICO 1001 

Con  absoluta  claridad,  por  los  hechos  mismos,  he  com- 
prendido que  tu  admirable  1002  persona  se  alegra  al  hacer  el 
bien  y  desea  tender  la  mano  a  quienes  necesitan  ayuda.  Es 
por  esto  mismo  que  acudo  a  ti,  pensando  dirigir  (y  así  es  el 
dicho)  «el  caballo  a  la  llanura»  1003.  Y  es  ahora,  más  que 
nunca,  cuando  debes  demostrar,  querido  amigo,  tu  bondad, 
tanto  más  cuanto  más  compasión  merece  ahora  la  persona 


»'8  Cf.  //.  II  41. 

Cf.  Plutarco,  Charlas  de  sobremesa  738  f;  Ps.-Jámblico,  Teología 
aritmética  14  De  Falco. 

1000  El  opúsculo  A  Peonio.  Sobre  el  regalo,  escrito  en  el  399,  durante  su 
embajada  en  Constantinopla. 

1001  El  término  scholastikós  designa  ya  en  el  siglo  m  d.  C.  al  «asesor 
legal»  y,  propiamente,  al  «abogado»  a  partir  del  siglo  IV. 

1002  Cf.  n.  297. 

1003  Expresión  proverbial  ya  en  Luciano,  El  pescador  9  (y  cf.  Platón, 
Teeteto  183  d):  cf.  Corp.  Paroem.  Graec.  l  191,  12  (y  II  35,  4  ss.). 


300 


SINESIO  DE  CIRENE 


que  va  a  beneficiarse  de  ella.  Lo  cierto  es  que  se  trata  de  una 
mujer,  una  mujer  con  la  desgracia  de  ser  viuda  y  de  ahí  que 
10  comparta  con  su  hijo  huérfano  su  sufrimiento.  Quién  es  el 
que  la  ha  ofendido,  en  qué  y  cómo,  de  eso  ella  informará  a 
tu  excelencia'004.  Mira,  pues,  admirable  1005  amigo,  cómo 
socorrerla:  hazlo  porque  es  algo  que  está  bien  y  que  es  digno 
de  ti,  y  hazlo  también  por  mí.  Y  es  que,  además,  yo  tendré 
parte  contigo  en  lo  que  le  ocurra  a  ésta,  que  es  parienta  mía 
y  ha  sido  criada  entre  nosotros  de  forma  virtuosa  bajo  la 
autoridad  de  una  madre  honesta. 


156 

AL  MISMO 1006 


La  justicia  necesita  aliados  y  quienes  la  ayudan  podrían 
considerarse  dichosos  por  colaborar  con  aquello  que  es 
recto.  Eres  tú  a  quien  he  elegido  como  paladín  de  esta  causa, 
para  que  la  defiendas  con  tu  prudencia  y  tu  saber  hacer.  Lo 
mío  no  es  sino  ser  un  benefactor  para  todos  los  que  estén 
dentro  de  mis  posibilidades.  Dame  tú  el  punto  de  partida. 
Que  así  conocerás  una  amistad  de  la  que  ni  tú  vas  a  tener 
queja  ni  nadie  acaso  se  va  a  reír. 


1004  Kalokagathía  se  utiliza  como  tratamiento  a  partir  del  siglo  IV  d.  C: 
cf.,  por  ejemplo,  Eusebio,  Historia  eclesiástica  X  5,  10;  Atanasio,  Apología 
de  Constantino  32;  O'Callaghan,  Cartas...,  pág.  37,  carta  2,  6. 

"»s  Cf.  n.  297. 

ioo6  cf.  ia  n.  5  ¿e  nuestra  introducción  a  las  Cartas. 


DE  SINESIO  EL  FILÓSOFO 
A  DIÓSCORO 

ANOTACIONES  AL  LIBRO 
DE  DEMÓCRITO 


INTRODUCCIÓN 


De  acuerdo  con  la  tradición1,  el  filósofo  Demócrito 
viajó  por  Oriente  y  fue  discípulo  de  los  magos  persas  y 
caldeos2.  A  través  de  los  siglos  perduró  la  fama  de  su 
erudición,  que  abarcaba  las  ciencias  ocultas  de  los  sabios 
orientales.  Así,  se  le  llegaron  a  atribuir  ciertas  obras  sobre 
magia  y  alquimia3  del  «pitagórico»  (según  Suidas)  Bolo  de 
Mendes  (s.  III  a.  C.) 4  y  también  bajo  su  nombre  (Demócrito 
«el  mistagogo»)  circularon  algunos  tratados  del  s.  IV  de 
nuestra  era  sobre  esos  mismos  temas  (Physiká  kai  mystiká), 
cuya  cremación,  junto  con  la  de  otros  libros  similares,  fue 
ordenada  por  Diocleciano 5. 

1  Atestiguada,  por  ejemplo,  en  DiCgenes  Laercio,  IX  34  s. 

2  Clemente  de  Alejandría  (Stromateis  I  15,  69)  nos  da  información  al 
respecto  e  incluso  añade  el  dato  de  que  Demócrito  tradujo  «la  estela  de 
Ajicar»:  cf.  A.  DfEz  Macho  (dir.),  Apócrifos  del  Antiguo  Testamento  III, 
Madrid,  1982,  pág.  172. 

3  Cf.  Demócrito,  Fr.  300  Diels-Kranz. 

4  Bolo  Democriteo  o  Bolo  Demócrito,  como  él  se  hacía  llamar. 

5  Cf.  Juan  de  Antioquía,  Fr.  165  Müller  (cit.  en  L.  Gil,  Censura  en 
el  mundo  antiguo,  Madrid,  1985,  pág.  228,  n.  7). 


304 


SINESIO  DE  CIRENE 


El  escrito  alquímico  fragmentario  que  aquí  presentamos 
(Synesíou  philosóphou  pros  Dióskoron  eis  ten  bíblon  Dé- 
mokrítou,  hos  en  scholíois),  de  autenticidad  discutible,  incluye 
una  introducción  y  un  prólogo  en  forma  de  diálogo  platónico 
entre  Sinesio  el  filósofo6  y  Dióscoro  (sacerdote  de  Sarapis 
en  Alejandría),  a  quien  nuestro  autor,  supuestamente,  dirige 
estas  líneas  en  respuesta  a  una  carta.  No  conservamos  las 
anotaciones  a  la  obra  del  Pseudo-Demócrito  (esos  Physika 
kal  mystiká  ya  mencionados)  con  las  que  continuaba  este 
escrito,  según  las  palabras  que  leemos  al  final:  «Con  la 
ayuda  de  Dios  empezaré  mi  comentario». 

El  texto  que,  con  levísimas  variaciones,  sigue  GARZYA 
(ed.  1989,  págs.  801-821)  y  que  nosotros  traducimos  es  el  de 
M.  BERTHELOT,  Collection  des  anciens  alchimistes  grecs, 
avec  la  collaboration  de  Ch.-EM.  Ruelle,  II,  París,  1887, 
págs.  56-69. 


6  Con  este  nombre,  «Sinesio  el  filósofo»,  se  nos  han  transmitido  dos 
epigramas  de  la  Antología  Planudea,  el  76  y  el  79  (el  267  de  esta  misma 
colección  se  le  asigna  a  Sinesio  «el  escolástico»).  El  79  no  es  sino  el 
hexámetro  que  podemos  leer  en  la  Carla  75.  El  76,  de  dudosa  autenticidad, 
consiste  también  en  un  solo  hexámetro  y  parece  ser  una  inscripción  que  se 
encontraría  al  pie  de  un  grupo  escultórico): 

Los  tres  Tindáridas,  Castor,  Helena,  Polideuces. 


DE  SINESIO  EL  FILÓSOFO  A  DIÓSCORO 
ANOTACIONES  AL  LIBRO  DE  DEMÓCRITO 


SINOPSIS 


Introducción,  I-II. — Palabras  del  filósofo:  plantas,  métodos, 
nomenclatura,  sólidos  y  líquidos,  III-V.  —  La  transmutación, 
VI. — Los  dos  catálogos.  El  mercurio,  VII. — El  mercurio,  VIII- 
XI.  —  Otras  substancias,  XII-XIV.  —  Explicación  de  diversas  ex- 
presiones anteriores,  XV-XVIII. 

Sinesio  el  filósofo,  con  el  beneplácito  de  Dios,  saluda1  a 
Dióscoro,  sacerdote  del  gran  Sarapis2  en  Alejandría. 

I.  La  carta  que  tú  me  enviaste  acerca  del  libro  del 
divino  Demócrito3  no  la  dejé  olvidada,  sino  que  me  he 


1  Con  la  fórmula  usual  en  las  cartas  griegas,  chaírein  («alégrate»). 

2  Sarapis  o  Serapis,  dios  egipcio  identificado  con  Zeus,  Hades,  Dioniso 
o  Asclepio:  cf.  Plutarco,  Sobre  Isis  y  Osiris  361  e  ss. 

3  Los  Physiká  km  mystiká  del  Pseüdo-Demócrito  mencionados  en  la 
introducción. 


306 


SINESIO  DE  CIRENE 


puesto  a  prueba  a  mí  mismo  con  mucho  empeño  y  esfuerzo 
y  he  corrido  a  contestarte.  Pues  bien,  lo  que  por  el  momento 
nos  proponemos  es  decir  quién  era  aquel  hombre,  el  filósofo 
Demócrito,  que  vino  de  Abdera,  un  naturalista 4  que  investigó 
todo  lo  relativo  a  la  naturaleza  y  escribió  sobre  la  realidad 
natural. 

Abdera  es  una  ciudad  de  Tracia  y  él  fue  un  hombre 
cultísimo  que  vino  de  allí  y  en  Egipto  se  inició  en  los  misterios 
del  gran  Ostanes5  en  el  santuario  de  Menfis,  al  igual  que 
todos  los  sacerdotes  egipcios.  De  éste  tomó  Demócrito  su 
punto  de  partida  y  escribió  cuatro  libros  de  tinturas 6:  sobre 
el  oro,  la  plata,  las  piedras  y  la  púrpura.  Con  lo  de  «tomó  su 
punto  de  partida»  quiero  decir  que  los  escribió  partiendo  de 
las  ideas  del  gran  Ostanes.  Y  es  que  fue  éste  el  primero  que 
en  sus  escritos  enunció:  «la  naturaleza  se  deleita  con  la 
naturaleza»,  «la  naturaleza  domina  a  la  naturaleza»,  «la 
naturaleza  vence  a  la  naturaleza»7,  etcétera. 


4  Un  physikós,  como  son  denominados  los  filósofos  jonios  y  otros 
presocráticos:  cf.  Aristóteles,  Física  184  b  17,  etc. 

5  Uno  de  los  tres  magos  iranios  (junto  con  Zoroastro  e  Histaspes):  cf. 
Taciano,  Discurso  contra  los  griegos  17,  1.  Fue  un  teólogo  de  la  corte  de 
Jerjes  (Hostanes  en  Apuleyo,  Apología  90,  y  Oslhanes  en  Punió,  Historia 
Natural  XVIIII,  XXX,  etc.)  que  pasó  por  autor  de  tratados  mágicos  y 
religiosos  y  libros  de  adivinación  y  alquimia  de  siglos  posteriores.  De  la 
cremación  de  gran  parte  de  estos  escritos  en  el  siglos  v  (ca.  488)  nos  informa 
Zacarías  el.  Escolástico  en  su  Vida  de  Severo  de  Antioquía.  Sobre  este 
personaje,  cf.  K.  Preisendanz,  «Ostanes»,  RE  182  (1942),  1610  ss. 

6  Los  Physika  kai  mystiká  del  Pseudo-Demócrito  contienen  pasajes  y 
fragmentos  que  tocan  las  materias  tratadas  en  el  primero,  el  segundo  y  el 
cuarto  de  los  cuatro  libros  aquí  citados  sobre  «tinturas»  (Bíblous  téssaras 
baphikás)  o  baños  de  diversas  sustancias.  Para  el  tema  del  tercero  hemos  de 
recurrir  a  un  tratado  alquímico  que  se  nos  ha  transmitido  sobre  la  fabricación 
del  vidrio  y  las  piedras  preciosas:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  803,  n.  3. 

7  Pseudo-Demócrito,  Fr.  17  Diels-Kranz.  Cf.,  también,  la  obra  as- 


A  DIÓSCORO 


307 


II.  Pues  bien,  nosotros  debemos  seguir  las  huellas  del 
filósofo 8  y  conocer  cuál  era  su  pensamiento  y  cuál  el  orden 
propio  de  su  evolución.  Que  él,  en  efecto,  compuso  dos 
catálogos,  del  blanco  y  del  amarillo9,  eso  está  claro  para 
nosotros.  Primero  catalogó  los  sólidos  y  luego  los  líquidos, 
o  sea  lo  acuoso,  aunque  ninguno  de  estos  últimos10  tiene 
utilidad  en  el  Arte  Y  él  mismo  lo  atestigua  cuando,  acerca 
de  Ostanes,  dice  que  este  hombre  no  empleaba  las  capas 
aplicadas  por  los  egipcios  ni  sus  cocciones,  sino  que  untaba 
exteriormente  la  substancias  y,  por  la  acción  del  fuego, 
conseguía  que  el  preparado  penetrara12.  Afirmó  también 
que  era  costumbre  de  los  persas  hacerlo  así.  Lo  que  dice  es 
lo  siguiente:  «Si  no  reduces  las  substancias  hasta  lo  más 
sutil13,  ni  las  analizas,  ni  las  deshidratas,  no  obtendrás 
nada». 

III.  Pues  bien,  vayamos  a  las  palabras  de  nuestro  hom- 
bre y  oigamos  lo  que  él  dice.  Entre  otras  cosas,  se  habla 
también  del  rapóntico14.  Observa  qué  gran  perspicacia  la 
suya:  aludió  a  la  planta  para  indicar  la  flor15,  pues  las 


trológica  (s.  n  a.  C.)  transmitida  bajo  los  nombres  de  Nequepso-Petosiris 
(Fr.  28,  4  RlESS). 

8  Demócrito,  el  filósofo  por  antonomasia  en  los  textos  alquímicos. 

9  De  la  tintura  de  plata  y  de  oro. 

10  Puede  traerse  a  colación  el  hecho  de  que  el  término  «elixir»  («piedra 
filosofal»)  procede,  a  través  del  bajo  latín,  del  árabe  al-'ikslr,  «medicamento 
seco,  polvo  para  transmutar  los  metales,  piedra  filosofal»:  cf.  gr.  xerón 
(«seco»)  /  xéríon  («polvos  curativos  para  las  heridas»). 

11  También  por  antonomasia,  la  alquimia. 

12  Para  estos  procedimientos  distintos,  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  804, 
n.  7. 

13  Lo  más  puro  y  fino,  la  «quinta  esencia». 

14  Póntion  rhá:  rapóntico,  ruipóntico  o  ruibarbo  póntico. 

15  Es  decir,  el  color  o  tinte:  cf.,  abajo,  n.  26. 


308 


SINESIO  DE  CIRENE 


plantas  producen  las  flores.  Y  mencionó  también  el  rapóntico 
en  cuanto  que  el  Ponto 16  se  surte  del  agua  de  los  ríos  y  todos 
los  ríos  desaguan  en  él ".  Así  pues,  con  dejarnos  esto  muy 
claro,  nos  está  significando  la  deshidratación,  el  oscureci- 
miento 18  y  la  reducción  hasta  lo  más  sutil  de  los  cuerpos,  o 
sea  de  las  substancias. 

III  bis.  Dice  Dióscoro:  «¿Y  cómo  pudo  afirmar  que  se 
nos  ha  impuesto  el  juramento  de  no  revelárselo  a  nadie 
abiertamente?» 

— Bien  dijo  lo  de  «a  nadie»,  esto  es,  a  nadie  de  los  no 
iniciados.  Y  es  que  lo  de  «a  nadie»  no  se  refiere  a  cualquiera, 
pues  él  mismo,  cuando  habló,  lo  hizo  para  los  que  estaban 
iniciados  y  tenían,  por  tanto,  ejercitada  su  mente. 

IV.  Fíjate,  ahora,  en  lo  que  dijo  en  la  introducción  de 
la  Crisopeya19:  «Mercurio  obtenido  del  cinabrio20,  criso- 
cola21». 

Dióscoro.— ¿También  hay  necesiddad  de  estas  subs- 
tancias? 

SINESIO.  —  No,  Dióscoro. 

DIÓSCORO.  —  ¿De  cuál,  pues,  hay  necesidad? 

— Ya  lo  has  oído,  pero  óyelo  otra  vez.  El  análisis  de  los 
cuerpos  tiene  como  fin  el  que  tú  los  analices  y  los  hagas 

16  Nótese  el  juego  de  palabras  entre  Póntion  (rhá)  y  Pontos  (Ponto 
Euxino)  /  pontos. 

17  Intentamos  mantener  la  repetición  de  términos  del  original. 

18  La  oxidación  o  sulfuración. 

19  O  Fabricación  de  oro:  cf„  abajo,  caps.  IV,  VII,  XVI,  XVIII. 

20  El  cinabrio  es  sulfuro  de  mercurio  y  constituye  la  principal  mena  de 
este  metal. 

21  En  los  textos  griegos  y  latinos  el  término  chrysókolla  (de  chrysós, 
«oro»  y  kolláó,  «soldar  metales»),  lat.  chrysocolla,  designa  la  malaquita  o 
el  bórax  (utilizado  para  facilitar  la  soldadura  de  los  metales). 


A  DIÓSCORO 


309 


líquidos,  para  que  puedan  fluir,  oscurecerse 22  y  ser  reducidos 
hasta  lo  más  sutil.  Esto  es  lo  que  se  llama  agua  divina23,  y 
mercurio  y  crisocola  y  azufre  natural.  Existen  también  otras 
cuantas  denominaciones:  el  emblanquecimiento  es  calcinación 
y  la  tintura  en  amarillo  regeneración  por  el  fuego.  Unas 
substancias,  en  efecto,  se  calcinan  a  sí  mismas  y  otras  se 
regeneran  a  sí  mismas  por  el  fuego.  El  filósofo  usa  muchos 
nombres 24  para  llamarlas,  unas  veces  en  singular  y  otras  en 
plural,  a  fin  de  ejercitarnos  y  ver  si  somos  inteligentes.  Y  es 
que  más  abajo  dice  así:  «Si  eres  inteligente  y  obras  como  está 
escrito,  serás  dichoso,  pues  con  este  método  vencerás  la 
pobreza,  ese  mal  incurable».  Es  así  como  nos  desvía  y  nos 
aparta  del  vano  error,  hasta  el  punto  de  librarnos  de  esa 
imagen  aparente  de  la  materia  múltiple25. 

Atiende  a  lo  que  dijo  en  la  introducción  del  libro:  «Tam- 
bién yo  he  venido  a  Egipto  para  traer  las  cuestiones  naturales, 
de  modo  que  desdeñéis  la  materia  múltiple».  «Naturales» 
llama  a  los  cuerpos  sólidos.  Y  es  que  si  éstos  no  son  disueltos 
por  análisis  y  de  nuevo  se  solidifican,  no  se  podría  llegar  a  la 
consumación  de  la  tarea. 


22  Cf.,  arriba,  n.  18. 

23  Hydór  theton,  que,  además  de  «agua  divina»  (adjetivo  thetos)  podría 
significar  «agua-azufre»  (sustantivo  theton):  cf.,  a  continuación,  theton 
ápyron  (literalmente,  «azufre  no  fundido,  sin  acendrar»,  es  decir,  en  estado 
natural).  Quizá  el  autor  esté  jugando  con  los  dos  sentidos. 

24  Alusión  a  la  nomenclatura  mística  desconocida  para  los  no  iniciados. 
Cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  807,  n.  14,  donde  se  dan  varios  ejemplos 
(cinabrio  =  vapor  sublimado  de  mercurio;  goma  =  yema  de  huevo;  cad- 
mía =  magnesia,  etc.). 

25  Tés  polyflou  phantasías:  «dallímmaginazione  della  pluralitá  delle 
materie»  (Garzya). 


310 


SINESIO  DE  CIRENE 


V.  Mira  cómo  se  expresó  para  que  comprendiéramos 
que  lo  acuoso  se  saca  de  lo  sólido,  o  sea  la  flor26:  «Lo 
contenido  en  los  líquidos,  azafrán  cilicio  y  aristoloquia», 
etcétera.  Al  referirse  de  tal  manera  a  las  flores  nos  demostró 
que  lo  acuoso  se  saca  de  lo  sólido.  Y,  para  convencernos  de 
que  esto  es  así,  después  de  haber  dicho  «orina  incorrupta» 11 , 
añadió  «agua  de  cal  viva28,  agua  de  potasa2',  agua  de  hez30 
y  agua  de  alumbre»,  y  al  final  dijo  «leche  de  perra».  Para 
nosotros  está  claro  que  todo  esto  se  tomó  del  acervo  común, 
pues  entre  los  disolventes  de  los  cuerpos  agregó  el  agua  de 
natrón  y  el  agua  de  hez.  Mira  cómo  se  expresó:  «Éste  es  el 
asunto  tratado  por  la  Crisopeya,  ésas  son  las  substancias 
que  transforman31  la  materia  y  consiguen  los  metales  y 
producen  los  cuerpos  resistentes  al  fuego.  Y  es  que  fuera  de 
esto  no  hay  nada  seguro.  Así  pues,  si  eres  inteligente  y  obras 
como  está  escrito,  serás  dichoso». 

VI.  DlóSC. —  ¿Y  cómo  puedo  captarlo  con  mi  inteli- 
gencia, filósofo?  El  método  es  lo  que  quiero  aprender  de  ti. 
Pues,  en  el  caso  de  que  siga  lo  que  se  ha  dicho,  no  obtendré 
de  ello  provecho  alguno. 


26  El  término  ánthos  ya  tiene  el  sentido  de  «brillo»  o  «color»  en  Teognis, 
452;  Platón,  República  429  d,  etc.  En  los  textos  alquímicos  significa  a 
menudo,  concretamente,  la  tintura. 

27  Oüron  áphthoron  podría  traducirse  por  «orina  de  niño»  («pura»), 

28  Asbéstou  (se.  titánou):  literalmente  «de  (cal)  que  no  se  apaga».  Cf. 
también  la  expresión  titanos  zósa  (Aecio,  I  393). 

29  Spodokrámbés:  literalmente  «de  ceniza  de  col».  La  ceniza  de  com- 
bustibles vegetales  contiene  carbonato  de  potasio. 

30  El  crémor  tártaro. 

31  De  nuevo  existe  un  juego  de  palabras  entre  los  verbos  metalloióó  y 
metalleúó  (más  abajo). 


A  DIÓSCORO 


311 


— Escucha,  Dióscoro,  sus  palabras,  aguza  tu  intelecto  y 
fíjate  cómo  se  expresa:  «Transmuta  su  naturaleza,  pues  la 
naturaleza  está  dentro  escondida». 

— Sinesio,  ¿de  qué  transmutación  habla? 

— Habla  de  la  de  los  cuerpos n. 

— ¿Y  cómo  te  la  transmutaré?  ¿O  cómo  saco  la  naturaleza 
fuera? 

— Aguza  tu  intelecto,  Dióscoro,  y  atiende  a  cómo  se 
expresa.  Si,  en  efecto,  la  tratas  como  debes  hacerlo,  seguro 
que  sacas  la  naturaleza  fuera.  Tierra  de  Quíos 33 ,  «asterites» 34, 
cadmia35  blanca,  etcétera:  observa  qué  gran  perspicacia  la 
de  este  hombre,  cómo  todo  a  lo  que  aludió  era  blanco  para 
indicar  el  emblanquecimiento.  Pues  bien,  lo  que  él  quiere 
decir,  Dióscoro,  es  lo  siguiente:  mete  esos  cuerpos  en  mercurio 
y  límalos  muy  fino;  toma  luego  más  mercurio  — que  el 
mercurio  todo  lo  atrae  hacia  sí — ,  déjalo  que  se  macere 36  tres 
o  cuatro  días  y  mételo  en  una  caldera  colocada  sobre  un 
rescoldo  que  no  conserve  un  fuego  vivo  sino  lento,  que  es  la 
«cerotacís» 31 '.  Pues  bien,  mientras  el  fuego  actúa  se  le  adapta 
a  la  caldera  un  instrumento  de  vidrio  con  forma  de  mamila, 
aplicado  por  la  parte  de  arriba,  pero  que  quede  con  la 
cabeza  hacia  abajo 38.  Y  el  agua  que  ascienda  por  esa  especie 

32  Se  sobreentiende  «metálicos». 

33  En  otros  textos  alquímicos  se  identifica  con  el  ocre: 

34  Piedra  preciosa  desconocida  (lat.  asterites,  asteria). 

35  Se  refiere  a  la  magnesia,  substancia  de  color  blanco. 

36  Traducimos  por  este  término  técnico  (al  igual  que  Garzya)  el  verbo 
péssó. 

37  La  kérotakís  es,  primeramente,  una  plancha  o  paleta  utilizada  por  los 
pintores  para  poder  emplear  en  caliente  los  colores  diluidos  en  cera  fundida 
en  una  técnica  similar  a  la  pintura  al  encausto. 

38  Se  trata  de  un  alambique. 


312 


SINESIO  DE  CIRENE 


de  mama,  recógela,  consérvala  y  haz  que  se  corrompa.  Esto 
es  lo  que  se  llama  agua  divina 39 .  En  ello  se  cifra  la  transmu- 
tación: por  este  procedimiento  puedes  sacar  fuera  la  natura- 
leza escondida  en  el  interior.  El  nombre  que  recibe  es  disolu- 
ción de  los  cuerpos.  Cuando  aquélla  se  corrompe,  su  nombre 
es  vinagre,  vino  rancio 40  u  otros  similares. 

VIL  Y  para  que  te  maravilles  de  la  sabiduría  de  este 
hombre,  observa  cómo  hizo  dos  catálogos,  de  la  Crisopeya 
y  de  la  Argiropeya,  y,  a  su  vez,  dos  líquidos,  uno  para  el 
amarillo  y  otro  para  el  blanco,  o  sea  para  el  oro  y  la  plata, 
y  llamó  al  catálogo  del  oro  Crisopeya  y  al  de  la  plata 
Argiropeya41. 

DlóSC.  —  Muy  bien  hablaste,  filósofo  Sinesio.  Mas,  ¿qué 
es  lo  primero  del  Arte,  tinturar  de  blanco  o  de  amarillo? 
Sin.  —  De  blanco  antes. 

DlóSC.  —  ¿Y  por  qué  se  refirió  primero  a  la  tintura  en 
amarillo? 

—Porque  el  oro  es  más  preciado  que  la  plata. 

—¿Y  así  debemos  hacerlo,  Sinesio? 

— No,  Dióscoro,  sino  ejercitar  nuestro  intelecto  y  nuestro 
espíritu.  De  este  modo  se  han  dispuesto  las  cosas,  escucha 
sus  palabras:  «Me  dirijo  a  vosotros  como  seres  inteligentes  y 
así  ejercito  vuestro  intelecto».  Y,  si  quieres  comprenderlo 
cabalmente,  atiende  al  hecho  de  que,  en  los  dos  catálogos, 
antes  que  nada  se  ha  colocado  el  mercurio,  tanto  en  el 
amarillo,  o  sea,  el  oro,  como  en  el  blanco,  o  sea  la  plata.  Y 
en  el  libro  del  oro  dijo:  «Mercurio  obtenido  del  cinabrio»; 


35  Cf.  capít.  IV  y  n.  23. 

40  Así  traducimos  oXnos  amendlos. 

41  Cf.  n.  6  y  capít.  II. 


A  DIÓSCORO 


313 


y  en  el  de  la  plata  dijo:  «Mercurio  obtenido  del  arsénico  y  la 
sandáraca» 42,  etcétera. 

VIII.  Dlósc. —  Entonces  el  mercurio  es  de  diversos 
tipos. 

Sin.  —  Sí,  es  de  diversos  tipos,  aun  siendo  uno  sólo. 

Dlósc.  —  Y,  si  es  uno  sólo,  ¿cómo  es  de  diversos  tipos? 

SIN.  —  Pues  sí,  hay  de  diversos  tipos  y  tiene  un  poder 
grandísimo.  ¿No  has  oído  decir  a  Hermes 43:  «La  miel  blanca44 
y  la  miel  amarilla»? 

DlóSC.  —  Sí,  lo  he  oído.  Pero  lo  que  quiero  aprender, 
Sinesio,  es  la  puesta  en  práctica,  enséñamela.  En  todo  caso, 
¿el  mercurio  puede  asumir  el  aspecto  de  todo? 

Sin.  —  Lo  has  captado,  Dióscoro.  Pues,  como  la  cera 
coge  el  color  que  se  le  aplica,  así  también  el  mercurio, 
filósofo,  lo  blanquea  todo  y  le  saca  a  todo  el  alma45,  lo  cuece 
refinándolo  y  lo  absorbe.  Estando,  entonces,  propiamente 
predispuesto  y  poseyendo  en  sí  mismo  el  principio  húmedo 
en  su  totalidad,  tras  experimentar  la  descomposición  puede 
cambiar  totalmente  los  colores  y  se  convierte  en  substancial, 
mientras  éstos  sólo  constituyen  cualidades  no  substanciales. 
O  mejor,  el  mercurio,  que  constituye  entonces  algo  no  subs- 
tancial, se  convierte  en  mordiente  por  los  tratamientos  em- 
pleados sobre  los  cuerpos  y  sus  materias46. 


42  Por  el  término  hydrárgyros  el  autor  entiende  tanto  el  mercurio  corrió 
el  arsénico  gris  o  metálico:  cf.  capít.  XVIII  y  ed.  Garzya,  1989,  pág.  809, 
n.  19.  La  sandáraca  es  el  rejalgar  o  sulfato  de  arsénico. 

43  Hermes  Trismegisto:  cf.  Dión  51  b. 

44  O  sea,  el  mercurio. 

45  La  substancia. 

46  Estas  nociones  siguen  de  cerca  las  ideas  del  Timeo  platónico:  cf.  ed. 
Garzya,  1989,  pág,  810  s.,  n.  21. 


314 


SINESIO  DE  CIRENE 


IX.  Dlósc.  —  ¿Y  cuáles  son  estos  cuerpos  y  sus  mate- 
rias? 

Sin.  —  La  tetrasomía47  y  sus  afines. 

Dlósc.  —  ¿Y  cuáles  son  sus  afines? 

Sin.  —  ¿Has  oído  decir  que  sus  materias  son  sus  almas? 

Dlósc. — Y,  entonces,  ¿las  materias  son  sus  almas? 

SIN.  —  Sí;  pues,  como  el  carpintero,  cuando  coge  madera 
y  hace  un  sillón  o  un  carro  o  cualquier  otra  cosa,  sólo 
trabaja  con  la  materia,  así  también  procede,  filósofo,  este 
Arte  cuando  divide  aquellos  cuerpos.  Escucha,  Dióscoro:  el 
cantero  alisa  la  piedra  o  la  corta,  con  el  fin  de  dejarla  lista 
para  su  empleo.  Igualmente,  también  el  carpintero  corta  la 
madera  y  la  alisa,  de  modo  que  se  convierta  en  un  sillón  o  un 
carro;  y  en  ninguna  otra  cosa  pone  el  artesano  su  cuidado 48 
sino  sólo  en  la  forma,  pues  ninguna  otra  cosa  tiene  sino 
madera.  Igualmente,  también  el  bronce  se  convierte  en  estatua 
o  anillo  o  cualquier  otro  objeto,  con  sólo  que  el  artesano 
ponga  su  cuidado  en  la  forma.  Es  así  como  también  el 
mercurio,  tratado  por  nosotros,  asume  cualquier  forma  y, 
una  vez  que  queda  fijado,  según  se  ha  dicho,  en  un  cuerpo 
constituido  por  la  aleación  de  los  cuatro  elementos  metálicos, 
permanece  firme  e  indeleble,  dominante  y  dominado.  Por 
eso,  también  Pibequio 49  hablaba  de  que  tenía  muchas  afini- 
dades. 

X.  Dlósc.  —  Bien  lo  has  resuelto,  filósofo.  Me  has  ins- 
truido, filósofo.  Pero,  en  efecto,  quiero  volver  a  las  palabras 


47  Aquí  no  se  trata  de  los  cuatro  elementos,  sino  de  los  cuatro  metales 
imperfectos:  cobre,  estaño,  hierro  y  plomo. 

48  El  autor  emplea  el  verbo  charízomai  («a  ninguna  otra  cosa  le  concede 
su  favor...»). 

49  Nada  seguro  sabemos  de  este  personaje.  Su  nombre  varía  en  los 
códices  («Pebiquio»,  «Epibequio»). 


A  DIÓSCORO 


315 


de  nuestro  hombre  y -conocer  desde  sus  rudimentos  lo  que  él 
ha  dicho  de  una  manera  ambigua.  «Mercurio  obtenido  de 
cinabrio»;  todo  tipo  de  mercurio,  entonces,  procede  de  cuer- 
pos metálicos.  Pero,  ¿no  mencionó  él  el  cinabrio  para  dejar 
claro  que  aquél  se  obtiene  del  cinabrio?  Y,  aun  así,  el  cinabrio 
es  mercurio  amarillo,  mientras  que  éste,  el  mercurio,  es 
blanco. 

Sin.  —  El  mercurio  es  blanco  en  acto  y  resulta  ser  amarillo 
en  potencia50. 

Diósc.  — ¿Acaso  no  decía  esto  el  filósofo:  «Oh,  natura- 
lezas celestiales,  creadoras  de  las  naturalezas  que,  gracias  a 
las  transmutaciones,  vencéis  a  las  naturalezas»? 

Sin.  —  Sí,  y  por  eso  ha  dicho:  «Si  no  hay  transmutación, 
es  imposible  que  se  produzca  lo  que  se  espera,  y  en  vano  se 
afanan  quienes  investigan  sobre  las  materias  si  no  indagan 
también  sobre  las  naturalezas  de  los  cuerpos  de  la  magnesia». 
Y  es  que  a  quienes  ponen  por  obra  y  por  escrito  estas 
mismas  palabras  les  está  permitido  hacer  la  configuración 
de  una  manera  u  otra51.  «Cuerpo  de  la  magnesia»,  en  efecto, 
ha  dicho,  o  sea  mezcla  de  substancias52,  y,  por  eso,  más 
abajo,  en  el  capítulo  introductorio  de  la  obra  sobre  la  fabri- 
cación del  oro53,  añadió:  «Toma  mercurio  y  fíjalo  con  el 
cuerpo  de  la  magnesia». 

XI.  Diósc. — ¿Es,  entonces,  el  mercurio  el  elemento 
más  preciado? 


50  Se  trata  del  mercurio  libre  y  del  mercurio  combinado:  cf.  ed.  Garzya, 
1989,  pág.  812,  n.  24. 

51  Schematizein: «...  é  lecito  configurare  indifferentemente  piü  soluzioni» 
(Garzya). 

52  Se  trata  de  una  aleación  de  varios  metales:  cf.  ed.  Garzya,  1989, 
págs.  812  s.,  n.  25. 

53  La  Crisopeya  arriba  mencionada. 


316 


SINESIO  DE  CIRENE 


Sin.  —  Sí,  pues  gracias  a  él  el  todo  se  disgrega  y  de  nuevo 
se  recompone  y  la  crisocola  o  «batraquio» 54  posibilita,  gra- 
dualmente, cada  uno  de  los  tratamientos.  Se  encuentra  tam- 
bién en  las  piedras  verdes. 

DlóSC  — ¿Y  qué  podría  ser  la  crisocola  o  «batraquio»? 
¿Cuál  sería  el  significado  de  «se  encuentra  también  en  las 
piedras  verdes»? 

SIN.  —  Preciso  es,  entonces,  que  nosotros  lo  indaguemos. 
Y  debemos,  antes  que  nada,  conocer  cuántas  son  las  propie- 
dades del  color  verde.  Vamos,  pues,  a  comenzar  hablando 
del  hombre;  que  el  hombre  es  el  más  preciado  de  todos  los 
seres  de  la  tierra.  En  efecto,  de  uno  que  está  pálido  décimos 
que  se  ha  puesto  verde  y  es  evidente  que,  como  el  ocre, 
cambia  su  aspecto,  que  pasa  a  ser  dorado 55.  Y  aún  más  sirve 
de  ejemplo  la  cáscara  del  limón,  que  tiene  el  aspecto  del 
amarillo  pálido.  Más  abajo  el  autor  se  ha  referido  también 
al  «arsénico  amarillo» 5S,  para  indicar  el  aspecto  de  ese  color 
pálido. 

XII.  Para  que  veas  con  qué  gran  perspicacia  ha  dicho 
particularmente  esto,  presta  atención  a  cómo  se  expresa:  «El 
mercurio  obtenido  del  cinabrio  es  el  cuerpo  metálico  de  la 
magnesia».  Luego  añade  la  crisocola,  el  claudiano57  y  el 

54  Para  la  crisocola,  cf.,  arriba,  n.  21.  El  batráchion  (que  como  planta 
es  el  ranúnculo)  recibe  este  nombre  por  su  color  verde  similar  al  de  la  rañá 
(bátrachos)  y  suele  ser  identificado  también  con  la  malaquita. 

55  Así  se  quiere  explicar  el  hecho  de  que  la  malaquita,  con  su  color 
verde,  sirva  en  la  fabricación  del  oro  (cf.  óchriázó,  «ponerse  amarillo,  estar 
pálido»  /  óchra,  «ocre  amarillo»). 

56  El  oropimente. 

57  En  la  terminología  mística  de  la  alquimia  el  claudiano  es  un  elemento 
que  se  compone  de  diversos  integrantes:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  807,  n. 
14. 


A  DIÓSCORO 


317 


arsénico.  Introdujo  de  nuevo  el  nombre  de  lo  masculino58 
para  distinguirlo  de  las  substancias  femeninas:  después  del 
claudiano,  el  arsénico  amarillo,  poniendo  así  dos  nombres 
de  substancias  amarillas  femeninas  junto  a  dos  masculinas  a 
continuación 59 .  Es  necesario,  pues,  que  nosotros  investigue- 
mos y  veamos  qué  significa  esto.  Me  encuentro  algo  descon- 
certado, Dióscoro:  ahora  descomponen  el  oro,  luego  vuelve 
a  tomar  cadmia  y  luego  «androdamante» 60.  El  «androda- 
mante»  y  la  cadmia  son  secos  y  así  demuestra  él  la  sequedad 
de  los  cuerpos.  Y,  para  dejarlo  bien  claro,  añadió  alumbre 
descompuesto.  Mira  qué  gran  sabiduría  la  de  este  hombre, 
al  decir  alumbre  descompuesto,  para  que  incluso  las  personas 
sensatas 61  comprendieran  su  forma  de  enseñarles:  quizá  debía 
convencer  incluso  a  los  no  iniciados.  Y,  para  que  tu  certeza 
fuera  mayor  aún,  introdujo  inmediatamente  el  azufre  natu- 
ral62, que  es  el  azufre  no  calcinado  — al  todo,  o  sea  a  las 
especies  desecadas,  a  ese  todo  que  son  los  cuerpos  convertidos 
en  uno  sólo,  lo  llama  más  abajo  azufre  no  calcinado — ,  y  a 
continuación  se  añade  la  pirita  disuelta,  sin  confirmar  — de 
una  manera,  por  tanto,  imprecisa —  la  utilización  de  ninguno 
de  los  otros  cuerpos.  Queda  como  algo  seguro  el  hecho  de 
que  las  substancias  restantes  son  secas.  Y,  al  distinguirlas, 
pasando  de  las  secas  a  las  acuosas,  añade  el  minio63  del 
Ponto.  Minio  ha  dicho,  pero  del  Ponto.  Pues,  si  no  hubiera 


58  El  arsénico  es  lo  masculino  (cf.  arsénikon  /  ársen). 

59  El  mercurio  (cinabrio)  y  la  crisocola  junto  al  claudiano  y  el  arsénico. 

60  La  pirita,  ya  sea  la  amarilla,  la  arsenical  (mispiquel)  o  la  blanca 
(marcasita). 

61  Y  no  sólo  los  iniciados,  se  sobreentiende. 

62  Cf.,  arriba,  n.  23. 

63  La  sínopis  es  «la  tierra  de  Sinope»  (ciudad  de  Paflagonia,  en  el  Ponto 
Euxino),  el  minio  o  bermellón  (cf.  el  término  «sinopia»). 


318 


SINESIO  DE  CIRENE 


agregado  «del  Ponto»,  no  se  hubiera  hecho  entender64.  Para 
confirmarlo,  ha  añadido  agua  natural  de  azufre,  la  que  se 
obtiene  del  azufre  solo,  la  que  es  azufre. 

XIII.  DlóSC  — Bien  lo  has  resuelto,  filósofo,  pero 
atiende  a  cómo  se  ha  expresado:  «En  el  caso  de  que,  habién- 
dolo disuelto  con  cal  viva65,  ...». 

Sin.  —  Dióscoro,  no  prestas  atención.  La  cal  viva  es 
blanca  y  el  agua  que  de  ésta  sale,  la  que  de  ella  se  obtiene,  es 
blanca  y  áspera;  y  el  azufre,  con  el  humo  producto  de  su 
calcinación,  blanquea.  Así  pues,  por  mor  de  la  claridad  ha 
introducido  de  inmediato  el  vapor  de  azufre.  ¿No  nos  lo  ha 
dejado  patente? 

DlóSC.  —  Sí,  bien  has  hablado.  Y,  a  continuación,  sóri66 
amarillo,  vitriolo67  amarillo  y  cinabrio68. 

Sin.  —  ¿Amarillos  el  sóri  y  el  vitriolo69?  ¿Cómo?  Tú  no 
ignoras  que  son  verdes.  Él  lo  ha  dicho  así,  entonces,  para 
insinuar  la  reducción70  del  cobre  al  estado  metálico  o  su 
búsqueda,  o,  más  bien,  la  del  Todo 71  a  partir  de  la  coloración. 
Y,  para  confirmarlo  de  nuevo,  al  final  agregó:  «Tras  quitar, 


64  Cf.,  arriba,  n.  16. 

65  Cf.,  arriba,  n.  28. 

66  El  sori  es  quizá  la  melanterita  o  melanteria  (hidrosulfato  natural  de 
hierro). 

67  O  caparrosa.  El  chálkanthon  es  sulfato  de  cobre. 

68  Como  variante  de  los  manuscritos,  en  vez  de  «cinabrio»  tenemos  «sal 
amoniacal». 

69  Por  oxidación  en  contacto  con  el  aire  su  color  se  convierte  en 
amarillo:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  816,  n.  35. 

70  El  término  técnico  es  exíosis.  Por  «búsqueda»  traducimos  exkhneusis 
(«indagación,  rastreo»). 

71  De  esta  oscura  manera  parece  que  se  da  a  entender  «la  materia  prima 
de  las  transmutaciones  metálicas  (propiamente  el  'molibdocalco'  o  el  metal 
de  la  magnesia)»:  ed.  Garzya,  1989,  pág.  817,  n.  36. 


A  DIÓSCORO 


319 


pues,  el  orín  — lo  que  se  llama  la  'reducción' —  y  una  vez  que 
se  han  aplicado  entonces  los  líquidos,  se  produce  la  tintura 
permanente  en  amarillo».  Y  es  aquí,  en  realidad,  donde  se 
demuestra  la  abundancia  de  recursos  de  nuestro  hombre. 

XIV.  Mira,  pues,  cómo  organizó  de  inmediato  la  expli- 
cación al  hacer  uso  de  ella  y  decir:  «Las  substancias  de  los 
líquidos  son  éstas:  azafrán  cilicio,  aristoloquia,  ñor  de  cártamo 
y  flor  de  murajes,  los  que  tienen  la  flor  azul».  ¿Qué  más 
podía  decir  o  enumerar,  para  convencernos72,  sino  flor  de 
murajes?  En  efecto,  asómbrate  conmigo:  no  dijo  sólo  «de  mu- 
rajes», sino  también  «flor».  Con  «murajes»  nos  indica  el 
hecho  de  ascender 73  el  agua  y,  con  «flor»,  el  de  ascender  las 
almas  de  estas  plantas,  o  sea  sus  espíritus 74.  Y  es  que,  si  esto 
no  es  así,  no  hay  nada  seguro  y  los  desdichados  que  en  vano 
se  aventuran  para  su  mal  en  los  vaivenes  de  este  piélago, 
expuestos  a  muchas  y  penosas  fatigas,  quedarán  frustados. 

XV.  DlóSC.  —  ¿Y  por  qué  este  pródigo  filósofo  y  buen 
maestro  introdujo  el  rapóntico? 

SIN.  —  Mira  qué  abundancia  de  recursos  la  de  este  hom- 
bre. Se  refirió  propiamente  al  ruibarbo  y,  para  convencernos, 
introdujo  «póntico».  Pues,  ¿qué  filósofo  no  sabe  que  el 


72  Literalmente:  «para  convencer  a  nuestros  corazones». 

73  Tenemos  aquí  un  nuevo  juego  de  palabras  entre  el  término  anagallts 
(«murajes»)  y  el  verbo  anágó  (con  anagógé  se  designa  la  «destilación»  o 
«sublimación»). 

74  Con  pneüma  (las  materias  volátiles)  se  designa  tanto  lo  que  se  da  en 
llamar  la  «flor»  de  los  metales  (la  parte  mas  sutil  de  ellos  que,  por  sublimación 
o  destilación,  queda  en  lo  más  alto  del  alambique),  como  el  «alma»  de  las 
plantas.  Existen,  además,  en  el  pasaje  ciertos  ecos  de  las  ideas  neoplatónicas 
sobre  la  ascensión  y  caída  de  las  almas:  cf.  ed.  Garzya,  1989,  pág.  817,  n. 
37. 


320 


SINESIO  DE  CIRENE 


Ponto 75  se  surte  de  los  ríos  que  por  todas  partes  lo  rodean 
con  sus  aguas? 

DlóSC — Verdad  es,  Sinesio,  lo  que  has  expresado  y 
hoy  me  has  henchido  de  gozo  el  alma.  Y  es  que  éstas  no  son 
cosas  mediocres.  Ahora  te  pido  que  me  instruyas  en  una 
cosa  más.  ¿Por  qué  arriba  dijo  «vitriolo  amarillo»  y  aquí,  de 
una  manera  imprecisa,  añadió  «con  el  vitriolo  azul»? 

SIN.  —  Pues  estos  términos,  Dióscoro,  indican  las  flores, 
que  resultan  ser  de  color  verde  amarillento.  Por  tanto,  dado 
que  el  agua  que  va  subiendo 76  necesita  solidificarse,  él  añadió 
de  inmediato  «goma  de  acanto».  Luego  añade  «orina  inco- 
rrupta, agua  de  cal  viva,  agua  de  potasa,  agua  de  alumbre, 
agua  de  natrón,  agua  de  arsénico  y  de  azufre 77».  Mira  cómo 
mencionó  todas  las  substancias  capaces  de  disolver  y  las  que 
pueden  producir  la  dispersión,  con  el  propósito  evidente  de 
instruirnos  en  lo  relativo  al  análisis  de  los  cuerpos  metálicos. 

XVI.  DlóSC.  —  Sí,  has  dicho  bien.  ¿Y  cómo  es  que  al 
final  ha  dicho  «leche  de  perra»?  ¿Para  demostrarte  que  el 
Todo  se  saca  de  lo  común78? 

Sin.  —  Realmente  lo  has  entendido,  Dióscoro.  Pero 
atiende  a  cómo  se  expresa:  «Éste  es  el  asunto  tratado  por  la 
Crisopeya». 

DlóSC. — ¿Cuál  es  el  asunto? 

SIN.  — ¿Quién  no  sabe  que  todas  las  cosas  son  volátiles 79? 
Y  es  que  ni  la  leche 80  de  asna  ni  la  leche  de  perra  pueden 


75  Cf„  arriba,  n.  16. 

76  Por  destilación. 

77  Cf.,  arriba,  cap.  V. 

78  Juego  de  palabras  entre  kynós  («de  perra»)  y  koinós  («común»; 
pronunciado  kinós). 

79  El  término  griego  es  pheuktá. 

80  «Leche»  con  el  sentido  simbólico  frecuente  en  el  lenguaje  de  los 


A  DIÓSCORO 


321 


resistir  el  fuego;  pues  la  leche  de  asna,  si  la  dejas  depositada 
en  un  lugar  durante  el  suficiente  número  de  días,  se  evapora. 

Dlósc.  —  ¿Y  qué  quiere  decir  lo  de:  «Ésas  son  las  subs- 
tancias que  transforman  la  materia  y  ésas  las  que  producen 
cuerpos  resistentes  al  fuego,  siendo  éstos,  como  son,  volátiles»; 
y  lo  de:  «Fuera  de  esto  no  hay  nada  seguro81»? 

Sin.  —  Lo  dice  para  que  los  desdichados 82  crean  que  esto 
es  verdad.  Pero  escucha  qué  palabras  añade  más  adelante: 
"Si  eres  inteligente  y  obras  como  está  escrito  (en  vez  de:  «Si 
eres  sabio  y  decides  con  discernimiento  el  cálculo  tal  como 
debe  emplearse»),  serás  dichoso». 

DlóSC.  — ¿Y  qué  dijo  en  otro  lugar? 

SIN.  —  «Os  hablo  a  vosotros  que  tenéis  sentido.  Es  preciso, 
pues,  que  nosotros  ejercitemos  nuestros  espíritus 83  y  que  no 
seamos  engañados,  a  fin  de  poder  escapar  al  incurable  mal 
de  la  pobreza  y  no  seamos  vencidos  por  ella  ni  caigamos 
para  nuestro  infortunio  en  esa  pobreza  huera,  quedándonos 
frustrados.  Debemos  ejercitar  nuestros  espíritus  y  aguzar  el 
intelecto». 

XVII.    Dlósc.  — ¿Y  por  qué  añade  «aplicar»? 
Sin.  —  No  está  hablando  de  lo  ya  dicho  antes 84,  sino  de 
lo  que  hay  que  entender85.  Él  vuelve,  pues,  a  decir  que  el 


misterios  egipcios  e  incluso  en  la  química  moderna:  cf.  ed.  Garzya,  1989, 
pág.  818  s.,  n.  41. 

81  Cf.,  arriba,  cap.  V. 

82  Así  se  alude  a  los  no  iniciados. 

83  En  el  texto  de  Berthelot:  «...  que  vosotros  ejercitéis  vuestros  espíri- 
tus...». 

84  Cf.,  arriba,  caps.  IV  y  VIL 

85  La  lectura  de  las  primeras  palabras  varía  (Ou  dialégei  ta  prolegómeno): 
ou  diá  toülo  légei...  («no  dice  por  eso...»);  ou  diá  <phord>  légei<para>  ta 
prolegómeno  («no  dice  cosas  diferentes  de  las  ya  dichas»;  «no  se  contradice»). 
Seguimos  la  interpretación  de  Garzya  que  acepta  el  texto  de  Berthelot. 


322 


SINESIO  DE  CIRENE 


oro  se  trata  por  medio  del  coral  de  oro 86,  la  plata  por  medio 
del  oro,  el  cobre  por  medio  del  oro,  y  el  plomo  o  el  estaño 
por  medio  del  «molibdocalco» 87.  Mira  cómo  él  ha  hecho  que 
nosotros  subamos  los  escalones  del  Arte,  sin  pisar  en  falso  ni 
caer  en  el  abismo  de  la  ignorancia  respecto  de  todo  lo  que 
aquéllos 88  nos  señalaron.  Es  mucha,  en  efecto,  la  sabiduría 
de  este  hombre,  pues,  tras  haber  manifestado:  «Baste  con  lo 
dicho  sobre  el  asunto  propio  de  la  Crisopeya»,  añade  estas 
palabras:  «Bien,  a  continuación  expongamos  de  manera 
exhaustiva  el  tratado  sobre  la  Argiropeya»,  para  demostrarnos 
que  se  trata  de  dos  procedimientos  distintos,  que  la  argiropeya 
tiene  preferencia  y  primacía  sobre  todo  lo  demás  y  que  sin 
ésta  nada  se  podrá  conseguir. 

XVIII.  Escucha  lo  que  dice  además  aquí:  «El  mercurio 
obtenido  del  arsénico  o  del  azufre  o  del  albayalde  o  de  la 
magnesia  o  del  antimonio  itálico».  Arriba,  entonces,  en  la 
Crisopeya:  «Mercurio  obtenido  del  cinabrio»;  y  aquí:  «Mer- 
curio obtenido  del  arsénico  o  del  albayalde,  etcétera». 

DlóSC.  —  ¿Y  cómo  admite  que  el  albayalde  se  convierte 
en  mercurio? 

SIN.  —  Es  que  no  ha  dicho  que  saquemos  mercurio  del 
albayalde,  sino  que  sus  palabras  aluden  al  emblanquecimiento 
de  los  cuerpos,  o  sea,  a  su  retorno89.  Pues  aquí  habló  de 
todas  las  substancias  blancas  y  allí  de  las  amarillas,  para  que 


86  «Por  medio  de  la  aplicación»,  se  sobreentiende.  «Coral  de  oro»  es  un 
nombre  que  reciben  varios  metales  en  los  textos  alquímicos. 

87  Aleación  de  plomo  y  cobre. 

88  Los  maestros  alquimistas  de  antaño. 

89  Se  sobreentiende:  «a  una  forma  común».  El  término  griego  es  aná- 
kampsis,  que  parece  aludir  al  llamado  «mercurio  de  los  filósofos»  (materia 
prima  metálica)  o  a  una  aleación  que  recibe  el  hombre  de  asem:  el,  ed. 
Garzya,  1989,  pág.  820,  n.  45. 


A  DIÓSCORO 


323 


lo  comprendiéramos.  Mira  cómo  se  expresa:  «El  cuerpo 
metálico  de  la  magnesia  produce  coral  de  oro»;  y  aquí: 
«cuerpo  metálico  de  la  magnesia»,  el  de  la  magnesia  sólo  o 
del  antimonio  itálico. 

Baste  con  lo  que  brevemente  se  os  ha  dicho.  Lo  necesario 
es  ejercitar  de  antemano  el  intelecto  para  reconocer  la  acti- 
vidad de  la  naturaleza  respecto  de  todo  lo  que  se  lleva  a  cabo 
con  la  cooperación  de  Dios90.  Preciso  es,  en  efecto,  que 
vosotros  sepáis  que,  primero,  se  debe  macerar  las  especies  y 
conseguir,  mediante  fusiones,  que  las  de  color  semejante 
alcancen  una  sola  coloración.  Los  dos  mercurios 91  se  con- 
vierten así  en  substancias  mercuriales  y  luego  se  separan  en 
la  descomposición. 

Con  la  ayuda  de  Dios  empezaré  mi  comentario 92 . 


90  Podrían  rastrearse  aquí  ciertas  ideas  neoplatonizantes:  cf.  ed.  Garzya, 
1989,  pág.  820,  n.  46. 

91  Hydrargyrízontai:  «I  due  mercuri  esercitano  cosi  la  loro  azione  mer- 
curizzante»  (Garzya).  Cf.,  arriba,  n.  42. 

52  Cf.  la  introducción  al  tratado. 


ÍNDICE  DE  DESTINATARIOS 
DE  LAS  CARTAS 


Se  indica  el  número  de  la  carta. 


A  un  amigo:  38. 

Anastasio:  22,  40,  48,  79. 

Anisio:  6,  14,  34,  59,  77,  78,  94. 

Asclepiódoto:  126. 

Atanasio:  121. 

Aureliano:  31,  35,  47. 

Auxencio:  60,  117. 

Cirilo:  12. 

Cledonio:  39. 

Constante:  27. 

Crises:  83. 

Diógenes:  20,  23. 

Domiciano:  155,  156. 

Evoptio:  3,  5,  8,  18,  32,  33,  36, 
45,  52-58,  65,  82,  84-87,  89, 
92, 95, 104-111,113,114, 120, 
122,  125,  127,  132,  135,  136. 

Al  gobernador:  21. 


Heliodoro:  17,  25,  116. 
Herculiano:  137-146. 
A  su  hermana:  7. 
Herodes:  19. 
Hesiquio:  93. 

Hipatia:  10,  15,  16,  46,  81,  124, 
154. 

Juan:  2,  43,  63,  64. 

Juan,  amigo  de  Sinesio:  147. 

A  un  magistrado:  62. 

Martirio:  19. 

Nicandro:  1,  75. 

A  un  obispo:  128. 

A  los  obispos:  41,  42,  72. 

Olimpio:  44,  96-99,  133,  148, 

149. 
Pedro:  13. 


326 


SINESIO  DE  CIRENE 


Pentadio:  29,  30. 

Pilémenes:  50,  61,  71,  74,  88, 

100-103,  129,  131,  134,  150- 

153. 

A  los  presbíteros:  4,  11. 
Proclo:  70. 

Simplicio:  24,  28,  130. 


Teodoro  (quiza  Teodosio):  7; 

(médico)  115. 
Teófilo:  9,  66-69,  76,  80,  90. 
Teotimo:  49,  51. 
Trifón:  119. 

Troilo:  26, 73,91,112,118, 123. 
Uranio:  37. 


INDICE  DE  CONCEPTOS  INCLUIDOS 
EN  A  DIOS  CORO 


Se  indica  el  capítulo.  Se  emplean  paréntesis  cuando  no  se  trata 
de  menciones  expresas,  así  como  para  remitir  a  las  notas  aclarato- 
rias. 


Agua  de  alumbre:  V,  XV. 
Agua  de  arsénico:  XV. 
Agua  de  azufre:  XII,  XV. 
Agua  de  cal  viva:  V,  XV. 
Agua  de  hez:  V. 
Agua  de  natrón:  V,  XV. 
Agua  de  potasa:  V,  XV. 
Agua  divina:  IV,  VI. 
(Alambique):  VI  (n.  38), 
Albayalde:  XVIII. 
Aleación:  IX. 

Alma:  VIII,  IX,  XIV  (n.  74). 

Alumbre:  V,  XII. 

Amarillo:  II,  IV,  VII,  XI,  XIII, 

XVIII. 
«Androdamante»:  XII. 


Antimonio  itálico:  XVIII. 
Argiropeya:  VII,  XVII. 
Aristoloquia:  V,  XIV. 
Arsénico:  VII,  XI,  XII,  XVIII. 
Arte  (alquimia):  II,  VII,  IX, 

XVII. 
«Asterites»:  VI. 
Azafrán  cilicio:  V,  XIV. 
Azufre:  IV,  XII,  XIII,  XVIII. 

«Batraquio»:  XI. 

Blanco:  II,  VI,  VII,  XVIII. 

Cadmia:  VI,  XII. 
Cal  viva:  XIII. 
Cártamo:  XIV. 


328 


SINESIO  DE  CIRENE 


Cera:  VIII. 

«Cerotacís»:  VI. 

Cinabrio:  IV,  VII,  X,  XII,  XIII, 

XVIII. 
Claudiano:  XII. 
Cobre:  XIII,  XVII. 
Cocciones,  cocer:  II,  VIII. 
Color,  coloración:  VIII,  XI, 

XIII,  XV,  XVIII. 
Coral  de  oro:  XVII,  XVIII. 
Crisocola:  IV,  X,  XII. 
Crisopeya:  I,  V,  VII,  (X),  XVI, 

XVII,  XVIII. 

Deshidratación,  deshidratar:  II, 
III. 

Disolución,  disolventes,  disolver: 
V,  VI,  XV. 

Estaño:  XVII. 

Flor:  III,  V  (n.  26),  XIV  (n.  74), 
XV. 

Goma  de  acanto:  XV. 

Leche  de  asna:  XVI. 
Leche  de  perra:  V,  XVI. 
Líquidos:  I,  IV,  V,  VIII,  IX, 
XIII,  XIV. 

Macerar:  VI,  XVIII. 
Magnesia:  X,  XII,  XVIII. 
Materia:  IV,  V,  VIII,  X,  XVI. 
Mercurio:  IV,  VI-XII,  XVIII. 


(Mercurio   de  los  filósofos): 

XVIII  (n.  89). 
Metales:  V,  IX,  X,  XII,  XV, 

XVIII. 
Miel:  VIII. 
Minio:  XII. 
«Molibdocalco»:  XVII. 
Mordiente:  VIII. 
Murajes:  XIV. 

Ocre:  XI. 

Orina  incorrupta:  V,  XV. 
Orín:  XIII. 

Oro:  I,  VII,  XII,  XVII. 
(Oxidación):  III  (n.  18),  IV. 

Piedras:  I,  XI. 
Pirita:  XII. 
Plata:  I,  VII,  XVII. 
Plomo:  XVII. 
Púrpura:  I. 

(Quinta  esencia):  II  (n.  13),  IV. 

Rapóntico:  III,  XV. 
Ruibarbo:  XV. 
Sandáraca:  VII. 
Solidificación,  solidificar,  sóli- 
dos: I,  IV,  V,  XV. 
Sóri:  XIII. 

(Sulfuración):  III  (n.  18),  IV. 

Tetrasomía:  VIII  (IX). 
Tierra  de  Quíos:  VI. 
Tinturas:  I,  IV,  VII,  XIII. 


INDICE  DE  CONCEPTOS 


329 


Transmutación,  transmutar:  VI, 
X. 

Vapor  de  azufre:  XIII. 


Vinagre:  VI. 
Vino  rancio:  VI. 
Vitriolo:  XIII,  XV. 
Volátil:  XIV  (n.  74),  XVI. 


INDICE  DE  NOMBRES 


Se  incluyen  también  los  patronímicos,  los  gentilicios  y  los 
títulos  de  obras.  De  las  Cartas  (C.)  se  indica  número  y  línea.  En  el 
caso  del  escrito  A  Dióscoro  (D.)  se  remite  al  capítulo.  Como  en  el 
índice  anterior,  se  usan  paréntesis  cuando  la  mención  no  es  expresa. 
Por  medio  de  guiones  distinguimos  los  personajes  del  mismo  nombre 
(que  son  identificados  en  el  propio  texto  o  en  las  notas). 


Abdera:  D.  I. 
Ablabio:  C.  61,  27. 
Abraham:  C.  41,  42. 
Abrahamio:  C.  99,  22. 
Acacio:  C.  55,  2. 
Academia:  56,  11;  136,  11. 
Adrastea:  C.  5,  128. 
Afrodita:  C.  5,  233;  154,  70. 
Agamenón:  C.  148,  124. 
Agatocles:  C.  6,  7. 
Agémaco:  C.  148,  57. 
Agemaquetas:  C.  148,  100. 
Agrigentino:  C.  42,  18. 
Aitales:  C.  145,  19,  22. 


Alejandría:  C.  5,  12,  199;  21,  4; 

66,  69,  235;  79,  88,  etc.;  D. 
título. 

Alejandro:  C.  46,  2;  150,  2. 
Alejandro  de  Afrodisias:  C.  129, 
37. 

Alejandro  de  Cirene:  C.  66, 303; 

67,  2,  18,  42,  54. 
Alejandro  Magno:  C.  52,  11. 
Amalecitas:  C.  4,  40. 
Amaltea:  C.  154,  23. 
Amaranto:  C.  5,  35,  49,  53,  65, 

105,  152. 
Amasis:  C.  48,  1,  10. 


332 


SINESIO  DE  CIRENE 


Amelio:  C.  145,  6. 
Aminciano:  C.  27,  3. 
Amón:  C.  5,  236;  148,  16. 
Amonio:  C.  (18,  1);  20,  5;  21,  3. 
Ampelio:  C.  80,  3. 
Anagirunte:  C.  136,  4. 
Anastasio:  destinatario  de  las  C. 
22, 40, 48  y  79;  C.  79,  31, 115. 

—  C.  26,  2;  100,  1. 
Andrómaca:  C.  110,  3. 
Andronico:  C.  41,  63,  75,  77, 

138,  160,  180,  209,  294,  331; 

42,  1,  etc.;  72,  1,  etc.;  77,  3; 

79,  3,  etc.;  90,  1,  4. 
Anisio:  destinatario  de  las  C.  6, 

14,  34,  59,  77,  78  y  94;  C.  59, 

2;  (94,  3). 
Antemio:  C.  49, 16;  51,  3, 4, 11; 

73,  5,  29,  68;  75,  10;  79,  59. 

70;  118,  9. 
Antíoco:  C.  110,  22. 

—  C.  110,  22. 
Antonio:  C.  76,  6,  11. 
Apeles:  C.  1,  19,  20. 
Aprosilis:  C.  125,  2. 
Aquiles:  C.  5,  114;  123,  4. 
Árabes:  C.  5,  96. 
Arquíloco:  C.  130,  34. 
Argiropeya:  D.  VII,  XVII. 
Aristéneto:  C.  133,  2. 
Aristides:  C.  101,  60. 
Aristipo:  C.  52,  20. 
Aristón:  C.  152,  6. 
Aristóteles:  C.  56,  10;  154,  88. 
Arríanos:  C.  66,  (65),  145. 


Arrio:  C.  128,  título. 

Artabázaco:  C.  135,  2. 

Arte  (alquimia):  D.  II,  VII,  IX, 

XVII. 
Ártemis:  C.  41,  148. 
Asclepíadas  (médicos):  C.  120, 

1. 

Asclepio:  C.  126,  17. 
Asclepiódoto:  destinatario  de  la 

C.  126;  C.  126,  14. 
Asfalio:  C.  39,  3. 
Asterio:  C.  61,  2,  16,  31,  32. 
Asusamante:  C.  125,  19. 
Atamante:  C.  76,  2. 
Atanasio:  C.  5,  265;  16,  11. 

—  C.  32,  1. 

—  C.  66,  80. 

—  destinatario  de  la  C.  121. 
Ate:  C.  147,  3. 

Atenas:  C.  54, 1;  56,  3,  6;  136, 1, 

7,  16;  154,  70. 
Atenienses:  C.  93,  1;  152,  6. 
Ático:  C.  54,  4;  67,  17. 
Atir:  C.  33,  1. 
Atrida:  C.  148,  124. 
Augustal:  C.  105,  122. 
Aureliano:  destinatario  de  las 

C.  31,  35  y  47;  C.  61,  14. 
Ausurianos:  C.  41,  62,  69;  (69, 

5);  78,  (6),  33;  (108,11);  (122, 

4);  (125,  2);  (132,  17);  (133, 

21). 

Auxencio:  destinatario  de  las  C. 

60  y  117. 
Axumitas:  C.  122,  1. 


INDICE  DE  NOMBRES 


333 


Áyax  de  Oileo:  C.  5,  109,  113. 
Áyax  de  Telamón:  C.  52,  11. 
Azario:  C.  5,  191. 

Babilonio:  C.  42,  19. 
Balagritas:  C.  104,  12;  132,  23. 
Bárbaros  (mauritanos):  C.  148, 
81. 

Basinúpolis:  C.  67,  11. 
Batia:  C.  125,  2. 
Bato:  C.  134,  36. 
Bendideo:  C.  5,  1. 
Berenice:  C.  42,  1. 
Bitinia:  C.  66,  304;  67,  10,  21. 
Bombea:  C.  104,  92. 

Canobo:  C.  148,  31. 
Cafarodita:  C.  6,  9. 
Cario:  C.  79,  28. 
Camas:  C.  6,  1,  8;  14,  1. 
Carnéades:  C.  52,  19. 
Carpatios:  C.  38,  2;  53,  5. 
Castricio:  C.  33,  1. 
Cécrope:  C.  3,  20,  21. 
Cefisia:  C.  136,  5. 
Cefrén:  C.  42,  18. 
Celesirios:  C.  73,  11. 
Cercope:  C.  101,  51. 
Cerealio:  C.  130,  1,  35;  132,  24. 
Cíbele:  C.  3,  14. 
Ciclope:  C.  121,  27;  137,  5;  148, 
130. 

Cícones:  C.  5,  246. 
Cilicio:  D.  V,  XIV. 
Cinegéticas:  C.  101,  9;  154,  12. 


Cípride:  C.  75,  3. 
(Circumcelliones):  C.  66,  284. 
Cirenaica:  C.  (130,  37);  148,  7. 
Cirene:  C.  5,  13;  52,  19;  60,  11; 

94,  1,  22;  95,  59;  etc. 
Cireneos:  C.  26,  1;  66,  72;  119, 

3;  130,  51;  etc. 
Cirilo:  destinatario  de  la  C.  12; 

C.  12,  1. 
Ciro:  C.  146,  22. 
Cledonio:  destinatario  de  la  C. 

39. 

Cleopatra:  C.  125,  20. 
Clinias:  C.  79,  21,  61,  123. 
Constante:  destinatario  de  la  C. 
27. 

Coribantes:  C.  122,  18. 
Cotis,  Cotito:  C.  43,  116;  45,  8. 
Creta:  C.  129,  30. 
Cretenses:  C.  94,  9. 
Crises:  destinatario  de  la  C.  83; 

C.  83,  3. 
Crisipo:  C.  136,  12. 
Crisopeya:  D.  IV,  V,  VII  (10), 

XVI-XVIII. 
Cristiano:  C.  4,  25;  42,  4;  66, 

171. 

Cristo:  C.  9,  4;  41,  55,  60;  42, 
14,  22,  30,  32,  53,  71;  66,  74, 
118. 

Chipre:  C.  148,  80. 

Dafnis:  C.  127,  25. 
Dálmatas:  C.  87,  2. 


334 


SINESIO  DE  CIRENE 


Decelea:  C.  79,  51. 
Délfico:  C.  142,  4. 
Demócrito:  D.  I. 
Derna:  C.  66,  131,  189. 
Diógenes:  destinatario  de  las  C. 

20  y  23;  C.  (118,  3);  119,  1,5; 

131,  6,  10;  134,  14. 

—  C.  99,  4. 
(Dión):  C.  154,  47. 
Dionisio  de  Siracusa:  C.  6,  7. 
Dionisio:  C.  27,  6. 

—  C.  65,  1. 

—  C.  105,  69. 

Dios:  C.  41,  42;  66,  174,  317; 

105,  97,  98;  etc.;  D.  XVIII. 
Dioscúrides:  C.  49,  3;  79,  84; 

95,  68. 

Dioscorio,  Dióscoro:  C.  5,  261; 

55,  6;  111,  1. 
Dióscoro:  C.  66,  130,  137,  191, 

etc. 

—  £>.,  título,  etc. 
Diostas:  C.  125,  20. 
Domiciano:  destinatario  de  la 

C.  155  y  156. 
Dorios:  C.  41,  215. 

Eco:  C.  46,  1. 

Egipcios:  C.  41,  243;  61,  1,  73, 
11;  101,  23;  133,  39;  146,  35; 

D.  II,  (XVII). 

Egipto:  C.  123,  9;  128,  3,  5;  136, 
15;  145,  9;  etc.;  D.  I,  IV. 

Emilio:  C.  43,  10,  72,  149,  155; 
52,  1. 


Epimeteo:  C.  5,  9. 
Eritra:  C.  53,  2. 
Eritro:  C.  66,  55,  88,  131. 
Escila:  C.  5,  39. 
Esfeto:  C.  136,  4. 
Esón:  C.  123,  20. 
Esparta:  C.  41, 215;  101, 29;  142, 
8. 

Espartano:  C.  101,  58;  145,  7. 
Espátalo:  C.  43,  124,  130,  137. 
Espíritu  Santo:  C.  66,  176;  etc. 
Esquines:  C.  3,  1. 
Estratonice:  ¿(destinataria  de  la 

C.  7)?;  C.  75,  3. 
Eucaristo:  C.  101,  70. 
Eumelo:  C.  127,  18. 
Eunomio:  C.  4,  2. 
Eurístenes:  C.  41,  214. 
Eusebio:  C.  116,  4. 
Eutalio:  C.  127,  5,  26. 
Evagrio:  C.  79,  1,  78,  81. 
Evoptio:  destinatario  de  las  C. 

3,  5,  8,  18,  etc.  (v.  Indice  I); 

C.  93,  12;  (98,  12). 
Ezequías:  C.  42,  20. 

Fálaris:  C.  42,  18. 

Falero:  C.  136,  5; 

Faos:  C.  60,  5. 

Farmuti:  C.  13,  3. 

Faros:  C.  5,  2;  (53,  8);  148,  30. 

Fausto:  C.  122,  9. 

Feacios:  C.  38,  4. 

Febamón:  C.  144,  1. 

Feí/ro:  C.  154,  63. 


INDICE  DE  NOMBRES 


335 


Fenicia:  C.  148,  81. 
Fenicios:  C.  73,  10. 
Ficunte:  C.  53, 1;  101,  1;  114, 1; 

129,  11;  132,  40. 
Filipo:  C.  95,  95. 
Filolao:  C.  81,  16. 
Filón:  C.  66,  72. 

—  C.  66,  73. 
Filoromo:  C.  145,  5,  12. 
Filósofo  (Demócrito):  D.  II, 

IV. 

Focio:  C.  61,  13. 
Fortuna:  C.  40,  6. 
Frigio:  C.  104,  16. 

Galatea:  C.  121,  5. 

Gayo:  C.  5,  265. 

Genadio:  C.  73,  58,  59  (80,  10). 

Geón:  C.  128,  5. 

Geroncio:  C.  82,  3;  83,  2;  84,  2; 

85,  2;  86,  1. 
Gorgiano:  C.  83,  4;  134,  35. 
Graciano:  C.  110,  23. 
Gracias:  C.  154,  71. 
Grecia:  C.  96,  18;  101,  54. 
Griegos:  C,  1,  13;  5,  21;  51,  11; 

148,  2;  etc. 

Harmonio:  C.  3,  18. 
Harpocración:  C.  145,  10. 
Hebreos:  C.  41,  243;  121,  38. 
Hecamede:  C.  148,  64. 
Hefesio:  C.  152,  9. 
Heladio:  C.  95,  76. 
Helena:  C.  146,  38. 


Heliodoro:  destinatario  de  las 

C.  17,  25  y  116. 
Heraclea:  C.  103,  5;  134, 12;  150, 

1. 

Heracles:  C.  45,  7;  150,  3,  7/9. 

Heracliano:  C.  145,  10. 

Herculiano:  destinatario  de  las 
C.  137-146;  C.  140,  18;  143, 
30;  144,  7,  8;  146,  6,  15. 

Hermes:  C.  45,  6;  101,  60;  D. 
VIII. 

Herodes:  destinatario  de  la  C. 

19;  C.  3,  22;  35,  5. 
Herón:  C.  79,  43. 
Hesíodo:  C.  43,  14;  129,  22. 
Hesiquio:  C.  (41,  174);  55,  10; 

79,  90. 

—  destinatario  de  la  C.  93. 
Hestia:  C.  148,  15. 
Hicaria:  C.  3,  26. 
Hídrax:  C.  66,  6,  87,  122. 
Hierón:  C.  51,  1,  2,  9. 
Himeto:  C.  136,  20;  148,  81,  87. 
Hiparco:  C.  143,  9. 
Hipatia:  destinataria  de  las  C. 

10,  15,  16,  46,  81,  124  y  154; 

C.  (5,  263);  124,  2;  136,  16; 

(137,  8). 
Hipócrates:  C.  115,  2. 
Homéridas:  C.  5,  122. 
Homero:  C.  5,  107;  117,  1;  123, 

3;  137,  1;  146,  36;  148,  71; 

154,  4  (v.  Ilíadá). 
Hospitalario:  C.  5,  132. 


336 


SINESIO  DE  CIRENE 


Iglesia:  C.  4,  5,  22,  23;  12, 1;  42, 

51;  etc. 
Ilíada:  C.  95,  26. 
Isauria:  C.  50,  2;  71,  2. 
Isión:  C.  99,  21;  144,  22. 
Ismárico:  C.  130,  33. 
ftaca:  C.  148,  8. 
Itálico:  C.  133,  146;  Z).  XVIII. 

Jápeto:  C.  5,  49. 

Jasón:  C.  66,  241. 

Jenócrates:  C.  154,  37. 

Jerusalén:  C.  41,  10;  42,  20. 

Juan:  destinatario  de  las  C.  2, 
43,  63  y  64;  C.  43,  31, 101;  52, 
1,  20;  104,  6,  16,  92,  101. 

—  C.  34,  1;  94,  13. 

—  C.  110,  17. 

—  destinatario  de  la  C.  147. 
Juan  Crisóstomo:  C.  67,  6. 
Judas  Iscariote:  C.  41,  54. 
Judíos:  C.  5,  20,  73;  42,  25,  29. 
Julio:  C.  52,  20;  79,  29,  32;  95, 

9,  43;  134,  30,  34. 
Justicia:  C.  43,  147;  52,  3;  95, 
60. 

Lacedemonios:  C.  41,  147. 
Lais:  C.  3,  24,  25. 
Lamponiano:  C.  66,  241,  247. 
Laodicea:  C.  127,  5. 
Laodicense:  C.  127,  1,  2. 
Lástenes:  C.  95,  94. 
Lemnias:  C.  5,  234. 
Leónidas:  C.  113,  16. 


Lestrígones:  C.  137,  4. 

Leucipo:  C.  79,  64. 

Libia:  C.  5,  47;  43,  148;  73,  22; 

92,  2;  95,  82;  101,  27;  148,  2. 
Líbico,  libios:  C.  5,  216;  37,  4; 

66,  7;  73,  12;  101,  5;  124,  10; 

135,  6. 
Liceo:  C.  56,  12;  136,  1L 
Lidia:  C.  127,  10. 
Lidios:  C.  127,  12. 
Lisias:  C.  45,  5. 
Lisipo:  C.  1,  19,  20. 
Lisis:  C.  143,  8,  12. 

Macabeo:  C.  5,  98. 
Mácetas:  C.  130,  16. 
Magno:  C.  72,  31. 
Marcelino:  C.  (41,  69);  62,  1. 
Marciano:  C.  101,  60;  119,  8. 
Marco:  C.  61,  29,  32. 
Marcomanos:  C.  110,  8. 
(Mareótide):  C.  148,  31. 
Martirio:  destinatario  de  la  C. 

19;  C.  49,  14;  91,  9. 
Mauritanos:  v.  Bárbaros. 
Maximino:  C.  79,  21,  60,  63, 

123. 

—  C.  118,  1. 
Menelao:  C.  126,  10. 
Menelao  de  Esparta:  C.  142,  8. 
Menfis:  D.  I. 
Mesori:  C.  143,  55. 
Milesios:  C.  81,  9. 
Mírmex:  C.  5,  2. 
Mirsinítide:  C.  122,  5. 


ÍNDICE  DE  NOMBRES 


337 


Mosaica:  C.  4,  15. 
Musas:  C.  99,  14. 

Narsés:  C.  110,  25. 
Nauplio:  C.  5,  197. 
Neocles:  C.  93,  1. 
Néstor:  C.  148,  64. 
Nicandro:  destinatario  de  las  C. 

1,  75;  C.  75,  2,  11. 
Niceo:  C.  80,  3,  8,  11;  81,  16. 
Nicóstrato:  C,  129,  36. 
Ninfas:  C.  114,  15. 
Niseos:  C.  37,  6. 
Noé:  C.  148,  35. 
Nono:  C.  40,  9. 

Odiseo:  C.  45,  30;  52, 13;  121, 1, 

20,  25;  137,  1;  142,  1,  9;  148, 

8,  126. 
Olbiatas:  C.  76,  1,  17. 
Olimpio:  destinatario  de  las  C. 

44,  96-99,  133,  148  y  149;  C. 

133,  34. 
Olinto:  C.  95,  95. 
Orion:  C.  66,  56. 
Ostanes:  D.  I,  II. 

Paflagonios:  C.  119,  8. 
Palebisca:  C.  66,  5,  67,  87. 
Panhelenio:  C.  101,  65. 
Pablo:  C.  66,  13,  94,  130,  135, 
etc. 

—  C.  105,  69. 
Parasceve:  C.  5,  74. 
Patroclo:  C.  123,  4. 


Pedro:  destinatario  de  la  C.  13. 

—  C.  49,  1,  13. 

—  C.  133,  19. 
Peleo:  C.  148,  84. 
Pemenio:  C.  135,  1,  5. 
Pentadio:  destinatario  de  las  C. 

29  y  30;  C.  127,  3,  32. 
Pentápolis:  C.  5,  57;  42,  1,  5; 
49,  1,  20;  59,  3;  66,  6;  49,  1; 
etc. 

Pentapolitanos:  C.  20,  2. 
(Peonio):  C.  142, 15;  144, 9;  146, 
23. 

Persas:  C.  110,  25;  D.  II. 
Pibequio:  D.  IX. 
Pilato:  C.  42,  25,  28. 
Pilémenes:  destinatario  de  las 

C.  50,  61,  71,  74,  88,  etc.  (v. 

Indice  I);  C.  74,  2;  88,  3,  8; 

101,  7,  20;  103,  2,  21;  etc. 
Pitágoras:  C.  100,  15. 
Placidia:  C.  61,  27. 
Platón:  C.  56,  10;  103,  28;  129, 

1,  39;  131,  18;  132,  3;  140,  4; 

152,  5;  154,  63  (v.  Fedró). 
Platónico:  C.  154,  34. 
Plotino:  C.  139,  32. 
Plutarqueos:  C.  136,  18. 
Polícrates:  C.  48,  2. 
Polidamna:  C.  146,  39. 
Pplifemo:  C.  121,  1,  19. 
Polignoto:  C.  136,  14. 
Ponto:  C.  5,  248;  103,  15;  D. 

III,  XII,  XV. 
Pórtico  Pintado:  C.  56, 12;  136, 

11. 


338 


SINESIO  DE  CIRENE 


Posidón:  C.  5,  37;  117,  9;  148, 
9. 

Priapo:  C.  5,  35. 

Proclo:  destinatario  de  la  C.  70; 

C.  (5,  131);  129,  18,  21,  33; 

134,  20,  32. 
Proteo:  C.  137,  28;  142,  2. 
Ptolemaida:  C.  4,  36;  (41,  171); 

42,  60;  62,  15;  66,  81,  163; 

(67,  38);  79,  118;  105,  1;  109, 

13. 

Quilas:  C.  110,  1. 
Quintiano:  C.  4,  3,  6,  10. 
Quíos:  D.  VI. 

Rea:  C.  122,  19. 

Romanos:  C.  5,  210;  31,  15;  42, 

27;  47,  1;  etc. 
Rufino:  C.  127,  11,  12. 

Sabacio:  C.  60,  4,  11. 
Safo:  C.  3,  19. 
(Sarabaites):  66,  284. 
Sátiros:  C.  154,  71. 
Saúl:  C.  4,  43. 
Segundo:  C.  98,  5. 
Seleucia:  C.  133,  50. 
Semíramis:  C.  5,  34. 
Senaquerib:  C.  42,  19. 
Sicilia:  C.  3,  26. 
Siderio:  C.  66,  61,  78,  (83). 
Silenos:  C.  154,  71. 
Simónides:  C.  51,  1,  2,  7,  9. 
Simplicio:  destinatario  de  las  C. 

24,  28  y  130;  C.  130,  3;  134, 

20. 


Sinesio:  C.  16,  6;  43,  5,  100;  79, 
116;  97,  12;  99,  16;  etc.;  D., 
título,  etc.  (v.  Cinegéticas, 
Dión,  Sobre  el  regalo,  Sobre 
los  sueños). 

Sirenas:  C.  45,  31;  139,  5;  146, 
8,  11. 

Siriano:  C.  110,  11,  12. 
Sirios:  C.  5,  190;  23,  1;  61,  24; 

73,  59;  148,  4,  27. 
Siró:  C.  133,  8. 

Sísifo:  C.  52,  13;  121,  27;  127, 
16. 

Sobre  el  regalo:  C.  154,  106. 
(Sobre  los  sueños):  C.  154,  91. 
Sócrates:  C.  129,  1. 
Sosenas:  C.  40,  1,  9,  10;  102,  2. 
Sosias:  C.  3,  22. 
Sotérico:  C.  27,  5. 

Tafosiris:  C.  5,  39,  54. 
Tasos:  C.  136,  14. 
Tauro:  C.  31,  15. 
Tauroscitas:  C.  41,  147. 
Telquines:  C.  154,  58. 
Temístocles:  C.  93,  1,  11;  148, 
84. 

Teócrito:  C.  114,  16. 
Teodoro:  (quizá  Teodosio)  des- 
tinatario de  la  C.  7. 

—  destinatario  de  la  C.  115. 

—  C.  18, 4;  20, 1;  21,1;  45,  2. 

—  C.  95,  76. 
Teodosio:  C.  5,  268. 

—  C.  75,  6. 


INDICE  DE  NOMBRES 


339 


Teodosio  II:  C.  Al,  26;  (78, 27). 
Teófilo:  destinatario  de  las  C. 

9,  66-69,  76,  80  y  90;  C.  (12, 

4);  105,  59,  62,  109. 
Teotecno:  C.  5,  265;  16,  10. 
Teotimo:  destinatario  de  las  C. 

49  y  51;  C.  51,  6,  10;  99,  5. 
Teuquira:  C.  3,  13;  94,  2;  126, 

13. 

Tiberio  Claudio:  C.  42,  24. 
Tibios:  C.  3,  22. 
Titanes:  C.  41,  197. 
Toante:  C.  42,  48,  62,  76;  79, 

13,  49,  62,  68,  74,  125. 
Tono:  C.  146,  39. 
Tracia:  C.  40,  5;  48,  6;  50,  6;  61, 

5,  18;  etc. 
Tría:  C.  136,  5. 

Trifón:  destinatario  de  la  C.  119; 
C.  129,  19;  134,  20,  34. 


Troilo:  destinatario  de  las  C.  26, 
73,  91,  112,  118  y  123;  C.  49, 
19;  73,  7;  118,  5;  129,  34. 

Troya:  C.  148,  124. 

Tule:  C.  148,  35. 

Unigardas:  C.  78,  2,  30. 
Uranio:  destinatario  de  la  C. 
37. 

Ursicino:  C.  144,  9;  146,  17. 

«Vacantivos»:  C.  66,  284. 
Valente:  C.  66,  63. 

Yolao:  C.  150,  9,  12. 

Zenas:  C.  79,  29. 
Zenón:  C.  56,  12. 
Zeus:  C.  136,  11. 
Zósimo:  C.  88,  6. 


INDICE  GENERAL 


I.  CARTAS 

Págs. 


Introducción   9 

1.  Breve  recorrido  por  la  epistolografía  cristiana 

griega  hasta  Sinesio   9 

2.  El  corpus  sinesiano   10 

3.  Su  influencia   13 

4.  El  texto  de  nuestra  versión   14 

Bibliografía   15 

Cartas   19 

ii.  de  sinesio  el  filósofo  a  dióscoro 

Introducción   303 


342  SINESIO  DE  CIRENE 

Págs. 

De  Sinesio  el  filósofo  a  Dióscoro.  Anotaciones 

al  libro  de  Demócrito   305 

Indice  de  destinatarios  de  las  cartas   325 

ÍNDICE  DE  CONCEPTOS  INCLUIDOS  EN  A  Dióscoro. . .  327 

Indice  de  nombres   331